Los Siete Reinos de Paz y Gloria (Los Siete Reinos de Paz y Gloria 1) Capítulo 22 #2
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Capítulo 22 #2

—Chupa —ordena, sin ápice de duda en la voz. Lo miro a los ojos. Todo rastro del niño bueno acaba de desaparecer, ahora solo lo mueve el deseo.

Inhalo un hondo suspiro y obedezco dejándome llevar por el ansia que me quema en las venas.

Me la meto en la boca y disfruto del sabor carnal hasta que la saliva corre por mi barbilla.

Una y otra vez, dentro y fuera. La excitación es tan grande que me siento lista y abierta para recibir lo que sea.

Axel introduce un dedo dentro de mí con movimientos lentos pero directos, ya me siento plena cuando introduce otro, que se desliza sin apenas resistencia y no hace falta mucho más.

En ese preciso instante, estallo. Pierdo la conciencia y la razón, mientras el calor me atraviesa en oleadas de placer.

Los gemidos salen disparados de mi garganta.

La lengua de Corvin devora mis pezones endurecidos mientras me deshago por completo. Éxtasis, puro éxtasis.

Me recuesto sobre el suelo y todo se ralentiza por un momento, mientras recompongo mi respiración, entre jadeos. Si pensaba que no podía sentir más placer, me equivocaba. Lo que acaba de pasar ha encendido cada una de mis terminaciones nerviosas, hasta hacerme delirar.

Axel se coloca encima de mí y deposita un suave beso en mis labios, que vuelve a encender la mecha que arde en mi interior.

—¿Quieres que te lo haga, pelirroja? —Su mirada arde hundiéndose en mí. Miro a mi derecha, dónde Corvin me mira con deseo, aún acariciándose el miembro.

—Los dos —digo sin escrúpulos. Quiero probarlos a los dos y no me avergüenza reconocerlo.

La sonrisa socarrona de Axel me sonroja de nuevo. Intercambia una mirada con Corvin que no consigo descifrar.

—¿Quieres que sea el primero? —Asiento, prácticamente sin moverme y abro más las piernas para recibirlo —. Puede que te duela un poco, iré con cuidado. —Vuelvo a asentir. Los nervios se aremolinan en mi estómago, ante la expectativa.

Lentamente, se coloca en mi entrada y poco a poco se va deslizando dentro de mí, abriéndome por completo. Un gemido gutural sale del fondo de mi garganta y rezo a todos los dioses que conozco para que esta sensación de plenitud no acabe nunca.

Se va moviendo, poco a poco, entrando y saliendo de mí con movimientos delicados pero certeros y pronto, quiero más. Su miembro es más de lo que esperaba y con su dureza, me atraviesa como una estaca. “Si lo de antes no era el infierno, ahora acabo de bajar para quemarme”.

Axel continúa con su ritmo frenético, Corvin nos observa deseoso.

Tocándose, cada vez más rápido. Se percata de que lo observo y mis ojos se cruzan con los suyos en el momento en el que, de una sola estocada, Axel consigue que vuelva a precipitarme hacia el abismo.

Deshaciéndome entre sus manos. Exploto, esta vez de forma más intensa.

Mis paredes lo aprietan para no dejarlo ir, aspiro su aliento sobre su boca, mientras él no deja de bombear dentro de mí.

Entonces se aparta de forma precipitada y sale de mi interior dejando un gran vacío en su lugar.

Cuando me quiero dar cuenta, es Corvin el que ha colocado su cabeza entre mis muslos. Lame y absorbe mi sexo aún palpitante, devorándome con su impavida lengua. No me da tregua. Sus lametones se aseguran de encender de nuevo cada poro de mi piel con un incesante placer.

—¿Quieres que te lo haga, princesa? —Su pregunta suena más sensual que nunca.

Desde lo más profundo de mí, nace el deseo de que me posea de forma frenética y hasta la extenuación.

—Sí, por favor. —Alcanzo a decir con voz suplicante, justo antes de que se introduzca en mí con ligera destreza.

Sus movimientos suaves y sensuales, acarician mis entrañas.

Pero yo necesito más. He llegado a ese punto de no retorno, en el que mi cabeza y mis sentidos ya no tienen cabida.

Me convierto en un animal que busca desesperadamente su placer.

Comienzo a moverme deseosa de él, de que se introduzca más dentro de mí, más profundamente.

Axel me agarra por el cuello, devorándome la boca, justo antes de introducir su miembro donde hace unos segundos estaba su lengua.

Él sabor salado y dulce a la vez me embriaga.

Empuja más profundamente cada vez, hasta el fondo de mi garganta.

Es tan grande que me llena la boca por completo y ya no puedo centrarme en otra cosa que en él.

Tengo que contener una arcada y eso parece excitarlo aún más.

Extasiada, comienzo a lamer frenéticamente cada parte deliciosa de su carne, desde la punta hasta el tronco y al revés.

Tan excitada, que no he reparado en que los movimientos de Corvin se han ralentizado.

—Voy a… —Y culmina dejando escapar un gruñido grave y jadeante de entre sus labios.

Se derrama encima de mí. Dejando chorros de su placer, calientes, sobre mi abdomen.

La sensación hace que mi excitación crezca aún más.

Axel no se contiene y al observar mis jadeos impulsivos, sale de mi boca con fiereza.

Con el dorso de la mano me limpia la comisura de los labios, y vuelve a besarme con todo ese anhelo contenido.

Con un ágil movimiento me coloca sobre las rodillas, el rubor ya no solo está en mis mejillas, me recorre todo el cuerpo al encontrarme en esta posición.

Completamente expuesta, completamente suya.

De una sola estocada, me penetra nuevamente. Yo ahogo un grito en lo más profundo de mi garganta. Dejo que me atraviese una y otra vez, con todo su ser. Hasta que me alcance la locura. El sonido de nuestros cuerpos chocando, sudorosos, aumenta el calor de la situación. Podría morir de placer.

—Ahora voy a acabar contigo y después me voy a correr ¿Dónde lo quieres, princesa? —Sus palabras sucias y lascivas, bastan para que me deshaga de placer nuevamente.

El orgasmo me arrastra y soy incapaz de pensar nada coherente.

Me reclino sobre el suelo, mientras Axel sigue moviéndose, agarrado a mis caderas.

El hormigón desnudo me araña la mejilla pero casi no lo siento.

Pienso entonces en Corvin y abro los ojos en su dirección, este nos observa recostado cerca de nosotros.

Su mirada es lujuriosa y provocadora hasta la extenuación. Nunca antes lo había visto así.

—¿Dónde lo quieres? —repite Axel con un gruñido contenido. Siento que está apunto de terminar.

—En la boca… —digo, sin pensar en nada más que en la absoluta excitación que siento.

Todas las escenas obscenas que he leído en mis libros acuden a mi mente. Mis palabras lo hacen acelerar aún más y continúa embistiéndome como si el mundo fuera a acabarse ese día. Como si nuestro tiempo se acabara y las agujas del reloj no pararan de repicar en su cabeza.

De pronto, sale de mí, dejando un enorme vacío en mi interior.

El sexo me palpita y escuece con un ardor incómodo, sin embargo, estoy tan extasiada por estas nuevas sensaciones, que podría hacer esto toda la noche.

Sin parar. Axel me hace girar y casi no le da tiempo a introducirla en mi boca cuando se abandona al placer dentro de mí.

Sus fluidos me llenan y se me escurren por los labios.

Gran parte de él, va a parar directamente a mi garganta.

Su sabor es dulzón y masculino, nunca había sentido nada igual.

Lo miro a los ojos mientras me agarraba del pelo, de forma provocadora y trago el resto.

Nos sostenemos la mirada un rato. Se ha vaciado dentro de mí de una forma tan extenuante que me hace enloquecer por completo, arrebatándome la poca cordura que me queda.

Nuestras ardientes miradas conectan de tal forma que ya casi no soy capaz de sentir la presencia de Corvin a nuestro lado.

El pecho se me abre con un sentimiento nuevo y desconocido.

En este momento, sé que estoy justo donde quiero estar.

Nos tumbamos sobre el frío hormigón, exhaustos.

Deposito la cabeza sobre su duro y esculpido pecho.

Las llamas de la hoguera danzan a nuestro alrededor, proyectando sombras que se entrelazan al igual que nuestros cuerpos.

El calor del fuego se mezcla con el de nuestras pieles.

Jadeantes. Observo a Corvin, recostado un poco más alejado y aún no soy capaz de dar una explicación a lo que acaba de pasar entre nosotros tres.

En este momento, no puedo creer que Axel no se trate en realidad de un mismísimo dios.

No hay nada más allá, no existe el mundo fuera de este instante.

En el qué las líneas entre el deseo y la necesidad se han difuminado por completo, para liberar lo que por tanto tiempo habíamos contenido.

Cada caricia es un pacto silencioso, cada jadeo un eco que conecta nuestras almas.

Para siempre. En el recuerdo, en la memoria.

Me abandono a la ensoñación por unos instantes.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero, cuando abro los ojos de nuevo, Corvin ya no está.