Capítulo 17 #3
—Se puso a hacer así… —Owen movió los dedos de la mano izquierda con un ademán— a los lados, y los anillos empezaron a relucir (es la palabra que se me ocurre para describirlo) y después a despedir chispas.
—Ella usa los anillos para afianzar su poder. Supongo que ya lo sabíamos, o nos lo figurábamos —consideró Cleo—. Para mí que esto es una prueba más.
—No solo ansía los anillos, sino lo que simbolizan —afirmó Trey despacio—. Una prueba de las vidas que segó, de las novias a las que eliminó. Los necesita.
Trey extendió las manos con un ademán.
—Está muerta. Selló la maldición con su sangre, sí, pero está muerta. Seguro que la muerte le mina el poder en gran medida. Ya sabemos, disponemos de pruebas fehacientes para determinar que cada cierto tiempo debe, básicamente, cargar las pilas.
—Los anillos son una fuente de poder. —Tenía su lógica, pensó Sonya. La lógica de la casa solariega—. Los necesita para armarse de poder, y quizá…
—Para existir —apostilló Trey—. Es una posibilidad remota, pero una posibilidad. Si los recuperamos…
Owen terminó la frase.
—Eliminamos una fuente de poder primordial.
—Rompemos el maleficio y la eliminamos. Y por eliminar —Cleo le dio un sorbo al té— me refiero a destruir, exterminar, aniquilar con extrema violencia. Con un aliciente añadido si grita de agonía en el proceso.
—Y tú también sigues ganando puntos. —Owen alargó la mano, cogió la taza de café de Trey, brindó con Cleo y bebió un sorbo. Acto seguido, hizo una mueca—. Tío, está frío.
—Pues haz más.
Owen se encogió de hombros, cogió la taza, se levantó y se dirigió a la cafetera. Jones abrió el ojo, observó sus movimientos y, satisfecho, lo volvió a cerrar.
—Hemos averiguado más de lo que imaginaba. Yo no había llegado a estas conclusiones.
—Has recibido un duro golpe, guapa. Has visto a tu padre, allí mismo, y te ha sido imposible comunicarte con él. No has podido hablar con él, ni tocarlo. No has podido pasar un momento con él.
—No me lo explico. Él atravesó el espejo, igual que Owen y yo.
Trey tomó la mano de Sonya y se la llevó a la mejilla.
—Él no murió aquí; murió en Boston. Hasta donde sabemos, y es bastante concluyente, jamás pisó esta casa excepto a través del espejo.
—Por lo tanto, él no podía estar allí de la misma forma que Owen y yo.
El espejo estaba en su estudio…, en otro lugar, en otra época.
Él presenció la escena de aquella noche, ya que le dijo a mi madre que había soñado con la casa, con gente pululando por el jardín ataviada con ropa elegante y anticuada.
Presenció la escena de aquella noche, aunque no de la misma forma que nosotros.
Por eso le resultó imposible verme u oírme.
Sin embargo, nosotros sí podíamos verlo y oírlo.
—Porque todo sucedió en esa época y lugar.
—Lo he pillado. Es como para provocarte una migraña, pero lo he pillado.
—Y a pesar de que no pudiera verte ni oírte, Son…
Ella asintió con la cabeza en dirección a Cleo.
—Lo he visto de nuevo, he oído su voz de nuevo. Ha sido un golpe en la entrepierna emocional, pero también un regalo.
Clover, que había permanecido en silencio en el transcurso de toda la conversación, puso Father and Daughter [«Padre e hija»] de Paul Simon.
—Me quería.
—Te quiere —corrigió Trey.
Sonya apretó la cara contra su hombro.
—Se le iluminó el semblante cuando oyó que lo llamabas desde el otro lado del espejo.
—Owen le llevó a Trey una taza de café recién hecho y otra para él—.
Fíjate, un tío pensando que está teniendo un sueño bastante chulo, pero que cuando oye a su niña se le ilumina el semblante y lo interrumpe.
Me alegro de haber tenido la oportunidad de, digamos, conocerlo.
—Se marchó a través del espejo. Ella no lo siguió —señaló Trey— porque no podía. Si ella pudiera hacer lo mismo que Owen y tú, no habría dudado en hacerlo, Sonya. Encontrar la manera de atravesarlo, de regresar, de hacer lo posible para cerciorarse de que jamás vinieras aquí.
—Ni siquiera puede tocarlo. Por los depredadores. Siempre me he preguntado qué sentido tiene tener un espejo con un marco como ese. Es raro, de hecho, un poco inquietante.
—Para mantener al diablo a raya —dijo Cleo—. Para la protección. Es una magia poderosa. Y te invita a cruzarlo, te muestra lo que necesitas saber, presenciar o entender.
—Razón de más para atravesarlo. Sin embargo…
, no hay ninguna mención a él en el diario de Marianne Poole.
La única vez que lo vi, aparte de como medio para trasladarme al pasado y regresar, fue el día que Dobbs asesinó a Astrid.
Astrid se hallaba junto al espejo, ese mismo espejo, cuando Dobbs la asesinó.
Cuando se tambaleó hacia atrás, apoyó la mano en el cristal. Manchó de sangre el cristal.
—La sangre de la primera novia, sangre inocente sobre el cristal mientras Dobbs vomitaba su maldad y robaba el anillo…, el primer anillo. La sangre es vida —explicó Cleo—. El espejo cobró vida con la sangre de Astrid.
—Esa es una conclusión un poco rebuscada —consideró Trey—, pero es una posibilidad.
El espejo existe, todos lo hemos visto. Tiene poder, eso es innegable.
Solo los Poole pueden atravesarlo: a Cleo y a mí nos bloquea el paso, lo mismo que a los perros y a la gata.
De lo contrario, Jones bajo ningún concepto se quedaría sentado a este lado.
Pero a quien atrae es a Sonya, no a Owen.
—Porque es necesario que ella sea testigo de las escenas. Yo solo pongo los músculos.
—Y más —corrigió Sonya—. Yo no me percaté de los destellos brillantes, mientras que tú sí. Trey, con su estilo propio de abogado, proporciona los hechos. Cleo, con su propio estilo, se desmarca de las convenciones y se adentra en lo mágico.
Más serena, con diferencia, Sonya apuró el último sorbo de té.
—Dobbs conjuró la tormenta —continuó—. La volverá a conjurar, y más cosas, probablemente peores. Pero los cuatro juntos, aunando fuerzas, creamos una tormenta perfecta para contrarrestarlo.
Los Simple Minds recordaron a Sonya Don’t You (Forget About Me) [«No te olvides de mí»].
—Imposible. Ni de ti, Clover, ni de ninguna de vosotras. He visto a mi padre, y voy a atesorar ese regalo y a considerar que ha sido una noche buenísima. Podía pedir disculpas por el bajón, pero ha sido inevitable. Así que gracias a los tres por reconfortarme.
—Necesitas dormir un poco. Todos lo necesitamos.
Ella asintió con la cabeza en dirección a Trey.
—No tengo nada que objetar a eso.
Subieron juntos. Cuando Sonya finalmente se metió en la cama, Trey tiró de ella para abrazarla.
—Necesito abrazarte un momento.
—El tiempo que quieras. Me consta lo duro que te resulta esperar a este lado mientras yo estoy en el otro.
Como él no dijo nada, ella irguió la cabeza para rozar sus labios.
—Yo tuve que esperar al otro lado en dos ocasiones mientras estabas en el salón dorado. Me da la impresión de que estamos más cerca, Trey. No es que sea una apreciación lógica, pero es mi sensación. Y esa sensación va a ayudarme a dormir esta noche.
—Tiene su lógica. Estamos acumulando peso en nuestro lado de la balanza. Y tú estás aquí, a salvo. Eso me ayudará a mí a dormir esta noche.
Trey se despertó a las tres, escuchó las campanadas del reloj, la música, el llanto, los murmullos. Pero Sonya no se inmutó, de modo que, sin soltarla, siguió durmiendo.