Los siete anillos (La maldición de las siete novias 3) Capítulo 20 #4
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Capítulo 20 #4

—Pues claro. Ojalá hubiera bajado contigo. Ojalá no hubieras vivido ese calvario sola. Con todos los efectos de sonido que urdió, no oí nada. Me consta que duermo bien, Son, pero no hasta ese punto. Lo que has descrito habría despertado, bueno, hasta a los muertos.

—Es que estaba reservado solo para mí. Ella quería evitar que te despertaras y fueras a buscarme, que estuvieras aquí conmigo. Hizo exactamente lo que has dicho: conmocionarme, amedrentarme y hacerme daño. Me dieron náuseas, Cleo, me entraron ganas de vomitar allí mismo, en el umbral.

—¿Paró a las tres?

—Cesó cuando el reloj dio las campanadas. Todo cesó, al menos durante unos segundos. Después fue como una noche cualquiera, con la salvedad de que vi cómo se movían las teclas del piano. Fue como…

Hizo una pausa y se ladeó para mirar de frente a Cleo.

—Dime si esto es un disparate: la casa solariega tomó el control.

—A mí no me parece que sea un disparate.

—Bien. Ahora, a ver qué opinas de esto: dudo que pueda hacerme daño, o sea, daño de verdad, herirme físicamente, mortalmente.

Porque me tenía contra las cuerdas, Cleo, machacada e indefensa si le hubiera dado por arremeter contra mí.

Está claro que pretende echarme, pero no puede hacerme lo que hizo a las novias.

Desde mi punto de vista, es imposible porque yo soy inmune a la maldición.

A lo mejor, si ella lo hiciera, el maleficio se rompería, y le consta. ¿Crees que cabe esa posibilidad?

—Ya hemos reflexionado acerca de eso anteriormente, y estoy más convencida de ello.

Ahora bien, sigue siendo una hipótesis, buena, pero al fin y al cabo una hipótesis.

Además, está chiflada, de modo que sabemos que cabe la posibilidad de que se le vaya la pinza en un momento dado.

Debes tener cuidado, el máximo cuidado posible.

Cleo alargó la mano de nuevo y agarró con fuerza la de Sonya.

—No te marcharás. Te conozco desde hace demasiado tiempo y demasiado bien como para pensar lo contrario. Te has comprometido y, maldita sea, yo también. Vamos a tener presente y a valernos de la circunstancia de que solo hay un elemento maligno en la casa. Lo demás…

—Es una casa condenadamente buena. Ella usó los retratos. Según Collin, la solución guarda relación con ellos.

—Bueno, es que poseen poderes mágicos. Son obras magníficas, pero, más allá de eso, poseen poderes mágicos. Dobbs se valió de eso de forma mezquina para profanarlos. Sin embargo, no surtió efecto, no duró. La luz, la belleza, se impusieron. Y eso es lo que perdura.

—Sabía que me sentiría mejor una vez que hablara contigo.

—Razón por la que debiste ir derecha a por mí y contármelo en cuanto pasó.

—Sinceramente, necesitaba reflexionar, y recomponerme un poco. Y la verdad es que me sacó de quicio que Dobbs eligiera una noche tan importante para hacer eso. Una noche tan feliz.

—Dudo que sea una coincidencia.

Por un momento, Sonya se quedó mirándola sin más.

—Ahora me pregunto por qué no caí en eso. Claro que no lo fue: ella pretendía estropear algo maravilloso.

—Pero ¿lo consiguió?

—No. Tuvo su momento, pero la cosa quedó ahí. Voy a subir al cuarto para envolver regalos, a decir: «Que te jodan, Dobbs», y después a montar la cesta con esas cosas tan monas que compramos en Baby Mine para dar la bienvenida a casa a Anna y la bebé.

—Las pondremos juntas, además de la pintura al pastel que voy a hacer de Fiona, la deportista olímpica.

—Ah, ¿una pintura al pastel de una de las fotos?

—Correcto. A modo de aportación. Ahora dame el gusto y enséñame más fotos de la bebé. Después subiremos juntas a decirle a Dobbs: «Que te jodan».

—Trey me mandó tantas que las he guardado en un álbum. —Sonya sacó su teléfono, deslizó el dedo por la pantalla e hizo clic.

—Que disfrutes.

—Ay, aquí hay una de Corrine con su nieta en los brazos y lágrimas en las mejillas. Lágrimas de felicidad absoluta. Ahora es a mí a quien se le han saltado las lágrimas.

—Te encanta.

—Pues sí. —Cleo se llevó la mano al pecho—. Los bebés son mi debilidad. Te juro que ver… Oh, esta, creo. Fíjate en la expresión sobrenatural que reflejan sus ojos, como si se encontrara entre donde estaba y donde está. Creo que al principio recuerdan todo.

—A mí también me chifla esa.

—Esto está haciendo que mi reloj biológico haga tictac, tictac.

—Totalmente de acuerdo contigo.

—Tiempo al tiempo, Son. Primero hemos de cumplir con una misión aquí y dilucidar unos cuantos detalles. Como casarse, o no, y quedarse embarazada.

—¿Casarse o no?

—No pongo ninguna pega al «o no» siempre y cuando haya amor, compromiso y fidelidad.

Me traen sin cuidado los convencionalismos o los matrimonios de conveniencia como el de Agatha.

Cleo no se conforma, así que deseo todas esas cosas.

Y uno, o tres o cuatro, de estos bebés preciosos.

—Levantó la mirada hacia Sonya—. El «o no» no va contigo y, en cualquier caso, no tiene nada de malo. Son, todo llegará.

—Primero hay que cumplir la misión.

—Ahí le has dado. Subamos para que Dobbs se entere de quién manda aquí.