Capítulo 22 #2
—Voy a comprártelas. Son para el cuarto de Molly.
Cleo dejó a un lado el trabajo y se recostó.
—El cuarto de Molly.
—Estoy arreglándolo un poco, y esas dos pequeñas y evocadoras acuarelas de flores son ideales para lo que tengo en mente, de modo que te las compro.
—No están a la venta. —Cleo se cruzó de brazos—. Se regalan.
Puesto que ya había perfilado la conversación en su cabeza, Sonya tenía preparada la respuesta.
—Regálale una a Molly. Te compro la otra para regalársela yo.
Cleo frunció el entrecejo y, cuando se disponía a hablar, lo frunció de nuevo.
—Vale, es absurdo, pero justo.
—Genial. Me las voy a llevar ahora. Como tengo que colgar el espejo que he encontrado, ya puestos, colgaré las acuarelas. Deberías venir a echar un vistazo cuando termines.
—¿Bromeas? Voy ahora mismito. Pensaba que estabas ocupada en el salón de baile.
—Estaba. He terminado, en lo tocante a revisar todo. Es que me apetecía ver qué muebles quería destinar a las habitaciones de arriba, y empecé por la de Molly.
Cleo cogió las dos pinturas.
—Es un cuarto pequeño, de modo que, sí, son del tamaño apropiado.
—Pensé que, si me ponía manos a la obra con las demás habitaciones, sacaríamos cosas de las zonas de almacenamiento para darles uso.
Para darles uso de alguna manera. Y ya sé qué quiero en el salón de baile y en la pequeña sala de estar anexa.
Eso conlleva mover mogollón de cosas, pero podemos sacar partido de muchos de los muebles del salón de baile.
—Estás avanzando.
—En eso, pero no en lo que respecta a la razón por la que empecé esto.
—Ya saldrá.
Cuando llegaron al umbral de la habitación de Molly, Sonya le hizo un gesto a Cleo.
—Adelante, dime tu primera impresión.
Cleo entró y, con las manos en jarras, miró a su alrededor.
—Me encanta la silla. El tamaño, la forma, los motivos… Y la mesa y la lámpara combinan a la perfección. El espejo es justo el idóneo para colgarlo sobre el tocador.
—Y mira. —Sonya abrió el cajón.
—¡Anda! ¡Lo que le regalamos! Vamos a ponerlos encima del tocador cuando colguemos el espejo. Y hace falta un jarrón o un bote pequeño. —Cleo giró en círculo de nuevo y asintió con la cabeza—. Chulísimo. ¿Dónde piensas colgar las pinturas?
—En vista de que ahí están el estrecho armario de pie y el lavamanos (que son monísimos y además adecuados para el tamaño de la habitación), estaba pensando que sobre la cama. Así se reflejarán en el espejo.
—Estamos de acuerdo. Hace falta una alfombra. Pequeña, redonda u ovalada, en tonos o motivos discretos.
—Entre las que hay enrolladas en el desván y las del sótano, calculo que habrá un par de docenas. De diferentes tamaños.
—Entonces, vamos a colgar todo esto y a buscar la alfombra adecuada.
Una vez colocados el espejo y las acuarelas en su sitio, Sonya bajó al trote a por un jarrón y Cleo fue en busca de una alfombra.
Tras decantarse por un florero de color azul pálido con el borde ondulado, Sonya fue al jardín a cortar unas cuantas flores. A su regreso, Cleo extendió una alfombra ovalada con estampados azules sobre un fondo en color crema.
—Has dado en el clavo.
—Igual que tú con ese jarrón. Me encanta el toque alegre que le aportan las florecillas amarillas y blancas. Necesitamos un bonito edredón, fundas de almohada y cojines decorativos. Entonces el estilo de la habitación encajará con Molly.
—Quiero decorarlas todas, pero esta… Sabemos qué aspecto y estilo debería tener la habitación de Molly.
Clover expresó su parecer con Daisies [«Margaritas»] de Katy Perry.
—Ella se desvive por nosotras. Abrigo la esperanza de que esto la haga feliz.
—A mí me hace feliz. Como Owen me ha mandado un mensaje para decirme que traerán pizza esta noche, dispongo de tiempo. Vamos a echar un vistazo a otra habitación.
Para cuando oyeron voces, ladridos y pasos por las escaleras, habían decorado dos.
—Estamos aquí —dijo Sonya en voz alta. Se apresuró a ir al encuentro de Trey y se abalanzó a sus brazos—. ¡Nos lo estamos pasando pipa!
—¿Haciendo qué?
—Ven a ver. Tú también, Owen —añadió, y enfiló a toda prisa hacia el cuarto de Molly.
—Qué chulo. —Owen entró y miró a su alrededor—. Una habitación pequeña, con muebles proporcionados al tamaño, femenino sin pasarse de la raya.
—Es el cuarto de Molly, ¿verdad?
—Sí. —Sonya se apoyó contra Trey—. Terminé de revisar el salón de baile y, al echar un vistazo aquí, todo fue rodado.
Tiró de él de nuevo hacia el pasillo.
—Y este, según nos transmitió Clover a través de los Beatles, es el de Rita.
—¿Con Lovely Rita [«La encantadora Rita»], la agente de estacionamiento?
Ella se rio mirando a Owen.
—Lo has pillado al vuelo. Después, como en realidad no conocemos a Rita, nos volvió a proporcionar otra pista con los Beatles. Con When I’m Sixty-Four [«Cuando cumpla sesenta y cuatro»].
—O sea, que se trata de una mujer entrada en años —terció Cleo—. Encontramos esa mecedora, la mesa y la lámpara. Elegimos ese paisaje (una de las obras de Collin), y la larga alfombra rectangular queda bien.
—Habéis estado ocupadas —señaló Trey.
—Y eso no es todo. En la siguiente habitación, siguió con los Beatles, con el tema Eleanor Rigby.
Sonya hizo un gesto hacia la estancia, con un sillón curvilíneo, un pequeño escabel y el espejo cuadrado.
—Dado que el lavamanos estaba ahí y el armario de pie allí, decidimos poner el bodegón en esa pared.
Hay un cuarto de baño al otro lado del pasillo al que me gustaría dar un lavado de cara, pero conservando el estilo de época —continuó Sonya—.
Y… —Levantó las manos con un ademán—. Hay un montón de habitaciones y posibilidades.
Cleo, con las manos en jarras, observó la habitación con aire satisfecho.
—Era obvio que las dependencias de las criadas se ubicaban aquí arriba y las de los criados abajo.
—Sí, hay más dependencias del servicio en el sótano, y abrigo la esperanza de que localicemos el cuarto de Jerome, pero Collin destinó la mayor parte del espacio a la sala de cine y el gimnasio.
—Buen comienzo y un avance importante —comentó Cleo—. Seguiremos ese ritmo, pero para mí ya es hora de comer.
Cuando se disponían a salir, Sonya levantó la cara hacia la de Trey.
—Tengo claro lo que quiero en el salón de baile, cómo quiero acondicionarlo. Es más, sé que necesito contratar a John Dee y como mínimo a otro tío fornido para que ayuden a sacar y meter muebles.
Owen soltó un tremendo suspiro.
—Menos mal.
—Para estar totalmente segura, voy a tomar medidas y a dibujar un croquis en papel cuadriculado.
—Voy a añadir que menos mal que contamos con una diseñadora gráfica para ello. —Trey deslizó la mano con delicadeza por la cola de caballo de Sonya—. Y que eso te hace puñeteramente feliz.
Sonya se detuvo en la segunda planta.
—La verdad es que sí. Estoy convencida de que Dobbs no seguirá tranquila mucho más tiempo. Conozco sus patrones. Sin embargo, cuanto más feliz me siento, mayor es mi convicción de que puedo contratacar. Y, cuanta más vida aportemos a la casa solariega, menos potestad tiene ella y más nosotras.
Los días, más frescos, transcurrieron sin contratiempos, de modo que Sonya aprovechó el sosiego. Empezó a adoptar el hábito de ponerse a trabajar una hora antes para compensar la hora que acortaba al final de la jornada. Destinó ese tiempo a registrar el ala del servicio.
Dado que Molly se ocupaba de la limpieza, ella se encargó de mover mesas, sillas, lámparas, de colocar y recolocar.
Cuando llegó el día de materializar su idea para el salón de baile, se reunió allí con Cleo, Trey, Owen, John Dee, Manny y Bree.
—Sé que hay un montón de cosas —dijo.
—Hay mogollón de cosas. —Bree puso las manos en jarras. Llevaba una gorra negra sobre su llamativo pelo rojo y una holgada camiseta sin mangas de Metallica que dejaba a la vista sus tatuajes.
—Gran parte del mogollón se queda aquí.
Manny se ajustó sus gafas de Buddy Holly sobre el puente de la nariz y se apartó el pelo de la cara.
—¿Qué gran parte?
—A ver, cualquier cosa que lleve pósits azules va al desván y lo que lleve pósits rojos al sótano. En los amarillos he especificado las habitaciones, y lo que hay marcado con pósits blancos se queda aquí.
John Dee le dedicó su sonrisa fácil y se rascó la barba.
—Qué organizada, ¿no?
—Uy, sí, sí —corroboró Cleo.
—Es el primer paso para la óptima gestión del tiempo. Y… hay que colocar unos muebles del desván aquí. También subir algunos del sótano. —Trató de esbozar una sonrisa triunfal—. Mis disculpas de antemano.
—Estás segura, ¿no? —Trey la miró largo y tendido—. ¿De lo que va abajo, a esta planta, arriba, donde sea, o lo que se queda justo donde está?
—Te puedo garantizar que al noventa por ciento.
Con una mueca de dolor, Owen rotó los hombros.
—El diez por ciento restante me causa un constante dolor en las lumbares.
—Bueno. —John Dee echó otra ojeada a la sala—. Me parece que lo mejor será llevar primero los muebles con los pósits azules al desván. Para despejar el espacio un poco.
Después de los primeros viajes, Bree negó con la cabeza.
—¿Se desprendió esta gente de algo alguna vez? ¿Alguna vez?
—Me da la impresión de que no —respondió Sonya—. Mi intención es sacar partido de lo que sea funcional, y convencimos a Owen para que se llevara un par de muebles, pero…
Se percató de que John Dee ponía los ojos como platos, por segunda vez, al ver un pequeño aparador de una sola puerta con las patas y la parte superior curvilíneas.
—Bonito, ¿verdad?
—Y tanto que sí. A Kevin le fascinaría.
—Es tuyo.
Él agitó una de sus grandes manos en el aire.
—¡Ay, venga ya!
—Lo digo en serio. Acéptalo. ¡Sácalo de aquí y cárgalo en la camioneta!
—Vamos, Sonya, no puedo hacer eso. Bueno, si realmente no vas a usarlo, igual te lo compro.
—Vale. Un dólar.
Esta vez soltó una risita al agitar la mano de nuevo.
—Eso no vale. De todas formas, te lo agradezco.
—Vale, probemos con esto. Eh, Owen.
Con expresión alerta, él la miró.
—Si vas a pedirme que vuelva a colocar en su sitio algo que acabo de poner aquí, puede que salgas malparada.