Los Siete Reinos de Paz y Gloria (Los Siete Reinos de Paz y Gloria 1) Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

—Si necesitas algo, nosotros… Estaremos por aquí unos días más. —Ella asiente, mirándome a los ojos. Sus largas pestañas se curvan hacia arriba de forma grácil cuando las mueve.

Segundos después, Lena desaparece en la oscuridad.

Corvin y yo nos miramos por un instante y después volvemos al hostal, sin perder más tiempo.

Cuando llegamos a la habitación, está húmeda y fría.

El tipo se ha dejado su ropa y algo de comida, que Corvin recoge y guarda en su saco. Solo hay una cama, solo una.

—Puedo dormir en el suelo si quieres —dice sin mirarme, mientras se desata el nudo de lasbotas.

—No —digo rápidamente —. No permitiré que duermas en el suelo, en todo caso seré yo quien lo haga.

—No digas tonterías... —dice con algo de inquina en la voz y ya descalzo, se gira para mirarme.

Mientras se quita la chaqueta, avanza lentamente hacia mi. Sus ojos azules parecen aún más fríos ahora.

—Elara, no vuelvas a alejarte de mí. No así. —Su tono de advertencia contiene un tinte violento, que no me gusta.

—No me digas lo que tengo que hacer —respondo al instante y sin pensar, presa aún de la adrenalina desatada hace unos momento.

Nos quedamos uno frente al otro. Desafiándonos, mirándonos y retándonos con los ojos.

—Por favor, no es... Es peligroso —dice con la voz muy tensa, que lleva consigo un tinte de súplica —. Ese tipo podría haberte hecho daño y si te pasara algo así, yo… No sé lo que haría —asegura y su confesión me inquieta. Me recuerda a todo lo que me dijo la otra noche frente a la hoguera.

—Necesito que dejes de decidir por mí. —Las palabras que llevaba días guardando, salen disparadas de mi boca —. No soporto que me trates como una princesita indefensa… Sé cuidar de mi misma —aseguro.

Él cabecea de un lado a otro, poniendo en duda mi afirmación.

—Deberías haber visto el puñetazo que le he dado a ese hombre —digo en un intento más por convencerlo. Corvin me mira abriendo mucho los ojos.

—¡¿Has pegado a ese hombre?! ¡¿Estas loca?! —Se acerca más a mí. Su aliento me roza las pestañas.

—¡Solo pretendía ayudar a esa chica! —Lo desafío una vez más y me retiro dándome la vuelta. No quiero hablar con él mientras esté así.

El ambiente se sigue calentando con nuestra discusión. La tensión podría cortarse con un cuchillo.

—No vuelvas a hacer algo así, Elara ¡Podría haberte matado!

—Camina de nuevo hacia mí, haciéndome girar con un ágil movimiento.

Al ver que no cede, mi ira crece aún más —.

No sabes de qué clase de calaña está hecha ese tío.

—Me posa una mano en la mejilla y soy incapaz de zafarme de él.

El contacto hace que cierre los ojos y el calor de sus dedos me enciende por dentro.

—Corvin, no te tomes libertades que no te corresponden… —Retira la mano rápidamente, al darse cuenta de su error.

Está siendo sumamente egoista. Esto no va de mi seguridad, si no de lo que siente por mí. De su propia tranquilidad de saberme a salvo. Pero no estoy dispuesta a renunciar a mi libertad por él. Por nadie actualmente. Debo hacérselo saber.

Quiero dejarle claro que no me refería a su contacto… Si no al hecho de que se empeñe en tratarme como una damisela indefensa. Sé cuidar de mi misma, soy capaz de sobrevivir sin él. Qué se empeñe en protegerme y darme órdenes de esta manera me agota. Me asfixia.

Me gustaría aclararselo, pero estoy demasiado enfadada. Así que dejo que piense lo que quiera. Y si quiere dormir en el suelo que lo haga.

Me retiro al baño para asearme, lo que me toma casi una hora.

Me tomo el tiempo necesario para templar mis nervios.

El agua brota del grifo metálico con un solo giro de tuerca.

Está algo fría, pero al menos, puedo quitarme la mugre de encima.

Ojalá pudiera también limpiar más allá de la superficie de la piel.

Limpiar todo aquello que está sucio dentro de mí.

Roto. Destruído. Acaricio la cicatriz de mi abdomen, la cicatriz que dejó aquella espada.

Aún el contacto me estremece. Sin embargo, la sensación de tristeza ha ido dejando paso a la rabia, a la fuerza.

“Mi marca de guerrera”, pienso. El episodio de esta noche ha sido una forma de recordarme a mí misma todo de lo que soy capaz. Aquello que durante años se aseguraron de negarme. Mi libertad.

Salgo de la bañera y el agua se escurre hasta mis pies. Me visto de nuevo con la ropa que traía. No pienso dormir en ropa interior con Corvin al lado. Hoy no.

Cuando salgo del baño, Corvin está tumbado en el suelo sobre unas mantas. Lo ignoro y me meto en la cama sin decirle nada. Si quiere seguir alargando su estupido enfado que lo haga. Debe entender que el papel de guardián y princesa quedó atrás hace mucho tiempo.

—¿Qué pasó entre Axel y tú? —La pregunta me pilla por sorpresa y por supuesto hace crecer mi enojo.

Lo menos que necesito ahora es esto. Un interrogatorio producto de sus infundados celos. Lo mío con Axel es agua pasada. No pasó nada entre nosotros y jamás pasará. No quiero responderle, así que me hago la dormida.

No dice nada más y con el silencio y la oscuridad de la habitación envolviéndome, me quedo dormida en cuestión de segundos.