Los Siete Reinos de Paz y Gloria (Los Siete Reinos de Paz y Gloria 1) Capítulo 29 #2
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Capítulo 29 #2

—¡Oh!¡Pues arranca! —exclama con sorpresa, tras hacer girar una llave. Nuestros oídos se llenan con el rugido de la máquina “¡Magia!” —. Le quedará poco combustible... Tendremos que parar a hacer más. —Con un silbido sonoro, indica a los chicos que se acerquen.

Se acercan entonces a nosotros, avanzando de manera prudente .

Parece que no hay peligro. Respiro tranquila y me dirijo entonces hacia Axel. Pero, como todo en esta nueva realidad, no podía ser tan fácil. El silencio se quiebra de golpe.

Un grupo de hombres se cierne sobre nosotros, agarran a Axel de los brazos y del cuello, obligándolo a salir del coche arrastras. Nerviosa, quiero moverme, pero antes de que pueda darme cuenta, también me han agarrado. Me colocan los brazos a la espalda.

Nuestros chicos comienzan a correr hacia nosotros.

Desde las profundas sombras del edificio, aparece un chico joven, cuyo rostro me es familiar. Sus ojos achinados, su vestimenta de cuero, sus tatuajes…

Nuestra primera noche solos en Rubí, la chica del pelo rosa... “Lena”. La salvé de las garras de este tío. Los recuerdos se arremolinan en mi mente. Quizá debería haberme ahorrado aquel puñetazo.

—¡No me lo puedo creer! —exclama con una entonación demasiado teatral —¿Quién tenemos aquí? La zorrita pelirroja. Te lo advertí y aún así te has atrevido a volver a desafiarme.

—¡Suéltala, Hijo de puta ! —El grito de Axel corta el aire.

—¿Es tu novio? Aquella noche estabas con otro... —dice mirando a Corvin —. Has aprendido muy bien de tu amiguita, Lena.

Está tan cerca de mí, que puedo sentir su asqueroso aliento y sin pensarlo dos veces, le escupo. Después de esto no me van a quedar ni siquiera modales.

El tipo se limpia la saliva del rostro con una sonrisa bobalicona.

—Así que pretendías robarme y encima me tratas así…

—Mira al suelo, preso de una sarcastica risa.

La ira le ensombrece cada vez más los ojos, de una total oscuridad.

Aquel día no tuve el placer de presentarme —dice como sí se le acabara de olvidar todo lo anterior.

En ese momento me doy cuenta de que estoy ante un verdadero psicópata—.

Mi nombre es Prince, por eso soy el rey de por aquí —dice con los brazos abiertos, girando sobre sí mismo de forma teatral —.

Dime tu nombre para que podamos tutearnos.

—No te mereces el sonido de su nombre en tus labios —escupe Axel. Su voz resuena en el ambiente y uno de los hombres que lo agarran, le propina un puñetazo en el estómago que lo invalida durante unos segundos.

Se me contrae el estómago.

—¡Callate! —advierte el tipo.

—Soy Elara —respondo con un tono serio y apacible.

—Elara… —Prince se recrea, pronunciando cada sílaba de mi nombre como si le supiera dulce.

Se coloca de nuevo muy cerca, sin temor a que vuelva a escupirle en su repugnante rostro —.

Qué pena que no nos hayamos conocido en otro momento.

Tú y yo… Podríamos haberlo pasado muy bien juntos.

.. —Me roza la mejilla con los dedos y yo me estremezco ante el contacto.

Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando recuerdo la historia de Luke.

Lo que le hicieron a su madre, a su hermana.

El temor se apodera de mí en el momento en el que Prince me agarra del cuello y presiona sus asquerosos labios contra los míos.

Cuándo su lengua rozan mi boca, siento náuseas y creo que estoy apunto de vomitar.

Sacando fuerzas de dentro de mi ser y sin dejar que el miedo me paralice, le golpeo fuertemente con la rodilla en la entrepierna.

Prince suelta un grito ahogado. Cae al suelo doblándose por la mitad por el dolor del impacto.

—Atrévete a tocarla y mis ojos serán lo último que veas antes de que te arrebate la vida con mis propias manos. —La voz de Axel no contiene ni un ápice de temblor. Es oscura y sensual.

Sé defenderme sola, pero no puedo negar que su manera de hacerlo, como si se le fuera la vida en cada amenaza, es devastadora.

Sus hombres tardan unos segundos en reaccionar, lo suficiente para que el caos estalle.

—¡Elara! —Mi nombre atraviesa el aire. Axel me mira mientras forcejea intentando escapar de sus captores.

Todo se vuelve un amasijo, de puños, gritos y patadas a mi alrededor.

La agresividad de la pelea levanta una gran cantidad de polvo que se me mete en los ojos.

Mi instinto de supervivencia toma el control y me rebelo propinándole un cabezazo al tipo que me tiene agarrada.

El impacto contra su nariz es seco y la sangre que derrama, pronto, me salpica la cara.

El punzante dolor por el golpe, me nubla la vista unos segundos.

Deja escapar un quejido de dolor antes de soltarme.

Las voces y jadeos se entremezclan con el sonido de los golpes. Unos contra otros. Corvin ha derribado a uno de los atacantes y lo golpea sin piedad contra el suelo. Luke se abre paso entre nuestros enemigos con una precisión letal.

—¡Axel, el coche! —grita Tim desde la distancia.

Entre el barullo y los gritos, Axel se libera al fin. De un empujón, tira al suelo al tipo que lo retenía y disparado, corre en dirección al vehículo más cercano. De un salto, cae en el asiento del conductor y hace girar la llave sin perder más tiempo. Tardo unos segundos en reaccionar.

—¡Elara! —me llama, de nuevo.

Y yo no me lo pienso. Corro en su dirección.

El sonido del motor me alerta de que nos queda poco tiempo. Doy un salto y me acomodo en el asiento delantero. En el asiento trasero, Corvin y los gemelos se apresuran a subir.

Pharrel se ha adueñado de otro de los vehículos, junto a Luke y están listos para partir.

—¡Vámonos! —La voz de Axel rasga el ambiente antes de acelerar.

—¡Rápido!¡Vienen más! —grita Luke desde el otro vehículo.

Seguimos a nuestros amigos. Los gritos y blasfemias del grupo nos persiguen. Los alaridos desgarrados de Prince quedan atrás mientras continuamos acelerando. Nos lanzan piedras, varas de metal y escombros. Vuelan en nuestra dirección. Axel maniobra con destreza para evitarlos.

—¡Agachaos! —nos alerta.

Obedecemos. Nuestros enemigos continúan lanzándonos proyectiles sin descanso. Axel sigue conduciendo de forma frenética. Nunca he sentido tanta velocidad. Será lo equiparable a montar en un dragón. El viento me despeina y me azota la cara.

Segundos después, aquel caos es solo un murmullo. Nos hemos alejado lo suficiente como para no oírlos, pero sabemos que tienen dos vehículos más. No tardarán en alcanzarnos, aunque les llevemos ventaja.

—No sé cuanto combustible nos queda, el indicador está roto —dice Axel —. Hay que darse prisa.

El vehículo corta el viento, desplazándose a una velocidad vertiginosa.

El pelo se me arremolina sobre el rostro y el polvo levantado a nuestro paso forma una nube espesa y anaranjada que nos impide ver con claridad.

Delante de nosotros, el vehículo de Pharrel y Luke se distingue con dificultad.

Hemos avanzado bastante, pero el rugido de dos motores más a nuestra espalda nos alerta de la inminente amenaza.

—¡Que comience la carrera! —Axelme mira con una sonrisa en los labios. Acto seguido, pisa el acelerador.