Capítulo 3 #3
Sacó una Coca-Cola y, después de lanzar la pelota fuera, donde sabía que Jack jugaría con Yoda para que el perro la persiguiera hasta la extenuación, se dirigió arriba para retomar el trabajo.
Y envió sendos mensajes de texto a Trey y a Owen. Consideró oportuno no redactarlo como una petición, sino como un hecho consumado.
Ryder ha decidido ampliar la campaña publicitaria. ¡Más fotos! Las hará Corrine. Y se encargará de planificar las sesiones a conveniencia de todo el mundo.
Entretanto, necesito vuestra talla de pantalón, camisa, zapatos… Prometo que será indoloro. ¡Y podéis quedaros con el equipamiento!
Dejó el teléfono a un lado y escribió un correo electrónico al siguiente contacto.
Echó un vistazo al teléfono al oír un pitido.
La respuesta de Owen fue:
¡Venga ya! Tío, ¿en serio?
Se limitó a sonreír y siguió redactando el cuerpo del correo. Y recibió el mensaje de Trey.
¿Por qué me haces esto?
Tras enviar el correo electrónico, les respondió lo mismo en sendos mensajes.
Sí, primo favorito, en serio. ¡Zapatos gratis!
Y la culpa es vuestra por ser tan guapos y fotogénicos. Gracias, aprenderé a cocinar otra receta veraniega para hombres comilones.
Owen respondió enseguida.
Sándwiches de carne de cerdo desmenuzada, patatas panaderas cortadas a mano y mazorcas de maíz cocidas. Y pasteles de fresa.
Trey respondió:
Si piensas que puedes comprarme con una comida,
es probable que tengas razón.
Listo. ¡El sábado!
Sin tener ni remota idea de lo que todo eso entrañaba, envió un mensaje a Cleo.
¿Puedes preguntar a tu madre o a tu grand-mère si tienen recetas de cerdo desmenuzado, patatas panaderas, mazorcas de maíz cocidas y pasteles de fresa? Si no, probaré con Bree, mi madre o míster Google. Y después, ¿puedes comprar todo lo necesario? Para cuatro personas.
Luego te lo explico.
Tienen recetas para todo. Pye y yo acabamos de terminar nuestra bonita travesía. Estoy deseando oír tu explicación. Estaré en casa en un par de horas.
Sonya respondió con un emoticono de corazón y, a continuación, volvió al tajo.
Una vez que terminó de articular el nuevo proyecto para Ryder, retomó los encargos de otros clientes.
¿Quién iba a saber que menos de un año después de montar su propia empresa dispondría de una cartera de clientes en toda regla? Y de encargos que fluían a buen ritmo y le resultaban desafiantes y gratificantes.
Y si esa cartera de clientes continuara creciendo, y el trabajo continuara fluyendo, empezaría a plantearse —posiblemente— contratar a un ayudante. A tenor de las circunstancias, lo mejor sería a media jornada y en remoto.
Miró al techo.
Al menos por ahora.
Esperaría unos meses más y, después, si la empresa generara beneficios y fuera necesario —cruzó los dedos—, empezaría a buscar a la persona adecuada.
Yoda subió de nuevo y, en vez de acurrucarse debajo del escritorio, se dejó caer en la alfombra y se quedó roque al instante.
Al cabo de diez minutos, con las ventanas de la biblioteca abiertas, Sonya oyó que el coche de Cleo se aproximaba. Dejó al perro dormir y bajó a ayudarla a meter la compra dentro.
—Es mucho —comentó Cleo—. Teníamos algunas cosas, pero es mucho. —Le entregó a Sonya dos bolsas—. ¿Por qué vamos a cocinar cerdo desmenuzado y todo lo demás?
—De hecho, soy yo quien tiene que cocinar porque fue un trato. Pero cuento con tu colaboración. Anda, has comprado flores también.
—Así es. Llevé dos pinturas más a Bay Arts, me compré unas sandalias monísimas que no me hacen falta pero de las que me encapriché y pasé por la panadería, así que vamos a acompañar las palomitas con brownies con trocitos de chocolate.
Mientras hablaba a borbotones, se dirigieron al fondo de la casa, dejaron las cosas en la cocina y fueron a por el resto. Pye, al igual que Yoda, decidió que era hora de echar una cabezada y subió al trote las escaleras.
—Bueno, ¿para qué he comprado una paleta de cerdo deshuesada?
—He sobornado a Owen y a Trey. Ryder quiere más fotos.
Cleo puso cara larga.
—¿Es que hay alguna pega con las que ya tienen?
—No, todas están bien, tan bien que quieren más. Esto te incluye a ti. En otras posturas de yoga, y el modelito de regalo. En un entorno al aire libre, por ejemplo, navegando en La Sirena o repantigada fuera con un libro. El modelito es de regalo en cualquier caso. Te apuntas, ¿a que sí?
—Perdona, he perdido el hilo a partir del modelito de regalo. ¡Claro que sí! Qué guay. Me figuro que ni Owen ni Trey habrán reaccionado así, de ahí lo del soborno con la comida. —Levantó la mano para chocarla con la de Sonya—. Qué lista.
—Uf, espero pensar lo mismo el sábado cuando intente cocinar esto.
—Como voy a conseguir modelitos gratis, seré tu ayudante de cocina. Venga, vamos a colocar el resto. Es hora de ponerme a pintar.
—Yo me ocupo de las flores. De momento he tenido un buen día. Una larga reunión virtual para poner esto en marcha. Ella intentó fastidiarla.
Cleo giró la cabeza mientras ponía las cosas en la despensa. No le hizo falta preguntar quién.
—¿Cómo?
—Con golpes, portazos y timbrazos. Aduje la excusa de la tormenta, luego los fallos eléctricos, las casas antiguas… Imagino que se lo tragaron, ya que seguimos adelante sin más.
—Eso es lo que hacemos. Seguir adelante. Si vas a subir al estudio, avísame antes.
—Claro. ¿Por qué?
—Estoy trabajando en algo que me gustaría mantener en secreto por ahora. Si te encargas tú de las flores, me voy para arriba.
—Yo me encargo. Dejaré de trabajar cuando lo hagas tú. O, si trabajas hasta tarde, bajaré y me pondré con las fotos.
—Vale. —Cleo echó un vistazo fuera al oír el primer fragor de los truenos—. Me he adelantado a la tormenta. Una buena tormenta eléctrica es como la buena música. Aporta energía.
El estruendo de los truenos resonó de nuevo mientras Cleo se marchaba, y Sonya arregló las flores a medida que se desataba la tormenta. Yoda bajó y no se despegó de ella mientras colocaba los arreglos florales.
Mientras Clover amenizaba el ambiente con Thunder Road [«La carretera del trueno»] de Springsteen, llevó jarrones a su dormitorio y al de Cleo.
Aunque Molly había cerrado las ventanas para impedir que la lluvia entrara, Sonya no pudo resistir la tentación.
Abrió la puerta doble del balcón de par en par al vendaval. Envuelta en él, observó cómo la tempestad agitaba y azotaba el mar.
El cielo inclemente lanzó relámpagos, haciendo que el aire crujiera. Los relámpagos anunciaron la tronada, que rugió —como una manada de leones— sobre el mar y la tierra. La lluvia golpeaba a un ritmo frenético, solo superado por el fragor de las olas contra la orilla rocosa.
—Es bonito, y sobrecogedor. —Como Yoda temblaba un poco, lo cogió en brazos y lo acurrucó—. Y es un poder real.