Los siete anillos (La maldición de las siete novias 3) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

—Y tendré que contárselo a Cleo cuando vuelva a casa. Y Owen también ha de estar al corriente. Maldita sea, tengo que contárselo a mi madre por si él intentara hostigarla. —Bajó la vista hacia su perro—. Cometes una equivocación estúpida con un cretino y mira lo que consigues.

Telefoneó a Trey.

—Hola, guapa. ¿Todo bien?

—Sí, estoy bien, estoy bien, y hago hincapié en eso. Pero quería que supieras, para evitar males mayores, que Brandon Wise ha estado aquí.

—¿Que ha ido a la casa solariega?

—Sí, se ha colado en plan matón y…

—Voy para allá.

—Trey, se ha ido. Conseguí echarlo… con un poco de ayuda por parte de Clover y Jack. Y de Yoda y Pyewacket.

—Voy para allá —repitió él en un tono que destilaba absoluta calma—. Quédate dentro.

Como colgó, ella suspiró y guardó el teléfono en el bolsillo.

—Vaya por Dios.

Decidió permanecer sentada allí mismo hasta imbuirse de la calma que Trey destilaba.

No esperó mucho. A su llegada, Mookie entró como una exhalación para saludarla, y a Yoda y a Pye. Sonya concluyó que el imperturbable Doyle había rebasado todos los límites de velocidad.

Lo había visto enojado en varias ocasiones, pero esta vez percibió su ira, apenas contenida.

—Sé que estás disgustado —empezó a decir—. Yo también, pero…

Él clavó los ojos en el brazo de Sonya, donde su mirada pareció arder.

—Tienes un moretón en el brazo.

Ella bajó la vista fugazmente.

—Bah, no es nada. Es que…

—Sonya.

El tono de suma paciencia mezclada con indignación latente con el que pronunció su nombre hizo que ella se abstuviera de quitarle hierro.

—Vamos a sentarnos para que me cuentes exactamente qué ha pasado.

—Está bien, está bien.

Ella no tenía claro si él estaba en plan novio o abogado. En cierto modo daba la impresión de que ambas cosas. A lo mejor, pensó, siempre era así.

Con la sensación de que había magnificado todo, Sonya tomó asiento en el salón.

—Has dicho que se coló en plan matón. Entonces ¿no le dejaste entrar, no accediste a que entrara?

—¡Qué va! Le dije que se fuera inmediatamente (cuando se me pasó el shock de verlo en la misma puerta), que aquí no era bien recibido.

—¿Con esas palabras?

—Sí. Pero él no sé cómo me apartó…

—¿Te puso las manos encima?

—Más o menos. O sea, me dio un empujoncito y entró. Se puso a hablar sobre la casa, y pretendía que metiera a Pye en algún sitio porque es alérgico a los gatos. Me negué.

Cuando se dio cuenta de que estaba hablando a borbotones, hizo una pausa, inhaló y exhaló mientras Trey la observaba. Mientras la tomaba de la mano.

—Tómate tu tiempo.

—Dijo… que debía ofrecerle algo de beber. Yo dije que no y le ordené, de nuevo, que se marchara.

—¿Lo hizo?

—No. Trey…

—Sonya, en Maine existe una estricta legislación en lo que concierne al allanamiento de morada. Y si te hizo ese moretón en el brazo, se trata de un allanamiento de morada con violencia. Cuéntame el resto.

Al hacerlo, observó cómo la rabia afloraba a la superficie cuando le dijo que Brandon la había agarrado del brazo. Abrigaba la esperanza de quitarle hierro al mencionar la ayuda fantasmal, pero al parecer no surtió efecto.

—Salió pitando en dirección a su coche, Trey. Estornudando. Diciendo: «Lamentarás esto» —añadió, adoptando un tono de voz grave e imitando los estornudos con tres burlones achís.

Sin darle tiempo a Sonya a reírse, Trey asintió con la cabeza.

—Eso es una amenaza. Es allanamiento de morada con violencia, agresión, intimidación y amenaza verbal. ¿Tienes sus datos de contacto?

—Supongo que sí, a menos que los haya cambiado.

—Los necesito.

—¿Para qué?

—Para solicitar la orden de arresto.

Ella se quedó boquiabierta durante unos instantes.

—Ay, Trey, no quiero que hagas eso.

—Ya lo creo que sí. —Levantó una mano sin darle tiempo a rebatirlo—. En primer lugar, ¿acaso quieres que vuelva?

—No, ni pensarlo. Pero, francamente, dudo que lo haga después de lo ocurrido.

—Vamos a asegurarnos. En segundo lugar, dado que ahora tiene su propia empresa, ¿es que quieres que malmeta con tus clientes lo mismo que intentó hacer con Ryder?

—Él… —Cuando Sonya se disponía a responder que él no haría eso, cayó en la cuenta de que por supuesto que sí lo haría—. No, no.

—Entonces deja que nos ocupemos de esto en el bufete. Yo me dedico a esto, Sonya. Déjame hacer lo que sé hacer. Vas a dar parte a la policía.

—Ay, por Dios.

—Él también sabe dónde vive tu madre, Sonya.

Eso dio en el blanco al que él había apuntado. ¿Acaso ella no se había planteado ya la posibilidad de que él acosara a su madre?

—Vale. —Se sacudió el pelo y, acto seguido, se lo sacudió de nuevo—. Voy a ponerla al corriente del percance. No quiero que la moleste, así que, de acuerdo. ¿Cuál es el siguiente paso?

—Llamar a la policía. Interponer una denuncia por allanamiento de morada con violencia, agresión y amenaza verbal.

Solicitaré una orden de alejamiento. Te la concederán.

Él irrumpió por la fuerza en tu casa (lo que legalmente se denomina morada) sin tu consentimiento y después de negarle el acceso.

Hizo caso omiso cuando le ordenaste que se marchara, te agredió física y verbalmente.

—La leche. ¡Señor! ¿Va a haber un juicio?

—Si es listo o consigue un buen abogado, se alcanzará un acuerdo para rebajarlo a un delito leve, por el cual podría pasar un año en la cárcel y pagar hasta un máximo de dos mil dólares.

Cuando a Sonya se le desencajó la mandíbula, Trey le estrujó la mano.

—Si consiguiera rebajar el delito a falta, pagaría una multa y lo más probable es que le concedieran la libertad condicional en vez de condenarlo a una pena de prisión.

Las consecuencias la dejaron algo estupefacta.

—He de preguntarte una cosa antes de emprender acciones.

—Adelante.

—¿Quieres que haga todo esto porque estamos juntos? ¿Es algo personal?

Él inclinó la cabeza y rozó los labios con los de Sonya.

—Por supuesto que es algo personal. Y, si un completo desconocido irrumpiera en mi despacho, tomara asiento y me contara todo esto, le aconsejaría exactamente lo mismo.

Ella soltó una bocanada de aire.

—Vale, llamemos a la policía.

Una hora después, cuando Cleo entró, enfiló derecha hacia Sonya.

—Me he cruzado con un coche de policía en Manor Road. ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

—Estoy bien, ahora te cuento. Necesito tomar el aire sin falta.

—Salgamos al porche trasero. Trey, he dejado las bolsas de la compra en el coche.

—Yo me encargo. He de hacer unas llamadas.

Sonya se detuvo en la cocina para coger una Coca-Cola y le ofreció otra a Cleo.

—Y eso que estaba teniendo un día la mar de bueno…

—¿Qué diablos ha pasado? ¿Ha sido Dobbs?

—No. De todas formas, fijo que ha disfrutado. Brandon. Salgamos. Yoda, Pye, Mooks, vamos. Salgamos todos.

—¿Qué ha hecho ahora ese cabronazo falso y baboso?

—Se ha presentado aquí —respondió Sonya al tiempo que la seguían.

Cleo se paró en seco.

—¿Aquí? ¿En la casa solariega? ¿Qué narices le pasa? ¿Qué quería? ¡No le habrás dejado entrar!

—Primero respondo a la última pregunta. —Agotada por todo, Sonya se dejó caer en una butaca—. No, qué va, pero entró de todas formas. No sé qué narices le pasa, pero el caso es que pensó que podía convencerme para atraparme de nuevo, a nivel personal y profesional.

—Necesito detalles. Seguro que avisaste a Trey. ¿Echó a patadas al muy capullo?

—No, lo hice yo, con un poco de ayuda de Clover y Jack. Y de Yoda y Pye. Se presentó aquí de improviso, Cleo.

Mientras ella relataba el episodio otra vez, Cleo se levantó y se puso a caminar de un lado a otro y a soltar improperios, a soltar improperios y a caminar de un lado a otro.

A Sonya le vino a la cabeza que Trey mantenía su ira a buen recaudo, mientras que Cleo le daba rienda suelta. Y quería a ambos con locura.

—Se cree muy listo, más listo que el hambre. Es peor que una rata inmunda. Te ha hecho esos cardenales y se merece una paliza, una buena paliza.

Cleo levantó las manos con un ademán.

—Jo, ¿por qué me habrá pillado fuera? Te juro que le habría dado un buen zasca.

—Supongo que va a recibir un zasca, en el sentido legal, porque enfrentarse a Trey en estas cosas es como tratar de levantar una roca con un puñado de fideos cabello de ángel pasados.

Cleo se detuvo.

—¿Qué clase de zasca?

—Cargos por allanamiento de morada, que aquí equivale a… Madre mía, me parece que ha dicho un delito leve. Por agresión física y verbal. Y voy a solicitar una orden de alejamiento.

Cleo rotó los hombros hacia atrás y asintió con la cabeza bruscamente.

—Me parece estupendo. Preferiría mancharme las manos de sangre, pero me parece estupendo. Lamento no haber estado aquí.

—No estaba sola.

Tras asentir con la cabeza, Cleo finalmente se sentó y agarró la mano de Sonya.

—Doy gracias por eso, y seguro que consiguieron que se fuera con el rabo entre sus flacuchas piernas. La próxima vez no abras la puerta hasta que sepas quién es.

—Es lo mismo que me han aconsejado Trey y el ayudante del sheriff.

—Tienes que contárselo a tu madre.

—Lo haré. Saldrá del trabajo en breve y prefiero esperar hasta que esté en casa.

—Estás agotada.

—Lidiar con él es agotador. Por Dios, Cleo, por el amor de Dios, ha pasado un año desde que lo pillé con Tracie, lo puse de patitas en la calle y rompí el compromiso. ¿Cómo es posible que no lo haya superado?

—Te diré lo que opino: él tenía esa tendencia. Lo disimulaba muy bien, pero ahí estaba. A toro pasado, es patente.

—Sí. —Qué deprimente, pensó Sonya, además de agotador—. Ver las cosas a toro pasado es una buena manera de sentirme como una idiota.

—Ni lo eres ni lo fuiste. Él te conquistó, Son, y lo hizo puñeteramente bien. Pero es de esos tipos que ansían tenerlo todo, así que conquistó a Tracie, tu propia prima, a espaldas de ti. Y quizá no fuera la única.

Sonya abrió la boca y, acto seguido, la cerró. Seguidamente dejó caer la cabeza entre las manos sin más.

—Vaya mierda, eso no se me había pasado por la cabeza hasta ahora.