Capítulo 16 #3
Más de seis meses desde que se había concedido esa oportunidad: cuando dio el visto bueno, pensó, pero no al cien por cien, a las condiciones del testamento.
Hasta que vio la casa. Hasta que conoció a Trey. Y acabó enamorándose de ambos.
—Tú solías cambiar de sitio los frascos del tocador, Molly.
Se me ponían los pelos de punta. —Aspiró la brisa marina—.
Quiero que elijas tu favorito. Elige el que más te guste, te lo regalo.
Quiero que lo aceptes, que lo tengas tú.
Es una especie de regalo con retraso por el aniversario de mis seis meses aquí.
Empezó a sonar Sweet Child o’ Mine [«Mi dulce niña»] de Guns N’ Roses.
—Todas estamos juntas en esto, Clover. Y juntas vamos a ganar.
Se metió en la ducha y luego pasó un rato tratando de conseguir el desenfadado peinado en ondas que la peluquera le había hecho en la última cita.
Concluyó que le había quedado bastante logrado.
Cuando salió del baño, el frasco azul con el tapón con forma de mariposa había desaparecido. Seis meses antes, pensó de nuevo mientras se vestía, se le habrían puesto los pelos de punta.
Ahora, en cambio, una cálida sensación la embargó por dentro y por fuera.
Tras echar otro vistazo al mar, cerró la puerta de la terraza antes de dirigirse al cuarto de Cleo.
Esta llevaba puesto un despampanante vestido rojo con sus sandalias de tiras de tacón de vértigo.
—Qué guapas estamos —comentó Cleo—. Mejor dicho, guapas y sexis.
—Bueno, la verdad es que no podemos evitarlo.
—Y que lo digas.
Cleo cogió su diminuta cartera y, agarradas del brazo, comenzaron a bajar las escaleras.
—Le he regalado a Molly el frasco azul con la mariposa.
—¡Anda!
—Me preguntaba dónde guardaría algo así. O los peines que le regalaste la semana pasada. ¿En otra dimensión de tiempo? ¿En algún sitio oculto?
—Pues es una pregunta interesante.
—Abrigo la esperanza de que no siga en esa habitación, en la habitación en la que murió. Aunque supongo que en realidad no permanecen en ningún sitio. En parte, al menos en parte, para ellos es un bucle, lo mismo que para Dobbs. ¿Cesará ese bucle cuando rompamos el maleficio?
—Espero que cesen los episodios tristes y dolorosos. Y, Son, en cierta medida los estamos aliviando por el mero hecho de estar aquí. Con nuestra presencia aportamos vida, un propósito y esperanza.
—Eso, más que un modo de verlo, es la apreciación correcta.
Yoda enfiló raudo hacia la puerta, giró en círculo y ladró.
—Me parece que nuestros acompañantes han llegado. Y los compañeros de juegos.
Mookie irrumpió como un torbellino y de inmediato se enzarzó con Yoda en una juguetona refriega. Jones entró pavoneándose y los miró con aire altivo con su único ojo.
—Un hombre agradece ver esta estampa un viernes por la noche.
Sonya inclinó ligeramente la cabeza.
—¿La de perros juguetones?
—La de mujeres guapas. —Trey la levantó en volandas para besarla.
Cleo tiró de la camisa de Owen hacia ella.
—Estas dos mujeres están listas para disfrutar de una buena cena y después un poco de música en teoría por encima de la media.
—Toca Question Mark. Esa es la banda —explicó Owen—. Question Mark.
—Seguro que darán la talla.
—Esta noche me toca conducir a mí, de modo que tendré que escucharlos sin el aliciente de la cerveza.
—Lo superarás. —Con gesto divertido, Cleo agarró de la mano a Owen.
—Bueno, Jack, te quedas al mando.
Trey, también con gesto divertido, agarró a Sonya de la mano.
—¿En serio?
—Es muy responsable —dijo ella mientras se dirigían a la camioneta de Owen. Al mirar hacia atrás, vio la sombra moverse tras la ventana de la biblioteca—. Todos lo son.
Se acomodó en el asiento trasero con Trey.
—Los días se están acortando, y por las noches refresca un pelín. Puede que lamente que llegue el final del verano, pero estoy deseando ver Poole’s Bay en otoño.
—Es un espectáculo —le dijo Trey.
—Tendré los fines de semana para pintarlo —terció Cleo—. Como recompensa por volver al modo trabajo. Y será un respiro de color y belleza frente a la oscuridad y lo siniestro.
—Es un libro alucinante. Me cagué de miedo al leerlo. Y te toca mucho la fibra.
Cleo ladeó la cabeza para mirar a Sonya.
—Entiendo por qué te fascinan sus libros. Consigue meterte de lleno en el ambiente, envolverte en la atmósfera. Lo cual es precisamente por lo que huiría de sus obras como de la peste de no haber aceptado este encargo.
—Lo que engancha tanto en esta historia es que el monstruo en realidad es un tío normal y corriente, hasta que deja de serlo.
Y cuando no lo es, todavía puede mostrar algo de normalidad.
Solo es un tío normal que, por casualidad, se alimenta de la energía y la vitalidad de los jóvenes en un tranquilo pueblo del sur.
—A mí me encantó. Te juro que se consigue apreciar la sensación del musgo que cuelga de los árboles, el olor del sinuoso río que discurre lentamente, el calor sofocante. Me muero de ganas de que publique el segundo.
—No me recuerdes que voy a lidiar con esto dos veces.
—Podría decirte que se trata de ficción. Que los monstruos no son reales. —Owen se encogió de hombros—. Aunque a veces lo son.
—Pues muchas gracias. En vista de que ya estoy al corriente de eso, voy a trabajar en ello solo a plena luz del día.
—La cual se está acortando.
Ante el comentario, Cleo le dio un toque con el puño en el brazo a Owen.
—Es un hecho —afirmó él mientras se internaba en el pueblo.
—Yo te salvaré, Cleo —le aseguró Sonya—. Además, tus ilustraciones van a arrasar. Igual que vamos a arrasar en lo tocante a nuestro monstruo residente, a reabrir el salón de baile y a organizar un fiestón de Navidad por todo lo alto.
—Esta noche estás muy positiva —comentó Trey.
—Así es. Hoy he caído en la cuenta de que he superado mi plazo de tres meses, que era una especie de fecha tope cuando vine aquí, a tomarme ese periodo para ver qué tal me iba.
Pues bien: ya sé cómo me ha ido y cómo me va, de modo que voy a asegurarme de los derroteros que va a tomar.
Entretanto, tengo a mi mejor amiga conmigo, he encontrado a mi primo favorito, tengo un perro adorable y fiel, he conocido a mi abuela biológica y…
—Se ladeó hacia Trey, tomó su cara entre las manos y lo besó—.
Te he encontrado a ti. Son muchas cosas positivas.
Trey posó la mano sobre la mejilla de Sonya.
—Por eso arrasarás en lo tocante a ella.
Al entrar en el restaurante, lo encontraron en plena actividad propia de la noche del viernes. La joven y guapa camarera le dedicó a Trey su sonrisa anhelante antes de desviar fugazmente la mirada hacia Sonya. Con envidia.
—Bienvenidos. Vuestra mesa está lista.
—Hablando de arrasar —murmuró Sonya.
Trey le dio un toquecito.
—Para.
—Esta noche abundan los hechos.
—Ian os atenderá. Enseguida estará con vosotros.
—Una noche ajetreada —comentó Trey.