Capítulo 12 #2
—Bueno, chicos… Ha sido un placer. —Hogee se dirige primero a mí y luego a Corvin.
Me envuelve con sus fornidos brazos estrujandome y se me escapa una lagrimilla ante este grandullón que sé que en el fondo tiene un gran corazón —.
Siento haber sido tan duro contigo al principio, Elara —susurra en mi oído.
Le devuelvo una sonrisa cálida cuando nos separamos, sus manos reconfortantes aún descansan sobre mis hombros. Se me anegan los ojos de lágrimas.
Luego me despido de Tim y Jake, que se cuelgan de mi cuello, llorando a lágrima viva.
Sus estruendosos sollozos son el hazmerreír del grupo.
Con sus bromas torpes, intentan hacerme reír entre lágrimas.
La capacidad de estos chicos por ver la luz incluso en los momentos más difíciles, me hacen recordar el porqué se han ganado mi corazón tan rápidamente.
—No os olvidaré —les aseguro, acariciándoles las mejillas a los dos a la vez con un gesto fraternal. Se me encoge el corazón un poquito más.
Pharrel, justo detrás de ellos, me da un abrazo firme y me sonríe.
La inteligencia e intuición de este chico son inmensas.
Fugazmente, pasan por mi memoria las conversaciones que hemos tenido estos días, en las que me hizo todo un alarde de conocimiento de especies de flora y fauna de una Tierra ya extinguidas.
Me tiende un libro con la mano derecha y lo miro a los ojos ilusionada.
Quiere asegurarse de que me acuerde de él y ese simple gesto hace que me arda el pecho.
No necesito un libro para acordarme de él cada vez que lea uno.
El libro no tiene título, ni ningún dibujo en la portada. Paso la mano por la cubierta de cuero desgastada. Sus ojos me miran resplandecientes y vislumbro un ápice de advertencia desconcertante. Acto seguido, lo guardo en el bolsillo de mi chaqueta.
—Gracias —le digo. Su sonrisa es de oreja a oreja.
—Nunca dejes de aprender, señorita Elara. —Me guiña un ojo y en ese gesto intuyo algo más que no alcanzo a comprender en ese instante.
Luke con los brazos cruzados masca algo con desdén mientras me mira con la mandíbula apretada. Aunque no he interactuado mucho con él, sé que tiene un gran corazón, cegado con la venganza. Solo espero que algún día pueda encontrar la paz.
—Adiós Luke.
—Elara… —Me tiende la mano para darme un apretón, pero yo tiro de él y aprovecho el contacto para darle un abrazo.
Sus hombros se relajan con la calidez de mi contacto y no es difícil intuir que hacía mucho tiempo que no recibía uno. Lo alargo unos segundo más de lo habitual. Me separo unos centímetros de él. Me sonríe cuando se encuentran nuestras miradas.
—Buena suerte. Mereces ser feliz, Luke. —El chico asiente y su semblante se endurecepor mis palabras.
Finalmente toca el turno de Axel. La distancia entre nosotros es como un muro invisible que nos separa irremediablemente.
Un muro que separa nuestros mundos. Nuestras vidas, tan distintas, tan dispares…
Ojalá supiera todo lo que me ha enseñado sobre la realidad de la vida en tan poco tiempo.
Ojalá supiera cuánto le agradezco que me salvara la vida la primera noche en aquella cueva.
Ojalá pudiera devolverle todo lo que le debo algún día.
“Lo intentaré, juro que lo intentaré, por él. Por todos".
—Elara, yo… —Da un paso adelante, colocándose muy cerca de mi. Parece estar buscando las palabras adecuadas antes de hablar —. Siento que las cosas tengan que ser así. De verdad, lo lamento. —La culpabilidad cruza su mirada cristalina.
— Podrías acompañarnos… —digo sin pensar en las consecuencias. Mis ojos llegan a su barbilla, así que tengo que subir la cabeza para poder mirarlo directamente.
—Sabes que no puedo… Ellos me necesitan, Elara. —Asiento. Entiendo la responsabilidad que se cierne sobre sus hombros —. No sería justo dejarlos ahora, no después de todo lo que hemos pasado… El sur es nuestra única esperanza. —Asiento sin saber bien qué decir —¿Cuál será vuestro destino?
—Aún no lo sé —admito. Él asiente y deja entreabrir sus labios con un suspiro.
Su respiración se va acelerando. Su aliento acalorado sobre mí. Se me escapa una exhalación demasiado sonora. Su mirada se pasea, de mis labios a mis ojos nuevamente, en un baile lento y letal. Las ganas de besarlo se me hacen incontrolables.
—Quizá vuelva a casa… —añado y enseguida, trago saliva, lubricando mi garganta seca.
—Sea lo que sea lo que decidas, espero que encuentres tu sitio, princesa. —Sus palabras me acarician el corazón y noto como los ojos se me inundan de lágrimas de nuevo, lentamente.
Aparto la mirada para evitar que me vea así. No quiero que sea tan evidente lo que siento. Cuando estoy con él a veces me siento tan expuesta como un libro abierto. Preparada para ser leída. Casi desnuda. Rubor otra vez…
—Adiós, Elara. —Sus palabras se me clavan como cuchillos. Mi mente intenta retener la última vez que sus labios aspirarán mi nombre.
—Adiós, Axel. —Suelto un suspiro. Me percato de la oscuridad que se ha forjado alrededor de su mirada.
Rápidamente, se gira y parece que intenta ocultar unas lágrimas feroces que se han escapado por su rostro de piedra.
Cuando Corvin se despide de los chicos y de Axel con un rápido movimiento de cabeza, procedemos a caminar.
Cada grupo en una dirección, separando, ahora sí, nuestros caminos para siempre.
“¿Y sí me mira?¿Y sí se ha vuelto para mirarme?” Mi mente me traiciona.
Se me acelera el pulso cuando, sin detener mis pasos, me giro.
Busco su mirada unos segundos, esperando su correspondencia.
Espero unos segundos más, observando al compungido grupo que avanza con parsimonia, mientras rezo a todos los dioses por ver el rostro de Axel una vez más. Solo una mirada. Solo una…
Pero no lo hace y cuando pongo de nuevo la vista al frente, veo por el rabillo del ojo la mirada de Corvin. Me observa con un semblante muy serio. Unos pasos más y los “Caminantes de las Cenizas” se pierden en la oscuridad de la ciudad.