Capítulo 29 #2
—Creo que esperaba un crescendo de música o luces centelleantes de espectáculo. Tal vez una voz susurrando: «Para recuperar los anillos, taconea tres veces».
Se sobresaltó cuando su teléfono arrancó con Don’t Stop Believin’ [«No dejéis de creer»] de Journey.
—No, Clover, no dejaremos de creer. Sé que tienes razón, Trey: es importante que todas estén aquí juntas. Pero supongo que vamos a tener que esperar para averiguar cómo encontrar los anillos.
Owen retrocedió.
—Trey, échame una mano para colgar el de Cleo. Tal vez necesiten un empujoncito.
—Por los cantos —les recordó Cleo—. A lo mejor hay que esperar hasta las tres de la madrugada. O puede que algo haya cambiado en algún lugar de la casa y aún no lo sepamos.
Se volvió hacia ellos.
—Poco más de un centímetro más arriba por tu lado, Trey. Un pelín más. Ahí vale.
—¡Uy! —Sonya agitó la mano hacia atrás y se topó con el hombro de Cleo—. ¿Habéis visto eso?
—¿Eh? ¿El qué?
—Me ha dado la impresión… ¡Sí! ¿Habéis visto eso? Los anillos.
—¿Dónde? —Trey avanzó hacia ella.
—¡En los retratos! Los anillos en los retratos. He visto… ¡Ahí! El de Johanna. Un brillo. Un destello. Mirad el de Clover, ahora el de Clover.
—¡Lo he visto! —Entusiasmada, Cleo asió con fuerza el brazo de Owen—. El de Lisbeth. Ahora el suyo. Uno, dos —contó—. El de Agatha.
—Ahora el de Marianne. Esperad un segundo —dijo Sonya por lo bajo—. ¡Dos, sí! El de Catherine. ¡Oh! ¡Oh! Ahora el de Astrid. ¿Lo habéis visto todos?
—Es difícil pasarlo por alto si estás mirando. —Como quería verlo más de cerca, Owen se aproximó.
—Vuelta a empezar. El de Johanna. —Trey observó cómo cada alianza brillaba una a una—. Desde la última novia hasta la primera. Desde el último anillo hasta el primero.
Observaron en silencio mientras el patrón se repetía. A continuación, cesó.
—Siete veces. Ha pasado siete veces. —Sonya apretó las yemas de los dedos contra los labios—. No han sido luces radiantes de espectáculo exactamente, pero casi.
—Y Dobbs no ha dado señales de vida —señaló Owen.
—Me figuro que, o todavía está recuperándose, cargando las pilas, o bien… —Trey se inclinaba más por la segunda opción—. No puede hacer una mierda contra esto, contra ellas.
—Porque ahora están juntas —convino Sonya—. Y desean recuperar sus alianzas. Eso está más claro que el agua. Lo que no sabemos cómo.
—Ya sabes el orden que tienes que seguir para conseguirlos —señaló Trey.
Ella lo miró con gesto de extrañeza y, acto seguido, se llevó las manos a la cabeza con un ademán.
—¡De la última a la primera! ¡Claro! Estaba absorta con la escena, y no he caído en la cuenta. El mensaje también es claro. Recibido.
—Ahora estás reflexionando acerca de ello. —Trey lo percibió en su semblante—. Y ya sabes qué debes hacer para conseguirlos.
Sonya se concedió unos instantes simplemente para respirar.
—He de atravesar el espejo. He de atravesar el espejo siete veces, en ese orden, y, de alguna manera, hacerme con los anillos de las novias antes que Dobbs.
—No irás sola. Ella no estará sola —repitió Owen—. Estoy listo en el momento que tú lo estés.
—Esta noche no. Lo digo en serio —insistió Cleo—.
Esa es la respuesta: conseguir los anillos antes de que pueda hacerlo Dobbs y traerlos de vuelta para poder devolvérselos a ellas.
Esa también es mi impresión. Ahora bien, hay que prepararse para una gran movida, y sigo creyendo a pies juntillas que es preciso hacerlo en Samhain.
—Podemos, y deberíamos, esperar —convino Trey—. No conviene precipitarse. Primero hay que planificarlo. Parece ser que, en vez de ver una película, vamos a sentarnos a dilucidar qué hacer y cómo hacerlo.
Decidieron acomodarse en el comedor, al que Sonya se llevó la tableta de la cocina para tomar notas.
—A lo mejor es una tontería, pero veo las cosas más claras si las pongo por escrito.
—No es una tontería —repuso Trey—. Es una cuestión de sensatez. Y seamos sensatos en este aspecto. Clover, ¿sabes por casualidad si es seguro que abordemos una estrategia aquí esta noche?
Cuando empezó a sonar el tema Late Night Talking [«Conversaciones bien entrada la noche»] de Harry Styles, Owen se encogió de hombros.
—Yo me lo tomaría como un sí.
—Entonces, adelante. —Como quería mantener la cabeza despejada, Sonya había descartado la idea de beber vino y optado por una Coca-Cola—.
Sabemos que, como es obvio, recuperar los anillos es, en fin, la misión.
Ahora tenemos claro en qué orden: desde Johanna hasta Astrid, de uno en uno.
Por tanto, la cuestión no es que vayamos a por Dobbs al salón dorado (¡yupi!), sino que yo me traslade a través del espejo al día en que cada novia murió, una por una.
—Que nos traslademos —corrigió Owen.
—De hecho, pienso que lo mejor es que yo vaya…
—No —atajó Owen en tono rotundo y categórico.
Ella hizo un nuevo intento.
—La razón es que…
Esta vez los tres en torno a la mesa replicaron:
—No.
Sonya miró fijamente a Trey.
—Debería tener derecho a plantear mis argumentos.
—Somos mayoría, Son.
—Deja que los exponga —sugirió Trey.
—En cuatro de los casos, entraré en un dormitorio, y en dos de ellos mientras las novias están de parto, dando a luz o con gemelos recién traídos al mundo. Les va a resultar bastante chocante verme, ver a otra mujer.
—Si es que te ven.
—Vale. —Sonya asintió con la cabeza en dirección a Trey—. Si es que me ven. Es evidente que Marianne y Clover se percataron de mi presencia mientras agonizaban. ¿Cómo reaccionarían si Owen se presentara allí?
—Yo puedo atravesar el espejo por una razón.
—Estoy de acuerdo —convino Cleo—. ¿Quién estaba allí para aplastar a la pérfida araña antes de que te diera un buen mordisco?
—Es que esa fue la primera vez que lo atravesé de manera consciente. Ahora estoy más preparada.
—Cierto, pero la cuestión es que debes cruzarlo, conseguir la alianza y regresar antes de que Dobbs pueda impedírtelo —matizó Trey—.
Podrías necesitar ayuda para eso. Siete veces —matizó, sin darle tiempo a Sonya a objetar—.
Y cada incursión te mina las fuerzas. Si fallas alguna de esas veces, bueno, ignoramos qué podría suceder.
—Tampoco sabemos qué pasará si no fallo. Desde tu punto de vista, estoy siendo obstinada.
Él sonrió.
—Ah, ¿sí?
—Mira, Sonya: voy a acompañarte quieras o no. Será mejor que des tu brazo a torcer.
Clover metió baza con You Can’t Always Get What You Want [«No siempre se consigue lo que se quiere»].
—Haz caso a Mick —apostilló Owen.
—Primer paso —empezó a decir Trey.
—Invoco al espejo. O pongo la intención o el deseo de ir a alguna parte, de presenciar algo.
Cosa que no estoy haciendo ahora deliberadamente, porque no es el momento.
Johanna es la primera. Entró en la casa a toda prisa y subió a su habitación a cambiarse de zapatos porque le estaban matando los pies.
Dobbs esperó a que saliera, y se encontraban en el descansillo cuando…
Se le hizo un nudo en el estómago.
—Tengo claro que no puedo cambiar lo que le ocurrió, ni a ella ni a ninguna de las otras. Me consta que he de asumirlo sin más remedio. Sé que, cuando consiga su anillo, ella morirá. Todas ellas morirán.
—Lo que harás no es tan solo romper la maldición, lo cual ya es mucho: es ayudarlas. —Cleo alargó la mano hacia ella—. Y a todo el mundo. A todas las generaciones venideras también. Céntrate en eso, Son.
—Me centraré en eso. Sé que he de hacerlo. Lo que no sé es cómo voy a convencer a una recién casada para que se desprenda de su alianza, si es que me ve. Si no es el caso, me da la impresión de que al arrebatarle el anillo se va a llevar un susto de muerte.
—Lo consigues y regresas —dijo Owen—. Sin vacilación, sin remordimiento.
—Siete veces, guapa. Y todo apunta a que hay que hacerlo una detrás de otra. Es mucho para los dos.
—A mí no me provoca tanto aturdimiento como a Sonya.
—Y de esta forma es diferente, Owen, cuando yo, bueno, como que me retiro. La sensación es de cierta inestabilidad. La última vez no duró mucho, pero el caso es que no nos quedará más remedio que volver a atravesarlo enseguida.
—¿Has navegado alguna vez con olas de cuatro metros? Puedo manejarme en la inestabilidad. Es cuestión de repetir el proceso siete veces, una tras otra. Lo tenemos controlado.
—¿Lo sabrá ella? —inquirió Sonya—. Cuando traigamos el primer anillo de vuelta, ¿se enterará de que lo tenemos?
—¿Cómo iba a hacerlo? Ella lo vivirá en el pasado —señaló Cleo—. Una vez que lo traigáis, es el presente.
—Razón por la que es lógico comenzar por el último y acabar con el primero. Es más complicado —reconoció Trey—. Está claro que se imbuye de poder con las alianzas. Seguirá teniendo seis antes de que crucéis el espejo de nuevo.
—Por lo tanto, no conviene desperdiciar el tiempo.
No lo haremos —se prometió Sonya a sí misma—.
Si me ven, cogeré los anillos sin miramientos.
Muy a mi pesar, pero lo haré. Y tenéis razón: es posible que necesite ayuda para ello.
Seguro que es lo correcto, ¿verdad? Forzosamente tiene que ser la manera correcta.
—Yo también estoy haciendo caso a Mick. ¿Lo que en realidad me gustaría? —Trey cogió su café—. Lo que me gustaría es entrar allí, despacharme a gusto, arrancarle los anillos de los dedos y darle una patada en el culo. Pero…
Cleo tamborileó con las yemas de los dedos sobre la mesa.
—A lo mejor todavía se te presenta la oportunidad de hacer lo último.
—No te lo tomes a la ligera, Lafayette. Le debo a Dobbs una buena paliza.
—Entonces voy a dar mi opinión. Estamos de acuerdo en que Sonya y Owen atraviesen el espejo siete veces.
Y sí, una detrás de otra, con la menor dilación posible.
Es imposible predecir qué va a pasar exactamente al otro lado.
Yo confío en que consigan los anillos porque están destinados a ello.
Sin embargo, es imposible saber hasta qué punto influirá eso en el presente.
Lo cual es otra razón por la que tiene sentido comenzar por el último y acabar con el primero.