Capítulo 26 #2
Obedecemos a Axel y todos salimos de la cueva.
Todos, menos Luke y Corx. Me estremezco solo de pensar en el horror y la tortura a la que será sometida esa mala pécora, bajo las manos de Luke.
En cómo quedará el alma de este chico después de esto, irreconocible, irreparable, destruida por completo.
Me llevo las manos a los oídos para amortiguar el sonido de los gritos que están a punto de llegar.
Corvin me atrae más fuerte hacia su pecho y su firmeza y calor hacen que me sienta un poco más protegida.
Noto la mirada de Axel sobre nosotros, pero no me importa.
No me importa lo que piense, no después de haberme mentido como lo hizo.
El dolor aún me palpita en el pecho. La desconfianza es ahora un nuevo componente en nuestra inusual relación.
∞∞∞
Dos horas después, Luke sale de la cueva. Todos estamos fuera, un poco más apartados de la entrada. Sentados en círculo, en silencio desde entonces. Tiene el rostro salpicado de sangre.
No volví a escuchar la voz de Corx. Debió de acabar con ella rápido y sinceramente me alegro de ello.
Es mejor así. Esa mujer no se merecía ni un pedacito de su alma, ni una pizca más de su tiempo.
Luke tiene los ojos rojos, parece haber estado llorando todo este tiempo.
Me gustaría acercarme a él, pero entiendo que ahora mismo solo quiera estar solo.
—Yo habría sido más cruel —dice Axel con voz áspera —. Pero Luke siempre ha sido un buen chico.
—Me tranquiliza saber que no ha sucumbido a su sed de venganza. —Me mira y asiente, dejando que el silencio nos envuelva de nuevo.
Fijo la vista en el horizonte frente a nosotros. La extensa llanura que se esboza por delante. No puedo creer que esa arpía haya desaparecido para siempre, que su sombra al fín, vaya a dejar de atormentarnos.
—Una vida no puede devolver todas las que se ha llevado—dice Corvin de pronto. Me sorprende escucharlo, interviniendo en esta conversación.
Como si a pesar del dolor, las mentiras y la desconfianza, la conexión forjada la otra noche entre nosotros siga latente. Muy en el fondo. Los recuerdos golpean mi mente y agacho la cabeza para ocultar el creciente rubor de mis mejillas.
—Pero aplaca el dolor, aunque sea momentáneo —responde Axel, como si fuera un experto en la materia. Como si ese oscuro secreto suyo, ocultara mucho más de lo que parece. La venganza pulula por sus ojos, que continúan clavados en el horizonte.
Se cierne un crudo silencio sobre nosotros durante un instante. Hasta que vuelve a hablar el líder de la manada.
—Ahora que estamos juntos de nuevo, casi todos… —Arrastra un breve silencio. La atención de los chicos repara en él —. Quiero rendir un homenaje a Hogee. —Su mirada se dirige al cielo, como si de alguna forma pudiera encontrar su rostro entre las nubes.
Sabe perfectamente que él no está allí, que no puede. Que ese hombre que algún día fue su amigo, ya no está. Sin más, sin segundas oportunidades como tuvimos nosotros. A ellos no se les da otra opción.
—Hogee, fuiste un hermano para mí. —Traga saliva tan fuertemente que lo hace audible —.
Me acogiste cuando no tenía a nadie más.
Fuiste mi hombro donde llorar, me enseñaste a luchar, a defenderme con uñas y dientes, a no rendirme…
—Un nudo se me forma en la garganta. Por muy enfadada que esté con él, no me gusta verlo así.
Ser testigo de su dolor —. El primer caminante…
—Su voz se quiebra un poco con esas últimas palabras.
Un dolor intenso me invade el pecho y solo pienso en moverme hasta él. Secarle las lágrimas, abrazarlo… En vez de eso, continúo sentada en el suelo con las piernas recogidas sobre el pecho. Paralizada.
—Hoy te toca volver a lo que siempre fuiste —continúa—.
Libre, convertido en cenizas. Hogee, gracias por estos años de lealtad incondicional, de enseñanzas, de momentos.
—Se limpia las lágrimas con el dorso de la mano y verlo así, de pronto, tan vulnerable, me parte en dos —. Por siempre, amigo, te querré.
Su voz se va apagando y los sollozos sonoros de los gemelos suben hasta la copa de los árboles. Nos invade aún más la penumbra del bosque y los rugidos de una tormenta amenazan con estallar. El cielo se vuelve oscuro, las nubes grises se arremolinan en el cielo, ya no se divisa el horizonte.
Me seco las lágrimas con la mano, sin apartar la mirada de Axel. Que acto seguido se levanta y se va. Pharrel tiene la mirada taciturna clavada en los árboles, en las hojas que se agitan con el bramido del viento, como si allí pudiera encontrar el alma pérdida de su amigo.
Luke tiene el rostro empapado de lágrimas y la mirada vacua. Como si Corx le hubiese arrebatado todo lo que le quedaba, vaciándolo por completo. Ya no queda nada del chico al que conocí. La venganza lo era todo para él, su motivo para seguir viviendo. Después de esto, desconozco qué será de él.
La lluvia comienza a calarnos, la ropa, el cabello, las entrañas.
Corvin mantiene sus brazos a mi alrededor, noto su respiración agitada y sé que también está luchando por no dar rienda suelta a sus lágrimas.
Me pongo en piezafándome de sus brazos y sin pensarlo mucho, sigo a Axel.
Me adentro en la arboleda dónde aún se oye el crujido de sus devastadas pisadas.
Lo encuentro a solo unos metros, a la altura de un lago. Enjuagándose la cara.
—Axel.. Yo... —Quiero decirle que lo siento, qué siento su dolor, que lo entiendo. Que yo también sé lo que es perder a gente en el camino.
Todo mi rencor hacia él se disipa, porque lo único que quiero ahora mismo es consolarlo.
Asegurarme de que esté bien, de que este dolor no vaya a consumirlo como durante años lo hizo conmigo.
Pero no puedo hablar. Las palabras se quedan atrapadas en mi garganta, son insuficientes.
Dirige sus ojos hacia mí. Se acerca y desde la distancia, incluso, puedo sentir su respiración entrecortada.
Las gotas de lluvia le resbalan por la frente y le empapan el cabello.
Sus ojos vidriosos me escrutan, se clavan en los míos.
Yo le devuelvo la mirada con todo lo que estoy conteniendo dentro.
Doy unos pasos hacia él o quizá es él el que se acerca más a mí.
La lluvia ahora es torrencial, la ropa se me pega al cuerpo.
Me cala los huesos. Los árboles rugen a nuestro alrededor y se balancean entre alaridos.
Se abalanza sobre mí. Sobre mis brazos. Y me besa, sus labios se pegan a los míos con fiereza, con necesidad, con urgencia.
Yo no puedo hacer más que deshacerme en su boca, buscando aliento con cada bocanada.
Sus manos recorren mi cuerpo, acomodándose en mi pelo, en mis mejillas.
Donde una lágrima traviesa se ha escapado de mis ojos, la limpia con los labios, para seguir besándome.
La lluvia nos envuelve como un manto, no sentimos el frío mientras nuestros cuerpos arden.
El recuerdo de sus manos, sus besos, su boca recorriéndome entera, me nubla la mente y solo puedo desearlo. Una y mil veces desearlo.
—Elara, lo siento —dice con su frente apoyada en la mía cuando nuestros labios se despegan —. Siento no haberte dicho la verdad. Este secreto ha sido mío durante tantos años… Tenía miedo… —Lo veo, veo ese miedo en su mirada y no puedo más que asentir.
—Siento lo de Hogee —digo con un hilo de voz, aún compungida.
—Era el mejor —dice retirándose un poco para mirarme.
—Lo sé —respondo.
Nos quedamos unos segundos en silencio, solo abrazados, junto aquel lago.
—Tenemos que continuar —dice al fin y yo asiento.
El pensamiento sobre lo que nos espera, hace que me estremezca. La etapa final del viaje, un último empujón y estaremos en casa.
—¿Crees que Luke estará bien? —pregunto con la preocupación latente en la voz.
—Lo estará, con el tiempo —asegura con total convicción. Entiendo a lo que se refiere. Estas cosas llevan tiempo.
Me gustaría preguntarle mil cosas más. Sobre su pasado, sobre su historia, pero sé que no es el momento. Ahora es momento de que el dolor sane, de que viva con calma la pérdida de su amigo.
No decimos nada más, nos separamos y agarrados de la mano, volvemos a caminar hacia el claro. Instintivamente, nos soltamos cuando la mirada de Corvin se cierne sobre nosotros. Me siento en un deja vu que no tiene final.