Capítulo 6 #2
—Me estanco en la rutina.
—¡No me digas! —comentó Cleo desde el asiento trasero.
—No hace falta que te lo diga. Probablemente tampoco hace falta que se lo diga a ninguno de los presentes. Me refiero a que es agradable que me saquen de mi zona de confort una noche.
Añadió una amplia sonrisa.
—Podíamos jugar un poco al billar.
—Claro. ¿Has jugado alguna vez?
—Algo así. A golpear la bola con el palo para colarla en el agujero.
—Me parece que eso es el golf —dijo Owen.
—Es más o menos lo mismo, pero sin necesidad de golpear tan fuerte ni caminar tan lejos.
—Bueno, es una forma de verlo —concluyó Trey.
—El concierto no empieza hasta dentro de media hora. Jugaremos una partida antes.
—Supongo que tú juegas —le dijo Cleo a Owen.
—De vez en cuando. Os lo pondremos fácil.
—Qué guay.
Aparcaron en la calle y caminaron hasta Maloney’s, donde Hot Dog de Led Zeppelin sonaba en el e quipo de música. En la pantalla colgada sobre la barra, con ocho taburetes y un rústico camarero con barba, los Orioles y los Yankees disputaban la tercera entrada del partido. Sin estrenar el marcador.
Las mesas atestaban el local, con una especie de anexo para la mesa de billar y una gramola. Las paredes —de troncos de imitación y grueso mortero gris que posiblemente fuera blanco en su época— estaban decoradas con carteles de varias cervezas y frases ingeniosas como:
P ERDÓN , ESTOY PEDO
Owen le hizo una seña a una camarera con el pelo morado, un arete en la nariz y los brazos tatuados y apuntó con el dedo hacia una mesa. Ella le hizo un guiño y, haciendo un mohín con sus labios de un rojo muy muy oscuro, le lanzó un beso.
—Si os apetece jugar una partida, tenemos una reserva.
—Me encanta tener amigos en garitos. —Cleo se plantó una mano en la cadera—. Voy a arriesgarme con el vino. Venir a un sitio como este y no beber (a menos que te toque conducir) es un auténtico despropósito.
—Yo me encargo. Coloca las bolas, Owen.
Mientras Trey iba a la barra, Owen se puso a colocar las bolas.
—Vamos a jugar a «bola ocho». Las reglas son sencillas: las lisas para un equipo, y las rayadas para el otro.
Tenéis que embocar todas las bolas en las troneras y, luego, especificar en qué tronera colaréis la octava.
Si golpeáis esa bola antes de colar todas las demás, perdéis.
Si la coláis en una tronera diferente a la designada, perdéis.
—Eso es mucho perder. Pero ganas —matizó Sonya— si cuelas todas las bolas en los agujeros, y después la octava. La negra.
—Eso es. Vamos a jugar por equipos. Tú puedes ir con Trey, y yo con Cleo.
—Las chicas contra los chicos. —Cleo se acercó a examinar los tacos—. Es un clásico.
—Como queráis. Dejadme que os enseñe a sujetar eso.
—¿Puedo tirar yo primero? —Sonya sacó un taco de la taquera—. Sería como una ventaja, ¿no? Con la bola negra en medio sería más difícil colarla directamente, y a lo mejor colaría una de las nuestras para empezar.
—Lo has pillado. Oye, si cuelas la octava bola en el primer saque, ganas la partida.
—Pero ¿por qué…? —Ella dejó la frase a medias y agitó la mano con gesto de impotencia—. Da igual.
—Procura que el mingo (la bola blanca lisa) no se cuele en el primer saque —explicó Owen— porque perdéis. Si se cuela a lo largo de la partida, es una falta, y entonces le toca tirar al otro equipo.
—Qué complicado.
—En realidad no lo es, una vez que le coges el tranquillo.
Si en el tiro de apertura se cuela una de las bolas (lisas o rayadas), vuelves a tirar y puedes decidir si jugarás con unas u otras.
Luego debes golpear una bola de ese grupo con la blanca, pues de lo contrario le toca tirar al equipo contrario.
Mientras consigas embocar las bolas en las troneras, sigues tirando.
—¿Y si golpeo una de las otras, las que no son mías, y se cuela?
—Una vez que has elegido las lisas o las rayadas, a menos que cueles una de las vuestras, perdéis el turno.
Cleo resopló.
—¿Y si nos lo explicas sobre la marcha?
—Por mí bien. A Sonya le gustaría realizar el saque inicial —le dijo a Trey.
—De acuerdo. —Les tendió a Cleo y a Sonya las copas de vino—. Abby va a traer tu cerveza y mi Coca-Cola. Debes intentar golpear la bola blanca justo por aquí, guapa. —Apuntó con el dedo sobre la mesa—. Con un golpe seco y firme.
—Vale. —Sonya bebió un sorbo de vino y se rio—. «Cuestionable» es un gran elogio. —A continuación, le entregó la copa a Cleo—. Si no recuerdo mal, hay que sujetar el palo así.
—Más o menos. Vamos a entizarlo primero.
Lo hizo él y seguidamente le ajustó el agarre del taco.
—Tienes que golpear con suavidad y continuar la trayectoria del movimiento.
—Vale, allá voy.
Tras deslizar el taco un par de veces, golpeó con fuerza el mingo. Con un chasquido, las bolas rodaron y cayeron en las troneras con un ruido sordo. Tres de golpe, y después la cuarta. A continuación, la octava bola cayó suavemente en la tronera del lado derecho.
—¡Uy! ¿He ganado o he perdido la partida?
Owen la miró con los ojos entrecerrados.
—Eso no ha sido de chiripa —respondió Trey.
—Bueno, un poco sí. Hacía un par de años que no jugaba. —Cogió la copa que le sostenía Cleo, desternillada de risa—. Me imagino que es como montar en bicicleta.
—Amigo —dijo Trey, mirando hacia Owen desde el otro lado de la mesa—. Nos han timado.
—¿Tú también eres una experta? —le preguntó con interés Owen a Cleo.
—Le enseñé a Sonya todo lo que sé, pero reconozco que la estudiante ha superado a la maestra.
—Colócalas, Trey. Y sin piedad.
La banda abrió el concierto con One Eyed Bastard mientras las chicas ganaban la partida. Chocaron los puños y las palmas de las manos con efusividad.
—Me sentiría humillado —comentó Trey— si las dos no fuerais tan puñeteramente buenas.
—Yo me siento humillado de todas formas, pero apechugaré con ello.
Se dirigieron a la mesa, desde donde Sonya observó con atención a la banda. Eran cuatro chicos y una chica, probablemente veinteañeros, aunque con la cantidad de mechones de pelo que les caían sobre los ojos, los tejanos deshilachados y las botas militares, a ella le parecieron más jóvenes.
Después tocaron You Give Love a Bad Name de Bon Jovi.
—Ese tema tiene más años que ellos —señaló Sonya.
—Un clásico es un clásico —opinó Owen—. Pero el guitarrista principal no es Richie Sambora.
—¿Y quién lo es? —Trey se rio y acto seguido se levantó—. Toma asiento.
Su hermana Anna, embarazada, se acomodó.
—¡Vaya! Hemos tomado un helado paseando después de salir a cenar, y Seth va y me dice: «Hey, entremos a pasar un rato». Y mira qué casualidad.
—Estás guapísima —comentó Sonya—. Radiante.
—Fijo que es por el sudor. Sopla una agradable brisa ahí fuera, pero últimamente me sofoco.
—Sea o no sudor, tienes buen aspecto, mamá. ¿Qué tal la bebé?
—Peleona, Owen, la niña es peleona.
—Las mejores —terció Cleo.
—Que sepas —agarró la mano de Cleo y seguidamente la de Sonya—, y tú también, que el mural de su cuarto es fabuloso, y me quedo corta. No puedo contar la cantidad de veces que entro allí al día solo para contemplarlo, palabra de honor.
Trey acercó dos sillas y las apretujó en torno a la mesa mientras Seth se acercaba con un vaso para Anna.
—Un botellín de agua con hielo, tal y como ordenaste. Sentí el impulso repentino de pasar por aquí a echar un vistazo a la banda. En el hotel siempre estamos buscando alternativas de entretenimiento.
Anna se inclinó hacia delante y besó a Trey en la mejilla. Acto seguido, puso la mano de Seth sobre su tripa.
—A juzgar por la forma en la que está bailando, puede que sea una roquera.
—Será mejor que la disuadamos de hacerse piercings faciales. Cleo, pasamos por Bay Arts a entregar unas cuantas piezas que Anna ha terminado y vimos tus cuadros. Son una maravilla.
—Gracias. En este entorno hay muchas cosas que insisten en que las pinte.
—Mejor para nosotros. Compramos uno, el de la bahía con los barcos y los dos niños a punto de zarpar en un pequeño balandro.
— Niños en la bahía —apuntó Anna—. Me encantó que parecieran tan deseosos de aventura.
—Nosotros vamos a emprender una mañana —le dijo Sonya, y bajó el tono de voz cuando la banda hizo una pausa—. En The Horizon.
—Hay sitio para dos. —Owen hizo un cálculo—. ¿Y sabéis qué? Para dos y dos tercios más, si os apetece.
—A mí me encantaría. Lo que no sé es cómo me sentaría a estas alturas, pero me encantaría. Solo que…
—Mañana tenemos un compromiso en la casa de mis padres. Es el cumpleaños de mi madre.
—Te pillo la palabra para el verano que viene. Por cierto, Trey me comentó que estáis revisando las zonas de almacenamiento en la casa, cambiando algunas cosas.
—Añadiendo, más que nada —le dijo Sonya—. Nos lo planteamos como una forma de reclamar la potestad de las habitaciones.
—Me parece genial. Y me he enterado de que se están organizando más sesiones de fotos para el proyecto de Ryder. —Le dedicó una sonrisa fraternal y socarrona a Trey—. Apuesto a que te mueres de ganas.
—Cierra el pico.
—De eso nada. Mamá ya tiene algunas ideas. Yo tengo una ahora mismo. Papi, a casa. La mamá de tu bebé está cansada. Ah, Sonya, tengo más cosas para la página web. Te daré un toque la semana que viene.
—Cuando quieras, estoy lista.
—Nosotros nos encargamos —dijo Trey cuando Seth hizo amago de sacar su billetera—. Creo que podemos invitaros a un vaso de agua y una Coca-Cola.