Capítulo 4 #2
Sonya se acercó al escritorio y posó la mano sobre el tablero.
Acto seguido, se giró y atravesó el espejo.
Todo osciló y se volvió borroso.
Unos brazos tiraron de ella y la sujetaron.
—Ay, Dios. Sonya, no estabas aquí, solo el espejo. Estás fría y, madre mía, muy pálida.
—Estoy bien, más o menos. Necesito sentarme.
Apoyó la mano en la silla y tomó asiento. Cleo se puso de rodillas delante de ella.
—No ha sido exactamente como en ocasiones anteriores. No he sentido la atracción hasta aquí, o sea, no he permanecido en el desván al trasladarme al pasado. A lo mejor por eso me siento más descolocada.
—Deja que te ayude a bajar. Así puedes tumbarte mientras voy a por agua.
—No, no, ya se me está pasando. He visto este escritorio, esta silla. He ido a donde se encontraban. Eran de Lissy, me he trasladado al cuarto de Lissy, con un papel de pared estampado con flores de color rosa fuerte, y las ventanas con vistas al jardín. Era su cuarto.
—Cuéntamelo, pero vamos abajo de todas formas. Estás recuperando el rubor. Apuesto a que te vendría bien tomar el aire.
—Sí, no me vendría mal.
Se levantó, pero no le importó que Cleo pasara el brazo alrededor de su cintura para sujetarla.
—He tardado más de lo previsto —explicó Cleo—, y luego he bajado a remover la salsa otra vez y a dejar salir a las mascotas. Al subir, he visto el espejo y sabía que lo habías atravesado.
—No puedo evitarlo.
—Lo sé.
—He visto a Lissy. Estaba escribiendo una carta a una amiga, con el mismo papel que encontré en el escritorio. Acababa de comprometerse. Estaba muy contenta. Salgamos por la puerta principal. Me apetece ver el mar.
Una vez fuera, el aire arrastró consigo de inmediato cualquier vestigio de aturdimiento.
—He encontrado cosas en el escritorio…, cosas suyas, y también fotografías. Y he pensado que usaríamos el escritorio y la silla para el despacho para invitados. Después…, después el espejo ha aparecido de la nada.
Sentada en la escollera, con el perro correteando alegremente para unirse a ellas, Sonya relató el resto.
—Ella ha notado tu presencia.
—Eso creo, sí. En un primer momento la mía, y después la de Dobbs. Porque de primeras parecía estar simplemente desconcertada, ¿sabes? Instantes después, parecía sobresaltada. Yo también he percibido la presencia de Dobbs. Me pregunto si ella se ha percatado de la mía.
Sonya levantó la vista hacia las ventanas del salón dorado.
—Espero que sí. Espero que eso la inquiete. Ya me encuentro bien. Supongo que no te has fijado en el escritorio.
—La verdad es que no.
—Además de bonito, es ideal. Me da la impresión de que estaba destinada a encontrarlo, y a encontrar sus cosas dentro. Horquillas, resguardos de entradas, fotografías…
Clover intervino con American Girl [«Chica americana»] de Tom Petty.
—En efecto. —Y, de alguna manera, la canción, la conexión, hizo que Sonya sonriera de nuevo—. Probablemente propia de su edad y de la época. Algo muy dulce acerca de ella, con un toque de cierto descaro.
Miró hacia atrás al oír el sonido de una camioneta que se aproximaba.
—Es Trey. Supongo que tengo otra historia que contarle.
Se levantó y le siguió el rastro a Yoda, que fue correteando alegremente para enzarzarse en su juguetona refriega con Mookie cuando este saltó de la camioneta.
—Owen viene detrás, en un par de minutos. —Trey inclinó la cabeza para besar a Sonya—. ¿Qué tal el día?
—Productivo, y con un rato al otro lado del espejo para terminar. Tranquilo, no te preocupes. —Levantó una mano para tocarle la mejilla.
—Demasiado tarde.
—Estoy aquí, estoy bien y he averiguado algo más.
—Propongo que tomemos un cóctel en el porche trasero. Voy a preparar la limonada como Dios manda de mi madre…, que lleva ginebra —matizó Cleo—. Anda, iros para allá y ahora llevo las bebidas para adultos.
Cuando Cleo se alejó, Trey tomó la cara de Sonya entre sus manos y la miró largo y tendido.
Ella parpadeó con coquetería a modo de respuesta.
—Estás bien —afirmó él.
—De hecho, prefiero atravesar el espejo que enfrentarme a un lobo de humo.
—¿Es así como lo llamas?
—¿Por qué no?
Con las manos entrelazadas, echaron a andar.
—Cuando lo atravieso, veo algo para grabarlo en el archivo. —Se dio unos toquecitos con el dedo en la sien—. O lo oigo, lo percibo o lo presencio. Y así ha sido. En vista de que Owen viene de camino, esperaré para contároslo a los dos. ¿Y tú? ¿Qué tal el día?
—Productivo. Ajetreado y productivo, de modo que voy a disfrutar de esa bebida para adultos y de un fin de semana sin clientes.
—¿Han sido problemáticos?
Dado que a todas luces Sonya necesitaba distraerse, la complació.
—Bueno, ha habido una que ha traído una lista de cambios para su testamento, la mayoría de los cuales refutan los cambios que realizó hace unos tres meses y ratifican los que realizó aproximadamente seis meses antes.
—¿Y habrá otra lista para dentro de unos cuantos meses?
—Ya lo creo —respondió él, asumiéndolo de buen grado, una actitud que en opinión de Sonya era absolutamente típica de él—. ¿En qué has sido productiva tú?
—En actualizar, probar y pulir el paquete de diseño para Ryder. Además, he terminado el panel de ideas para los elementos publicitarios adicionales y he conseguido que les den el visto bueno.
Mientras los perros retozaban en el jardín y la gata se encaramaba a su lugar favorito, el tejado a dos aguas de la caseta de Yoda, se encaminaron hacia el porche.
—En teoría el equipamiento llegará a finales de la semana que viene. —Leyendo su expresión, Sonya se echó a reír y lo abrazó—. De verdad que será indoloro, y rápido. Tu madre es buenísima.
—No voy a preguntarte qué indumentaria voy a llevar porque prefiero no pensar en ello.
—Pues cambiamos de tema. Cleo dejó las fotos que seleccionamos anoche en la empresa naval de los Poole, para Clarice. Y al terminar de trabajar me puse manos a la obra en el desván, y encontré más.
Observó cómo los perros corrían como balas hacia la parte delantera de la casa segundos antes de oír la camioneta. Cleo apareció con una bandeja con cuatro vasos.
—Recuerdo esa limonada —comentó Sonya—. Owen acaba de llegar.
—Es memorable. Antes de preparar la mezcla le he mandado un mensaje para preguntarle a qué hora llegaría más o menos.
Me ha dicho que en cinco minutos. Y yo le he contestado: «Nada de cerveza, vente derecho al porche trasero».
—Tras subir los escalones, Cleo depositó la bandeja sobre la mesa—.
El cóctel de verano perfecto en el lugar perfecto en una noche perfecta.
Los perros enfilaron a la carrera hacia la parte trasera; Jones, con su parche en el ojo, fue pavoneándose. Owen los siguió, y miró con cara larga al grupo que se hallaba en el porche.
—¿Por qué no puede uno tomarse una cerveza de viernes por la noche?
—Porque vas a tomarte un cóctel de viernes por la noche. Y, si no te gusta, puedes ir a por tu consabida cerveza.
Cuando subió los escalones, Cleo le tendió el cuarto vaso. Él lo miró con el ceño fruncido.
—Esto lleva albahaca.
—Y fresas calientes y especiadas, y ginebra además de limonada. Puedes hacerle ascos, pero no hasta que lo pruebes.
Él bebió un sorbo y se encogió de hombros.
—No está mal.
—Con eso basta. —Cleo se sentó.
—Sonya ha atravesado el espejo —le dijo Trey.
Owen miró a Sonya.
—¿Estás bien? Da la impresión de que estás bien.
—Estoy bien, tranquilo. Siéntate, relájate.
Voy a poneros al corriente. Decidí empezar el registro a fondo por el desván.
Estoy clasificando con pósits los muebles que ya he revisado.
Cleo, no te he comentado lo del precioso armario chifonier que he visto.
Bueno, me parece que es un chifonier. Lo pondremos abajo.
—Ya estamos —dijo Owen entre dientes.
—Esto no tiene fin en esta casa —apostilló Trey.
Y ahí estaba, pensó ella, esa aceptación (casi) de buen grado.
—Pero el auténtico hallazgo fue el escritorio con la silla a juego.
Me gustaría que le echaras un vistazo, Owen.
Tú sabrás de qué madera es, además de bonito.
Estaba sopesando la idea de ponerlo en el despacho para invitados, pero, ahora que lo pienso, me encantaría volver a colocarlo en el cuarto de Lissy, si es que consigo dar con él. El papel de pared… no me sonaba.
Sostuvo una mano en el aire.
—Me estoy adelantando. Sé que el escritorio era de Lissy porque encontré cosas suyas en él: papel de carta, horquillas, fotografías, etcétera.
Luego alguien retiró amablemente el guardapolvo de la silla a juego.
—Cogió la bebida—. Instantes después apareció el espejo.
De buenas a primeras, y tuve que atravesarlo sin más remedio.
Les relató lo que había visto, oído y percibido.
—Entonces ¿ella no te vio, a diferencia de aquella noche en la sala de música?
—No. —Negó con la cabeza en dirección a Trey y seguidamente se dirigió a Owen—: El fantasma era yo, igual que tú y yo en la boda de Lissy.
—Además, ella no vio a Dobbs, y tú tampoco —comentó Trey—. Pero percibiste su presencia, y te da la impresión de que Lisbeth también.
—Fijo. El ambiente se enfrió y se oscureció. No me refiero a que la luz cambiara, sino al aire, que se volvió tenebroso y cargado, a diferencia de antes.
—Sonya estaba lívida y agitada cuando regresó. Yo estaba a punto de mandaros un mensaje a los dos cuando apareció —explicó Cleo—. Ignoraba cuánto tiempo había estado ahí dentro, al otro lado, donde diablos sea.
—Después siempre me siento un poco descolocada durante unos minutos, pero esta vez fue más… como entrar y salir.
—Porque no permaneciste en el desván. No te trasladaste al pasado sin más, sino que fuiste a donde se hallaba el escritorio.
—¡Sí! —Contenta y aliviada de que lo entendiera, Sonya alargó la mano y apretó la de Trey.
—Me gustaría ver ese escritorio. —Owen se puso de pie—. Está en el desván, y destapado, ¿no?
—Anda, subid los tres. —Cleo se levantó—. He de preparar un par de cosas para la cena. Cenaremos cuando volváis. Ve a mostrárselo, Sonya. Baja las cosas de Lissy y así les echamos un vistazo después de cenar. Yo dejé las cajas allí arriba.