Capítulo 2 #4
Sentados en el porche con una agradable brisa vespertina mientras disfrutaban del festín, Sonya y Cleo los pusieron al corriente de la jornada.
—Así que, cuando terminé de trabajar, y Cleo su magnífica y evocadora acuarela, decidimos ponernos manos a la obra con el despacho de Collin.
—Eso he oído. —Owen le hincó el diente a su rollito de langosta.
—Sonya se encargó del ordenador, y yo de los archivadores. Tu tío era una persona organizada y eficiente.
—Era artista, sí, pero también empresario. En general, los Poole suelen ser organizados y eficientes.
—Él no fue la excepción a la regla. Los manuales de todos y cada uno de los electrodomésticos de la casa, los dispositivos electrónicos, los calentadores, las calderas, están archivados junto con la fecha de compra.
En el caso de que hubiera habido reparaciones de averías o revisiones de mantenimiento, también.
—Eso no es más que el procedimiento operativo estándar.
Entre risas, Sonya negó con la cabeza en dirección a Owen.
—Cleo no guarda nada de eso.
—¿Para qué necesito un manual si de todas formas voy a llamar para que vengan a reparar algo? Y si alguien ya lo reparó, pues listo. Pero, conociendo a Sonya, he guardado todo.
—En los archivos del ordenador había correspondencia. He imprimido correos electrónicos porque pensé que alguien podría querer conservar un registro, o por una mera cuestión sentimental. Había un archivo sobre mí. No te sorprende —le dijo a Trey—. ¿Lo sabías?
—Me lo figuraba. Sabía, por mi padre, que te había seguido la pista. Siendo como era tan eficiente, no es de extrañar que tuviera un archivo. ¿Te molesta?
—No. Me dio la sensación de que, si yo lo hubiera necesitado, si lo hubiera necesitado de verdad, él habría acudido en mi ayuda.
Añadió alguna que otra nota, cosa que me pareció…
entrañable. También conservaba un archivo de donaciones anuales, y quiero mantenerlas.
¿Hay alguna manera de hacerlas en su nombre?
Conmovido, Trey posó la mano sobre la de Sonya.
—Claro, podemos arreglar eso.
—Genial. Y todo eso nos llevó al tema de las fotografías, que es cuando llegasteis.
—Me gusta el despacho —comentó Cleo—. He ido postergando mis planes de usarlo porque no tenía claro que fuera lo correcto. Pero, después de pasar un rato allí dentro hoy, lo tengo clarísimo. Y es mejor que no mezcle el trabajo de oficina con el arte porque entonces suelo dispersarme.
—Ah, ¿sí?
Cleo fulminó a Owen con la mirada.
—Qué gracioso.
—Si fueras eficiente aparte de todo lo demás, serías perfecta. A cualquiera que le guste lo perfecto es estúpido. Cosa que yo no soy.
Ella alzó su copa de vino y le dio un sorbo.
—Y en cierto modo, curiosamente romántico. En cualquier caso, el día ha sido una pasada.
—El incidente de los portazos es lo único que consiguió maquinar.
—Ah, las paredes temblaron un poco en la segunda planta. —Cleo sacudió la mano como espantando un mosquito—. Poca cosa.
—Nunca será más fuerte que vosotras dos.
—Como lo creía sin ningún género de dudas, Trey levantó su cerveza para brindar—.
Más mala sí, pero no más fuerte. Cada día vais ganando terreno para arrinconarla.
El hecho de estar aquí sentados tranquilamente, disfrutando de una buena cena, con los perros (y la gata) en el jardín, es importante.
—Revisar el despacho de Collin también es importante —señaló Owen—.
Hacía falta. A él le encantaba ese escritorio, bueno, ¿a quién no?
Es de caoba maciza, fabricado por encargo para uno de los Poole.
Ahora mismo no me acuerdo, pero es de finales del siglo XIX , casi de principios del XX .
Se conserva en un estado impecable. —Hizo amago de beber y, acto seguido, dejó la cerveza encima de la mesa—.
Vais a dejarlo allí, ¿no? En el despacho.
—¿Te preocupa que queramos que lo cambiéis de sitio porque lo más probable es que pese una tonelada?
—A mí sí —respondió Trey de inmediato—. Definitivamente, a mi espalda y a mí nos preocupa.
—Eso sí, pero bueno. Tío, es magnífico, caray. Encaja con la habitación, con el propósito.
Ahora francamente fascinada por su pasión, Cleo enarcó una ceja.
—Entonces te complacerá saber que opino lo mismo. Me quedé prendada de él a primera vista. Ahora dispongo de dos magníficos escritorios. Y este no hay que cargarlo escaleras arriba o abajo.
—Bien. Eso es bueno. —No obstante, Owen mantuvo sus ojos verdes clavados en los ojos ámbar de Cleo—. ¿Y el aparador, el jacobino?
—También se queda allí.
Con eso, Owen se relajó lo suficiente para beber otro trago de cerveza.
—Es la decisión correcta.
—No os perdáis esto. —Trey asintió con la cabeza en dirección al jardín, donde los perros, después de hacer una pausa para repantigarse un rato, estaban retozando de nuevo—. Acabo de ver a la gata saltar al lomo de Mookie.
—Haciendo autoestop —comentó Owen con una sonrisa—. Y Mook está tan entregado como ella.
Cleo soltó una carcajada mientras observaba.
—En plan «Llévame de paseo, grandullón». Y él la está llevando.