Los siete anillos (La maldición de las siete novias 3) Capítulo 10 #3
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Capítulo 10 #3

—Da igual. Poner los cuernos es poner los cuernos. Él jugó con ella, jugó contigo y, cuando le diste una patada en el culo, se figuró que te convencería para que volvieras con él. No pudo porque no eres ninguna idiota. Porque tienes dignidad y principios, caray.

»Desde mi punto de vista, eso hizo que estallara.

El hecho de no poder salirse con la suya, de que rompieras el compromiso…

hizo que se sintiera avergonzado, le hizo quedar como lo que es: un perdedor.

Como él no podía consentir eso, hizo todo lo posible por culparte a ti.

Aunque eso en realidad tampoco le funcionó.

—Me obligó a marcharme de By Design.

Con la furia patente en su mirada felina, Cleo negó con el dedo en el aire.

—¡De eso nada! Tú tomaste una decisión, la correcta. Pero Matt y Laine, sabiendo lo que había sucedido, le perdieron el respeto en gran medida. No podían despedirlo por haberte engañado, pero él sabía, sin más remedio, que lo miraban con otros ojos. Que lo despreciaban.

Cleo continuó:

—No podía permitirlo, de modo que saboteó tu trabajo, y me quedo corta. Fijo que descorchó una botella de champán cuando renunciaste a tu puesto. Pero ¿qué pasó? Que montaste tu propia empresa, y te ha ido de fábula. Fijo que eso le tocó las narices a base de bien.

Fuera de sí, Cleo movió los brazos con un ademán.

—Luego, madre mía, recibes una herencia descomunal.

Ahora resulta que la mujer que lo dejó plantado es rica, tiene un casoplón y su propia empresa.

Eso le toca más las narices, le revienta.

Pero ¿lo de Ryder? ¿Que hayas conseguido el encargo de Ryder Sports en vez de él?

¡Uf! Para colmo, lo ponen de patitas en la calle por arremeter contra ti, por mentir descaradamente.

—En resumidas cuentas —dijo Sonya cuando Cleo hizo una pausa para respirar—, que soy la razón de todos sus males desde el verano pasado.

—Eso es lo que piensa con su diminuto pene y su enorme ego. Además, te tiene envidia porque, para él, tu vida es un lecho de rosas y él ansía formar parte de ella. Y, como para él no eres más que otra mujer influenciable, se cree capaz de persuadirte.

—O sea, para sacar tajada de la herencia y menoscabar el prestigio de Visual Art antes de dejarme tirada. Ese es el meollo del asunto, ¿verdad? Necesita dejarme tirada. Recuperarme, aprovecharse de lo que pueda y luego romperme el corazón y dejarme tirada.

—Tengo la sensación de que, cuando los Doyle y tú le deis un escarmiento, se dará por vencido e irá en busca de otro subidón de ego y otro filón.

—La cuestión nunca fui yo. —Menos agotada y abatida, Sonya se reclinó—. Ahora tampoco lo soy. Yo fui, bueno, una especie de marca, ¿no? Marcaba suficientes casillas para él, eso es todo. ¿Es un disparate que eso me haga sentir mejor?

—No, qué va.

—Bien, porque me siento muchísimo mejor.

Primero con Trey, con su indignación cociéndose a fuego lento en silencio y su argumentación de lógica legal, ahora tú, con tu arrebato de indignación en plena ebullición y tu sensata evaluación psicológica.

Y antes, que hayan salido en mi defensa los fantasmas y las mascotas.

Definitivamente, me encuentro mejor respecto a todo lo sucedido.

—Bien, y cuando pongas al corriente a Winter, te reconfortará la furia de una madre.

Cuando Trey salió al porche, Cleo se levantó y fue a su encuentro, le dio un buen abrazo y le plantó un beso.

—Yo también me alegro de verte.

—Cualquiera que arremeta contra mi amiga del alma arremete contra mí. Cualquiera que dé la cara por ella da la cara por mí. Anda, siéntate con ella un rato. Tengo que guardar la comida y ponerme con la cena.

—Ya la he guardado yo; Owen va a traer la cena. Pensamos que era una buena noche para tomar pizza.

—¿Cuándo si no? Entonces voy a abrir una botella de vino.

—Está abierta, oxigenándose encima de la isla.

—Me gustan los hombres que piensan en todo. —Contenta, lo besó de nuevo—. Voy en un momento a por copas y a preparar unos crudités.

Cuando entró, Trey tomó asiento y, tras escudriñar a Sonya durante unos instantes, sonrió.

—Estás recuperándote, ¿a que sí, guapa? Siempre lo haces.

—Si me da por calentarme la cabeza, simplemente visualizaré su expresión cuando salió pitando de la casa. Está justo al lado de la imagen de Dobbs cuando la golpeé con la piedra.

—Como Owen ya está al tanto, no tendrás que relatarlo de nuevo. Y mi padre está redactando un escrito para el gilipollas.

—¿Un escrito?

—Muy formal, muy legal. Eso se le da fenomenal.

Básicamente, un cese y desista en el que se menciona el acoso previo a la presentación para Ryder, el incidente de hoy y la amenaza al término.

Que se interpondrán acciones legales, blablablá, si persiste en dichos actos, si te desacredita, a ti o a tu empresa, etcétera. Te pondrá en copia cuando lo termine.

—Cubriendo todas las bases legales.

—A eso nos dedicamos. Están que echan humo.

—¿Están?

—Como Ace se encontraba con él cuando lo he llamado, es de esperar que, entre los dos, el escrito sea frío como el hielo y cristalino.

—Gracias. Gracias por venir aun cuando yo prefería que no lo hicieras, y por hacerme entender lo que ahora tengo clarísimo que es necesario hacer.

—Es preciso que pague un precio.

—Sí, sí, así es. Y tú te asegurarás de que lo haga. Ahora he de dar cuenta del incidente otra vez. Tengo que subir a llamar a mi madre por FaceTime. No —corrigió—, voy a por la tableta y a hacerlo aquí mismo, para que vea que tú y Cleo estáis conmigo. Así se quedará un poco más tranquila.

Regresó con la tableta; Cleo sacó el vino y los crudités.

—Allá voy.

Winter respondió a la llamada.

—¡Qué gusto! Una llamada de mi niña después de un largo y ajetreado día.

La primera reacción de Sonya fue la sorpresa.

—¡Qué pelo!

—Ah, sí. —Con una risita, Winter se llevó una mano al pelo, con un estilo pixie más corto y el flequillo ladeado—. Un impulso del sábado por la tarde para el verano.

—¡Me encanta!

Cleo se inclinó hacia delante para verla.

—¡Y a mí! Qué atrevida, Winter.

Con otra risa, Winter se ladeó y miró con descaro por encima de su hombro.

—Así soy yo, y el gusto es mayor con mis dos chicas. Madre mía, ¡estáis guapísimas!

—Trey está aquí también. Estamos sentados en el porche tomando un vino. Deberías ir a por una copa y unirte a nosotros.

—Pues no es mala idea. ¡Hola, Trey!

—Hola. A mí también me gusta tu corte de pelo.

—Me apetecía un cambio. Da la impresión de que hace un día agradable en Maine. Aquí acaba de parar de llover. No veo a Owen.

—Va a traer pizza —dijo Sonya.

—Qué buen plan. Lástima que no reparta en Boston.

—Mamá, tengo que decirte que Brandon se presentó aquí hace un rato.

Winter se quedó inmóvil cuando hizo amago de levantar la copa de vino.

—¿Qué? ¿Cómo?

—Estoy bien y, con un poco de ayuda de Clover, Jack, mi perro y la gata de Cleo, lo eché con cajas destempladas.

Winter respiró hondo.

—¿Qué quieres decir con que lo echaste con cajas destempladas? ¿Es que entró a tu casa? Qué cara más dura tiene ese desgraciado. Tengo clarísimo que no lo invitaste a entrar, de modo que eso es allanamiento de morada. Voy a hablar con mi jefe para emprender acciones legales contra él.

—Ya están en marcha —terció Trey.

—De acuerdo, claro. Voy a tomarme un respiro. —Después, bebió un poco de vino—. Quiero saber qué ha pasado.

Así pues, Sonya narró el episodio una vez más, y le resultó más fácil porque, en lo relativo a algunas preguntas, entre Trey y Cleo proporcionaron las respuestas.

Al final, Winter asintió con la cabeza, incluso sonrió.

—Clover y Jack. Apuesto a que le dieron un susto de muerte.

Y tú le plantaste cara, Sonya. Qué…, bueno, capullo.

No puede soportar tu éxito, cariño. A la mujer que le dio una patada en su culo de infiel hace un año le va de fábula, y no puede soportarlo.

Sin embargo, es necesario que pague las consecuencias.

Trey, ¿puedes enumerarme los cargos? Voy a tomar notas y, si no te importa, me gustaría informar de esto a mi jefe.

—Claro que sí, y no me importa. —Empezó a enumerar—: Allanamiento de morada.

Cuando estaba finalizando la lista, Owen apareció en el porche con Jones. Como Cleo le había dejado una nota pegada en la puerta de la nevera, se había saltado la cerveza. Se sirvió un vino.

—Hey, Winter.

—Owen. Ya está ahí la pandilla al completo.

Owen miró largo y tendido a Trey. Trey se limitó a negar con la cabeza.

—No, no vamos a ir a Boston para que me sujetes el abrigo metafóricamente mientras le doy una paliza. Los puñetazos solo duelen durante un rato. Mi estilo va a infligirle un dolor más intenso y duradero.

—¿Por qué no ambas cosas?

—Si nos detienen por agresión, el dolor intenso y duradero se mitiga.

—Pues una servidora aquí sentada está de acuerdo con los dos.

Mi instinto se inclina por esa paliza, Owen —comentó Winter—.

Pero mi cerebro tiene que estar de acuerdo con Trey.

Me gustaría tener una copia del cese y desista, si no hay inconveniente.

Y no te preocupes, Sonya, francamente, dudo que se presente aquí.

De todas formas, si lo hiciera, no entrará y llamaré a la policía.

Desde mi punto de vista, su asombro por el hecho de que lo detengan y le imputen cargos será suficiente para que mantenga las distancias.

—Es lo correcto.

—Ya es hora de que meta todas las cosas de Brandon Wise en un saco, le enganche un ancla y lo lance por la borda.

—Me gusta la imagen. Anda, id a comeros vuestra pizza. Me parece que voy a pedir una para mí.

—Te quiero, mamá.

—Y yo a ti, cariño. Y eso va para todos los demás. Hablamos pronto.

Cuando Sonya colgó, soltó una bocanada de aire.

—Está disgustada y enojada, pero lo ha gestionado bien. Siempre lo hace.

—Da la impresión de que en eso te pareces a ella. —Owen añadió—: Una cosa más: antes de que enganches el ancla, si cambias de parecer en lo tocante a la paliza cuenta conmigo.

—Me guardaré ese ofrecimiento en la reserva. Bueno, ancla enganchada, saco lanzado. ¡Splash! Vamos a por la pizza.