Capítulo 7 #3
—¡Fíjate! Jack te ha dibujado. ¿A que eres una monada?
Conmovida y agradecida, dejó el dibujo sobre el escritorio y, una vez que Yoda se repantigó debajo, tomó asiento y encendió el ordenador.
—Vale, Clover, estoy lista.
Come Monday [«La llegada del lunes»] marcó el inicio de la lista de reproducción de la jornada.
—Y esta es nuestra dinámica.
Pasó dos horas seguidas enfrascada en el trabajo hasta que Cleo asomó por el pasillo arrastrando los pies.
—Espera un momento. Me gustaría enseñarte algo.
Cleo se detuvo.
—¿No será algo malo? Antes del café no.
—No, qué va. —Sonya cogió el dibujo y salió al pasillo—. Esto estaba encima de mi escritorio esta mañana.
—¡Oh, Son! Es muy bueno, y qué detalle más lindo. Tienes que enmarcarlo.
—Lo haré. Y he pensado comprarle un kit de arte.
—Yo podría reunirle materiales, pero un kit propio es aún mejor. Me encanta esto, qué buen comienzo del día. Owen dijo que habría tormenta a media tarde.
—¿Cómo lo sabe?
—Lo sabe, y punto. Así que voy a empezar mi versión estival del árbol de ahí fuera para estar más cerca de casa. Me parece increíble que esté manteniendo una conversación antes de tomar café. Adiós.
En vista de que Yoda y Pye siguieron a Cleo escaleras abajo, Sonya se figuró que los dejaría salir y que les abriría la puerta para que entraran después de tomarse el café.
Hizo una pausa alrededor del mediodía para tomar un chute de Coca-Cola, un melocotón que sabía a verano y unas galletas saladas con mantequilla de cacahuete que le recordaron su infancia.
Cuando se disponía a regresar arriba, se asomó a la parte delantera de la casa. Cleo se hallaba sentada frente a su caballete, Yoda echando una cabezada al lado y la gata tomando el sol en la escollera.
—Todo en orden.
Segundos después, sonaron las campanadas del timbre. Aunque le dio un vuelco el corazón, simuló un bostezo.
—Me aburres.
Acto seguido los golpes se sumaron a las campanadas, pero ella hizo oídos sordos y enfiló hacia la biblioteca.
—¿Te estás poniendo nerviosa, Hester?
Se lo tomó como un pequeño triunfo.
Los pequeños arrebatos de ira requerían energía, pensó, y no tenía el menor inconveniente en que Dobbs la desperdiciara.
Se acomodó junto a su escritorio mientr as sonaba We’re Not Gonna Take It [«No lo vamos a consentir»].
—Ahí le has dado.
Su actitud desafiante incluía hacer oídos sordos al ruido, y apenas se percató cuando cesó. Continuó absorta en el trabajo mientras los truenos sonaban con estruendo y cayó en la cuenta de que había pasado por alto el paseo de la tarde.
Oyó entrar a Cleo y, poco después, subir las escaleras.
—Me voy al estudio un rato. Hay salmón con arroz y zanahorias confitadas para cenar.
Sin apartar los ojos de la pantalla, Sonya levantó el pulgar.
Poco después, mientras la lluvia repiqueteaba, oyó el sonido de la pelota rodando en la planta baja y a Yoda corriendo tras ella.
Sonriendo, pensó de nuevo: «Todo en orden».
Así continuó en el transcurso de la noche, del día siguiente y el posterior. Sonya consideraba que la rutina era una bendición, y tan solo la rompió cuando recibió el vestuario de Ryder.
—¡Madre mía! ¡Madre mía!
Mientras Cleo hacía recados, Sonya acarreó una caja tras otra hasta la biblioteca y consideró que eso compensaba el entrenamiento que se había saltado esa mañana.
Abrió las cajas, desempaquetó los artículos, los escudriñó y los admiró. Después, los clasificó poniendo los nombres en las etiquetas.
Para cuando terminó, pensó que su oficina parecía una tienda de artículos de deporte de primera calidad.
Al oír a Cleo bajó al trote las escaleras de nuevo.
—Han llegado las cosas de Ryder.
—¡Madre mía! ¡Madre mía!
—¡Lo mismo que he dicho yo!
Llevaron las bolsas de la compra y las flores dentro y guardaron la comida.
Seguidamente, Cleo miró la gran cantidad de flores.
—Molly, ¿me harías el favor de ocuparte de ellas?
Clover respondió por ella poniendo With a Little Help from My Friends [«Con un poco de ayuda de mis amigos»].
—¡Sí! —Cleo se frotó las manos—. ¡Vamos! Me muero de ganas de ver mi modelito de yoga.
—Es chulísimo. He de decirte que han descartado la idea de que poses repantigada y prefieren que navegues.
—Por mí perfecto.
—Con Owen, en The Horizon. La idea me vino a la cabeza cuando te dejó que te pusieras al timón y les envié una foto. Puede que a Corrine se le ocurra algo mejor, pero esa es la idea.
—Quiero ver el modelito.
Cleo se detuvo en el umbral de la biblioteca, boquiabierta.
—¡La leche!
—Lo sé. He tardado un siglo, y eso que ni siquiera he desembalado el equipamiento deportivo. —Señaló hacia las cajas que había junto a la escalera de caracol que conducía al segundo piso.
—Diría que debiste esperar a que llegara para echarte una mano, pero yo tampoco lo habría hecho.
—Tus cosas están ahí.
—¿Zapatos? —Cleo destapó una caja—. Oh, mira qué mocasines más chulos. —Se quitó las sandalias de inmediato para probárselos—. ¡Me quedan bien, son cómodos y monísimos!
Sacó de la caja unos pantalones blancos justo por debajo de la rodilla y, típico de ella, se quitó los suyos a tirones para probárselos.
—Son de mi talla —afirmó antes de quitarse la camisa para enfundarse una camiseta sin mangas de rayas azul marino y blancas—. Necesito un espejo.
Como salió pitando, Sonya cogió su ropa y la siguió.
En su dormitorio, Cleo se volvió hacia el espejo.
—Esto funciona. Estoy estupenda, la verdad sea dicha.
—Pues sí. Les dije que Owen no encajaba en el perfil de esos tíos con pantalones blancos, de modo que los suyos son de un azul apagado (con un toque como desvaído por el sol), con una camiseta azul marino de manga corta de licra.
—Para lucir esos pectorales.
—Lo has pillado. Y unos zapatos náuticos marrones. Ahora pruébate esto.
—¡Yoga! Uy, me chifla el color, el lila pastel. Un sujetador de deporte de talle bajo en vez de un top.
—Para lucir esos abdominales.
Cleo se cambió y se miró en el espejo desde todos los ángulos.
—Es ideal, y me encantan las mallas sin costuras. Pero necesito hacerme la pedicura (en un color similar) y la manicura francesa. Pediré cita hoy.
—También han enviado una esterilla de yoga. Es como del color del amanecer, de una tonalidad rosácea con un matiz dorado, sin estampado. No quieren desviar la atención de ti, del jardín.
—Este trato es un chollo para mí.
—Tenlo presente cuando te toque madrugar para dar la bienvenida al amanecer. Anda, quítate eso. No quiero que le pase nada antes de la toma. Avísame cuando tengas la cita para las uñas y lo coordinaré con Corrine.