Los siete anillos (La maldición de las siete novias 3) Capítulo 16 #2
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Capítulo 16 #2

—Tenía una corazonada. —Agarró una mano de cada una y las apretó—. ¿Qué os parece si seguimos hablando de esto durante el postre?

Sonya no había estado tan emocionada con un proyecto desde que se agenció el de Ryder. Sin embargo, sabía que, a diferencia del proyecto de la marca deportiva, es probable que este del museo tardase años en ver la luz.

Tres según los cálculos de Ace, contando con varios meses preliminares —como mínimo— para consensuar esas diferencias y gestionar las cuestiones legales, el proyecto y el presupuesto.

No obstante, la idea de formar parte de un proyecto a largo plazo en su hogar, en su comunidad, se le antojaba más emocionante si cabe.

Con todo, se entusiasmó al cabo de unos cuantos días al abrir un correo electrónico de Carrie, de Bayside Lotions and Potions .

Leyendo entre líneas, se figuró que Hogan había presionado a su madre —posiblemente también a su tía— para realizar la consulta. En el texto, sembrado de dudas bajo un tono cortés, percibió con claridad la notable falta de entusiasmo.

Carrie no estaba convencida de que su negocio necesitara lo que Sonya podía ofrecer.

—Pues te convenceré.

Le había echado un vistazo a la página web y había llegado a la conclusión de que «sosa», el calificativo que usó Hogan, era un gran elogio, además de que en las redes sociales nadie había publicado nada desde hacía más de seis semanas.

Era obvio que no habían pagado a nadie que supiera lo que se hacía para poner el negocio en marcha. En lo relativo al diseño, la web era muy floja. En cuanto a la manejabilidad para el usuario, ni siquiera llegaba a floja.

—Me necesitas —murmuró.

Decidió dedicar un rato a mostrarles por qué.

Subió al cuarto para envolver regalos, dispuso productos sobre la mesa de caza abatible, esparció unas flores junto con algunos cristales de Cleo y lo fotografió con el teléfono.

Bajó el surtido a su cuarto de baño, lo extendió sobre la encimera, hizo más fotos y después otras de artículos individuales.

—Relájate. Mímate. Embellécete —dijo en voz baja—. Algo así.

De vuelta en su oficina, compuso el esqueleto de una página web con un nuevo encabezamiento, una tipografía diferente, un texto más claro y fotos creativas.

Carrie, me alegro de tener noticias tuyas.

Los productos de tu empresa familiar son excepcionales. Me chifla usarlos, y disfruto regalándolos. En mi opinión, se merecen un escaparate más lucido.

Adjunto mi idea para el diseño de la página de inicio. Tan solo es la visión que concibo. Es algo que tú misma podías hacer perfectamente: las fotos, los colores más evocadores, la tipografía más clara. Tienes plena libertad para partir de esta idea y desarrollarla.

Sin embargo, lo que dudo que puedas hacer es mejorar el esqueleto de la página web, la configuración, la velocidad, la operatividad necesaria para que funcione como es debido en dispositivos móviles. Yo puedo ofrecerte ese servicio y mejorar tu visibilidad en las redes sociales.

No quiero agobiarte, pero también sugeriría diseñar un logo que tenga consistencia visual, que refleje la creatividad y el esmero que hay detrás de tus productos.

Por favor, dime si te interesa y, en ese caso, diseñaría una propuesta con mucho gusto. Tómate el tiempo necesario para discutirlo con tu familia.

Considera el archivo adjunto un agradecimiento por presentarme los productos de Bayside Lotions and Potions .

Con mis mejores deseos,

Sonya MacTavish

Tras enviarlo con el archivo adjunto, decidió hacer un descanso.

Se encontró a Cleo en la cocina llenando su botella de agua.

—Estaba a punto de irme. Pasaré por Bay Arts y después iré a Gull Lane. Me gustaría pintar la antigua escuela.

—Vaya, es una idea genial. A lo mejor puedes incluir el cuadro en la exposición del mes que viene.

—Puede, pero creo que en ese sentido ya está casi cerrado.

—Madre mía, estoy emocionada.

—Y yo. Para mí va a ser un comienzo de otoño divertido. —Hizo una pausa y bebió un sorbo de agua—. Voy a echar de menos empaquetar los materiales de arte e ir donde se me antoje cualquier día que me apetezca. Mi periodo sabático está a punto de finalizar.

—Cleo, sabes que, si eso es lo que quieres, eso es lo que deberías hacer.

—Ya. Pero me encanta mi trabajo diario. De hecho, he recibido dos ofertas. Una la voy a aceptar fijo, y la otra… Creo que estoy harta de darle vueltas a la cabeza, y que también la aceptaré. Lo más seguro.

—Cuenta, cuenta.

—De la autora del libro favorito de la nieta de Burt Springer.

— Las princesas llevan pantalones. Me acuerdo.

—Ilustré dos más para ella, y quiere que haga también el próximo. No empezaría hasta dentro de un par de semanas, ya que ella aún está puliendo el texto. Como es obvio, no quiero que otra persona se encargue de ello.

—Es genial. ¿Cuál es la otra oferta?

—Es algo diferente en mi caso, por eso quería meditarlo bien. Sé lo que opinarás.

Sonya se rio.

—Dime lo que opinaré.

—Tú lees a Jonah T. Long.

—Sí, como millones de personas más. Es magnífico. Terrorífico y magnífico. Nunca te he convencido para que pruebes a leer uno de sus libros.

—Porque es terrorífico. Está escribiendo uno de género juvenil.

—¡No me digas! Eso es algo diferente en su caso también.

—Supongo que sí. Será una serie de tres libros, una trilogía. Quiere ilustraciones en los capítulos. Son veinte capítulos, veinte ilustraciones, además de otra para la portada, posiblemente al estilo de El final por ahora , y un diseño para la cubierta. Me quiere a mí.

—¡La leche, Cleopatra! ¡Qué fuerte! —Con un chillido, Sonya agitó las manos en el aire—. ¡Es la caña! ¡Tienes que hacerlo!

—Sabía que dirías eso.

—¡Porque tienes que hacerlo! —Agarró a Cleo de los brazos y se puso a brincar. Como Yoda se puso a dar brincos con ella, se rio y lo dejó salir—. Jonah T. Long es un autor superventas perenne por una razón. No es casualidad que sus libros hayan inspirado películas aclamadas.

—Sí, me lo has comentado a menudo. Van a enviarme el manuscrito.

—¡Oh! ¡Oh! Tienes que prestármelo. Te juro que me compraré el libro, pero he de leerlo.

—El caso es que, para aceptar el encargo, para realizarlo, no me queda otra que leerlo. Y que ilustrarlo con cosas siniestras en consonancia, cosa que jamás he hecho, por una razón.

—Pero puedes, y lo sabes. ¡Arrasarías! ¡Jonah T. Long te quiere a ti, Cleopatra Fabares! Por lo tanto, es obvio que conoce tu trabajo y te admira.

Su entusiasmo era contagioso, de eso no cabía la menor duda. Lo único que a Cleo le preocupaba era que ese contagio resultara ser un virus debilitante.

—Lo primero que pensé fue que lo leyeras tú y que me aconsejaras cómo ilustrarlo.

—Sabes que así es imposible que funcione. ¡Pero voy a leerlo!

—Ya sé que así es imposible que funcione, pero, qué demonios, voy a aceptar el encargo de todas formas.

—¡Yupi! —Sonya sujetó a Cleo de la barbilla y le movió ligeramente la cabeza de un lado a otro—. Cleo, vives en una casa plagada de fantasmas, incluido el de una chiflada. No puedes tener miedo de leer un libro.

—Sí que puedo. Y tú no has leído ninguna de tus novelas de terror desde hace meses.

—Ya, pero voy a leer esta.

Agarró a Cleo de nuevo, la abrazó y se puso a dar botes.

—¡Es una pasada para ti! Va a ser increíble.

—Ya veremos. Debo irme a aprovechar lo que queda del verano. Y a mandarle un mensaje a mi editora.

—¡Yupi! —exclamó Sonya de nuevo y, cuando Cleo se marchó, se puso a bailar por la cocina.

Mientras Cleo exprimía el verano lo máximo posible conforme transcurrían los últimos días del caluroso mes de agosto, Sonya sacó adelante más trabajo a lo largo de la jornada con el fin de disponer de ratos para su búsqueda.

Consideraba que, aunque no deparara nada más, era un modo de honrar su legado, la casa solariega y la historia familiar de su padre.

Sacó tiempo para elaborar el diseño del salón dorado. O lo que sería, cuando reclamara la potestad de la sala, la galería de la familia y las amistades.

Se desplazó en dos ocasiones a Portland, donde se recreó fotografiando las vallas publicitarias de Ryder que había diseñado. Acompañada por Burt Springer, recorrió el edificio de la empresa pertrechada con un casco de seguridad para cruzar las zonas que aún se hallaban en obras.

Transcurrió una semana —Sonya asumió que con algún que otro tira y afloja familiar— hasta que Carrie accedió a actualizar la página web y los folletos y diseñar nuevas tarjetas de visita para Bayside Lotions and Potions .

Sonya lo consideró un triunfo para sí misma, y para el joven Hogan.

Al término de una jornada de trabajo, Cleo entró en la biblioteca.

—Son, tenemos una cita esta noche.

—Ya, estoy terminando.

Cleo se giró y examinó el panel de ideas para la nueva clienta.

—Es muy pero que muy bonito. Me gusta la forma en la que estás jugando con la magia natural, con los ingredientes orgánicos, con la empresa familiar.

—Carrie ha dado el visto bueno, pero no al cien por cien.

—Lo hará cuando termines.

—Ese es el objetivo. Y… Listo, hasta el lunes.

Apagó el ordenador y cruzaron el pasillo juntas, con la gata y el perro pisándoles los talones.

—Esta noche, cena en el Lobster Cage y después un poco de música local en el garito del pueblo.

Cleo se detuvo en el umbral de su habitación.

—Una vida de lujo en Poole’s Bay. Mañana, a currar en el salón de baile, y el domingo, a navegar.

—Los fines de semana que a mí me gustan.

Sonya continuó por el pasillo hasta su cuarto, donde encontró que Molly había elegido un vestido azul y, como ya comenzaba a refrescar por las noches, una chaqueta corta blanca.

—Me gusta. Han sido un par de semanas ajetreadas. —También de tranquilidad, pensó, mirando hacia arriba—. Será agradable pasar la noche fuera.

Antes de nada, se dirigió a la puerta doble de la terraza y la abrió de par en par. Al contemplar el mar, pensó que llevaba allí seis meses, el doble de tiempo del periodo de prueba de tres meses que se había dado a sí misma cuando viajó a la casa solariega por primera vez.