Los siete anillos (La maldición de las siete novias 3) Capítulo 23 #3
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Capítulo 23 #3

—Pues yo no. Después del susto, el resto me ha puesto las pilas para la jornada. Mira que decirle que tuvo que drogar a un hombre para llevárselo a la cama… Creo que esa es mi parte favorita.

—La verdad es que se me fue la pinza. Una vez que empecé… Casi seguro que usé la palabra que empieza por «p», y no me refiero a «perturbada». A pesar de que odio esa palabra, casi seguro que la usé.

—Ya le gustaría a ella.

Sorprendida, Sonya soltó una carcajada.

—Cleo.

—No puedo permitir que me superes en la escala de la vulgaridad. Bueno, me parece que voy a hacer lasaña. Y tenemos tomates maduros, así que prepararé algo con ellos. ¿Sabes qué? Voy a probar a hornear pan.

—¿Con harina?

—Exacto. Y también voy a hacer un bizcocho.

—Te ayudaré, pero es mucho trabajo.

—Me apetece. Además, por Dios, ni siquiera son las nueve. Anda, ve a ducharte y ponte a trabajar. Voy a consultar la receta para el pan antes de hacer lo mismo.

—Dame un toque cuando necesites una cortadora/removedora/recadera.

—Lo haré.

Sonya dejó entrar a Pye y Yoda. La gata se encaramó de un salto a un taburete y empezó a lamerse; Yoda siguió a Sonya escaleras arriba.

A solas, Cleo posó la mano sobre la tableta de la cocina.

—Gracias por estar ahí cuando ella estaba asustada. Por estar ahí antes de llegar nosotros. Por estar ahí para recordarle lo fuerte que es.

Clover respondió con Me & My Girls [«Mis chicas y yo»] de Selena Gómez.

Sonya trabajó sin interrupciones a lo largo de la mañana hasta que consideró que la página web de Bayside Lotions and Potions estaba lista para activarla. Hogan, pensó con gesto risueño, tenía ideas y, al final, su madre y su tía le habían dejado tomar el mando.

Él mismo se había encargado de las fotos y, en opinión de Sonya, había hecho un trabajo puñeteramente bueno.

Le había encargado que añadiera una pestaña desplegable con fotos en primer plano y perfiles biográficos de la plantilla de Lotions and Potions.

Ella había pulido un poco el texto, pero, de nuevo, él había hecho un trabajo puñeteramente bueno.

Ella había consultado con él en el transcurso del proceso de diseño y pensó que, si la empresa continuaba prosperando, le ofrecería un periodo de prácticas el verano siguiente.

Dado que él estaba en clase a esas horas del día, se puso en contacto con su madre. Por teléfono, ya que con los mensajes de texto y los correos electrónicos no siempre se obtenían respuestas inmediatas.

Con paciencia, Sonya guio a Carrie a través de la página web, explicándole el funcionamiento de las pestañas desplegables, de la sección de venta online de productos y demás.

—Tómate el tiempo que necesites, mírala con detenimiento, manéjala. Solo la he activado para ti. Si hay algo que quieras cambiar, añadir o eliminar, no tienes más que decírmelo.

—Lo haré, y…, ah, será mejor que le diga a Hogan que le eche un buen vistazo cuando llegue a casa del instituto.

—Me parece perfecto. Puede mandarme un mensaje de texto si es para dar el visto bueno, o si prefiere discutir algo primero.

—He de decir que ha quedado muy pero que muy bonita. Y profesional. Y está claro que antes no lo era en absoluto.

—Seguramente también te darás cuenta de que es funcional.

No solo para ti, sino para tu clientela actual y los potenciales clientes.

Tiendas como la de Gigi pueden realizar pedidos, a precios de mayorista, directamente a través de la web, a través de la sección de venta al por mayor.

Y, tranquila —añadió, aunque se lo había explicado antes—, el acceso a ese apartado está restringido a los clientes minoristas habituales.

Se requiere un registro especial con tu aprobación.

—No entiendo nada de eso, pero Hogan sí. La verdad es que es… ¡Anda! He clicado en algún sitio y aquí está la familia. ¡Fíjate!

—Deberías sentirte orgullosa de tu familia y de lo que hacéis juntos.

—Lo estoy. Muchísimo. Esto es maravilloso. De hecho, se me están saltando las lágrimas. Gracias por contribuir a convencerme. Hogan va a ponerse como loco.

—Dile que está lista para activarse en cuanto me diga.

—Lo haré. Lo haré. ¡Uy! ¡Madre mía! Gracias, Sonya.

—De nada.

Sumamente satisfecha, Sonya colgó.

—Vale, Yoda, es hora de dar un paseo. Si Cleo está en la cocina a nuestro regreso, prestaremos servicio allí. Si no, me toca volver al tajo.

Pero el resto de la semana, decidió, sin la necesidad de ayudar a preparar una cena de celebración, se pondría manos a la obra en las zonas de almacenamiento del sótano.

—Para tocarle las narices un pelín más —masculló.

Salió por la puerta principal, extendió los brazos de par en par para abrazar el aire y giró en círculo.

Al hacerlo, se fijó en que las hojas del sauce llorón poseían una ligera tonalidad rojiza en vez del verde estival.

—Ya está aquí, Yoda.

Una parte de ella sintió una punzada porque el verano, un verano de ensueño, hubiera tocado a su fin. El resto sintió el cosquilleo de la anticipación. El frescor del aire, el glorioso follaje otoñal, el chisporroteo del fuego en las chimeneas, el aroma a leña y a noches hechas para acurrucarse.

Viviría la experiencia y disfrutaría de una estación más en Lost Bride Manor. Y pronto, juró, ese nombre dejaría de tener sentido.