Los siete anillos (La maldición de las siete novias 3) Capítulo 6
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Capítulo 6

S onya decidió dejar lo que consideraba la caja de tesoros cotidianos en el «rincón tranquilo», el cuarto de invitados donde Cleo guardaba la ropa de otras temporadas. Sin duda, continuarían reuniendo cosas en la siguiente búsqueda.

Quizá de momento nada le hubiera dado ninguna pista sobre cómo recuperar los siete anillos, pero cada objeto le había proporcionado más información acerca de la familia Poole.

Y, sí, pensó de nuevo, eso era importante.

Pero era hora de regresar al instante presente, y el instante presente significaba preparar la cena.

De pronto, cayó en la cuenta.

—¡Mierda! Mierda, me he olvidado de la tarta. Seguramente debí hacer el postre primero.

—Según mi madre no, porque con la fruta se reblandece. Yo me encargo del postre.

—¿De verdad? Todo tuyo. He de hacer las patatas panaderas. ¿Sabías que se supone que hay que ponerlas en remojo?

—¿Ahora?

—No, después de tocar la mandolina, cosa que estoy a punto de hacer. Luego está la salsa de barbacoa. Ni siquiera sabía que se podía elaborar una casera. ¿Qué sentido tiene hacer algo que puedes comprar en un bote? En fin, un trato es un trato —se recordó a sí misma, y se puso manos a la obra.

Mientras la carne de cerdo yacía sobre una tabla de cortar, empezó a laminar las patatas, que había lavado y frotado.

—Bueno, esto es más fácil de lo que pensaba.

Mientras Cleo metía una bandeja en el horno, se oyó el zumbido del montaplatos procedente de la despensa.

—Ay, Dios. —Sonya de hecho sintió que se le helaba la sangre—. No he tocado ese chisme desde el incidente de la rata.

—Nada te obliga a hacerlo ahora. Puedo avisar a Owen y a Trey.

—No. —Aunque se le aceleró el pulso, Sonya se armó de valor—. Les dije que salieran a tomarse una cerveza al porche. No pueden estar aquí el día entero para lidiar con este tipo de cosas. De todas formas…, no te alejes mucho.

—Estaré pegada a ti.

Sonya entró.

—Hoy ha estado tranquila. Sería típico de ella que… A tomar por saco, ella también. —Abrió la puerta del montaplatos de un tirón, preparada para cerrarla de golpe.

En el interior encontró un aparato de cocina.

—Es una freidora —observó Cleo—. Ignoraba que tuviéramos una. Iba a ayudarte a freír las patatas en una sartén, pero esto es mejor.

—¿Sabes cómo funciona?

—No. Para eso está internet. —Cleo la sacó—. Está limpia como una patena. Gracias, Molly.

Sonya soltó una bocanada de aire y apretó la mano contra el corazón, sin haberse percatado de que le aporreaba el pecho.

—Voy a necesitar una copa como Dios manda después de esto. Igual ahora mismo.

—¿Por qué no ambas cosas?

Con las patatas en remojo, se puso a elaborar la salsa, a calcular, a batir. Rezando un poco.

—¿De verdad te gusta todo esto?

—Pues sí. Es otro pasatiempo creativo más —afirmó Cleo—. Y ya tengo controlada la freidora, de modo que trabajo en equipo para las patatas fritas. Yo tengo controlada la tarta; tú tienes controlado el cerdo.

—Eso espero.

—La tarta está lista.

—Qué rápido.

—Es de bizcocho y fruta. —Cleo la sacó—. Mi primera vez.

Con la salsa a fuego lento y las patatas en remojo, Sonya cogió su copa de vino.

—Dejé un cuaderno de dibujo y lápices de colores a la vista para Jack. Los cogió.

Asombrada, Cleo se llevó la mano al pecho.

—¡Oh, Sonya, qué detalle tan bonito! El arte corre por las venas de tu familia, y el potencial de Jack se truncó de forma muy prematura. Estamos haciendo cosas buenas aquí, Son. Estamos aportando luz. Más pronto que tarde vamos a cegar a la muy puñetera con ella.

Abrió la puerta trasera.

—Encended la parrilla dentro de unos diez minutos más o menos —dijo en voz alta—. Vamos a preparar las mazorcas de maíz y, después, a secar y freír las patatas.

Sonya no tuvo más remedio que sonreír.

—Definitivamente, eres la capitana de este barco.

—La diosa.

—De acuerdo, diosa, voy a desmenuzar la carne.

Cumplió su cometido, y la freidora también.

Mientras las mascotas comían, los cuatro se acomodaron para disfrutar de lo que Trey denominaba un festín de verano.

—Ahora eres la reina del cerdo desmenuzado, ¿sabes? —Trey le dio otro bocado al sándwich—. Esto está buenísimo.

—He preparado salsa de barbacoa. Lo voy a poner en mi currículo.

—Las patatas fritas también están de muerte.

Cleo asintió con la cabeza en dirección a Owen y se comió una.

—Ha sido un trabajo en equipo, con Molly incluida, que nos ha enviado la freidora desde el sótano.

Sonya probó una.

—¿Sabéis? No tendrían aparatos como este cuando ella trabajaba aquí. Me refiero a cuando estaba viva.

—Ella observa —comentó Trey—. Aprende.

—Yo diría que todos lo hacen. —Owen se quedó mirando la casa mientras comía—. Eso incluye a Dobbs.

—Puede, pero pienso que una gran parte de ella está estancada en el pasado. A ella le trae sin cuidado el presente —añadió Sonya—. Las cosas como los utensilios de cocina, la tecnología… Está obsesionada con el poder, y con cómo y cuándo usarlo.

—Fijo que sabe cómo volver a usarlo —señaló Trey—. O sea, opino que ambos tenéis razón.

—Dudo que entienda por qué estoy aquí. Quiere echarme, y punto. A todos nosotros. Pero no creo que piense ni por asomo que soy capaz de recuperar los anillos, de romper la maldición.

—Y mejor que no se entere.

Sorprendida, Sonya miró a Trey.

—Tú también piensas eso.

—Lleva aquí más de doscientos años. Nosotros, todos los que han estado aquí anteriormente, somos molestias temporales. Incordios.

—Estoy de acuerdo con eso, pero no en el caso de las novias —matizó Owen—. A los incordios no se les asesina.

—No, ciertamente. Ellas eran usurpadoras, rivales… y deshacerse de ellas fue una forma de aferrarse a su poder, o bien de aumentarlo. Sonya es una Poole, pero no una novia.

Siguiendo el hilo, Sonya asintió con la cabeza y le dio otro bocado al —sí, excelente— sándwich de cerdo desmenuzado.

—Conque soy un incordio molesto. Alguien a quien quiere echar, pero no una amenaza como tal. ¿No estará sorprendida?

En el teléfono de Sonya empezó a sonar This is War [«Esto es la guerra»].

—Así es.

— Thirty Seconds to Mars . Bonita elección —comentó Owen.

—Y yo diría que Dobbs ha tenido bastante con nuestra agradable velada. ¿A qué hora zarpamos mañana? —preguntó Cleo.

—¿Eres capaz de levantarte antes del mediodía?

—Con el aliciente adecuado sí.

—Desayuno dominical a las diez.

—Uf.

A Owen le hizo gracia.

—Yo me encargo. Soltamos amarras antes del mediodía.

—Eso me parece… —Sonya suspiró—. Una auténtica pasada.

—No puedo asegurar que sea una pasada. Oye, esta noche hay música en directo en Maloney’s.

—¿En Maloney’s? —Cleo frunció el entrecejo en dirección a Owen—. ¿No es ese el bar que hay junto a Water Street?

—Sí. No es un antro exactamente. Es más bien un garito. Contratan a una banda los sábados por la noche durante la mayor parte del verano.

—¿Quién va a tocar? —preguntó Trey.

—Tin Roof.

—Ah. —La nostalgia le arrancó una sonrisa—. Como nosotros en otros tiempos.

La ofensa se reflejó en los ojos de Owen.

—Venga ya, tío, nosotros éramos cien mil veces mejores.

—Puede que mil.

—Lo que sea. El caso es q ue hay música en d irecto los sábados por la noche.

—¿Y baile? —preguntó Cleo.

—Doy por sentado que nunca has estado allí. No hay sitio —explicó Trey—. A menos que te encarames a la mesa de billar.

—Una mesa de billar. —Cleo miró de reojo a Sonya—. ¿Qué opinas?

—Has hecho un postre.

—Si tienes ganas, no tardaré ni diez minutos en emplatarlo cuando volvamos.

—Puedo hacer ganas. He de cambiarme.

—No lo hagas. —Trey negó con la cabeza—. Confía en mí.

—Puede que sea un garito, pero yo tengo mis estándares. Vuelvo en diez minutos.

—En veinte —corrigió Cleo—. Yo también tengo mis estándares. ¿Y el resto de la familia?

—Serán un par de horas. Te doy mi palabra de que con eso será suficiente —afirmó Owen—. Jones los mantendrá a raya. Y, si no, la casa está llena de gente que lo hará.

—Está bien. Vuelvo en veinte minutos. —Cleo se levantó—. Podéis recoger vosotros, chicos.

Cuando entraron, Trey se sentó un momento.

—Tin Roof en Maloney’s.

—Es s ábado por la noche.

—Y a Sonya, a Sonya en especial, le vendría bien pasar un par de horas alejada de Dobbs, de los anillos, de las responsabilidades.

—Esa es mi impresión.

—Yo iba a proponer una escapada al pueblo para dar un paseo por el parque.

Owen sonrió con malicia y cantó:

—«Old man, look at my life».

Y Clover reprodujo el tema de Neil Young en el teléfono de Trey.

—Entonces, Maloney’s y una banda mediocre de esas de garaje.

Sonya optó por el atuendo de estilo informal elegido por Molly: unos pantalones de lino de un tono verde pálido y una camiseta blanca muy corta. Se recogió el pelo en una pulcra cola de caballo y lo complementó con unos pendientes largos y unas zapatillas de deporte blancas.

Cleo salió de su cuarto con una falda corta de cuero negro y una camiseta negra ajustada que había combinado con unas sandalias de plataforma.

—¿Ha elegido eso Molly?

—No. Le he explicado que siempre me visto de cuero negro cuando voy a un garito.

Cuando empezaron a bajar, Clover amenizó el ambiente con Hot Girl Summer [«El verano del pibón»] de Megan Thee Stallion con Nicki Minaj y Ty Dolla Sign.

Entre risas, Cleo agarró a Sonya de la mano.

—Menuda abuela ecléctica tienes en cuanto a gustos musicales, Son.

—Ella es eso y mucho más.

Trey las miró y negó con la cabeza.

—Lo nunca visto en Maloney’s. —Se dirigió a los perros—. Vale, chicos, manteneos alejados del mueble bar y nada de mujeres fiesteras. Exceptuando a las presentes.

Sonya se agachó para acariciar con fuerza a Yoda, y acabó acariciando a los tres perros y deslizando la mano por el lomo de Pye.

—Hasta luego.

Se subieron a la camioneta de Trey.

—Yo soy el conductor designado —les dijo—. Y debería advertiros que la calidad del vino es cuestionable.

—No sería la primera vez que me tomo un vino de calidad cuestionable. —Sonya volvió la vista hacia la casa.

Pronto se pondría el sol, por lo que había dejado luces encendidas. Y confiaba en que Jack se hiciera cargo de todas las masco tas. Un par de horas en un bar con música en directo, vino mediocre y billar le pareció un plan sencillamente genial.