Capítulo 25 #3
—Durante mi etapa viajera, cuando tenía, ay, unos veintidós años más o menos, trabajé en el servicio de limpieza de un hotel en un castillo de Escocia. Un castillo de verdad, no de imitación. Estaba plagado de fantasmas. —Se encogió de hombros y empezó a medir—. Aprendimos a coexistir.
»Pasé una temporada trabajando en la barra de una taberna irlandesa, viviendo en el apartamento que había encima. No has vivido hasta que convives con fantasmas de borrachos irlandeses. Y, caray, uno de ellos (lo llamaban Seamus) se dejaba la tapa del váter levantada cada santa noche.
Sonya se rio con ganas.
—Me alegra decir que por aquí no rondan los de ese tipo.
Con la cinta métrica y una aplicación en su tableta, Maddy midió, calculó, midió y calculó.
—Bien. Voy a salir a traer los muestrarios de la camioneta.
—¿Por qué no hacemos la selección en la cocina? Avisaré a mi compañera de casa. ¿Te apetece un café?
—Nunca lo rechazo. Sabes que no solo está la tal Dobbs, ¿verdad? Esta casa está llena de espíritus.
Cuando Maddy se disponía a guardar la tableta, empezó a sonar We Are Family [«Somos familia»].
—Es mi abuela —explicó Sonya—. Clover. Se ocupa de poner música en la casa. Se casó con Charlie Poole, y falleció al dar a luz a mi padre y mi tío.
—Algo he oído acerca de eso no hace mucho.
Que se casó con el joven Charlie, y posteriormente la vieja chiflada, Patricia Poole, se desprendió de un bebé y se quedó con el otro, Collin, para que Gretta lo criara como su hijo.
Mi madre conoce a Gretta; me figuro que toda la gente de cierta edad que vive en estos lares la conoció. Una mujer rara.
El hecho de que Maddy se lo tomara todo con filosofía facilitaba las cosas. Cuando salió a por el muestrario, Sonya le envió un mensaje de texto a Cleo.
Con los libros de muestras encima de la mesa, Sonya hizo las presentaciones.
—Qué cristales más bonitos —comentó Cleo.
—Lo mismo te digo. ¿Eso es una turmalina negra?
—Sí. Mi abuelo se la regaló a mi abuela, y ella a mí.
—Vamos a tomar café, Cleo.
—Me vendría bien uno. Estoy haciendo malabares con el trabajo —explicó con una sonrisa a Maddy.
—Eso he oído. Tú eres la que va a montar la exposición de arte en Bay Arts este fin de semana. Tengo previsto pasarme. Una vez probé suerte con las bellas artes. Bueno, probé con casi todo y nada me enganchó hasta que empecé a trabajar con los tejidos y los muebles.
Tomó asiento.
—Bueno, como has dicho que no quieres nada moderno, no es necesario que te convenza para que cambies de parecer. Mi idea es conservar los motivos victorianos para las sillas, y tapizar el sofá de un color liso que combine. Y tal vez unos cojines.
—Has dado en el clavo.
Mientras Sonya hacía el café, Cleo se acomodó y abrió uno de los libros de muestras al azar.
—Qué chulos. Esto va ser difícil, Son. Hay muchos tejidos que podrían quedar bien, y este solo es uno de los muestrarios.
—Si me das un presupuesto, puedo reducir las opciones.
—De momento no pienso en el presupuesto —le dijo Sonya—. Me gustaría ver qué nos llama la atención. Me encantaría que fuera algo que evoque el pasado, no sé si me explico bien. No hace falta que sea a juego, simplemente…
—Quieres rendir tributo al pasado.
—Creo que Maddy ha captado nuestra idea, Son.
Marianne Faithful se arrancó con File It. Under Fun from the Past [«Archívalo en la categoría “Diversión del pasado”»] en la tableta de la cocina.
—Apuesto a que os mantiene entretenidas —señaló Maddy—. Tengo algo aquí. Es más bien caro.
Maddy cogió otro muestrario y fue pasando páginas rápidamente.
Sonya se acercó con los cafés y, al depositarlos sobre la mesa, sonrió de oreja a oreja.
—Al final resulta que no va a ser tan difícil. Has acertado de pleno. Aunque no es idéntico, lo evoca. Me chifla la fuerza de estos colores vivos. El verde fuerte, el morado, las pinceladas de crema, casi como un tapiz. Sin estampados florales, solo fuerza y viveza.
—Vaya, qué chulo. ¿Y si somos más atrevidas eligiendo el morado para el sofá?
—¡Un sofá morado! —Sonya soltó una carcajada—. ¿Quién se atreve con eso? ¡Nosotras!
—En la época victoriana, los colores y motivos atrevidos eran tendencia. De todas formas —añadió Maddy—, tal vez convendría que vierais más opciones antes de decidir.
—Lo haremos —le aseguró Sonya—. Aunque dudo que superen esta.
Al final, fueron osadas y se decantaron por la idea inicial.
—Se trata de una sala de juegos —dijo Sonya—. La idea es pasarlo bien. Y estamos honrando el pasado con el estampado de las sillas.
—Os prometo que quedará impresionante. Estoy deseando ponerme a trabajar con este tejido. Bueno, hablemos de los cojines.
Hablaron de los cojines decorativos.
Una vez tomadas todas las decisiones y realizada la cuenta, Sonya se recostó.
—Es justo lo que buscábamos, ¿a que sí, Cleo?
—Mejor imposible, la verdad.
—También haces cortinas, colchas y demás por encargo, ¿verdad, Maddy?
—Sí.
—No es que necesitemos nada de eso… aún. Pero, después de que Corrine te recomendara, eché una ojeada a tu página web.
Maddy frunció el ceño mientras se tomaba la segunda taza de café.
—Corrine me advirtió sobre ti.
Entre risas, Sonya se encogió de hombros.
—Vas a hacer que esos tres muebles queden bonitos y sean funcionales y únicos para nosotras. Yo puedo hacer lo mismo con tus redes sociales y marketing. Solo piénsatelo.
Clover fue clara con Takin’ Care of Business [«Mira por el negocio»], de Bachman-Turner Overdrive.
A Maddy le hizo gracia.
—Vale, eso ha estado bien. Mis hijos me han estado dando la lata porque mi página web está anticuada, de modo que lo pensaré.
Entretanto, voy a encargar el tejido y te avisaré cuando llegue el momento de recoger el sofá y las sillas.
Ha sido un placer. —Miró fugazmente hacia la tableta—.
Y una experiencia. Cómo me gustan las experiencias.
Cuando se levantó, ellas hicieron lo mismo.
—Haré lo posible por terminar para la primera semana de diciembre, pero eso dependerá de la rapidez con la que pueda conseguir el género.
—No hace falta que te comprometas en firme para esa fecha. De todas formas, voy a ponerme manos a la obra con el resto de la decoración para que esté lista cuando termines. Vamos a ayudarte a llevar todo esto a la camioneta.
—Os lo agradezco. Tienes un hogar realmente especial. Me agrada saber que parte de mi trabajo va a lucirse aquí.
Después de decirle adiós con la mano, permanecieron juntas acariciadas por la brisa mientras Pye y Yoda deambulaban por el jardín delantero.
—Voy a decir algo que jamás imaginé que diría: Cleo, vamos a tener un sofá morado.
—Me chifla. Y creo que me he quedado un poco prendada de Maddy.
—Trabajó en un castillo escocés encantado a los veintitantos años, y en una taberna irlandesa.
—Ahora tengo la certeza de que me he quedado un poco prendada de ella. Oh, Son, mira nuestro árbol. El matiz dorado del naranja, casi en pleno esplendor, es una belleza. Este fin de semana, como mucho la semana que viene, empezaré a pintar sus colores otoñales.
—Y mañana yo voy a ayudarte a montar tu primera exposición en Poole’s Bay. Es la primera, pero no será la última.
Pasó el brazo alrededor de la cintura de Cleo.
De pronto, una de las ventanas del salón dorado se abrió con un ruido atronador. Sonya se metió la mano rápidamente en el bolsillo y asió con fuerza la piedra.
Lo que salió volando no fue el pajarraco, sino un rayo, negro como la medianoche, que golpeó como una flecha el suelo, donde emitió un chasquido y chisporroteó. Durante unos instantes el mundo tembló.
Y el aire se volvió fétido con el hedor del azufre.
—Madre de Dios. —Sonya asió con fuerza la mano de Cleo—. Esto es nuevo.
—Podría haber impactado contra las mascotas.
—Pero no ha sido el caso. Están aquí mismito, con nosotras. —Alterada a pesar de ello, Sonya se agachó y cogió en brazos a Yoda al tiempo que Cleo hacía lo mismo con Pyewacket.
—Es un demonio, Sonya. Un jodido demonio.
—Es un demonio, pero hasta cierto punto. Fíjate en eso. Donde el rayo ha impactado el césped debería estar chamuscado, como poco. Pero no lo está. Ella pretende asustarnos, y en ese sentido lo consigue. Pero no tanto como para ahuyentarnos de aquí.
Sonya inclinó la cabeza y besó a Yoda en el hocico.
—Y todos seguiremos aquí, Cleo, tras su partida. Cueste lo que cueste.
—Ahí le has dado, caray. He estado trabajando en algo en el estudio. Me gustaría que subieras a verlo. Para mí que está terminado.
—¿Tu proyecto secreto? ¿Eres consciente de mi extraordinaria fuerza de voluntad? Ni siquiera he fisgado a escondidas durante todo este tiempo.
—Lo doy por sentado. —Tras hacer una carantoña a la gata, Cleo la dejó en el suelo—. Bueno, procedamos a la revelación.