Capítulo 31
Elara
Acomodamos a Corvin en el asiento de atrás y conducimos frenéticamente en busca de auxilio.
Pharrel le ha hecho un torniquete con un trozo de tela de su capa.
El brazo no paraba de sangrar por la herida de bala.
Por suerte, solo le ha rozado la piel, pero no le ha atravesado.
Le quedará una fea marca después de esto, pero Corvin no va a morir aquí.
Aún me duele la cabeza por el impacto de la caída.
La explosión levantó mi cuerpo por los aires para luego dejarlo caer.
Se me nubló la vista, me golpeé la cabeza y no recuerdo nada de lo que pasó después.
Me duele todo el cuerpo y sigo sintiendo el calor de los brazos de Axel a mi alrededor, aunque ahora sus manos estén al volante.
Después del momento que hemos vivido, después de escucharlo verbalizar que me quiere, la incertidumbre por lo que está por pasar, duele más si cabe.
Mi cuerpo, mis entrañas, todo mi ser me piden que no me separe de él.
Pero sigue ocultándome demasiadas cosas sobre su pasado y me da miedo enfrentarme a ello.
No sé si puedo confiar en él al cien por cien.
Sin embargo, no puedo evitar aferrarme a esa pizca de esperanza.
Ese halo en la oscuridad, que alumbra un futuro para nosotros dos.
“Me quiere” y al pensar en ello me remuevo en mi asiento.
Delante nuestra, Pharrel conduce su vehículo con los gemelos en el asiento de atrás. Parece que Tim se ha hecho daño en una pierna, pero tras un rápida inspección por parte de Pharrel, no tiene huesos rotos.
Luke le sujeta la cabeza a Corvin en el asiento de atrás. Nuestras miradas se cruzan a través del espejo y con sus ojos me transmite la serenidad que necesito.
El corazón me va a mil por hora mientras suplico a los dioses que Corvin salga de esta. No sé si conservo el derecho de pedirles algo, pero lo intento.
Nos movemos a bastante velocidad. Hemos dejado el desierto atrás y la polvareda ahora es más débil. Pasan algunas horas hasta que nos adentramos en un bosque de edificios abandonados. Axel para el coche y seguidamente, Pharrel hace lo mismo.
—Nos estamos quedando sin combustibles, si no paramos ahora nos quedaremos tirados en la carretera —informa Axel.
—Te ayudaré a fabricar más —añade Luke.
—¿Cómo lo hacéis? —pregunto, curiosa.
—Quemamos basura, todo lo que encontremos.
Hace unos cuantos siglos los coches se movían con derivados del petróleo o incluso electricidad, pero hubo un gran apagón y la Tierra se quedó sin energía.
—Asiento ante las explicaciones de Axel, sin comprender del todo algunos términos —.
No es lo habitual tener coches como estos.
Son unas antiguallas, la gente se buscó formas de hacerlos funcionar, para poder desplazarse.
—Hace una pausa —. Aunque la mayoría se suben a una ciudad en movimiento y no se bajan jamás.
—Sonríe de medio lado y yo asiento, agradeciendo la información —.
No hay tiempo que perder —dice de pronto —.
Llevad a los chicos adentro. Elara, ayuda a Pharrel con los heridos.
—Mirándome, me agarra la mano y deja un suave beso sobre los nudillos —.
Vuelvo en un rato. —Su mirada se clava en mis pupilas y creo que suelto un suspiro.
Entramos en uno de los edificios y subimos las escaleras, con Corvin a cuestas.
Jake ayuda a su hermano Tim y Pharrel y yo transportamos en volandas a Corvin.
Llegamos a lo que, tiempo atrás, debió ser un despacho.
Dejamos a Corvin sobre la mesa con cuidado y Pharrel corre hasta nuestra mochila a buscar el botiquín.
La última vez que estuvimos en un lugar así llegué a pensar que no lo contaría. El entumecimiento de mis músculos me impide moverme. Observo a Corvin que se remueve en sus sueño, el sudor frío le cae sobre la frente.
—Pharrel creo que tiene fiebre. —Asiente y al instante, saca un botecito de pastillas. Las deposita en su boca y con un poco de agua, lo obliga a tragar.
—Debería comer algo o el efecto de las pastillas puede hacerle más daño.
—¿Cómo conseguís los medicamentos? —pregunto. Él me sonríe y noto cierto halo de diversión en su mirada.
—Tenemos nuestros contactos… Llevamos años sobreviviendo por estos lares, siendo temidos por muchos, haciendo y deshaciendo a nuestro antojo. No nos amoldamos a las reglas Elara, nunca lo hemos hecho. Solopensamos en sobrevivir. —Yo asiento, entendiendo que no quiera darme más explicaciones.
Las manos de Pharrel se mueven rápidas mientras desinfecta la herida y procede a coserla con una ágil destreza.
Me pregunto si su antigua profesión tenía algo que ver con esto.
Curar a la gente. Lo que me hace plantearme cómo llegó a estar en esta situación, vagando sin destino por una tierra inhóspita, sin recursos, sin un hogar fijo.
Siempre a las expectativas de sobrevivir…
—¿Cómo se te da tan bien esto? —Sonríe.
—Siempre he sido el curandero del grupo —admite orgulloso —.
Digamos que en otra vida, me dedicaba a mezclar elementos para crear antídotos, mejunjes y cosas así.
Se me daba bien. —Entiendo que no quiere hablar del tema, así que lo dejo estar, aunque sus respuestas me dejan pensando —.
Ahora dejémoslo descansar, para que se recupere.
La venda le sube por el hombro, cubriéndole hasta la clavícula y le baja por el brazo hasta el codo.
Ha tenido suerte de que la bala solo le haya rozado.
“Si le llega a pasar algo, yo…” Me duele pensar que Corvin no sea consciente de lo importante que es para mí.
Aunque mi corazón pertenezca a otra persona, el cariño que siento por él es tan grande, que ahora mismo preferiría estar yo en su lugar.
Nunca había tenido un amigo. El aislamiento que sufrí durante años me impidió establecer ningún tipo de relación cercana con nadie y cuando Corvin apareció…
No sólo me salvó de aquella celda, de mi cautiverio.
Me dio un hombro en el que llorar, una oportunidad de ser escuchada.
Apoyo incondicional sin esperar nada a cambio.
Me dio su lealtad, su palabra… Y ahora siento que he sido tan egoísta con él, incapaz de darle ni una cuarta parte de lo que él me ha dado a mí.
No sé qué pasará cuando volvamos a los Siete Reinos, pero lo que tengo claro es que Corvin debe estar conmigo. Lo quiero en mi vida.
Me acerco para darle un beso suave en la mejilla, la frente ya no le arde y me retiro para dejarlo descansar.
El contacto de su piel bajo mis labios hace que me venga a la mente aquella noche.
Esa noche en la que nos abandonamos al deseo, en la que solo existimos nosotros tres.
Sigue resultándome atractivo, es un chico exageradamente guapo y no puedo negarlo, en algún momento he pensado en repetir lo que sucedió aquel día.
Pero no sería justo, no para él, no para nosotros. Para nuestra amistad.
Pharrel está terminando de colocarle la venda a Tim y me siento al lado de ellos en el suelo. Ambos tienen el rostro ennegrecido, lleno de cortes y magulladuras, pero están bien. Sanos y salvos.
—Habéis tenido suerte. —Tim asiente, sin dejar de mirarme.
—Ahora solo puedo pensar en el hambre que tengo —dice Jake y yo suelto una carcajada.
—Desde que te conozco siempre tienes hambre. —Ambos reímos.
Apesar de su aspecto flacucho y esmirriado, Jake es el más glotón del grupo.
Miro a los tres pensando en cuánto me dolerá despedirme de ellos.
Ahora, más que la primera vez. Sabiendo que los dejo en este lugar, abandonados a su suerte.
Sabiendo que tarde o temprano esa suerte puede cambiar y quizá su destino sea distinto al de hoy.
—Los chicos tardarán aún unas horas con el combustible —añade Pharrel —. Yo me quedaré con los heridos ¿Por qué no váis tú y Jake a buscar algo de comer? —Asiento, es lo menos que puedo hacer.
En silencio nos ponemos en marcha y empezamos a barrer la zona. Jake camina cabizbajo.
—He pasado mucho miedo hoy ¿sabes? —Los gemelos son los más jóvenes del grupo, pero sin duda, su entereza y madurez siempre ha sido admirable —. No miedo por mí, si no de perder a mi hermano. —Se me encoge el corazón al oírlo.
Él sigue sin mirarme, con la vista clavada en sus pies.
—Lo entiendo, yo también he sentido miedo —reconozco.
—Mi hermano y yo hemos estado solos desde antes de que pueda recordar. No recuerdo a mis padres en ningún momento de mi vida, no sabemos nada de ellos. —Una ola de desolación me sacude el alma.
—Sé lo que es... —Pienso en mi madre. En que lo único que sé de ella es gracias a mis visiones y no sé hasta que punto todo eso es real. Ahora mismo, dudo de todo. Le poso una mano en el hombro intentando reconfortarlo —. Lo siento.
—Pasamos nuestra infancia con algunas familias de acogida, la mayoría de ellos nos pegaban, nos obligaban a robar o nos prostituían... —Su voz se va apagando másy más con cada palabra —. Este mundo es muy oscuro, Elara. Tienes suerte de haberte criado en otro lugar.
Trago saliva fuertemente y la culpabilidad se me clava, como una punzada en el corazón. Sin poder imaginar los horrores que estos dos críos han debido de soportar.
—Cuando encontramos a Axel, fue algo así como nuestro salvador.
Acabábamos de escapar de un señor que nos maltrataba.
Preferíamos vivir en la calle que seguir trabajando para él.
—Su mirada se pierde en los dolorosos recuerdos —.
Desde entonces hemos estado a sus servicio, pero no como sus subordinados.
Somos como una familia. Axel nos dio lo que nunca habíamos tenido y nos enseñó a sobrevivir, no sabes cuanto le agradecemos eso.
—Me abalanzo sobre él para abrazarlo y siento como sus hombros y su cuerpo entero se relajan con mi contacto.