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Dicho lo cual, no creo que sea así de nacimiento.
En gran parte quizá se deba al hecho de que la acosaron cuando estaba en la escuela...
en plan que mucho. No quiero entrar en detalles, pero digamos que no fue leve.
Creo que eso la impulsó a mirar más allá de los estrechos y asfixiantes muros del colegio.
En vez de concentrarse en hacer amigos, se dedicó a estudiar, a ver lugares nuevos y ampliar sus horizontes. Pero no es más que una teoría mía.
En cuanto a la razón por la que la acosaron, diría que se debió en un noventa y nueve por ciento a su aspecto.
Podía estar allí sentada, comiendo, pensando en sus asuntos, y los tipos comenzaban de manera automática a tirarle la caña.
Los de último año, los de nuestro curso...
, quien la veía, se prendaba de ella. Tsubasa no tenía que hacer ningún esfuerzo.
Y, como es natural, eso cabreaba a un montón de gente.
Una chica más lista habría dado con la manera de suavizar la situación, pero ella...
Bueno, no. Es demasiado terca. Siempre quería tener la última palabra.
Así que se podría decir que no era la persona más...
, hum, agradable. No es que a mí me molestara; de hecho, me gustaba esa cualidad, pero sin duda lo pasó mal.
Creo que es parte de las razones por las que escogió una universidad solo para mujeres, para tener un poco de paz y tranquilidad.
En cuanto entró en la universidad, le fue genial.
A ver, es que se encontró por completo en su elemento.
Le prometo que tenía siempre un aspecto reluciente.
Podía estudiar lo que quisiera, dedicaba todo su tiempo a cosas que le importaban...
Por supuesto, la desventaja fue que pasó a ser casi imposible hacer planes con ella.
Pero se la veía tan feliz... Tomaba clases de conversación en inglés, de chino, una especie de curso de economía y algo más que no recuerdo.
Cuatro materias extracurriculares a la vez.
Como es evidente, con un horario así, iba mal de dinero. Una vez me preguntó qué podía hacer al respecto y le contesté:
—Bueno, tendrás que dejar de hacer alguna asignatura.
Y ella se negó en redondo. Así que yo le solté algo en plan:
—Vale, entonces necesitas un trabajo mejor pagado.
Al día siguiente me mandó un mensaje que decía:
Creo que voy a intentar trabajar como hostess en un club nocturno.
Yo perdí la cabeza. Supe de inmediato que no iba a funcionar. Y tuve razón, no le fue bien. Resultó que se sentaba delante del cliente y, como si nada, se ponía a hablar de su novio. A ver, chica, es que en serio...
Ah, sí, en cuanto a su novio..., es el mismo que ha tenido desde siempre.
Fuimos juntos al instituto, así que le conozco.
Es un fantasma y un fracasado. En plan que no tiene dinero, pero insiste en comprarle un bolso Hermès por su cumpleaños, o lo que sea.
Claro que Tsubasa le puso a caldo por eso: «Tienes que ser más inteligente con el dinero.
Si pensabas gastar tanto, deberíamos habernos ido de viaje al extranjero.
Ahora tengo que quedarme esta cosa tan cara que no quiero, y no puedo tirarla porque es demasiado buena».
Sí, es de ese tipo de novias. Pero, con todo, siguen juntos.
Aunque no sé dónde estarán el año que viene. Ja, ja.
En fin, volviendo al trabajo en el club...
, solo iba dos veces por semana, lo suficiente para ganar el dinero que necesitaba.
En esa época, le pregunté qué lugar ocupaba en la jerarquía del club y me contestó: «Oh, soy la número trece».
¡La número trece! ¡Con esa cara! Me quise morir.
Es que tenía que pasarse el día frunciéndoles el ceño a los clientes, o algo parecido.
Pero, eh, decía que el sueldo era decente y que salía de allí con anécdotas graciosas que contar, así que supongo que no estaba tan mal.
Así que, bueno, ahí tiene a Tsubasa. No le rinde pleitesía a nadie. Y, según la situación, eso puede hacer que parezca una persona fría, u obstinada, o insensata. Tiene sus defectos, claro.
Pero me cae bien. Creo que es buena persona.
Takaaki Shimizu, compañero de universidad de Morikubo.mp3
No dejaba de hablar de sus problemas económicos.
Desde luego que es un tema delicado, así que nunca dio detalles exactos sobre lo pelado que estaba, pero sí mencionó que le había criado una madre soltera.
No sé bien si su padre falleció cuando él era pequeño o si sus progenitores se separaron —nunca se lo pregunté—, pero, de una manera u otra, estaban solos él y su madre, así que debían de ir justos de dinero.
Esa es la razón por la que Morikubo tuvo que entrar en una universidad pública sí o sí.
No pudo permitirse una privada. Se tomó un año sabático para los exámenes de acceso, pero no fue a un centro de estudios especializado, sino que se preparó por su cuenta y aun así entró en Hitotsubashi.
Es una locura. Yo no habría tenido la menor oportunidad de lograrlo.
Me contó que compró todos los libros de texto de segunda mano y que estudiaba en el salón de casa.
Al parecer, en el instituto también contó con una beca completa.
Tiene sentido. De otra manera jamás habría podido dedicar un año entero a estudiar para entrar en la universidad.
Así de listo es. Recuerdo que pensé: «Jopé, pero qué guay».
Durante un tiempo tuve la seguridad de que acabaría en una consultoría importante y que convertiría sus inicios difíciles en uno de esos relatos de éxito del tipo «de mendigo a millonario».
No acabó de ser así, pero de todos modos es una persona que trabaja duro.
Hacer malabares con varios trabajos a media jornada mientras se sacan adelante los estudios es algo que requiere disciplina.
Y entonces fue cuando pasó. Lo encontré yo..., el anuncio de trabajo.
No voy a intentar poner excusas, pero de verdad que el anuncio no parecía sospechoso.
Era un folleto sencillo, en blanco y negro, clavado con chinchetas en el tablón del centro comunitario.
Nada en él decía a gritos que fuera un fraude.
Yo no estaba tan desesperado como Morikubo, pero desde luego que no nadaba en la abundancia.
Así que le llamé, emocionado: «Mira esto...
, es dinero fácil. ¡Vamos a probar!». El anuncio decía que ganaríamos 30.
000 yenes al día. Parecía demasiado bonito para ser verdad, cierto, pero éramos jóvenes y estábamos pelados, así que por supuesto nos subimos de un salto.
Al final del tercer día, Morikubo dijo que había algo raro en el plan de negocio.
No lograba entender cómo podría generar beneficios.
La verdad es que yo no lo pillé al principio, pero él siguió dándole vueltas a la cabeza, y tenía tantas dudas que acabé cediendo y fuimos a preguntárselo directamente a los organizadores:
—Eh, entonces, ¿cómo funciona con exactitud este modelo de negocio?
Se pusieron como locos. Nos espetaron que cerráramos la boca, que éramos demasiado jóvenes para comprenderlo.
En ese momento caí al fin: sí, era algo turbio del demonio.
Teníamos que trabajar al día siguiente, pero decidimos que, nada más llegar, les diríamos que lo dejábamos.
Así lo hicimos, dimos media vuelta y nos largamos.
De modo que, técnicamente, estuvimos involucrados en una estafa durante una semana.
Y ni siquiera llegaron a pagarnos. ¿Nos equivocamos?
Sí, es evidente. Pero ¿fuimos también víctimas, en cierto sentido?
Yo diría que sí. Los dos, Morikubo y yo.
Sé que suena como si estuviera intentando justificarme a mí mismo.
Quizá sea así. Podríamos habernos callado, pero creo que él se sintió culpable.
Con su historial, de ninguna manera podría haber seguido viviendo con la idea de que había ayudado a tangar a la gente, aunque fuera sin querer.
Así que fue directo a la universidad y lo denunció.
No se calló nada, les contó que nos habían engañado para que les ayudáramos a realizar un timo.
He de reconocer que la universidad nos apoyó.
Dijeron que no éramos responsables. Pero, de alguna manera, se corrió la voz.
Y ya sabe cómo son los rumores... En cuanto se extendió, lo que había comenzado siendo «a esos dos casi los timan» se transformó en «esos dos han montado un timo».
Fue una época incómoda en la universidad.
Y pienso que, por alguna razón, Morikubo asimiló el relato y se sintió culpable.
Pero, en ese sentido, le estoy agradecido.
Si no se hubiera dado cuenta tan rápido, es posible que yo hubiera seguido adelante con todo.
A saber hasta qué punto me habría quedado pillado.
Que todo se limitara a una situación embarazosa a efectos sociales fue lo mejor que nos podía pasar.
Sin él, quizá habría acabado teniendo antecedentes policiales.
Morikubo odia las mentiras. Es casi una neurosis. Incluso cuando buscábamos trabajo, dudo que mintiera en sus solicitudes. Es cierto que fue becario en catorce empresas diferentes. Y es cierto que se leyó todos los libros que encontró sobre las empresas a las que se presentó.
¿Diría que es una persona graciosa y extrovertida? De ninguna de las maneras. A veces puede ser un pesado de narices. Y es un tacaño... Quiero decir que puede ser de lo más agarrado.
Pero me cae bien. Ninguna duda al respecto. Es uno de mis mejores amigos.