Capítulo 2 #2
Clover intervino con I Still Haven’t Found What I’m Looking For [«Todavía no he encontrado lo que estoy buscando»] de U2.
—Eso no significa que nosotras no lo hagamos —murmuró Sonya—. Pero sí, tienes razón, la solución no va a ser pan comido.
—De todas formas, echaremos un vistazo. Tal vez algo nos conduzca a otra cosa. De hecho, propongo que terminemos esto, elijamos una habitación y nos pongamos manos a la obra.
Sonya miró hacia atrás y hacia arriba.
—¿Cuál?
Observando con atención la casa, Cleo se comió otra frambuesa.
—Voto por el despacho de Collin. Él fue la última persona que vivió y murió aquí, así que esa es una razón. Hemos llegado a la conclusión de que su muerte fue accidental. Ella no lo mató con sus propias manos, su voluntad o su maldita magia negra. Con esta, van dos.
—Le he echado un vistazo de pasada, pero no a fondo. Me parece intrusivo. Y sé que es una tontería.
Cleo le dio una palmadita en la rodilla a Sonya.
—Es sensible, no una tontería. Seremos respetuosas.
—Es un buen punto de partida. Digamos que partiremos de lo más reciente, y desde ahí iremos retrocediendo. Y de paso te harías una idea por si quisieras instalar allí tu oficina.
—Así es. ¿Y bien?
—Pongámonos las pilas.
—Voy a subir mis cosas al estudio y nos vemos allí.
Sonya bajó con la bandeja, tapó las sobras para más tarde y, a continuación, cruzó el pasillo principal de su laberíntica casa hasta el despacho de Collin.
La verdad es que era una habitación preciosa, pensó.
Espaciosa, con buena luz natural y vistas al jardín lateral.
Un escritorio antiguo, grande y bonito, una buena silla de despacho de piel y otra para las visitas.
Estanterías con libros, recuerdos y fotografías, ninguno de los cuales había tenido valor para tocar.
Y el cuadro de la casa solariega con la firma de su padre en una esquina.
¿Con qué frecuencia, se preguntó, habría contemplado Collin ese cuadro y pensado en la crueldad de su abuela? Separar a dos bebés huérfanos, exigirle a su propia hija que eligiera uno y lo criara como si fuera suyo.
Patricia Poole jamás había pagado ningún precio por aquella fechoría. Tal vez lo pagara su hija, atrapada en el mundo de sus propias ilusiones.
Pero, en el caso de que alguna de las dos albergara cualquier pista que condujera a los anillos, se hallaban fuera de su alcance.
De modo que empezó con el propio Collin.
Se acomodó junto al escritorio a hacer lo que hasta entonces se había resistido a hacer: encendió el ordenador y usó la contraseña que el padre de Trey le había proporcionado.
Cleo entró cargada con un par de cajas.
—Pensé que podría haber papeles que convendría entregar a Deuce y al equipo jurídico. U otras cosas que a lo mejor quieres que revisen.
—Seguramente. Los archivadores del escritorio están llenos de documentos.
—Entonces empezaré por ahí.
—Él llevaba un registro exhaustivo de las facturas de la casa. Dispongo de todas sus contraseñas. —Dio unos toquecitos con el dedo a la hoja que había sacado del cajón del medio—. Guardé la lista ahí para tenerla a mano cuando me decidiera a hacer esto.
Cleo se sentó en el suelo y abrió el hondo archivador.
—Todo está etiquetado y en orden alfabético. Pondré lo que probablemente no necesitarás en una caja para que los Doyle lo revisen.
—Creo que voy a imprimir sus documentos y también esos porque habrá que borrar el disco duro. Deberíamos donar el ordenador. Ninguna de las dos va a aprovecharlo.
—Se me ocurre una idea mejor. Borramos el disco duro, sí, pero ¿y si ponemos el ordenador en una de las salas de estar de la planta de arriba?
Como una especie de despacho para invitados.
Algo que Trey, Owen o alguien de la familia que venga de visita podían usar si necesitaran un ordenador de mesa.
Haciendo un mohín con los labios, Sonya asintió con la cabeza.
—Reclamar la potestad y sacar partido de otra habitación. Buena idea.
—Pero ese escritorio se queda aquí. Es precioso. Si decido usar esta habitación y quieres sacar el cuadro de tu padre…
—No, me gustaría que permaneciera aquí. También hay correspondencia en el ordenador.
Correos electrónicos de la empresa, de la familia…
, lo cual viene a ser lo mismo, como es obvio.
Aquí también guardaba un calendario, con cumpleaños, aniversarios…
—Mientras examinaba, a Sonya le dio un vuelco el corazón—.
Cleo, aquí figura la fecha de mi cumpleaños.
—Él pensaba en ti.
—Pues sí. Aquí está la de mi madre. Y la del aniversario de mis padres. Pensaba en todos nosotros.
—¿Qué te parece?
Tras unos instantes, sonrió.
—Bien. Me parece bien.
—Respuesta correcta. Son, voy a conservar los archivadores del seguro de la casa y la documentación de la camioneta, los aparatos y demás. Pero hay archivadores con su seguro de salud, con papeles de médicos y del dentista, que voy a guardar en la caja.
—Sí. Cleo, hay un archivo sobre mí.
—¿Sobre ti?
—Figuran los centros donde estudié a partir de la guardería, la casa que compartimos durante el último año en la universidad, mi titulación, mis prácticas, mi empleo…
Mi dúplex en Boston. Incluso algunos de los clientes con los que trabajé.
Mi anuncio de compromiso. Cuándo renuncié a mi puesto en By Design, cuándo monté mi empresa…
Se le hizo un ligero nudo en el pecho al ver una nota garabateada.
—Aquí hay una nota, Cleo. «Empezar de cero el año. Contactar con Sonya». Murió antes de poder empezar de cero.
—Y pensaba en ti —repitió Cleo—. Te siguió la pista, y a mí no me parece intrusivo.
—No, qué va. Lo que pasa es que lamento que las circunstancias se dieran como se dieron. Él no estaba solo. No me refiero únicamente a los fantasmas, sino a los Doyle. Siempre contó con los Doyle.
—Pero podía haber contado contigo, y con tu madre.
—Sí.
—Te siguió la pista y, desde mi punto de vista, te dejó en herencia todo esto no solo porque eres la hija de su hermano gemelo, sino porque le agradaba lo que veía. Confiaba en ti.
—Hay alguna que otra nota más. Junto al anuncio de mi compromiso, pone: «Podía y debería elegir mejor».
Cleo soltó una risotada maliciosa.
—Un punto para Collin.
—Junto a la fecha en la que monté Visual Art By Sonya, escribió: «Apunta alto».
—Ahí también dio en el clavo.
—Me da la sensación de que haciendo esto, viendo esto, estoy conociéndolo un poco. ¿Sabes qué, Cleo? —Sonya se giró en la silla y bajó la vista hacia su amiga—. Nos habría caído bien. A mí, a mi madre, a ti. Nos habría caído bien.
—Son, nos cae muy bien.
—Tienes razón. En fin. —Soltó un suspiro y giró la silla de nuevo—. Bueno, sigamos.
Revisaron otro archivo, y seguidamente otro, mientras el tiempo pasaba. Al caer en la cuenta, Sonya paró y se recostó.
—No hemos oído a Clover desde que empezamos. Estamos revisando las cosas de su hijo, en realidad repasando su vida, archivo tras archivo.
El sonido se dejó sentir desde la sala de música, desde el antiguo gramófono.
Cleo levantó un dedo.
—Esa la conozco. Mi grand-mère suele cantarla. God Bless the Child [«Dios bendiga a la criatura»]. Es de Billy Holiday. Para mí que se refiere a Collin, y supongo que a tu padre. Pero también a ti, Son.
—Sin embargo, prefiere no estar presente mientras hacemos esto.
Y no pasa nada. Cada vez tengo una idea más aproximada de él, y hacer esto contribuye a ello.
Este archivo de aquí contiene una lista de organizaciones sin ánimo de lucro a las que realizaba donaciones anuales. Vamos a continuar con esas donaciones.
Pasaron casi dos horas leyendo, imprimiendo, separando y embalando.
—A pesar de que vamos a conservar el disco duro, voy a borrarlo. Entretanto, deberías revisar todo lo que hay en las estanterías, ver qué quieres conservar, por si acaso.
—Lo decoraré a mi gusto. Igual llevo algunas cosas a otras habitaciones. Pero me encanta ese sextante de latón, y ese antiguo reloj de marea. La verdad es que me he encariñado de Collin y me agradará tener aquí cosas que a él le gustaban.
Clover intervino con You Make My Dreams [«Tú haces realidad mis sueños»] de Hall & Oates.
Cleo se dio unas palmaditas en el bolsillo donde llevaba el teléfono.
—Bueno, fijo que él contribuyó a hacer realidad los míos.
Sonya pasó el brazo alrededor de los hombros de Cleo y, por un momento, sintió el vínculo entre las tres.
—Tengo otra idea. Ese aparador de ahí.
—Es una maravilla. Lo aprovecharía, a menos que quieras ponerlo en otro sitio.
—No, aquí está perfecto, pero ahora mismo está atestado de cajas llenas de fotografías o recortes de periódicos, de artículos que imprimió. Todavía no las he revisado. De momento las guardaremos en otra parte, pero más adelante…
Sonya se aproximó al alto aparador, magníficamente tallado, y abrió las puertas. Sacó una caja al azar y la depositó encima del escritorio.
—Hay un montón de instantáneas y algunos retratos más formales. A simple vista parece que abarcan décadas y generaciones.
—Apuesto a que su intención era clasificarlas por categorías en un momento dado. —Cleo hizo un ademán con las palmas de las manos en alto—. ¿Quién no tiene un proyecto así a la espera del momento y el ánimo apropiados?
—Exacto. Puesto que hay más fotos almacenadas en el desván, podíamos montar una galería. Revisarlas, seleccionar las mejores, rememorar el pasado hasta donde sea posible. Una galería fotográfica de la familia Poole y sus amistades.
—Me gusta la idea.
En los ojos verdes de Sonya asomó un brillo de determinación con cierto cariz desafiante.
—Y, cuando llegue el momento, sacaremos partido del salón dorado.
Incluso después de desalojar a Dobbs, preferiría no usar esa habitación para invitados.
Es que… No, y punto. Pero destinar una habitación, esa en concreto, a exhibir fotografías…
Y ya sabes que encontraremos ferrotipos y probablemente retratos en miniatura.
Si hay miembros de la familia de los que no encontremos fotos, a lo mejor podemos reproducir retratos.