Los Siete Reinos de Paz y Gloria (Los Siete Reinos de Paz y Gloria 1) Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

Llevamos un par de horas caminando, cuando el sol empieza a quemarnos la cabeza de forma insistente, incidiendo con sus rayos como antorchas en nuestra piel.

La sensación de vulnerabilidad es asfixiante, como si en cualquier momento el suelo pudiera abrirse para engullirnos o una tormenta de arena fuera a surgir de la nada, borrando nuestra mera existencia.

El agotamiento y el cansancio, no solo físico, también mental, convierten mi cuerpo en algo cada vez más pesado.

Los chicos arrastran una especie de carro metálico a cuestas, en el que parecen llevar sus pertenencias.

El más fornido de todos tira de él, creo que su nombre es Hogee y parece el mayor del grupo.

Me distraigo observándolos para evitar pensar en el malestar que siento.

Una cicatriz le cruza la cara en diagonal y su nariz tiene aspecto de haber estado rota hace tiempo.

Es el tipo que me trató con tan malas formas la noche anterior.

Su figura me impone y su presencia me aterra.

No es precisamente la persona con la que te gustaría tener problemas.

Luego están los gemelos, dos chicos rubios y flacuchos.

Uno tiene el pelo más largo que el otro y seguramente, son ellos mismos los que buscan hacer esa distinción física.

Son prácticamente idénticos. Dos gotas de agua.

No tienen pinta de pasar la mayoría de edad.

Parecen simpáticos, llevan canturreando canciones que no conozco y jugando a las adivinanzas desde que salimos de la cueva.

Su aire infantil me inspira algo más de confianza que el resto.

Si necesito algo, sin duda, prefiero acudir a ellos.

Luego está el chico de las gafas, parece un poco mayor que Axel, pero yo diría que tan solo un par de años.

Su cabello es blanco, casi plateado. Un cabello demasiado blanco para su edad, así que supongo que debe ser alguna enfermedad o mutación genética.

Me estremezco al pensar en que eso pueda ser un rasgo que los dioses consideraron “no apto” para formar parte de nuestros reinos.

Y por último, está el chico moreno, me recuerda un poco a Corvin.

Lleva desde anoche muy serio, aún no he podido oír el timbre de su voz.

Su aspecto me hace pensar que tendrá apenas unos dieciocho años recién cumplidos.

Todos estos chicos, “¿Qué habrán hecho para acabar así? ¿Dónde están sus familias?¿Cuáles son sus historias?”.

Miles de pensamientos cruzan mi mente y entró en un bucle de ansiedad que me presiona el pecho.

Quizá ellos hayan sido desterrados al igual que yo, quizá también fueron traicionados por su propia familia, quizá también están completamente solos y Axel es el pegamento.

Quién los ha reunido, a todos ellos, como una familia.

La que quizá nunca tuvieron, para darles un lugar seguro, un hogar. Una segunda oportunidad.

—Él es Luke. —Axel se me acerca por la izquierda, parece haberse dado cuenta de que estoy observando detenidamente al grupo —.

Cuando lo recogí aún era muy joven, habían masacrado a toda su familia.

Estaba asustado y solo, así que me lo llevé.

—La historia de Luke me deja sin respiración. No sé ni qué responder.

Mis cavilaciones empiezan a cobrar sentido. Axel no es más que la salvación de todos ellos.

—Es un chaval de pocas palabras, pero tiene buen fondo. Me gustaría poder quitarle las ideas de venganza de la cabeza… — Su voz se va apagando a medida que avanzan las palabras.

Sigo observando a Luke y es cuando descubro esa oscuridad en la que no había reparado antes.

La sed de venganza en sus ojos azabache.

Nuestras miradas se cruzan y me pilla mirándole, yo le sonrío, pero él no me corresponde.

Continúa escrutándome con un aire de desconfianza que le cruza la cara, luego aparta su fría mirada de mí.

Yo me estremezco sintiéndome completamente vacía al instante.

La venganza, por mucho que haya sufrido a manos de mi padre, en ningún momento se me ha pasado por la cabeza y no sé cómo sentirme al respecto.

No sé si debería odiarlo o si lo más coherente sería simplemente olvidar.

Ya jamás obtendré las respuestas que necesito.

Jamás sabré qué fue realmente lo que le movió a hacer todo lo que hizo y esa certeza, extrañamente, me aporta paz.

Me permite centrarme en el presente, en seguir adelante, con lo poco de mí que queda en pie.

Axel me tiende un pañuelo oscuro, de dudosa limpieza y me señala la cabeza.

—Vamos, póntelo, así evitarás que se te ensucie el pelo y te protegerás del sol. —Sinpensarlo mucho, obedezco.

—¿Quién es él? —Señalo al chico de las gafas. Ahora solo quiero seguir conociendo sus historias, todas ellas. La curiosidad me invade por momentos.

—Él es Pharrel, nos conocimos una noche en Rubí.

—¿Rubí? —Lo miro extrañada, sin saber a qué se refiere con ese nombre. Debe ser algún tipo de reino o ciudad.

—Rubí, sí. Es una de las ciudades errantes de las que te hablé.

Es a la que vamos. —Asiento. Sigo esperando respuestas y tengo aún tanta información que procesar que me palpita la sien —.

Hace cientos de años, cuando la Tierra quedó devastada, muchos humanos aprovecharon la tecnología que aún quedaba para crear estas ciudades.

Son ciudades robóticas que deambulan por la superficie terrestre.

Entre las ruinas, evitando hordas de saqueadores.

De esta forma, es mucho más fácil encontrar los recursos disponibles.

Ya nadie se asienta en ningún lugar. Todos somos nómadas ahora.

—Asiento de nuevo —. Pero si te soy sincero, dentro no se está mucho más seguro que fuera.

Solo subiremos porque el transportarse así es más rápido.

—Esbozo una mueca, demostrándole que entiendo de lo que me habla.

Me cuesta imaginar cómo puede ser ese lugar.

Nunca he conocido algo más allá que Armaria.

Rubí, una ciudad que camina a escondidas por el mundo, cargada de secretos y cicatrices.

Un refugio u otro nido de peligros, quién sabe.

Sin embargo, soy consciente de que mi poder de elección ha quedado totalmente anulado. No tengo otra opción que seguirlos.

—Háblame más sobre Pharrel. —Le pido, en un esfuerzo por estirar la distracción que necesito que me evada de todo lo demás.

—Pues… Nos conocimos en Rubí, habíamos robado un lote de mercancía y nos disponíamos a escapar. Él estaba en una taberna, leyendo un libro. Me acerqué a él y le pregunté si tenía más.

—¿Más qué? —Le interrumpo desconcertada.

—¡Más libros, por supuesto! —Lo observo con extrañeza, arqueando las cejas y él se echa a reír —¿Sabes la de tiempo que llevaba sin ver un libro?

—¿Así que lo llevaste contigo por los libros? —Intento adivinar. No doy crédito a lo que me está contando.

—¡Eso es! —Se muestra entusiasmado y eso me hace reír, por resultar una anécdota tan simple. Recojo una pizca de ternura de su expresión divertida.

Una punzada hace que me lata el corazón con fuerza. Quizá, Axel no sea solo un desalmado. Quizá tengamos más cosas en común de las que creo, yo siempre encontré refugio en los libros.

—Ha sido nuestra última incorporación, bueno… Antes de tí. —Sonrió suavemente y creo que es la primera vez que me muestro tan relajada con él.

—¿Y Hogee?

—Hogee es mi mejor amigo. —Su semblante se queda serio de repente y sus palabras se cargan de emoción con el simple hecho de mencionar su nombre —.

Sé que tiene aspecto de bruto, pero… Es el mejor tío que conozco.

—Procede a mirarlo con absoluta admiración —.

Me salvó la vida, cuando yo no tenía a nadie más.

—Mi curiosidad aumenta y necesito conocer su historia, pero me da miedo preguntarle y entrometerme.

Con un gesto de cabeza señalo a los gemelos —¿Esos dos?

Son Tim y Jake. Se nos pegaron como lapas hace un par de años. —Se echa a reír.

—¿Quién es Tim y quién es Jake?

—No lo sé ¿Y tú? —Se me escapa la risa y a él también. No recuerdo la última vez que reí tanto con alguien.

Tan relajada y despreocupada, se me caldean las mejillas y no solo por el sol. Corvin acude a mi mente. No reía tanto con alguien desde él… Mi felicidad se apaga al recordarlo. Al preguntarme cuál habrá sido su destino, si al igual que yo, habrá terminado exiliado en algún remoto lugar.

—¿Y qué hay de ti? —Me atrevo a preguntarle, desechando mis pensamientos anteriores y la tristeza que los acompañan. No merece la pena carcomer mi alma con preguntas que no tienen respuesta —¿Cuál es tu historia? —inquiero.

—Demasiado triste y aburrida, no quiero estropear el momento, prefiero verte reír. —Me mira directamente a los ojos y en ese momento siento que me derrito por dentro. Me flaquean las piernas y creo que voy a caerme al suelo, por todas las emociones que me hace sentir.

Es evidente que no quiere hablar de ello y sé que no debo insistir. Presiento que, dado el momento, él confiará tanto en mí como para contarmelo y realmente, estoy deseando que lo haga. Le sonrío.

—Cuando le has dicho a los demás que soy… Tuya… —Me sonrojo un poco más, aunque realmente, me enfurece su atrevimiento —¿A qué te referías?

—¿Vas a volver a sacar el tema? —Parece molesto y responde muy serio y sin titubeos —. Cariño, todo el que entra en esta banda me pertenece y punto. Para siempre. —Su mirada cambia, se oscurece.

—Eres un cretino. —No me dejo amedrentar por sus palabras.