Los Siete Reinos de Paz y Gloria (Los Siete Reinos de Paz y Gloria 1) Capítulo 29
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Capítulo 29

Elara

Cuando llega el momento de ponernos de nuevo en marcha, Axel se acerca a mí, titubeante. La conversación con Luke me ha dejado el cuerpo frío y una horrible y punzante sensación en el pecho.

—Elara… —Su voz es casi un susurro —. Siento que te debo unas cuantas explicaciones. —Noto cierto recelo en el timbre de su voz.

Me sorprende verlo así, desde que lo conocí siempre se ha mostrado demasiado hermético, con sus sentimientos, con sus pensamientos… Y tenerlo ahora así, parado frente a mí. Expuesto. Como un libro abierto deseando ser leído.

—No te preocupes de eso ahora, hablaremos en otro momento —digo, tranquilizándolo. Sus hombros se relajan de manera automática mientras asiente.

Es una conversación pendiente que los dos anhelamos, pero necesito que nos demos el espacio y el lugar de estar solos para poder hablar sin interrupciones, sin malos entendidos.

Ya no. Poso una mano sobre su antebrazo y la dureza de sus músculos me hace recordar como se enredaban esas manos en mi cuerpo.

Se me encienden las mejillas y él sonríe al notar ese nuevo atisbo de color.

—Estás muy guapa cuando te sonrojas. —De repente, parece tímido, como si no estuviera acostumbrado a estetipo de “flirteo”.

—Cállate —le digo, dándole un pequeño empujoncito para hacerlo caminar.

Corvin nos observa desde cierta distancia. Al encontrarme con su mirada, agacha la cabeza y continúa un rato ahí parado, sin moverse. Apoyado sobre una roca que usa como asiento. Se me rompe un poquito el corazón y mis pies caminan hacia él irremediablemente.

—Yaqueda poco para estar en casa —digo con una sonrisa en la cara, intentando romper el enorme bloque de hielo que se levanta entre nosotros.

Él me responde con una risotada irónica.

—No cantes victoria —dice eludiendo a todas las peripecias que nos han llevado hasta aquí.

—¿Crees que los dioses se enfadarán? Ya sabes, por… Querer volver… —Mis palabras salen de mí en un hilo de voz , temerosas. Verbalizo mis propias dudas. Siempre he tenido temor a las represalias —. Me preocupa estar incumpliendo su voluntad.

—Ya escuchaste las palabras de Myrgala, tienes que seguir tu destino. —Asiento.

Las palabras de Corvin, esa forma tan cálida y familiar de reconfortarme, me dan la seguridad que necesito.

—¿Qué pasará entonces? —inquiero.

—¿Cuándo? —pregunta él.

—Cuando volvamos. —Me refiero a él, a nuestra amistad.

“¿Querrá volver a Armaria?" Yo pertenezco a Niebla, pero él no "¿Nos tendremos que separar o vivirá en Niebla conmigo, como un fugitivo?”

—No lo sé. —Se remueve en el sitio con cierto nerviosismo —. Ya pensaremos en eso —dice, como si me hubiese leído el pensamiento.

Deposita una mano reconfortante en mi brazo y luego, se aparta para reunirse con el resto.

Hemos pasado por mucho. Yo misma he pasado por mucho y es difícil mantenerse seguro sobre las decisiones que vas a tomar cuando el futuro es tan incierto.

No sé qué me espera en Niebla, ni siquiera sé si realmente podré regresar.

Estoy dejando mi futuro en manos de las palabras de una bruja , que también fue expulsada.

Pero parecía tan segura de que podría hacerlo, de que tenía que hacerlo… No se equivocó con Luke.

Se me arremolinan las dudas en el estómago y me siento nuevamente empujada hacia un final que no sé si es el que realmente quiero.

Me recompongo un poco tras la conversación y después de una honda respiración, me acerco a los demás.

Axel está hablando con el grupo. Me encanta verlo así, sus palabras siempre son alentadoras.

Parece tener siempre las respuestas. La seguridad necesarias para afrontar los problemas que se le presenten.

Me pregunto cuál sería su don antes de llegar aquí.

Es sin duda, el mejor líder que los Caminantes de las cenizas podrían tener.

—De acuerdo, chicos… —Traga saliva antes de seguir hablando —.

La pérdida de Hogee ha sido un duro golpe para todos.

Guardaremos siempre en nuestros corazones todo lo que fue para nosotros…

—Su voz se va apagando con cada palabra.

Observo a los gemelos, que se agarran la mano el uno al otro, compungidos —.

Pero debemos seguir adelante y lo haremos por nosotros, por él.

No podemos defraudarlo. Hogee siempre luchó por protegernos y ahora, debemos seguir haciéndolo, los unos a los otros.

Los gemelos empiezan a aplaudir de manera efusiva, el resto le seguimos.

Con un gesto de la mano, Axel nos hace callar.

Se acaricia el mentón con la mano, como buscando las palabras adecuadas para lo que tiene qué decir.

El ceño fruncido, las cejas arrugadas enmarcado sus ojos verdes. Me deleito contemplándolo.

—Nuestra misión ahora es acompañar a Elara y a Corvin hacia un templo, al sur del continente.

No tenemos mucho tiempo, ya se han retrasado bastante.

Debemos buscar la manera de llegar allí cuanto antes.

—Se recompone y relaja la tensión de sus hombros.

Dirije su mirada directamente a mí, luego mira a Pharrel —.

Los escoltaremos hasta allí. Han arriesgado su vida por salvarnos.

—Luke sonríe, me coloca una mano reconfortante en la espalda y cuando creo que ya ha terminado, Axel vuelve a hablar —.

Al igual que yo, Corvin y Elara vienen de los Siete Reinos, en los cielos.

—No titubea —. Probablemente hayáis escuchado alguna que otra leyenda sobre ello…

Todo es real. Siento haberos ocultado esa información.

Se extiende un tenso silencio que se va transformando en un débil murmullo. No ponen en duda a su líder.

—Vamos a ayudarlos a volver a casa —sentencia.

—¿También vas a volver Axel? —pregunta Tim con tonolastimero. Contraigo los dedos de los pies esperando esperanzada su respuesta.

—No os voy a dejar —asume, contundente —. Acompañaremos a Elara… Y a Corvin, para que puedan volver a casa. —Los ojos de Axel se clavan en los míos y una punzada de dolor se me instala en el pecho. Me cuesta hasta respirar.

Así qué es verdad… Fnalmente, cuando lleguemos al templo, nos separaremos.

Trago saliva y me hago un pequeño ovillo mientras me rodeo mi propio cuerpo con los brazos.

Desecho toda esperanza de que la historia entre Axel y yo, lo que sea que estuviera empezando, pueda llegar a algo más.

“Es tu destino”, dijo Myrgala. Y es que a veces el destino es caprichoso y no siempre se mueve por nuestros propios deseos.

Salimos del bosque después de una hora de caminar entre los árboles.

Los chicos están más callados que de costumbre, la sombra de la muerte de Hogee aún se cierne sobre ellos.

Camino con Axel al lado y Corvin y Luke nos siguen muy de cerca.

Cuando el tramo de árboles y maleza llega a su fin, vemos una serie de edificios en ruinas levantarse en el horizonte.

Mucho tiempo atrás, cumplirían una función importante en aquella ciudad desaparecida.

Los edificios están cubiertos de vegetación, es como si la naturaleza buscara siempre formas nuevas de sobrevivir. De renacer.

—En realidad esto es una buena señal. —La voz de Axel me sorprende.

—¿Qué?

—La vegetación… La vida. —Su sonrisa es plácida y tranquila ahora.

Como no la había visto antes —. Parece que la vida está volviendo a este lugar, quizá en algún momento tengan la oportunidad de redimirse.

—Ha dicho “tengan”, como si no se sintiera parte de este lugar.

Ya no tiene que esconderse —. Ojalá pudiera decir que la era de la escasez ha llegado a su fin, pero por desgracia, la avaricia del ser humano siempre lo destruye todo…

No tardarán en acabar con esto también. —Su voz se va apagando y yo reflexiono un poco sobre sus palabras.

Caminamos en dirección a los destruidos edificios y barremos las desoladas calles con la mirada.

No sé siquiera qué estamos buscando. A lo lejos, visualizamos cuatro vehículos de ruedas grandes y dentadas.

Son como los carros que se usan en Armaria para transportar ganado o mercancía, pero su aspecto es muy diferente.

Axel nos hace guardar silencio y nos indica que nos ocultemos en una esquina tras un muro “¿Cuál es el plan?¿Robar esos vehículos?”

—Cómo caídos del cielo... —La voz de Axel es solo un susurro —. Quedaos aquí, voy a comprobar que no haya peligro.

—Voy contigo. —Ofrezco sin pensar. Impulsiva.

Él no intenta disuadirme, se limita a asentir y me tiende la mano, que se la agarro con fuerza. Al sentir su tacto, todo mi cuerpo se calienta.

Caminamos agazapados, rodeando el muro de ladrillos a nuestra espalda. No parece haber nadie cerca. “Bueno, si estos vehículos no son de nadie, no estamos robando ¿no?”

—¿Enserio te preocupa que estemos robando? —Como si acabara de leerme la mente, Axel da en el clavo. En el hilo justo de mis pensamientos.

—¿Cómo sabías que estaba pensando... Eso?

—Es evidente. —Seguimos hablando en susurros —. Estás temblando. —Pongo los ojos en blanco, mientras seguimos caminando hacia los cuatro vehículos.

Cuando estamos lo suficientemente cerca, podemos comprobar que no hay nadie dentro de ellos. Tampoco en los alrededores.

—A quién sean que pertenezcan, parece que no están por aquí —dice Axel. Mira a izquierda y derecha para asegurar su información —. Se habrán quedado sin combustible y los habrán desechado. Es difícil encontrar de eso por aquí.

Seguimos examinando los vehículos y de un salto, Axel se introduce en uno de ellos.

Son descapotables, lo que nos facilita acceder a ellos.

Me indica con una mano que me siente a su lado.

Yo, me mantengo cautelosa. Continúo de pie, parada.

Observándolo a unos metros de distancia.

Todo está en silencio, un silencio tan absoluto y devastador que parece que estamos completamente solos en esta tierra…