Capítulo 26
Elara
Me ha mentido. El dolor, la decepción, una cosa tras otra… Se me clava en el alma y siento que ya no puedo confiar en nadie. Traicionada por mi padre. Traicionada por mis amigos. Engañada por la persona en la que pensaba que más podía confiar.
Caminamos alejándonos del edificio en llamas, mientras este borra el rastro de destrucción que hemos dejado a nuestro paso. Como si las propias llamas pudieran consumir también los recuerdos de la noche anterior. Un ardor amargo se me instala en el estómago cuando acuden a mi mente.
La cueva donde Corx tiene ocultos a los Caminantes de las cenizas, se encuentra a un día de camino, según la información que nos ha dado.
Hemos estado caminando en silencio desde entonces.
Al caer la noche, nos adentramos en un bosque, muy cerca ya de la cueva.
Agotada por el esfuerzo del día, el poco sustento alimenticio y el dolor que siento en todo el cuerpo, “sobre todo en el alma”, caigo rendida al sueño pronto.
Corvin se acurruca a mi lado y su abrazo cálido y familiar me reconforta tanto que duermo del tirón toda la noche.
El amanecer tiñe el cielo de tonos anaranjados.
Los árboles en esta zona depuran algo más el aire, por lo que la calima no es tan intensa y se respira mejor.
Nos acercamos hasta la cueva que al principio parece estar vacía.
El silencio nos envuelve cuando ponemos los primeros pasos en la oscura cavidad y me temo lo peor.
Que Corx nos haya mentido, que los chicos no estén aquí.
Que sea otra emboscada. Trago saliva mientras continuamos avanzando en la penumbra.
Unos sonidos ahogados nos alcanzan y juro por los dioses que nunca antes he sentido tanto alivio.
Sonidos lastimeros, quejidos y sollozos débiles se filtran entre las sombras hasta dar con nuestros oídos.
Los rostros amordazados de los chicos nos muestran la verdad.
Corx no mentía esta vez, nos ha conducido hasta ellos.
Al adentrarnos en el oscuro agujero, lo primero que hago es contar cuantos son. Busco desesperada el brillo vivaracho de los ojos de Hogee, temiendo que Corx no haya mentido en eso tampoco.
Tim y Jake se ponen de pie de un salto al vernos aparecer.
Fruncen el ceño al ver que Corx nos acompaña.
Tienen los ojos hinchados como si llevaran días llorando y sin dormir “¿Cuánto tiempo habrá pasado desde que probaron bocado por última vez?¿Y agua?” Me estremezco.
En una esquina, Pharrel está sentado sobre una piedra, aparentemente tranquilo.
Como si en realidad llevara tiempo esperando nuestra llegada.
Los malhechores que custodian a los prisioneros, empuñan sus cuchillos hacia nosotros violentándonos.
Corx con un gesto de cabeza les indica que bajen las armas.
—Vienen conmigo —deja escapar la arpía y ellos ceden al instante ante las palabras de su jefa..
Me sorprende que no haya intentado librarse de esta.
Continúo alerta e intento no perderla de vista.
Por primera vez, se la ve resignada, parece haber aceptado su destino.
O quizá esté tramando otra de sus artimañas y nos tenga preparada otra trampa.
Se me tensa todo el cuerpo solo de pensarlo y miro a todos lados para asegurarme de que no hay nadie más en esta cueva.
La cavidad parece estar llena únicamente con nuestra presencia.
Entonces, pienso en Luke. Como era de esperar, él no está aquí.
Nos despedimos en la ciudad de Rubí. Un escalofrío me recorre la columna vertebral al recordarlo.
Mi cuerpo se estremece al pensar en su rostro pálido, las vendas cubriendo su herida, sus palabras aferrándose a la vida.
Su sed de venganza aún cegando sus ojos.
Solo espero que haya podido sanarse y que se encuentre bien.
Tres, solo tres de los Caminantes de las cenizas. Cuatro contando a Axel. No hay rastro de Hogee.
—Suéltalos, ahora mismo. —Las palabras de Axel son serenas, pero la amenaza late en cada sílaba.
Corx lo mira altiva y acto seguido da la orden a sus perros guardianes para que los liberen.
Todo se convierte en un amasijo de abrazos y llanto.
Los gemelos se lanzan sobre mí, hablando a toda velocidad.
Intento pescar alguna que otra palabra suelta, sobre las peripecias que han sufrido estos días, aunque me es difícil.
La oscuridad, sólo salpicada por la luz de unas antorchas nos envuelve.
Mi cuerpo sigue tenso ante la posible amenaza.
—Si hubieras visto como me zafé de esos tíos… —dice Tim.
—¿Qué dices. idiota? Fui yo el que te desató las manos… —responde Jake.
—Sí, pero por tu culpa nos volvieron a atrapar —reprocha Tim de nuevo, yo reprimo una carcajada.
—Porque eres idiota. A ti te atraparía cualquiera. —Los chicos se enzarzan en una de sus cotidianas discusiones.
Los rostros salpicados de mugre y suciedad, el pelo enmarañado y alguna que otra herida adornando sus joviales rostros.
—¿Estáis bien? —Mi voz es dulce.
Los agarro a los dos a la vez por los hombros y ellos asienten, borrando la diversión de sus rostros. Nos abrazamos de nuevo y sus lágrimas me mojan el cuello de la camiseta.
Se me escapa una sonrisa al ver que pese a la odisea que han vivido, siguen siendo los mismos.
Corx habla con sus dos compinches y momentos después estos salen de la cueva tal y como había acordado con Axel.
Sigo sorprendida con que haya cumplido a rajatabla con su palabra.
Parece rendida o quizá solo es un teatro para conseguir el perdón de Axel.
—Señorita Elara. —La voz profunda de Pharrel devuelve mi atención hacia él. Su gesto es siempre elegante.
De los chicos parece que él se llevó la peor parte.
Tiene un ojo morado y sangre seca en la nariz.
Tampoco ha pasado desapercibida para mí su nueva cojera.
Me entristece verlo así, una persona tan tranquila y correcta, magullado por los golpes.
Ensuciado, ensombrecido. Sus gafas también han desaparecido y sin ellas puedo observar en el tono plateado de sus ojos, una luz diferente.
—Pharrel, siento mucho lo que habéis tenido que sufrir. —Me agarra las manos.
—Ahora estáis aquí, eso es lo que importa. —Se gira entonces hacia Axel —. Se llevaron a Hogee. —Axel no responde, se limita a observarlo con una solidez inquebrantable.
Unos pasos retumban en el eco de la rocosa estancia.
Todos nos giramos al notar la presencia de alguien más en la cueva.
Mis ojos se iluminan al contemplar el rostro maltratado de Luke, lleno de cicatrices y moratones.
“Está vivo”, respiro con alivio y parece caminar correctamente, recuperado tras la dolorosa herida en el abdomen con la que le vi la última vez.
—¡Luke! —Los gemelos son los primeros en acudir hasta él.
Tras los pertinentes abrazos y saludos varios, su mirada se clava en Corx.
—¿Qué hace ella aquí?
—Saldar su deuda —responde Axel.
No puedo evitar mirarlos a todos. Los gemelos bajan la mirada y Pharrel apoya una de sus manos en la espalda de Luke, con la vista cansada. La tensión continúa creciendo en una vorágine casi asfixiante.
—Entonces es cierto, Hogee ha… —No me salen las palabras. Me doy cuenta de que estoy siendo terriblemente entrometida.
—Lo confesó —dice Axel, dirigiéndome una mirada rápida.
Me negaba a creerlo, hacerme a la idea de no volver a ver a Hogee nunca más. Sin embargo, Axel… Él parece demasiado acostumbrado a este tipo de dolor.
Luke da un paso atrás incrédulo, se tambalea, como si un golpe de verdad, físico, le hubiese alcanzado.
Vislumbro el dolor en su mirada que poco a poco se va transformando en ira.
Aumenta su sed de venganza, amenazando con estallar.
Aprieta los puños hasta que los nudillos se le ponen blancos, la furia contenida.
Los fragmentos de la historia de Luke me vienen a la mente, la pérdida de su familia.
La muerte de Hogee acaba de sumarse a la ecuación, como una losa más en su pesada mochila.
La sombra de Corx que siempre ha estado presente…
Comienza a caminar hacia ella, decidido.
—Ha llegado el momento de que tú y yo saldemos cuentas pendientes. —Sus palabras rasgan el ambiente. La inquina con la que las suelta, revela años de rencor.
—¿Desde cuándo lo sabes? —pregunta Axel y entonces ,me siento perdida en esta historia.
—En Rubí, hablé con la bruja. —“Myrgala” —. Su clan asesinó a mi familia, Ax.
Las palabras salen disparadas de su boca, como llamaradas de fuego.
Se me eriza la piel y siento que me voy a desvanecer de un momento a otro. Corvin me agarra antes de que eso ocurra, rodeándome con sus fibrosos brazos. Se me parte el corazón al pensar en el rastro de dolor que esta mujer ha ido dejando a su paso, a lo largo de los años.
—No sé de que me hablas, ha habido tantos... —Se excusa —. Mi familia tuvo la culpa, ellos... —Se muestra diferente, ni un ápice de su habitual y despreciable jugueteo.
—Solo tenía siete años cuando tu familia, me los arrebató. —Se le quiebra la voz y puedo sentir el dolor de Luke en mis entrañas.
—Supéralo entonces, pasó hace mucho tiempo. —El desdén de sus palabras parecen cuchillos clavándose en su piel. Luke se abalanza sobre ella y agarrándola del pelo la pone a la altura de sus ojos.
—Chicos, salgamos de aquí. —Ordena Axel, yo asiento, pero no puedo apartar los ojos de Luke.
Este mira a Axel, que le otorga un permiso que no le ha pedido, dejándole vía libre paracompletar su venganza. Una venganza tejida, urgida durante años dentro de su se. Alimentada por el dolor y la desesperanza de encontrarun final distinto.