Los siete anillos (La maldición de las siete novias 3) Capítulo 23 #2
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Capítulo 23 #2

—Yo diría que sí. —Cleo conocía a su amiga, y esta necesitaba un par de minutos para recomponerse—. He oído música a todo trapo. Aunque la verdad es que no he conseguido identificar la canción.

— Crazy Bitch . —Ante su gesto de cierta extrañeza, Trey negó con la cabeza—. No me refiero a ti, sino al tema.

—Si tú lo dices… Luego mi teléfono ha arrancado con Hell’s Bells [«Las campanas del infierno»] a toda pastilla.

—De AC/DC, buena elección. —Trey dobló en el pie de las escaleras.

—En fin, eso me ha despertado. Por no mencionar la estridente campanilla del salón dorado sonando como una alarma contra incendios. Después, ya sabéis. Yo me encargo de hacer el café. Café a tutiplén.

Cleo los adelantó a toda prisa.

—Dobbs ha huido despavorida.

—Ah, ¿sí? —Trey ladeó la cabeza para rozar los labios contra el pelo de Sonya.

—Así es. —Cuando pasaron junto a la sala de música, ella echó una ojeada a los retratos. No estaba sola, pensó de nuevo. Ni tampoco las novias—. La bruja loca me ha arruinado la práctica de yoga, y eso que estaba metida de lleno.

En la cocina, Cleo cogió la primera taza de la cafetera y le echó una gota de leche, tal como le gustaba a Sonya.

—Justo lo que necesitaba.

—Voy a hacer huevos revueltos. Desayunaremos huevos con tostadas.

—Por mí genial. —Trey colocó a Sonya en un taburete junto a la isla—. Deja que haga una llamada y cambie la cita en un momento.

—No, no. ¿Cuánto tiempo he pasado ahí abajo? —Sonya cogió su teléfono, que había dejado encima de la isla—. Aún es pronto. Te da tiempo a desayunar y a que te cuente el incidente antes de irte a trabajar.

—Vamos por partes. Escucharte es la prioridad en mi lista.

—Igual que en la mía. —Cleo sacó huevos y un bol antes de ir a por el café de Trey.

—No he pasado abajo tanto rato como pensaba ni mucho menos. —Sonya volvió a dejar el teléfono sobre la isla—. Como me figuraba. Bajé, hice café y dejé salir a los perros. Siguen fuera. Igual deberíamos…

—Están estupendamente —le aseguró Cleo—. Acabo de dejar que Pye salga con ellos.

Trey cogió el taburete que había al lado de Sonya mientras Cleo batía los huevos en el bol.

—Bajaste al gimnasio.

—Exacto. Para hacer unos estiramientos de yoga después de la paliza de ayer. Me sentó fenomenal. La instructora…, la rubia de la coleta con el conjunto blanco y vaporoso.

—Ya. —Cleo asintió con la cabeza mientras vertía la mezcla en una sartén untada con mantequilla derretida—. La de voz dulce como la miel.

—Exacto, y yo me encontraba como flotando con el sonido mientras realizaba las posturas del guerrero. De buenas a primeras, esa voz dijo que yo no era una guerrera. Que era débil y patética. Que no era nadie, que no tenía nada.

Se lo relató mientras el café la templaba por dentro y por fuera.

—Me asusté, me asusté muchísimo cuando me di cuenta de que me había dejado el teléfono aquí e ncima.

Cuando me resultó imposible abrir la puerta.

Y no creo que vuelva a usar correas de ejercicio jamás en mi vida.

Lo único que pensé fue que Trey se iría a trabajar y que tú no te levantarías hasta dentro de dos horas como mínimo.

Y que me quedaría sola a oscuras con ella, con ese sonido sibilante.

En ese momento apareció Clover y me cogió de la mano.

Sonya bajó la vista hacia su mano mientras Cleo depositaba un plato de huevos y tostadas delante de ella.

—Me dijo que Dobbs mentía. Que yo no estaba sola, y que era más fuerte que Dobbs. No me quedó más remedio que ser más fuerte. De modo que me di la vuelta y me puse a soltar una sarta de improperios. Dios, qué buenos están estos huevos. Estoy muerta de hambre.

Cleo puso un plato delante de Trey y se sentó con el suyo al otro lado de Sonya.

—Dije algo así como: «¿Es esto lo mejor que sabes hacer?

». Que si acaso se pensaba que me iba a asustar la oscuridad, o ella, el fantasma de una bruja chiflada de pacotilla que había tenido que drogar a un hombre para tirárselo.

Eché sapos y culebras por la boca. ¿Se piensa que me arrojaré al vacío desde la escollera porque es lo que pretende?

Ni de coña, porque da la casualidad de que la veo saltar noche tras noche.

Me da un subidón casi mejor que el sexo, cosa de la que puedo disfrutar cuando se me antoja, sin necesidad de recurrir a drogas o hechizos.

Se sirvió más huevos.

—Después la reté. Madre mía, estaba desatada.

La reté a que encendiera la luz y diera la cara.

—Sonya apretó los puños—. Estaba preparada para darle un zasca en la cara y una patada en la entrepierna.

Para darle una paliza de muerte, joder. Dije: «Enciende la luz, maldita cobarde, y decidiremos aquí mismo, ahora mismo, quién es la señora de Poole Manor».

Acelerada, le dio un bocado a la tostada.

—Y oí a Clover reír, pero, de hecho…, me dio la impresión de que todas se hallaban ahí abajo conmigo.

Las oí reír. Las oí reír, desternillarse de risa.

Las risas resonaron en el puñetero gimnasio entero.

Quizá, tengo la sensación de que quizá, además de las novias, hubiera más.

Como si la casa y todos los residentes estuvieran burlándose de ella.

»Cuando las luces se encendieron, estaba lista, Dios, más que lista, para plantarle cara. Pero ella no se encontraba allí. Creo que dije, en un tono de lo más petulante: “Vaya, tal como imaginaba”. Entonces abrí la puerta y me topé contigo —dijo, mirando a Trey—. Estabas justo ahí.

Él la miró largo y tendido, con sus ojos de un azul intenso rebosantes de todo cuanto una mujer enamorada anhelaba ver. Dirigió la vista fugazmente hacia Cleo y dijo:

—Yo primero.

Se puso de pie y tiró de Sonya para levantarla del taburete. La rodeó con sus brazos y, sosteniéndola en volandas a unos centímetros del suelo, la besó como si su vida dependiera de ello.

Embriagada, Sonya le sonrió con gesto ensoñador.

—Igual sí que deberías aplazar la cita. Varias horas.

—Lo que hiciste fue una imprudencia, una temeridad, no una pequeña locura. Y te quiero. Adoro todo lo relativo a ti. Caray, adoro a esta mujer imprudente, temeraria y un poco loca.

La besó de nuevo y la dejó en el suelo.

—Te toca, Cleo.

—Bueno, no puedo superar eso, pero… —Se levantó, le dio un fuerte achuchón a Sonya y la sostuvo entre sus brazos balanceándose—. Tú, Sonya MacTavish, eres una amazona. Eres una diosa. Eres una exterminadora de brujas muertas. Eres una tía dura de pelar.

—Me moría de ganas de propinarle un puñetazo. En mi vida le he propinado un puñetazo a nadie. Quería que ella fuera la primera.

Clover se arrancó con Respect [«Respeto»] de Queen of Soul.

—No sé cuánto tiempo habría pasado temblando allí abajo si Clover no me hubiera dado ese subidón. Si no me lo hubieran dado todas. Pero la cosa no quedó ahí.

Asió con fuerza la mano de Cleo y después la de Trey.

—Si ella pudiera asesinarme, borrarme del mapa de un plumazo, lo habría hecho.

Pero necesita que lo haga yo misma, y se va a quedar con las ganas.

No digo que no sea capaz de hacerme daño, a mí o a cualquiera de nosotros, pero lo que planteamos como una hipótesis consistente ahora lo considero un hecho irrefutable.

—Ella te dijo lo mismo que le dijo a Owen sobre ti —señaló Trey—. Que no eres una auténtica Poole.

—Porque mi padre no fue el elegido, porque pasó a ser, y fue, un MacTavish. Lo mismo que yo. Sin embargo, eso no cambia el linaje o el ADN.

—Eso es lo que le infunde temor —puntualizó Cleo—. Ella te teme. Si antes no era el caso, te garantizo que, después de tu demostración, ahora sí.

—Lo cual la hace más peligrosa. Aunque claro… —Trey posó la mano sobre la mejilla de Sonya—, tú también lo eres. Eres una mujer peligrosa. La gente que tiene miedo, que está furiosa, descarga su rabia. No te dejes el teléfono encima de la isla.

Sonya lo cogió y se lo guardó en el bolsillo de ojal de sus pantalones de yoga.

—Te lo prometo. De todas formas, puedes irte a trabajar sabiendo que Cleo y yo no estamos solas. Contamos con una tribu entera que está de nuestra parte. Y nosotras de la suya.

—Y tanto que sí, caray. Son, vamos a recuperar esos anillos.

—Cuenta con ello. Tan solo abrigo la esperanza de poder darle un zasca en toda la cara primero. —Le estrujó la mano a Trey—. Vete a trabajar.

Como él titubeó, ella soltó la mano de Cleo para agarrarle ambas manos a él.

—No solo me encuentro bien, sino que estoy regodeándome de lo lindo.

Me siento bien. Y si aplazas la reunión, le quitas un pelín de buen sabor de boca al triunfo.

Has estado ahí en el momento oportuno, y me consta que volverás a estarlo.

Esa tan solo es una de las razones por las que yo adoro todo lo relativo a ti.

—¿Me llamarás si te encuentras en un serio aprieto?

—Palabra de honor. En cualquier caso, casi seguro que estaremos tranquilas durante un tiempo. Ha montado una gran cantidad de numeritos, y le ha salido el tiro por la culata. Necesitará cargar las pilas.

Como él pensaba lo mismo, se quedó más tranquilo.

—Y voy a preparar una cena para celebrarlo.

Trey miró a Cleo.

—Iba a proponer que nosotros os invitáramos a cenar fuera para celebrarlo.

—Esta noche no. Vamos a restregárselo por la cara. Nosotros cuatro —dijo Cleo—, junto con todos los demás, celebrándolo en casa. Qué demonios, a lo mejor hasta hago una tarta.

—Me has convencido. —Inclinó la cabeza para besar a Sonya de nuevo—. Estoy rodeado de mujeres de armas tomar. Voy a llevarme un poco de café y a dejaros con vuestras cosas.

Cuando se marchó, Sonya se volvió hacia Cleo.

—Es importante que sea capaz de hacer eso.

—Así es. Es importante que crea en ti lo suficiente como para confiar en que saldrás airosa de lo que acontezca. Sumado al hecho de que ha cargado contigo escaleras abajo, como si fueras algo sumamente preciado para él. Vaya, vaya. Bueno, ¿qué diablos voy a hacer para cenar?

—Sea lo que sea, te echaré una mano. Oye, Cleo, siento haberte despertado a horas intempestivas para ti.