Los Siete Reinos de Paz y Gloria (Los Siete Reinos de Paz y Gloria 1) Capítulo 22
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Capítulo 22

Elara

La fogata vuelve el ambiente cálido en una nebulosa exquisita.

La embriaguez por el alcohol me pone a arder el pecho y el placer que siento con cada roce, con cada beso, con cada caricia, me hace enloquecer hasta el éxtasis.

No sé de qué forma hemos llegado hasta este punto, solo sé que ya es demasiado tarde para parar.

Cuando los labios de Corvin rozaron los míos por primera vez, las dudas se disiparon al fín, consiguiendo que mi mente permaneciera en silencio, por primera vez en mucho tiempo.

Pero entonces, la presencia de Axel junto a mí, transformó los besos cálidos de Corvin en un deseo descontrolado por tenerlos a los dos.

Mi razón se volvió niebla y mi corazón comenzó a latir a la velocidad de un tambor.

En ese edificio en ruinas, solo existimos Corvin, Axel y yo. Tres sombras ardiendo en la oscuridad.

La boca de Axel me devora sin contemplaciones y yo me derrito sobre su cuerpo, notando la presencia de Corvin cada vez más cerca.

Puedo notar como se le tensa cada músculo del cuerpo, cómo aprieta la mandíbula reprimiendo sus más oscuros deseos.

Las manos de Axel se concentran en recorrer mi piel con su delicioso tacto.

Lento, como si pretendiera memorizar cada centímetro de mí.

Corvin, detrás de mí, desliza sus labios por mi cuello, depositando besos suaves a lo largo de mis hombros, en cada resquicio de piel desnuda.

Yo me estremezco, con cada contacto húmedo sobre mi cuello, mi clavícula.

.. Cada roce que deposita con avidez, me recorre con un escalofrío electrizante.

Avivando el deseo que crece en la parte baja de mi vientre.

—Dime qué quieres —reclama Axel, mirándome a los ojos con absoluta adoración. Su voz es ronca y salvaje. Está cubierta de deseo.

Procedo a mirarlo desconcertada, con los labios hinchados, echando de menos los suyos. Cada roce de su piel, actúa como un incendio silencioso dentro de mí. Un incendio que avanza sin control. Sofocándome. Envolviéndome. Los labios impávidos de Corvin no se detienen.

Tengo la mente tan obnubilada que soy incapaz de contestar, incapaz de reaccionar con coherencia “¿Qué quiero?” Me pregunto.

La excitación crece en mi sexo, que palpita rozando la fina tela de mi ropa interior.

Nunca había experimentado algo así, nunca había sentido estas irrefrenables ganas de acostarme con alguien. Y entonces me giro y miro a Corvin.

Sus ojos azules danzan con la luz del fuego, convirtiendo en ámbar el brillo ansioso de su mirada. Desearía con todas mis fuerzas tener otra botella de whisky a mano, necesitaba estar más borracha para lo que estábamos a punto de hacer.

Sin apartarme lo suficiente de Axel, vuelvo a la boca de Corvin.

Primero con cuidado y luego ansiosa. Sin saber de qué parte de mi ser proviene toda aquella seguridad, solo sé que quiero dejarme arrastrar por ella hasta quemarme.

Movida por saciar mis necesidades, me adentro en su boca, mi lengua recorre sus labios y su sabor dulce me embriaga aún más.

Lo miro a los ojos y sus pupilas destellan cuando se encuentran con las mías.

—¿Quieres esto? —Me atrevo a preguntar con un hilo de voz.

Axel. En él no existen reparos ni pudor a la hora de reclamar lo que quiere.

Axel habrá estado con mil chicas antes que yo, pero Corvin…

Corvin es el chico bueno, el que hace siempre lo correcto y el que solo actúa dejándose llevar por la razón.

El dejarse llevar de esta manera, no entra para nada dentro de sus cánones.

Me sorprende cuando asiente, aún muy rígido y se adentra en mi boca con avidez de nuevo.

Sus músculos se relajan cuando sus labios vuelven a los míos.

Calentando todo mi cuerpo, humedeciéndome ahí abajo hasta volverme loca.

Mi respiración errática y entrecortada, se entremezcla con el aliento de Corvin, mientras las manos de Axel continúan recorriendo mi cuerpo.

No puedo pensar, sólo dejarme llevar por una urgencia salvaje, que me hace arquerarme entre ellos. Abandonarme a las sensaciones.

Los cálidos labios de Axel se depositan en mi cuello, calentándome aún más.

Su impávida lengua me humedece hasta las entrañas y sus dientes dejan mordiscos suaves que me endurecen los pezones.

Corvin desliza los dedos por mi cintura contoneando la línea de mi cadera, sin apartar sus labios de los míos.

Las caricias de Axel en cambio, son más directas.

Más firmes. Asciende de forma segura por mis muslos, sosteniéndome de la misma forma que alguien sostendría algo preciado. Algo que no quiere perder.

Me encuentro totalmente extasiada cuando Corvin se aparta de mi boca para mirarme.

Axel hace lo mismo y puedo apreciar como las miradas de ambos se encuentran, relajando la tensión entre ellos.

Después de verlos enfrentados tantas veces, verlos tan distendidos ahora, es tranquilizador a la vez que hermoso.

—Elara ¿Quieres hacerlo? —pregunta. La voz de Axel es tranquila y segura. Si no me estuviera agarrandon, juro que caería de forma estrepitosa, debido al acaloramiento que siento.

—¿Con los dos? —Corvin es quien pregunta esta vez. Todo rastro de preocupación o enfado en su voz ha desaparecido —. No tienes que hacerlo si no... —Lo miro, enredándome en la intensidad de su mirada, que se torna de destellos ámbar a la luz de las llamas.

Puedo sentir el peso de su contención, la lucha creciente entre su autocontrol y la necesidad imperiosa de ceder. Al mirarnos entiendo que desde esta noche, ya nada volverá a ser como antes.

“¿Es esto lo que quiero? ¿Hacer el amor con los dos?”.

La excitación nubla tanto mi mente, que asiento atolondrada, consciente de lo estúpida que debo parecer ahora mismo.

Las mejillas se me encienden de la vergüenza, al pensar en lo que estamos a punto de hacer.

Nadie me había explicado cómo debían ser los encuentros entre una mujer y un hombre.

Pero por suerte, siempre fui lectora y muchos de esos libros me ayudaron a saber de qué se trataba esto.

—Dilo, Elara. —Una peticíon, casi una súplica.

La voz de Axel suena más segura que nunca, es ronca y me arranca un suspiro.

Me giro para mirarlo a los ojos —. No va a pasar nada si no lo confirmas, convencida.

—Observo las numerosas tonalidades verdes de sus ojos y me pierdo en ellos por completo. Me tranquiliza.

—Quiero hacerlo —respondo tímidamente casi sin aliento.

—Si en algún momento quieres que paremos solo tienes que pedirlo.

—La familiaridad de su voz me hace preguntarme de nuevo, con cuántas mujeres habrá hecho esto antes.

Desecho los pensamientos intrusivos que se arremolinan en mi mente y continúo mirándolo casi sin pestañear —¿Es tu primera vez, Elara?

—Sí. —Mi voz suena tan tenue… Me muero de vergüenza al reconocer que ningún hombre me ha tocado antes. Y ahora, estoy deseosa de que lo hagan ellos dos.

Axel sonríe contra mi cuello, un roce que me eriza de pies a cabeza.

—No pienses —me ordena suavemente —. Solo déjate llevar. —Sus dedos trazan líneas invisibles sobre mi piel.

Y me dejo llevar. Corvin se quita la chaqueta de piel y la deja en el suelo, comienza a desabotonarse la camisa.

Me sorprende su decisión, su excitación es ahora más evidente que nunca.

Axel le sigue y ambos me observan mientras se desvisten.

Me pregunto si debería hacer yo lo mismo, pero estoy tan paralizada que soy incapaz de moverme.

—Tendrás que quitarte todo eso para lo que vamos a hacer. —Axel me mira de arriba a abajo con picardía. Sus ojos de animal salvaje me devoran. Deposita un beso apretado sobre mis labios.

Cuando me vengo a dar cuenta, cuatro manos recorren mi cuerpo de arriba a abajo.

Desvistiéndome, dejando mi piel libre de cualquier trozo de tela harapiento.

Ambos dejan besos y lengüetazos a su paso, en cada lugar que antes estaba cubierto.

El contacto hace que me estremezca, que arda en llamas.

Estamos muy cerca los tres, tanto, que sus alientos se enredan sobre mi piel.

El olor de Axel a madera y a una mezcla de especias exóticas.

El olor de Corvin a fuego, a miel, a algo demasiado familiar, a Armaria.

Ambos me besan las mejillas y el cuello.

Extasiada, echo la cabeza hacia atrás, depositando mi nuca en el hombro de Corvin.

Este me ayuda a recostarme sobre su cuerpo, entonces siento su miembro en mi espalda.

Tan duro que casi me atraviesa. El calor me arde en las mejillas y evito la mirada de Axel, cuando éste recorre mis muslos.

Me estremezco cuando las manos de Axel me separan las piernas. El anhelo y el deseo irrefrenable no me dan tiempo a pensar en lo que está a punto de ocurrir. Solo quiero que suceda. Mi sexo húmedo y caliente, listo para él. Lo miro a los ojos, que me devuelven fuego en la mirada.

—Voy a devorarte —asegura en un tono amenazante que hace que se me contraiga cada músculo del cuerpo.

Cierro los ojos y me dejo hacer. Las manos de Corvin se pasean por mis pechos.

Luego, se acaricia el miembro con una mano.

Axel se acerca con cuidado al centro de mi placer y yo arqueo la espalda en el momento que su lengua me atraviesa, separándome los labios para introducirse en mí.

Sus lengüetazos son descargas eléctricas sobre mi cuerpo.

Comienzo a gemir. Nunca en la vida pensé que podría sentir tanto placer.

Mientras la boca de Axel continúa dedicándome lametazos juguetones, Corvin se aparta con cuidado, dejándome recostada sobre el nido que ahora forman nuestras ropas.

Se coloca a un lado de mi, de rodillas y me acaricia la cara hasta subirme la barbilla, obligándome a mirarlo.

Sus ojos reclaman mi boca con deseo. Colocó su miembro frente a mi, agarrándolo con fuerza.