Los seis finalistas 3 #2
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Shogo lo había repasado todo. Había descubierto al verdadero culpable, que no era yo, sino Kuga. Lo supo en todo momento.

No tenía tiempo para resolver todos los detalles y analizar su lógica. En su lugar, decidí dar el salto y asumir que era así.

De ser...

Llevé el portátil hacia mí y me quedé mirando el campo en blanco.

No era lo que más me gustaba a mí, sino a Kuga. De ser así, ya conocía la respuesta.

Mis dedos se movieron antes de que pudiera pensarlo, no vacilé en escribir las cinco letras antes de detenerme sobre la tecla de intro.

¿Era la decisión correcta? ¿Serían «jazmín» o «té» apuestas más seguras? ¿De veras estaba a punto de arriesgarme a perder el último intento con una suposición tan carente de certezas? La contraseña tenía un límite de intentos, pero no temporal. Quizá debía pensarlo mejor, solo para asegurarme...

Al final decidí ignorar las dudas. Quizá me impulsó el pensamiento ilusorio. Quizá quería que fuese la respuesta. Porque en ese caso quizá, solo quizá, podría salvarme.

Deseaba que fuera cierto. Necesitaba que fuera cierto.

«justo».

En el momento en que le di al intro, el archivo comprimido se abrió y reveló un único documento de texto y tres de audio.

No me tomé una pausa para procesar la sorpresa. Hice doble clic sobre el archivo de texto y empecé a leer.

Cuando llegué al final, el mundo que me rodeaba había cambiado.

¿Qué hora era? No, eso no importaba.

Cogí la llave diminuta que descansaba en el interior de la carpeta y salí disparada de la habitación.

Para Iori Shima, culpable... (borrador).txt

Creado: 15 de noviembre de 2011, 19.06

Han transcurrido seis meses desde los sucesos. El tiempo se escurre entre nuestras manos.

Cuando lo pienso, me doy cuenta de que he pasado todos estos meses ausente.

Mis padres no han dejado de tocarme la moral, preguntando en todo momento por la búsqueda de empleo, que si me había rendido, diciéndome que me arrepentiría si no comenzaba a tomarme las cosas más en serio.

Pero no he logrado que me importara. Soy consciente de que suena dramático, pero creo que aquello me dejó devastado de verdad.

Ese día, durante la discusión grupal, los sobres que abrimos contenían algo que no hubiera querido ver nunca: el pasado de unas personas por las que había llegado a sentir un aprecio genuino.

A medida que avanzaba la reunión, todo lo que habíamos construido juntos empezó a parecer una mentira.

Pensé que no podría empeorar. Pero entonces, al darme cuenta de que todas las pruebas estaban destinadas a señalarme como culpable, me quedé destrozado.

En cuanto vi la foto que supuestamente certificaba mi implicación supe con exactitud quién era el responsable de todo aquello: Kuga.

Era evidente que la habían cogido de la página web de Poppoya, pero, por alguna razón, pertenecía a la sección de fotografías descartadas.

No entraré en los detalles por los que me di cuenta, pero estaba claro que la persona que se encontraba detrás de ese asunto no estaba familiarizada con el alcohol.

Solo había dos miembros de nuestro grupo que no bebieran.

Uno era Shima, pero, puesto que trabajaba en una cadena de restaurantes, era imposible que no reconociera una marca famosa de vodka.

Eso solo dejaba una posibilidad: el otro abstemio, Kuga.

Fueron varias las pistas.

La última noche que salimos a beber, Kuga me llevó de repente a un aparte y me espetó:

—¿Cómo demonios se os ha ocurrido hacer que Shima bebiera tanto vino cuando es evidente que no tolera el alcohol?

Que me pareció bien, pero él había llegado tarde y no conocía la historia al completo. Intenté explicársela, pero entonces me interrumpió diciendo:

—No bebo. No sé nada de alcoholes. Ni siquiera sé lo que es Welch’s. Pero da igual que tenga una graduación baja... La gente que no puede beber no puede beber.

Al oír eso, mi mala costumbre de reírme en los peores momentos posibles hizo acto de presencia. Perdí la oportunidad de explicarme. Ese fue mi error.

Pero me quedé con lo que dijo a continuación:

—Tíos, sois de lo peor.

Eso no me sentó bien. Quería que escuchara mi versión de la historia. Pero me ignoró.

—De modo que así son las cosas, ¿eh? Estoy muy decepcionado con vosotros, tíos.

Comenzó a convencerse a sí mismo de que tenía razón y, antes de poder darme cuenta, estábamos discutiendo.

—No hace falta decir esas cosas. Son buena gente. Tú deberías saberlo mejor que nadie a estas alturas.

—Solo piensas eso porque no conoces toda la verdad.

—¿Qué quieres decir? ¿Qué sabes tú que yo ignore?

—Aún no lo tengo claro. Pero al menos soy consciente de ser una mala persona.

—Venga, Kuga. Si aquí hay una buena persona, ese eres tú.

Pensándolo ahora, ese diálogo fue, con toda probabilidad, su declaración de guerra.

Quizá por eso me hizo quedar como el culpable. Quizá fue la manera que tuvo de saldar cuentas.

Podría haberle señalado al final de la discusión, cuando comprendí la verdad.

No habría sido por salvar la propia piel, ni por conseguir la oferta de trabajo...

Simplemente habría sido lo correcto. Pero no pude.

Estaba demasiado conmocionado, demasiado abrumado.

Y, en lo más profundo de mi ser, aún deseaba creer en él.

Aún me importabais todos. Aún quería creer en vosotros.

Necesité de la ayuda de toda la gente de Poppoya y de mis colegas en el trabajo a media jornada, y en septiembre al fin comencé a recuperarme.

Pero esa recuperación solo consistió en obligarme a olvidar la discusión grupal.

No es que hubiera pasado página. Tan solo se me daba mejor mirar para otro lado.

Para entonces, la búsqueda de trabajo se había acabado para mí...

, no tenía ni una sola oferta. Si me hubiera esforzado de verdad, es probable que hubiese encontrado algo antes del final del curso académico, pero no tuve la energía mental para volver a meterme en las entrevistas.

Así que decidí tomarme un año extra y licenciarme con la promoción de 2013.

Seguí con las asignaturas, hice que mi profesor tirara de algunos hilos y me quedé oficialmente un curso más.

Puesto que la temporada de búsqueda de trabajo se retrasó hasta diciembre, dispuse de un poco de margen para respirar. Y entonces caí en la cuenta: quizá debía encarar de frente lo que había pasado. Quería solucionar las cosas como era debido antes de comenzar desde cero.

Un recuerdo en particular desató todo esto.

La noche que salimos de copas, tomé el tren para volver a casa con Shima y Yashiro, que ocupó uno de los asientos reservados y dejó el bolso en el de al lado, adueñándose también de él.

En ese momento pensé que debería haberle dicho algo.

Pero, al pensarlo de nuevo después, me pregunté: ¿y si no fue una falta de consideración? ¿Y si fue un signo de bondad?

Eso me llevó a decidir que iba a confiar en mí mismo.

E iba a confiar en vosotros cinco. Porque sois buenas personas.

Kuga pensó que estaba demostrando algo con los sobres, pero, al fin y al cabo, estos no contenían más que fotos.

La discusión grupal duró dos horas y media, pero antes habíamos pasado semanas, meses, trabajando juntos en la sala de conferencias que alquilamos en Ueno.

Yo sabía que no erais mala gente. Sabía que erais brillantes, increíbles, entrañables.

Así que decidí aceptar el desafío de Kuga. Si él creía haber expuesto la verdad, yo iría aún más lejos. Y, si resultaba que no había redención posible para vosotros, lo aceptaría y admitiría que estaba equivocado.

Por no hacer el cuento largo, creo que es justo decir que gané yo.

No os aburriré con una refutación interminable de todo lo que había en los sobres de Kuga.

En su lugar, he adjuntado tres archivos de audio, con grabaciones de testigos clave que hablan de Hakamada, Yashiro y Morikubo.

Estoy casi seguro de que ni siquiera Kuga sabía lo que tenían que decir.

Un día me encantaría hacer que los escucharais todos.

Desde hace un tiempo me descubro pensando en algo que me contó Shima sobre el lado oculto de la luna.

La luna siempre muestra el mismo lado a la Tierra, así que nunca podemos ver el otro. Cuando los científicos pudieron al fin estudiarlo, se encontraron con que el terreno era más tosco que en el lado visible y tenía muchos cráteres más.

En cierto sentido, los sobres mostraron nuestro lado oculto: la parte de nosotros que no dejamos ver a nadie.

Kuga, siempre obsesionado con la justicia, dejó que el contenido hablara por sí mismo.

Al verlo, nos sumimos en la decepción...

y, lo que es peor, permitimos que alterara la percepción que teníamos de los demás.

Como si el hecho de descubrir que el lado oculto de la luna está lleno de cráteres pudiera hacer que opinásemos de manera diferente sobre ella.

Por supuesto, ninguno de nosotros era perfecto al cien por cien. Pero tampoco éramos malvados por completo.

Nadie es bueno o malo en exclusiva.

Recoger a un perro abandonado no te convierte en una buena persona.

Cruzar de forma imprudente no te convierte en una mala persona.

Donar dinero no te convierte en un héroe.

Tirar basura a la calle no te convierte en un villano.

Ser voluntario en un desastre natural no te convierte en un santo.

Ocupar un asiento reservado cuando no tienes ninguna minusvalía no te convierte en la peor persona del mundo.

No hay nada más tonto que juzgar a alguien basándose solo en un aspecto de su persona.

La búsqueda de trabajo no revela tu verdadero yo, ni por asomo.

El estrés hace que todo el mundo se comporte de manera un tanto irracional.

Es posible que, en la discusión grupal, todos mostráramos alguna faceta de nuestra persona que podría calificarse de fea...

, pero no eran más que destellos procedentes del lado oculto de la luna. No nos definían en nuestra totalidad.