Los siete anillos (La maldición de las siete novias 3) Capítulo 30 #2
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Capítulo 30 #2

—Me levanté lo más rápidamente posible y empuñé mi cabujón de labradorita.

El grande. Más o menos del tamaño de una pelota de sóftbol —explicó a Trey—.

Venía hacia mí, y yo sabía que me resultaría imposible llegar a la puerta aun cuando cruzara el dormitorio.

Así que lo lancé, justo cuando esa cosa entró por la ventana.

Chillé y se lo lancé con todas mis fuerzas.

»Lo atravesó directamente. —Hizo una pausa, se estremeció y bebió más té—. Vi cómo lo atravesaba directamente y pensé (bueno, eso creo): “Tal vez no pueda matarme, pero voy a salir muy malparada. Y ese cabrón va a matar a mi gata”.

Dejó el té sobre la mesa y se llevó las manos a la cara.

—Hostias. Qué fuerte.

Sonya se levantó y la rodeó con sus brazos.

—Y paf. Se desvaneció como el humo. Y, por Dios, qué tufo.

Fijo que se encontraba a menos de treinta centímetros de mí.

Me desplomé. Las piernas me fallaron. Estaba como un flan.

Oí que me llamabas, pero me faltó el aire durante unos instantes.

Entonces todo cesó, y ahí estabas. Y ahí estabais los dos. Y los perros.

Suspiró, le dio un achuchón a Sonya y se recostó.

—Me gustaba muchísimo esa bola de cristal.

—Has dicho que atravesó al pájaro. ¿Salió por la ventana?

Ella miró a Trey con gesto de extrañeza.

—No sé. Supongo que… sí.

—Iré a buscarla.

—Ah, ¿crees que…? Gracias.

—De nada. Sonya te pondrá al corriente de nuestra versión del incidente.

—Ningún daño —empezó a decir Sonya—. A ninguno de los dos.

Cleo escuchó, sorbiendo té mientras Clover lo celebraba con Another One Bites the Dust [«Otro muerde el polvo»] de Queen.

—Te burlaste de ella. Eso fue audaz, y también osado.

—Empezó Trey. Y en ningún momento le tembló el pulso.

Resulta más fácil ser valiente cuando estás ahí plantada con un hombre al que no le tiembla el pulso en lo más mínimo.

Poco después te oímos chillar. Cuando llegamos a tu cuarto, Trey iba a echar la puerta abajo.

Ya sabes lo gruesas que son estas puertas, pero te juro que pensé que sería capaz de hacerlo.

Posó la mano sobre la de Cleo.

—Le ha costado montar este numerito, y solo faltan un par de días para Halloween.

—No hay necesidad de buscarle las cosquillas para que repita todo esto. Y demos gracias en ese sentido.

Trey regresó con una pequeña caja de cartón.

—He encontrado la bola. Por lo visto rebotó y rodó casi hasta la escollera. Menudo brazo tienes. Se ha ennegrecido de mugre que está secándose. Para mí que se trata de un equivalente a la sangre.

—¿No la habrás tocado?

—La he recogido con la camiseta. —La sostuvo en alto para mostrarles los restregones negros en el algodón.

—Vale, bien. —Cleo asintió con la cabeza—. Mete la camiseta ahí dentro también. Sin lavar, sin limpiar. Así contamos con más posibles bazas de nuestra parte.

—Con lo chula que era la camiseta… —Renuente, él la metió en la caja—. Las probabilidades de que cause más problemas hoy son bastante escasas. Owen se pasará por aquí más tarde.

—Owen.

—Ya lo he puesto al corriente. Voy a subir a darme una ducha. Puedo hacer unos cambios en la agenda si quieres que te haga compañía.

—No. —Sonya negó con la cabeza—. Tienes razón, y nosotras pensamos lo mismo: se le han agotado las pilas por hoy. Estamos bien. Estaremos bien hasta un segundo después de la medianoche del treinta y uno de octubre.

Cuanto más se acercaba la fecha, más brutal se volvía la espera.

Sonya tan solo lograba mantener la concentración en el trabajo durante una o dos horas seguidas. E incluso en esos ratos, cometía errores y tenía que volver atrás y enmendarlos.

Caminaba sin rumbo, dentro y fuera de la casa.

E hizo infinidad de cábalas con «¿Y si…?».

¿Y si no pudiera llevar a cabo el plan? ¿Y si el espejo no le permitiera a ella y a Owen cruzar siete veces en el plazo de tres horas?

Dos horas, cincuenta y nueve minutos y cincuenta y nueve segundos, corrigió.

Porque cada segundo contaba.

¿Y si…? ¡Ay, Dios! ¿Y si no les permitiera o les resultara imposible regresar en cada una de las incursiones?

Dobbs continuaría en su reino de sangre y terror, y ellos quedarían atrapados en otro siglo.

Y, aun en el supuesto de que lo lograran, ¿y si el plan de Cleo de poner fin a la ma ldición fracasara?

¿De alguna manera comenzaría todo de nuevo? ¿Qué acontecería?

¿Y cómo diablos iba a saberlo ella?

Cuando apenas quedaban unas horas de conjeturas y desasosiego, se puso a caminar de un lado a otro en la biblioteca mientras Clover ponía canciones para levantarle el ánimo.

Oyó a los Imagine Dragons diciéndole que estaba On Top of the World [«En la cima del mundo»]. Le entraron ganas de confesar a Clover que era en vano, pero le faltó valor.

En la planta baja, Jack estaba lanzando la pelota a Yoda. Ni siquiera el sonido de la risa del niño y los ladriditos joviales del perro aplacaron su ansiedad.

Percibió la fragancia —de esa colonia familiar— segundos antes de oír la voz.

—Llevas un tremendo peso sobre los hombros.

Al girarse, pensó: «Es Collin», con los tejanos manchados de pintura, las zapatillas de deporte abotinadas, el pelo más bien largo y alborotado. Instantes después…

El corazón le dio un vuelco.

—Papá. ¡Papá!

Al correr a su encuentro cruzando la habitación, él levantó ambas manos con un ademán.

—No puedes tocarme. Ojalá, ay, cielo, ojalá pudiera abrazarte. No estoy aquí del todo. Este no es mi sitio. Tan solo soy… un reflejo.

—Puedo verte. Puedo oírte. Te echo muchísimo de menos.

—Lamento que tuviera que irme. Lamento no haber podido estar contigo, con tu madre.

Lamento que estés pasando por todo esto, pero es preciso que sepas, mi niña fuerte, lista y preciosa, que creo en ti.

Te quiero. Mi corazón se colmó de felicidad en el instante en que te pusieron en mis brazos.

Y cada día que te tuve fue una alegría. Me gustaría que hicieras una cosa por mí.

—Cualquier cosa. Te quiero, papá. Cualquier cosa.

—Cree en ti. Hazlo por mí, Sonya. ¿Recuerdas lo que solía decirte acerca de la fe en uno mismo?

—Que con fe tienes más de la mitad de la batalla ganada. Que nunca lo conseguirás, que nunca vencerás, si no tienes fe en que lo harás.

Él le dedicó la sonrisa que hizo que todo se iluminara en su interior.

—Así me gusta.

Ella alcanzó a ver que se desvanecía y se acercó a él.

—Papá.

—Una parte de mí siempre está contigo. Tenlo presente.

Cuando desapareció, su fragancia permaneció impregnada en el aire unos segundos más. Sobrepasada por la emoción, aspiró la fragancia.

—Ha sido un regalo. Un regalo increíble. Y lo tendré presente.

Oyó que la puerta principal se abría, y el ladrido de saludo de Mookie a Yoda.

Salió y comenzó a bajar las escaleras. Trey levantó la vista fugazmente, y su habitual sonrisa de saludo reflejó inquietud.

—Uy. —Ella se dio unos toquecitos con los dedos en los ojos, humedecidos—. Tranquilo, son lágrimas de gratitud, he visto a mi padre. O lo que según él era un reflejo. He hablado con él.

—¿Era tu padre, no Collin?

—Así es. Me ha dado una especie de discurso motivacional. Ha surtido efecto. Ha surtido efecto —repitió, y miró a Owen—. Vamos a conseguirlo.

—En ningún momento lo puse en duda. ¿Y Cleo?

—Sigue en el estudio, creo. O en lo que considero la guarida de la medio bruja más o menos desde la semana pasada.

—Voy a por ella. —Owen le entregó las cajas de pizza que llevaba en las manos a Trey. De camino arriba, se detuvo junto a ella y le dio un ligero toque con el puño en el brazo—. En ningún momento lo puse en duda.

—Ahora yo tampoco.

Trey aguardó a que ella fuera a su encuentro.

—Ni yo. Guapa, pareces preparada para cualquier cosa.

—Estoy preparada para esto. —Se encaminaron hacia el fondo de la casa—. Y no solo porque he de estarlo: quiero estarlo. Ya faltan poco menos de seis horas.

En la cocina, él dejó las cajas de pizza encima de la isla y posó las manos sobre los hombros de Sonya.

—Esto no es como me lo imaginaba, a la luz de las velas o en un lugar romántico. Pero aquí en la cocina, con la pizza esperando y tú preparada para cualquier cosa, tampoco está nada mal.

Se metió la mano en el bolsillo y sacó un pequeño estuche negro.

—Trey.

—Mi intención era esperar hasta más adelante, pero pensé: «A tomar por saco. No». —Abrió el estuche, que contenía un diamante de forma cuadrada engarzado en un aro con incrustaciones de relucientes brillantes.

Clover intervino reproduciendo Time After Time [«Una y otra vez»] de Cyndi Lauper.

—Yo tengo fe en ti, Sonya. Abrigo la esperanza de que lo aceptes, de que te lo pongas a modo de símbolo de esa fe para cuando atravieses el espejo. Al final regresarás con siete más, pero este es para ti si estás dispuesta a aceptarlo. Y a mí.

—Me he emocionado otra vez, Trey. —Para recomponerse, tomó la cara de Trey entre las manos y lo besó—. Sí, lo llevaré puesto. Sí, sí, sí. Lo acepto, y a ti.

—Te quiero. —Él deslizó el anillo en su dedo—. Ahora y siempre.

Oyeron el ruido sordo procedente de la segunda planta, una especie de sacudida. Instantes después notaron una momentánea ráfaga, pero no de frío. La calidez los envolvió como un abrazo.

—Se piensa que esto abre una puerta para ella, pero se equivoca. Es otro cierre. Es precioso. —Arropada por la calidez, Sonya se arrebujó en los brazos de Trey—. Y es perfecto. El momento perfecto y el lugar perfecto.

El beso los embargó de amor, de esperanza y de confianza.

—Estarás a mi lado —musitó Sonya— cuando más te necesito.

Se volvió al oír que Cleo y Owen se aproximaban.

—He tenido que ponerla al corriente con el fin de retenerla allí arriba el tiempo suficiente para que le hicieras la proposición. —Owen añadió—: Más te vale que le hayas hecho la proposición.

—¡Déjame ver! —Cleo tomó a Sonya de la mano izquierda—. ¡Muy bien, Trey! Bien por ti. Muy bien por ti, caray.

Mientras Cleo abrazaba a Sonya y seguidamente a Trey, Clover reaccionó con entusiasmo con el tema Crazy Little Thing Called Love [«Una pequeña locura llamada amor»] de Queen.

—Yo propondría celebrarlo con champán, pero…

Sonya terminó la frase.

—Luego.