Capítulo 9 #3
—Creo que solo quiénes los dioses no consideran dignos…
—Sus palabras confirman las horas que lleva dándole vueltas a esto —.
De pasar a otro lugar. Un lugar más “eterno”.
Leí algo sobre ello en la biblioteca de mi padre.
—Su revelación me abruma, pero a la vez, supone una llama de esperanza para nosotros.
Si nuestros reinos siguen allí arriba, en el cielo, eso significa que…
—Corvin, ha llegado el momento de que sepas lo que vi en mis visiones. —Comienza a relatar una serie de escenas repletas de caos y desesperación, pero lo que más llama mi atención son las visiones sobre el Reino de Niebla.
—Tenemos que volver —afirmo con contundencia. Ella me mira extrañada.
—¿Crees que es posible?—pregunta, y en su voz refleja un atisbo momentáneo de esperanza.
—Creo que debe de haber alguna forma. —Asiente y desvía la mirada hacia Axel. Mis ganas de preguntarle por lo que ha pasado entre ellos son irrefrenables, sin embargo, las contengo.
—¿Cómo has… muerto? —Su voz se quiebra un poco al mencionar la muerte con tanta determinación. Entiendo que el trauma por sus asesinato aún debe atormentarla — ¿Fue mi padre?—inquiere, yo asiento lentamente con la cabeza y la tristeza nubla sus ojos verdes aguamarina.
—En realidad, él solo me mandó matar… —aclaro, buscando algo de alivio en mis propias palabras.
—¿Tu padre no hizo nada para evitarlo? —Entonces, revela una pregunta que lleva dándome vueltas en la cabeza desde que desperté en este lugar.
—No lo sé. —Aparta la mirada y puedo ver como sus lágrimas se están conteniendo en sus ojos —.
Primero, los guardias me dieron una paliza y luego me tiraron desde la torre más alta, aquella donde estuviste encerrada…
Solo recuerdo el dolor de estamparme contra el suelo.
—Hablar en voz alta de lo que pasó, resulta más doloroso y difícil de lo que esperaba —.
Se me quedó grabado ese sonido ¿sabes? el de mis huesos quebrándose uno a uno al impactar contra el suelo.
—Se me rompe la voz y reprimo las lágrimas mordiéndome el labio inferior.
Elara se lleva la mano a la boca conteniendo la respiración y entonces se fija en la nueva cicatriz que se me ha formado en el lado izquierdo de la cabeza y que comienza en la sien.
Justo en el lugar en el que me estampé contra la piedra maciza de Armaria.
Con dedos temblorosos acaricia la cicatriz y yo me estremezco con su contacto.
Mis instintos nacen de nuevo, dentro de mí.
Pienso en besarla, sueño con besarla desde hace tanto tiempo…
—Princesa…—Sonríe de forma suave cuando la llamo así y la nostalgia brilla en sus ojos cuando me mira.
Aparta la mano de mi rostro con delicadeza, deslizándola suavemente hasta mi barbilla, lo que deja un rastro de calor latente por mi piel. Siento que me desvanezco poco a poco cuando me toca.
—Elara, tengo que contarte algo más… —Traga saliva nerviosa, pero ya es demasiado tarde para frenar mis impulsos. Mi mente ya no se coordina con mis labios, ahora solo habla mi corazón —. Te amo. —Se separa de mí con un respingo que me pilla desprevenido, no dice nada.
Abre mucho los ojos. Entiendo que aunque para mí siempre fue tan evidente, para ella, mi confesión la ha pillado demasiado desprevenida.
A nuestro alrededor, la hoguera sigue chisporroteando, los sonidos lejanos de algún animal salvaje al acecho alcanzan nuestros oídos. El chisporroteo débil de la laguna en el centro de aquel claro. Todo está tan en calma que el peligro que nos rodea se hace aún más evidente.
Elara sigue observándome aún desconcertada. Me animo a aclarar mis palabras esperando una respuesta distinta por su parte.
—Te amo desde la primera vez que te vi, correteando por los pasillos de palacio.
—Se me escapa una sonrisa al recordarlo —.
Te amo desde mucho antes de saber siquiera lo qué era el amor…
Has sido la luz en mi camino durante tantos años, que la sola idea de perderte me aterroriza.
—Le agarro las dos manos en un impulso y ella me mira sin pestañear, con los ojos muy abiertos —.
Moriría mil veces Elara, mil y una veces.
Si al final de esa muerte, te encuentro a ti.
Y me rompo, me rompo en miles de pedacitos diminutos.
Dejo que el vacío que ha dejado mi confesión me arrolle por completo.
Ella significa tanto para mí, que simplemente merecía saberlo.
Sin embargo, abrirme así ante ella, por primera vez, no trae consigo el alivio que yo esperaba.
Un peso aplastante me oprime el pecho impidiendome respirar a la espera de su respuesta.
Sigue sin decir nada. El silencio se extiende entre nosotros cargado y eterno. Pasan los segundos, uno, dos, tres…
—Corvin, yo… —Por fin separa los labios, pero no parece ser para algo bueno.
Entonces, un ruido estruendoso. Metales chocando entre sí.
Nos interrumpe. Nos ponemos de pie al instante con una tensión que invade nuestros cuerpos.
Identificamos el ruido al observar unos cacharros que han caído al suelo y que anteriormente estaban apilados en una montaña.
Respiramos aliviados al unísono. Sin embargo, algo me dice que no cayeron al suelo por casualidad, alguien los empujó.
—Será mejor que me vaya a dormir… —dice de pronto.
Me giro para mirarla, desviando la vista de la negra espesura. Asiento, con las emociones aún a flor de piel, queriendo decirle mil cosas más que no digo. “Suficiente espectáculo por hoy”.
Elara se aleja de mí, caminando hacia la oscuridad.
Se recuesta en su catre. Me quedo un rato más sentado frente al fuego, en silencio.
Invadido por la incertidumbre de lo que nos espera.
De repente, el peso del amor que me oprime el pecho, se vuelve algo más liviano.
Mis oídos se agudizan intentando captar los sonidos de la noche.
De los peligros que nos acechan. Intento pegar ojo, mientras voy asimilando esta nueva realidad.