Los siete anillos (La maldición de las siete novias 3) Capítulo 23 #4
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Capítulo 23 #4

Mientras Sonya y Yoda daban una vuelta, Trey se las ingenió para comer algo rápido con Owen. Como les pillaba a mano, pasaron por la cafetería y compartieron la especialidad del día: un bocadillo gigante de jamón, salami y provolone con una ración de patatas fritas caseras.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Owen una vez que habían pedido—. Me he enterado de que se ha producido un incidente esta mañana.

—Resulta que ha sido cosa de Dobbs, pero te lo contaré desde el principio.

Mientras lo narraba, hizo una breve pausa cuando el camarero les sirvió las cocacolas, y luego otra vez cuando llegó la comida. Sabía de buena tinta que en Poole’s Bay eran muy dados al cotilleo. Y la casa solariega siempre era el plato fuerte.

—Dobbs ha estado conmigo allí abajo un par de veces.

Pero no así. —Owen aderezó su mitad del bocadillo con un poco de tabasco antes de hincarle el diente—.

No obstante, se nota su presencia. Yo no pongo sesiones por streaming , tengo una lista de reproducción para mi rutina de entrenamiento.

Pero si oyera esa mierda en vez de a Metallica, M83 o quien sea, me entraría el canguelo, todo sea dicho.

En plan machote, rollo «Que te jodan» —apostilló.

—Eso se da por hecho, y está claro que Sonya lo hizo. Según dice, las correas de ejercicio sisearon como serpientes, se soltaron y se deslizaron.

—Puede que mi canguelo no hubiera sido tan machote.

—Las luces se apagaron y la puerta no se abría.

Mientras Trey le relataba el resto, Owen masticó con fruición patatas fritas y se recostó.

Cuando terminó, alzó su vaso para brindar.

—Primero, te has agenciado a una tía con arrestos. Dobbs pretendía que se hiciera un ovillo y se pusiera a llorar y chillar. En vez de eso, ella le plantó cara. Y Clover, además de un pibón, es otra tía con arrestos. Se burlaron de ella. No solo Clover, no solo el resto de las novias.

—Según Sonya había más, sí. Y ahí estaba plantada —Trey levantó los puños—, lista para enfrentarse a ella. Dobbs se batió en retirada. Las luces se encendieron y llegué justo cuando Sonya abrió la puerta.

Se interrumpió de nuevo y sonrió fugazmente al camarero.

—Estamos bien, gracias.

Aguardó un segundo.

—Dios, Owen, estaba lívida, tiritando de frío. Noté la ráfaga de aire gélido que emanó del gimnasio cuando la puerta se abrió. Hacía un frío de mil demonios. Pero ella tenía una expresión furibunda. De lo más furibunda. Hay que poner fin a esto. Quiero construir una vida con ella.

—Ya estás construyendo una vida con ella.

—Una en la que ella no tenga necesidad de agobiarse por esas malditas encerronas. En la que ninguno de nosotros tenga que hacerlo.

Le desgarraba las entrañas como las esquirlas de cristal.

—Cuando la veo como esta mañana, cuando te veo dispuesto a matarte a puñaladas antes de hacerle daño a ella, a Cleo o a mí, me dan ganas de entrar en esa habitación, enfrentarme a Dobbs y sacarla de allí. Y tengo claro que esa no es la manera.

—Bueno, no puedes hacerlo a tu manera, al estilo de los abogados, así que cuesta no desear hacerlo. Estoy totalmente de acuerdo contigo.

—No puedo pedir a Sonya que se marche de la casa solariega, que renuncie a su herencia ni que abandone a Clover y las otras novias.

—Lo entiendo, y también estoy totalmente de acuerdo contigo en eso.

—Con aire distraído, Owen cogió una de las patatas fritas que quedaban—.

A lo mejor soy capaz de convencer a Cleo para que renuncie al estudio, sobre todo si puedo prometerle uno igual.

Pero ella jamás abandonará a Sonya. E igual que Sonya, tampoco abandonaría al resto.

—Pues eso es lo que hay.

—Sí. Eso es lo que hay. Hasta que…

Trey resopló de impotencia apretando los dientes.

—No consigo vislumbrar una forma de llegar a ese «hasta»…

—Y eso que estás acostumbrado a encontrar soluciones. Yo no creo mucho en esos rollos del destino, eso es cosa de Cleo. Pero, tío, dudo que estuviéramos donde estamos, y me refiero a los cuatro, a menos que hubiera una solución.

—Eso es lo que me digo a mí mismo sin cesar.

—Y le reconfortó oírlo, pero…—. Dobbs es más siniestra que antes, Owen.

Cuanta más… luz aportan ellas a la casa solariega, más siniestra se vuelve.

Estoy de acuerdo en que le resulta imposible causar un daño real a Sonya, a cualquiera de nosotros, sin romper su propia maldición. Pero…

—Sí, yo también me lo he planteado. Es una lunática. Podría perder el control.

—La maldición se rompería, pero a costa de sacrificar a Sonya. Eso no va a pasar.

—Ni de coña.

Owen se echó hacia delante.

—Mira, voy a volver a meterme en el territorio de Cleo, pero da la impresión de que Sonya ha resultado ser, no me preguntes cómo exactamente, pero el caso es que está destinada a ser quien encuentre la solución.

Es una Poole, pero no lo es. Ha contado con opciones desde el momento en el que Deuce la puso al corriente acerca del pasado de su padre, de la herencia.

Ella tomó todas las decisiones que la condujeron a este punto y va a tomar las necesarias para llegar a ese «hasta».

—Con eso es con lo que cuento.