Capítulo 28 #3
Owen atajó:
—¿La tenías en el escritorio?
—Sí, desde el último incidente del pájaro.
Bajé pitando, pero fui incapaz de abrir la puerta corredera.
Les pedí que me ayudaran a empujar las hojas, y lo hicieron.
Esa bruja loca tenía a Sonya suspendida en el aire, y la muy puñetera me sonrió.
Dijo que se llevaría a dos por delante por el precio de una, y, de hecho, se rio cuando la encañoné con la pistola.
—La risa no le duró mucho.
Cleo sonrió con malicia a Sonya.
—Y que lo digas.
—La pistola de aire comprimido surtió efecto.
Cleo dirigió su sonrisa maliciosa a Trey.
—Con los balines mágicos de mi grand-mère , sí. Le disparé cuatro veces.
Se dio la vuelta y cogió un platillo de la encimera.
—Una obsidiana, dos turmalinas negras y un espejuelo. Sonya las encontró cuando volvió a subir a la biblioteca.
—Cogí unas pinzas para no tocarlas porque, puaj, están manchadas de sangre de una bruja muerta.
—Pasaron directamente a través de ella —dijo Trey por lo bajo—. Causando cierto daño de camino.
—Salió malparada —confirmó Cleo, y acto seguido le dio un manotazo a Owen—. No toques. Tal vez podamos usar la sangre que hay en ellas. Se asustó y, al recibir el tercer y el cuarto impacto, se puso a dar gritos de pánico mientras giraba como un remolino, y paf.
—Y desde entonces ni pío. Trey. —Sonya alargó la mano hacia la suya—. Me hizo daño, me cagué de miedo, pero estoy aquí sentada, bebiendo vino. Y, aparte de que es una bruja muerta, estoy segura de que me recuperaré al cien por cien antes que ella.
—Podías haber estado sola.
—Nunca lo estoy. Y creo sinceramente que, si Cleo no hubiera acudido al rescate con balines mágicos y su infalible puntería, los otros habrían encontrado la manera de ayudarme. Son más fuertes, Trey, seguro que también lo percibes. Sencillamente, su presencia es más patente.
A él le vino a la cabeza Clover asomada a la ventana.
—La verdad es que sí, lo percibo.
—Ella sabe que, por muchas ganas que tenga, no puede asesinarme (a ninguno de nosotros). Saldrá perdiendo si va demasiado lejos. Tan solo puede hacer daño y atemorizar, y sí, en ese sentido va en escalada.
—Tiene que haber una razón para eso.
Cleo miró a Owen con gesto de aprobación.
—Ciertamente.
—¿Tienes alguna idea al respecto, Lafayette?
—Así es.
Saboreando el vino, se apoyó contra la encimera.
—Ella también lo percibe. Están adquiriendo poder, no solo las novias, sino todos ellos. Lo mismo que nosotros. Ninguno de sus numeritos ha funcionado a la larga. Todos seguimos aquí, juntos.
—Ahora hay cuatro personas, puede que no oficialmente, pero sí prácticamente viviendo en esta casa.
¿Cuándo fue la última vez que ocurrió eso?
—preguntó Sonya. Acto seguido respondió—: En la época anterior a Patricia, desde entonces no.
Clover y Charlie pasaron una temporada aquí con unos amigos, pero ¿qué clase de amigos eran para abandonar a Clover a esas alturas de su embarazo?
Gucci Mane transmitió la opinión de Clover con Fake Friends [«Amigos falsos»].
—Y esos no somos nosotros, el hombre al que amo, mi mejor amiga y mi primo favorito. Ella es consciente de eso. Para ella suponemos la mayor amenaza a la que jamás se ha enfrentado.
—Y tú eres la mayor amenaza del grupo —señaló Trey.
—Que conste que no es un zasca al poder femenino —terció Owen—, pero es muy jodido estar en otro lugar sabiendo que, en cualquier momento, algo p uede suceder.
—Y no es un zasca de réplica al ego masculino, porque ya lo sé, pero…
—Sonya levantó una mano y acto seguido la dejó caer—.
Es que también forma parte de lo que somos, ¿o no?
Y sé, tengo la plena convicción de que, cuando llegue el momento, el final de esto, estaremos juntos aquí.
Esta situación no me atañe solo a mí, Trey. En ningún momento ha sido solo por mí.
—Las cosas empezaron a cambiar desde tu llegada. Eso es algo que Clover me dijo antes de entrar esta noche.
—¡Vaya! ¿Dos apariciones en un día? Eso es…
Trey terminó la frase.
—Una señal de más poder. Según ella, algo se avecina. No mencionó, o ignoraba, qué o cuándo sucederá.
—El Samhain. —Cleo echó un vistazo a la olla, removió y asintió con la cabeza—. La noche en la que el límite entre los vivos y los muertos se desdibuja. Un día sumamente sagrado, un aquelarre de primer orden.
—Eso es cosa de brujas, ¿verdad? —Owen olisqueó la olla personalmente—. ¿No será una gran noche para ella?
—La luz se impone sobre las tinieblas —respondió Cleo sin más.
—Halloween —murmuró Sonya—. Parece de lo más… apropiado.
Y le proporcionó a Trey lo que desde su punto de vista era un argumento de peso.
—El 31 de octubre. Esa es la fecha tope. Si para entonces no hemos recuperado los anillos o carecemos de un medio claro y fehaciente para hacerlo, Owen y yo entraremos.
—¿Al salón dorado? Pero…
—Hay que pararle los pies en algún momento, Sonya. Y, al final, habrá que pasar a la ofensiva. Sumado a que, por lo que sabemos, esa podría ser la forma de conseguir los anillos. Ir a por ella. Es un método tan lógico como cualquier otro.
—Yo podría secundar eso —señaló Cleo— con una condición: que entremos los cuatro. Sonya tiene razón, esto nos incumbe a los cuatro.
Puesto que Trey se esperaba esa réplica, lanzó una elocuente mirada a Owen y este se encogió de hombros ligeramente.
—Hecho —respondió Owen—. Tenemos el trozo de tela negra que Jones le arrancó del vestido. Hay restos de sangre de ella en esas piedras. Yo no tengo ni remota idea de esas cosas, pero debería haber una manera de usarlas.
—Ella está adquiriendo más poder —empezó a decir Sonya.
—Ese podría ser el quid de la cuestión —adujo Trey—. Hasta ahora, más que nada os habéis defendido.
—Perdona —terció Cleo—, pero tanto Sonya como yo le hicimos sangre.
—Entonces paraos a pensar en lo que los cuatro, juntos, podríamos hacer. Y en el lugar donde se siente más fuerte y segura. Le demostraremos que está equivocada.
—Necesitamos el retrato de Astrid. Sé de buena tinta que primero hay que encontrar el retrato, os lo juro.
Trey deslizó un dedo por la mejilla magullada de Sonya y se dio cuenta de que el rescoldo de su nivel de enojo se había reducido más o menos al tres.
—Si es así, y confío en tu instinto en ese sentido, lo recuperaremos.