Los siete anillos (La maldición de las siete novias 3) Capítulo 16 #4
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Capítulo 16 #4

—Una semana ajetreada. Tus padres vinieron anoche, Trey. Siempre me alegro de verlos.

Les entregó las cartas. Trey cogió la carta de vinos para examinarla.

—¿Qué os parece si probamos el chenin blanc? Bree lo recomendó.

—Si Bree le da el visto bueno, yo también —respondió Sonya.

—Yo me tomaré una mísera copa.

Ian se acercó a la mesa, deshaciéndose en sonrisas con su pelo oscuro con mechas naranjas recogido en un moño en la coronilla.

—Hola a todos. Me alegro de veros por aquí. ¿Os traigo algo de beber para empezar?

—Vamos a probar el chenin blanc. —Trey dio unos toquecitos con el dedo a la carta.

—Según la chef, es de primera.

—Eso tengo entendido. También una botella de agua con gas, Ian. ¿Cómo te va?

—Fenomenal, gracias. —Miró a Sonya—. El lunes tengo una entrevista en Boston. Te agradezco muchísimo que dieras buenas referencias de mí a Green Engineering.

—Yo encantada. Todos estamos arrasando esta noche, de modo que sé que arrasarás en la entrevista.

—Fijo que lo voy a intentar. Y, hablando de arrasar, tenemos un par de especialidades que da la casualidad de que arrasan.

Cuando las recitó, se marchó a por el vino y el agua.

—Yo voy a pedir esa lubina —decidió Owen—. Ni siquiera voy a preguntar qué es el paupiette crujiente ese.

—Es francés —le dijo Cleo—. Yo también voy a decantarme por lo francés con los camarones de Jonghe.

—Yo me ciño a lo de Maine: colas de langosta a la parrilla. ¿Tú? —preguntó Sonya a Trey.

—Creo que… voy a optar por uno de mis favoritos: ravioli de langosta. Voto por pedir entrantes de buñuelos de jalapeño para compartir.

—Hecho.

Mientras bebían vino y compartían el entrante, Trey desvió la conversación hacia el proyecto del museo.

—Quería ponerte al corriente de que Ace está haciendo progresos en ese sentido.

—No me cabía ninguna duda.

—Hay que atar multitud de cabos sueltos, pero se le da bien.

—La empresa naval de los Poole secunda el proyecto.

Eso viene de los altos mandos —añadió Owen—.

Nos comprometeremos a realizar una donación considerable (el importe todavía está por ver), a incluir algo de la historia del negocio de los Poole, y trataremos de conseguir los derechos de nombre para alguna de las salas o secciones.

—Los derechos de nombre. No se me había pasado por la cabeza. Me pregunto… ¿A qué viene esa sonrisa? —preguntó Sonya a Trey.

—Casi seguro que sé adónde va a parar esto.

—Ah, ¿sí? —Sonya cogió su copa—. ¿Por qué no me lo dices?

—A la sala Collin Poole y Andrew MacTavish.

—Cómo la conoces —murmuró Cleo—. Lo has pillado a la primera.

—Efectivamente. —Sonya le estrujó la mano por debajo de la mesa—. Rendiría tributo a ambos, y la conexión de mi padre con la casa solariega quedaría patente donde corresponde. No sé cómo se gestionan ese tipo de cosas, pero…

—Yo sí. —Él le levantó la mano y se la besó—. Nosotros nos encargaremos de ello.

Cuando dieron cuenta de los platos principales, la chef Bree irrumpió como un cohete pelirrojo, empujó a Trey con el codo y se desplomó en el asiento corrido.

Con el semblante aún sofocado de los fogones, primero apuntó con el dedo hacia Owen.

—¿La lubina?

—¿Acaso ves algún resto?

—Pues no. Para vuestra información, vais a compartir el «paraíso en la Tierra» y la mousse de fruta de la pasión. Y tú —se inclinó por delante de Trey para mirar a Sonya—, buena idea lo del museo.

—¿Te has enterado?

—Se corre la voz. Fijo que Ace Doyle se asegura de ello. —Sonrió a Cleo de oreja a oreja—. Has dado buena cuenta de los camarones.

—Habría limpiado el plato si me hubiera saltado los buñuelos de jalapeño.

—Imposible. Bueno, mi noticia: Manny y yo vamos a hacerlo oficial.

Trey a duras penas evitó quedarse boquiabierto.

—¿Os vais a casar?

—¡Qué dices! —Ella bufó y le dio una palmada en el brazo—.

Qué va, tío. Ya veremos más adelante, si esto funciona.

Además de irnos a vivir juntos, vamos a alquilar una casa.

Un pequeño y bonito bungaló a una manzana a espaldas del restaurante.

La cocina está reformada, así que ese fue el gancho para mí…

y para todos mis chismes. Tiene un sótano a medio terminar que fue el gancho para Manny, y para todos los suyos.

Nos mudamos la segunda semana de septiembre. Estoy como una moto.

—Tú siempre estás como una moto —señaló Owen—. Pero felicidades de todas formas.

—Ahí le has dado.

—Ahora te debería resultar más fácil convencerlo, a él y al resto de integrantes de Rock Hard, para que toquen en la fiesta de Navidad que vamos a organizar en el salón de baile de la casa solariega.

Bree se asomó por delante de Trey de nuevo.

—¿En serio? Tenía entendido que el salón ese estaba repleto de trastos.

—Estamos trabajando en ello. Y te necesitaremos.

—Eso por descontado. Una juerga en el salón de baile. Me lo pensaré. He de volver al tajo. Ian os traerá capuchinos cuando recojan. Más tarde.

Salió zumbando y Sonya sonrió sin más.

—¿Sabes qué? Si me gustaran las mujeres, ella sería una rival de peso para ti, Trey. —A continuación se echó hacia delante y brindó con Cleo—. Otro paso en nuestros planes para las Navidades.