Capítulo 28
Elara
A pesar de la aspereza del suelo, esa noche podría haber caído una bomba a centímetros de mí y sé que no me habría despertado. Me siento agotada, las emociones se arremolinan en mi interior como una nube de tormenta.
Corx está muerta y con su marcha, se disipa uno de nuestros problemas, quizá el principal.
Ahora, por fín, puedo centrarme en lo que realmente quiero, volver a casa.
Dejar atrás este horrible lugar que arrasa con todo, que solo deja destrucción y dolor a su paso.
Miro a Axel y entiendo entonces, con una certeza aplastante, que nuestros corazones rotos serán un daño colateral de todo esto.
El final de nuestra historia llegará en unos días.
No puedo olvidar sus mentiras. Que durante todo este tiempo, me haya ocultado algo tan importante, me arde en el pecho y lo peor de todo es que jamás tuvo intención de contármelo.
La confianza que yo sentí hacia él, al contarle mi historia, todo sobre mí pasado, jamás fue recíproca.
Solo fue una ilusión. Si hubiera sabido la verdad, todo hubiese sido diferente.
Sin embargo y pese al dolor del engaño, que me pesa en los hombros, ya es imposible ocultar lo que siento. Lo quiero, lo deseo, quizá lo amo.
Sentimientos que no nacen en mí cuando miro a Corvin.
En cierto modo me duele. No puedo negar que aquella noche con los dos fue…
Simplemente perfecta y el recuerdo aún me deleita las entrañas.
Pero mis sentimientos son claros y a Corvin no lo amo.
Lo quiero, sí, pero como a un amigo. El placer y el amor son cosas muy diferentes y yo lo he aprendido a base de bien.
Debería ser sincera con él, antes de que sus falsas ilusiones sigan ensombreciendo nuestra amistad. Pero “¿Con Axel?”
La duda se retuerce en mi estómago, enroscándose como una serpiente “¿Debería decirle lo que siento?¿Y sí él no siente lo mismo?¿Y si me ama y eso hace la despedida aún más dolorosa?” El pequeño destello de esperanza que apareció el día anterior, con la revelación de su verdadera procedencia, parece desvanecerse entre las dudas.
Si existe alguna posibilidad de que Axel pueda ascender junto a nosotros, no las tengo todas conmigo.
Cuando despierto, la hoguera aún humea débilmente entre los rescoldos. Todos continúan durmiendo a mi alrededor. Todos, menos Luke.
El silencio nos envuelve, como un susurro. Me duele la cabeza de tanto pensar, no me da tregua. Decido dirigirme al lago para asearme antes de continuar nuestro camino. La sombra de un cuerpo casi inerte se cruza en mi camino.
—¿Cómo estás? —pregunto con suavidad. El rostro ensombrecido por la culpa, pesa en el semblante de Luke.
Una fuerza invisible parece estar tirándole de los hombros hacia abajo, hundiéndole más los pies en la arena. No responde.
Me acerco y aunque se estremece por mi repentino contacto, no puedo evitar darle un abrazo.
Tiro de su cuerpo para apoyar su cabeza con delicadeza sobre mi hombro.
Está rígido y a través de sus poros puedo sentir como se escapa su dolor.
Un hondo suspiro abandona su cuerpo y los hombros se le van relajando un poco más con cada exhalación, soltando la culpa.
—Nada como un buen abrazo —le digo, sin separarme de él y noto de nuevo algo de tensión en su cuerpo tras mis palabras.
—Gracias, Elara. —Se aleja de mí y se recoloca las vestiduras. Luke es un chico de pocas palabras, por lo que esas dos significan mucho para mí.
—Hiciste lo que tenías que hacer. Esa arpía ya se había cobrado demasiadas vidas…—Mis palabras son sinceras, pero llevan ocultas un resquicio de rencor, aún latente.
El dolor por Hogee aún me quema en el pecho. Se me humedecen los ojos al acordarme de él.
—No me siento mejor ¿sabes? —Habla despacio y con la voz apagada.
Nunca lo había visto tan bajo de energía —.
Llevaba años planeando mi venganza y ahora…
—Se humedece los labios agrietados y mira al cielo, buscando respuestas que nadie más tiene —.
Me siento vacío, es como si… No fuera suficiente. —Sus ojos se oscurecen un poco más.
Vuelve a mirarme y una débil sonrisa se dibuja en su rostro.
—Ojalá alguien me hubiera dicho esa típica frase: “La venganza no va a devolverte a tu familia” —parafrasea. El tono lastimero de su voz consigue que me estremezca de nuevo.
—¿Puedo preguntar qué les pasó? —Ya lo estoy haciendo. Mi pregunta es demasiado inoportuna y me arrepiento al instante —. Lo siento, yo… Solo si necesitas hablarlo con alguien, que sepas que aquí estoy —digo.
—Tenía siete años, vivía con mis padres y mi hermana en la ciudad de Onix.
Comienza a hablar al instante y mi mente divaga con el nombre de esa ciudad. Onix, otra de las ciudades itinerantes. La imagino de un color negro brillante. Me pregunto cuántas más habrá.
—Teníamos una pequeña taberna —continúa —. Mi madre servía comida casera y mi padre tocaba la guitarra cada noche para entretener a los clientes. —Traga saliva trabajosamente, antes de seguir con su relato.
Lo miro con atención y dispongo una mano sobre la suya, para hacerle saber que está a salvo.
Que no tiene que fingir conmigo. Esto le rompe y es algo completamente normal.
Lo invito a sentarnos en el suelo, al lado del embalse de agua estancada.
Los mosquitos revolotean a nuestro alrededor y el día comienza a clarear despejando las intensas nubes del día anterior.
Los hombros de Luke se relajan antes de seguir con su relato.
—No teníamos mucho, pero era feliz. —Una muy leve sonrisa se dibuja en su cara —.
Mi hermana, Evangeline, era dos años mayor que yo.
Jugábamos a inventar historias ¿sabés? Tierras inhóspitas y aventuras épicas, yo solía ser el malo.
—Un nuevo amago de sonrisa se escapa de sus labios, pero es de lo más amargo.
Me quedo inmovil, mirándolo —. Nunca habíamos salido de Ónix, así que ese era nuestro hogar. Nuestro lugar seguro.
Lo comprendo al instante, algo parecido me había pasado a mí con Armaria. El dolor nos envuelve a los dos mientras los recuerdos pululan por nuestra memoria descosida. Puede que no fuera perfecto, pero era un hogar.
—Una noche, en nuestra taberna, entró un grupo demasiado escandaloso.
Estaba acostumbrado a ver borrachos y grupos de maleantes, aunque Onix era una ciudad tranquila por aquel entonces.
Pero... Nunca había visto un grupo como ese.
.. —Cabizbajo, su mirada ensombrecida se pierde en la nada más absoluta, preso de unos recuerdos demasiado dolorosos —.
Daban golpes, robaban a nuestros clientes y bebían del barril de cerveza a morro.
Mi hermana y yo nos escondimos en el almacén pegado a la barra, tras unos estantes.
—Capto el sonoro movimiento de su nuez al tragar.
Devuelvo mi mirada hacia él —. Temblábamos, mi hermana me estuvo intentando tranquilizar todo el tiempo.
Mi padre se encaró a la pareja que parecían los líderes del clan.
—“Los padres de Corx”, entiendo, pero decido no interrumpirle para preguntar—.
Ella era de tez morena y llevaba el cabello trenzado, idéntica a su hija, a Corx… —Su confirmación disipa mis dudas.
—¿Ella estaba allí? —inquiero. Él asiente antes de continuar.
—Reparé en ella, pero los recuerdos de esa noche están muy difusos. No fui capaz de recordarla cuando la volví a ver. No hasta que Myrgala me habló de ella.
La mención a la bruja consigue que me estremezca de nuevo. Lo miro a los ojos invitándolo a continuar su relato. Él me dedica una sonrisa débil antes de hacerlo.
—Amenazaron a mi padre y le exigieron todo lo que tenía.
Dinero, joyas, provisiones… Les daba igual, lo querían todo.
—Su mirada vuelve a perderse en la negrura de sus recuerdos —.
Hay gente egoísta, Elara. Hay gente a la que no le importa si el de al lado muere, aunque a tí te sobre.
Hay gente capaz de hacer cualquier cosa…
—Su voz se va apagando y los ojos le brillan por las lágrimas contenidas.
—Si quieres podemos dejarlo…
—Mi padre se negó. —Me interrumpe, sigue su relato, firme como una vela —.
Nunca he conocido a nadie con tanta tenacidad.
Mi madre, harta de ver los golpes que le propinaban, echó mano a la caja para sacar el poco dinero que teníamos.
Se habrían ido, si no hubiese sido por el bote.
—Trago saliva a la espera de la tragedia que está por venir —.
Mi padre escondía un bote con nuestros ahorros, era todo lo que teníamos.
Nuestro salvavidas si el barco se hundía.
Los Serpientes no eran tontos, así que los amenazaron.
El dinero que les entregaron les supo a poco.
Agarraron a mi madre. —Su voz se quiebra y sus ojos, en ese momento, se muestran completamente vacíos —.
La violaron, delante de todos, mientras golpeaban a mi padre y lo obligaban a mirar.
—Las lágrimas acuden a mis ojos con cada cruda palabra.
El pecho se me encoge, haciéndose más estrecho, mientras las palabras de Luke salen a borbotones de su boca. Como si llevara años deseando contarlo, deseando soltarlo. Implacables. Dolorosas. Hirientes.
—Mi hermana estaba muy nerviosa, se sacudía en nuestro escondrijo mientras yo intentaba agarrarla…
Escapó, se me escapó y no pude retenerla.
.. —Su llanto desconsolado amortigua sus palabras.
Yo me quedo inmovil, mirándolo, sin saber que hacer.
Qué decir en un momento como este —. Le hicieron lo mismo. Ella no paraba de gritar.
Vacío, sus ojos son el más completo vacío. Su alma se había roto aquel día. Se había quedado allí, en esa taberna. Lo atraigo hacia mis brazos y nos quedamos un buen rato así. Llorando, abrazados, hasta que sus sollozos se van calmando y el sonido del viento sobre las hojas rasga el ambiente.
—Lo siento muchísimo, Luke. —No sé qué más decir. Él asiente, separándose un poco más de mí, para mirarme.
—Me quedé en mi escondite, presa del pánico. Inmóvil. No fui capaz de reaccionar ante lo que estaba viendo… —Se le rompe la voz —. No hice nada, Elara. No hice nada.
—No fue tu culpa ¿Me oyes? —Mi voz también suena rota, quebrada.
—No. Ya no… —Nos quedamos unos segundos en silencio, con la vista clavada en la superficie del estanque.
Trasuna honda inspiración, continua —.
Mi padre fue el primero en morir, cuando atraparon a mi hermana, se volvió loco…
Le metieron un tiro en la cabeza. Uno de los tipos encontró el resto del dinero, así como el resto de nuestras provisiones…
Parecía que se iban a ir, pero mi madre se rebeló contra ellos, luchó.
La quitaron de enmedio, rápido. Corx le rebanó la garganta a mi hermana.
Lo veo todo, lo siento todo. El horror, la pérdida, la ira…Lo entiendo. Yo nunca había tenido una familia, pero si hubiera tenido una, como Luke, hubiera movido cielo tierra para vengarlos.
—Durante años, su rostro estuvo borroso en mi memoria, como si se tratara de una maldición.
—Con los ojos enrojecidos por las lágrimas, no desiste en darme a conocer su historia —.
La serpiente estaba por todos lados. En la hoja de los cuchillos, en las vestiduras, en los cinturones, llevaban tatuajes…
La serpiente me persiguió durante años. Ahora lo entiendo todo.
—¿Cómo sabía ella quién eras tú? Que buscabas venganza… —pregunto al recordar las últimas palabras quele dirigió, parecía segura de porqué la buscaba.
—Cuando conocí a Axel ellos ya estaban enemistados.
Me uní a los Caminantes para dar con los causantes de mi dolor.
No soy estupido, por supuesto, tenía mis sospechas —dice —.
Tenía que asegurarme de que había tenido algo que ver y si no, encontrar al verdadero culpable.
Una noche, la engañe. La embauque y me la llevé a la cama, pero no la toqué.
Cuando la tenía ante mí, suplicante por complacerla, le conté mi historia.
—Una carcajada oscura escapa de su boca —.
Ni se inmutó. Como si las vidas de mi familia no significaran nada para ella…
Unos simples cadáveres más a su espalda.
Entonces, empezó la cacería. Le daría tregua, tiempo y un día acabaría con ella, si es que era culpable.
Por supuesto ella no iba a decírmelo, por lo que decidí recurrir a otros métodos.
“A la magia negra”
—No tuvo suficiente castigo. No sufrió lo suficiente, no como yo, como mi hermana, como mi madre, como mi padre… —Coloco una mano en su regazo, sin saber cómo consolarlo después de tanto dolor.
—Tú jamás serás como ella. —Sonríe débilmente.
Me pregunto qué sería de los padres de Corx, no hay ni rastro de ellos. La arpía parecía ser la única jefa del clan. Me pregunto si la venganza de Luke terminará aquí o aún le quedan pasos que dar.
—¿Y los padres de Corx?
—Muertos. Axel me contó que murieron hace unos años, después de abandonar a su hija, la dejaron amarrada en una cueva. —Sus ojos siguen teniendo ese tinte de oscuridad —. No sé como consiguió salir de ahí, pero después de eso, ningún Serpiente fue capaz de llevarle la contraria.
Trago saliva. Me quedo un rato pensando en todo eso. Sin duda, Corx fue una persona que sufrió, pero eso no justifica la forma en la que canalizó su dolor. El trauma no es excusa. Todos hemos sufrido, pero no todos infringimos ese mismo sufrimiento.
—Gracias por escuchar mi historia. —Asiento, agradecida a él por compartirla conmigo.
—Lo que hiciste fue justicia —digo —. Ahora se acabó.
—Y antes de irse tuvo que cobrarse la vida de Hogee. —Veo la culpabilidad aparecer de nuevo en su rostro —. Si hubiera acabado con ella hace años... —Su voz divaga nuevamente por su mente.
—¡Eh! —Le agarro de la barbilla, obligándolo a mirarme —. No es tu culpa —sentencio, mirándolo a los ojos de un marrón oscuro intenso, casi negros.
El viento azota los árboles a nuestro alrededor y el silencio deja calma en nuestra cabeza y nuestros corazones por un momento.
—Nunca conocí a mi madre —digo —y hace no mucho, perdí también a mi padre.
—Clavo la vista en el agua de aquel calmado lago, en cada ondulante vibración que se dibuja en la verdosa superficie —.
Sé lo que es sentirse solo en el mundo —confieso, en un intento de hacerlo sentir acompañado en su dolor.
Luke simplemente asiente y me agarra la mano. Tras unos segundos más de silencio, nos ponemos en pie para volver al asentamiento.