Los siete anillos (La maldición de las siete novias 3) Capítulo 22 #3
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Capítulo 22 #3

—No es eso. Echa un vistazo a este aparador y dime qué precio calculas que tiene. John Dee está interesado.

Como la conocía de buena tinta, captó su expresión, que decía: «Hazlo muy por debajo de su valor». Él fingió que examinaba atentamente el mueble.

—Qué bonito. Es de caoba maciza. —Lo abrió y se puso en cuclillas—. La balda de arriba está un poco combada, pero no está mal. —Se encogió de hombros y se enderezó—. Yo diría que unos quinientos dólares.

—Estupendo. Con el descuento para los amigos y la familia, se queda en doscientos cincuenta.

—No me parece bien, Sonya.

La ofensa y la sorpresa se reflejaron en su semblante, y lo dejó patente en su tono al replicar: —¿Me estás diciendo que no eres mi amigo ni de la familia?

Él la miró con los ojos muy abiertos; nervioso, cambió de postura.

—Bueno, a ver, claro que sí. Es que… simplemente no quiero que… Me sabe mal que… Trescientos cincuenta, ¿vale? Vamos a dejarlo en trescientos cincuenta. De lo contrario, no me sentiría bien.

—Hecho. —Le tendió la mano.

Él negó con la cabeza y sonrió.

—A Kevin le va a fascinar, más si cabe teniendo en cuenta que procede de la casa solariega. Voy a colocarlo ahí para que no estorbe.

Owen, con las manos en los bolsillos, aguardó a que John Dee estuviera fuera del alcance del oído.

—Bien por ti. Por cierto, su valor ronda los mil quinientos, igual mil seiscientos.

—Entonces bien por ti también.

Les cundió bastante hasta la pausa para el almuerzo, en el que el pollo frito frío y la ensalada de patatas criolla de Cleo obtuvo la aprobación de la chef Bree.

—Podía incorporar esto en la carta de verano del año que viene. —Pensativa, Bree se llevó a la boca otro poco de ensalada de patatas—. La pimienta ahumada le da el punto.

—Es una receta de mi grand-mère. Ya te la daré.

—Entonces no sería mía. Aunque por otro lado… —Con los labios apretados, Bree inclinó la cabeza ligeramente de un lado a otro—. «Ensalada de patatas criolla de la grand-mère » tiene su punto. Voy a jugar con la idea, a darle un par de vueltas.

Clover recurrió a Katy Perry y Migos para desearles Bon Appétit [«Buen provecho»].

Mientras Bree miraba de reojo hacia la tableta de la cocina, Manny esbozó una sonrisa socarrona y comentó: —Qué guay. Fíjate, te pones a hablar de cocina, y eso, ella o quien sea pone una canción que guarda relación con el tema.

—Lo he pillado, Manny. —Esta vez Bree lo miró de reojo a él antes de ladearse hacia Sonya—. ¿Nunca se te ponen los pelos de punta?

—Ni en lo más mínimo. Gracias a Clover, mi lista de reproducción ha aumentado a pasos agigantados desde que me trasladé a la casa solariega.

—Esto pasaba algunas veces cuando venía a hacer algún arreglo en la casa a Collin. —John Dee se encogió de hombros y apuró un muslo de pollo—. No se me ponían los pelos tan de punta porque, en fin, eran cosas típicas de Lost Bride Manor.

—¿Te daba miedo algo? —le preguntó Sonya—. Confía en mí, no me ofenderé.

—Bueno, te acostumbrabas a que las puertas se abrieran y cerraran, a cosas por el estilo.

Y de vez en cuando a lo mejor te topabas con, digamos, un rincón frío.

Sin embargo, en una ocasión, precisamente el año pasado, cuando vine a entregar un porte de leña y Collin mencionó que el grifo de uno de los cuartos de baño de la segunda planta, el que hay más allá de su estudio, estaba estropeado y goteaba…

Sonrió a Cleo.

—El que ahora estás usando tú. Bueno, el caso es que le dije que echaría un vistazo y subí con mis herramientas.

Solo hacía falta cambiar la junta de sellado y apretarlo un poco, de modo que no tardé, pero estar allí dentro me dio mal rollo, como una sensación angustiosa.

Como si hubiera alguien que no deseara que estuviera allí.

Se sonrojó un poco.

—Habría jurado que había alguien moviéndose en aquella habitación del fondo del pasillo. Se dejaba sentir un sonido sigiloso.

—Estamos trabajando en ello —le dijo Sonya.

—Supongo que he recorrido la casa de arriba abajo realizando pequeñas chapuzas por encargo de Collin (a menos que Trey u Owen se ocuparan de ellas antes), pero aquel día, allí arriba, me dio mal rollo.

En el transcurso de la tarde, a medida que se despejaba el espacio del salón de baile y se reducía el del desván, Dobbs permaneció tranquila.

Sonya convenció a Bree y a Manny para que se llevaran una mesa art déco a modo de regalo por el estreno de su nueva casa y cerró el trato asegurándole a la chef que la mesa no estaba embrujada.

Seguidamente, sacó el papel cuadriculado.

Al examinar el croquis, Trey se fijó en que cada mueble estaba dibujado a escala y en su ubicación. Y en que Sonya había incorporado una lista en un lado para identificar cada uno.

—¿Conque organizada?

—Sí, con la salvedad de que aquí es donde reside ese diez por ciento.

Owen inspeccionó el croquis.

—Qué va. Así es como se hace. Ya lo tienes, así que pongámonos manos a la obra ya.

A pesar de que Sonya se replanteó sus decisiones, unas cuantas veces, mientras colocaban los sofás de dos plazas, las mesas y las sillas, fue consciente de que lo que había visualizado mentalmente era un acierto. Y que confirmaba la opinión de Owen.

Ya lo tenían.

Nada de tonos neutros, sino colores vivos y motivos atrevidos, madera reluciente y líneas variopintas que en su opinión combinaban bien.

Probablemente sin la elegancia y distinción que antaño poseía la estancia, pero con una mezcolanza de toques de ambas, pensó, que le aportaba un aire confortable y acogedor.

—Hacen falta obras de arte. —Sonya se pasó el dorso de la mano por la frente—. Quería ver todo colocado antes de ponerme con eso. Y también plantas grandes, y a lo mejor…

—Olvídate de ese diez por ciento.

Ella se encogió de hombros mirando a Trey.

—Se ha reducido al cinco por ciento, y me parece que, con las obras de arte y las plantas, se reducirá a cero. Creo. Es que hay muchísimo espacio diáfano.

—Esa es la idea de esta sala.

Trey la abrazó y la hizo girar en un vals.

—¡No sé cómo se baila esto!

—Yo sí.

Clover amenizó con el tema musical Iris.

—Son los Goo Gol Dolls —dijo Owen—, pero yo no bailo eso.

Cleo pestañeó con coquetería.

—Yo sí.

—Y yo. —John Dee le tendió la mano.

Con una reverencia, Cleo la agarró.

Bree, con las manos en jarras de nuevo, observó cómo las dos parejas daban vueltas por el salón.

—Tenía mis dudas. Serias dudas, la verdad, pero, madre mía, este salón de baile es la caña. Y, Manny, Rock Hard va a arrasar aquí.

—Fijo. Será la primera vez que toquemos en un sitio con esas descomunales lámparas de araña. Como nos contraten para el fiestón de Navidad echaremos abajo ese portón.

Sonrió en dirección a Owen.

—Ha sido divertido.

—Siempre has tenido un raro concepto de la diversión. Cuando se meta de lleno en el montaje de una sala de juegos en toda regla en el sótano, ya verás cómo te vas a divertir con las idas y venidas acarreando cosas.

—Solíamos jugar en esa habitación del sótano.

—No es lo bastante grande para lo que tiene en mente: una mesa de billar, una máquina de pinball…

—¿Una máquina de pinball? —Bree levantó la mano.

—Trey tiene una pista sobre una Gorgar.

—¡Una máquina de pinball vintage! —Bree imitó el movimiento de vaivén de las palancas—. Nos apuntamos a eso, ¿a que sí, cariño?

—Ya lo creo. Tío, esta casa está cobrando vida de verdad.

Mientras daban vueltas, Trey sonrió.

—Esa es la idea, ¿verdad, guapa?

—Apuesta tu culo bailongo a que sí. —Sonya echó la cabeza hacia atrás entre risas mientras bailaban.