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Me bajé en la estación de Kami-Shakujii y me dirigí a la sede de la empresa, en un edificio de dos plantas que no era nuevo, pero que estaba limpio y bien cuidado.
El responsable de Recursos Humanos, un hombre de aspecto amable que probablemente mediara la cincuentena, me recibió con una sonrisa cálida y me condujo a una sala de conferencias que olía igual que las clases polivalentes de mi vieja escuela primaria.
Allí me entregaron la carta de aceptación formal.
—Estoy seguro de que debe de estar considerando varias opciones más junto a la de nuestra empresa. Sin embargo, tenemos la esperanza sincera de que se una a nuestro equipo. Si firma la carta de aceptación, le pediríamos que se retire del resto de las opciones que pueda estar considerando.
Uno de los temas que los universitarios de último año discutían con mayor frecuencia era si resultaba correcto rechazar una oferta de trabajo después de haber firmado la carta de aceptación.
El consenso general sostenía que era permisible en términos legales, así que pensé que bien podía seguir adelante y añadir mi nombre a la oferta que tenía ante mí.
Al fin y al cabo, se trataba de una empresa de la que daba fe mi padre, un empresario competente por derecho propio, de modo que debería representar una buena opción de seguridad.
Pero, en el momento de coger el bolígrafo, me vi trabajando en esa compañía y haciendo el trayecto hasta esa oficina todos los días de mi vida, y un torrente desenfrenado de emociones en conflicto atravesó mi mente.
¿Dónde deseaba trabajar de verdad? No allí, sino en Spiralinx.
Entonces, ¿cuál era mi situación con ellos?
Aún no me habían rechazado. Así que ¿cuándo había comenzado a obsesionarme con la idea de que se trataba de un todo o nada a menos que entráramos los seis?
El proceso de selección no había acabado.
Si había otra empresa en la que quería trabajar, si existía la menor oportunidad de que pudiera incomodar a la que me aceptaba en ese momento al cambiar de idea más adelante, debía obviar las cuestiones legales y dar prioridad a la elección moral.
Y, si iba a participar en el proceso final de entrevistas en Spiralinx, tenía que desarrollar una estrategia decente que me permitiera contar con una oportunidad real de ser seleccionado.
Al darme cuenta de eso, dejé el bolígrafo sobre la mesa.
—Me temo que debo retirar mi candidatura.
Y así volví a salir en busca de empleo. Al día siguiente informé a una segunda empresa de que rechazaba su oferta de trabajo.
El día antes de la discusión grupal de la ronda de selección final de Spiralinx, Hakamada colgó un mensaje en la lista de correo del grupo:
Ey! Cuánto tiempo (más o menos). ¿Qué os parece si nos encontramos en la estación de Shibuya para ir juntos a Spiralinx?
No vi ninguna razón para rechazar la propuesta.
Al pasar el torno de Tamagawa, vi que ya había cuatro personas esperando. Morikubo había mandado un mensaje antes diciendo que iría directo después de asistir a otra entrevista, así que al parecer yo había sido el último en llegar.
—No pensé en ningún momento que fuera a pasar esto —señalé, con plena consciencia de que no podía hacer nada para evitarlo.
—¿Me lo dices o me lo cuentas? —dijo Hakamada, riéndose—. Pero, eh, mantengamos una buena discusión. No tengo la menor intención de rendirme, para que lo sepáis.
—Juguemos limpio y que sea justo —dijo Kuga, asintiendo con la cabeza, y su sonrisa me pilló desprevenido—. Lo haremos como es debido, así que nada de rencores, independientemente de la persona que gane. Yo tampoco pienso rendirme.
Les dirigí a los dos un asentimiento firme y entonces solté una risita.
—Llevaba tiempo queriendo comentarte esto, Kuga, pero te gusta mucho hablar de justicia, ¿verdad?
—¿En serio? ¿Tanto lo digo?
—Constantemente —contestaron Shima y Hakamada al unísono.
—Bueno, creo que es un gran concepto —proseguí—. Sé que las cosas no han salido como esperábamos, pero tampoco es razón para que dejemos de comportarnos con justicia.
Los demás asintieron mostrándose de acuerdo.
Solo Yashiro permanecía un poco apartada del grupo, el rostro tenso mientras trasteaba con el móvil.
No la había visto nunca de tan mal humor, pero tampoco podía reprochárselo.
Las semanas anteriores habían sido una sucesión de situaciones irregulares y existía la probabilidad de que no hubiera tenido tiempo de poner en orden sus emociones.
Subimos juntos en el ascensor y nos dieron los pases de visitante en la recepción. Allí, Kogami volvió a disculparse por el cambio en el proceso de selección.
—Gracias a todos por haber venido hoy —dijo, mirándonos a los ojos. En efecto, su actitud profesional y la sofisticación de su despacho renovaron mi deseo de entrar en la compañía.
—Espero que no sea la última vez que nos vemos —dijo Shima—. Voy a hacer todo lo posible.
Esas palabras hicieron que prendiera en mí una sensación de urgencia, me llevaron a sentir que debía decirle algo a Kogami también.
Bajé la mirada un instante para organizar las ideas, pero enseguida me di cuenta de que no podía decir nada que fuera a alterar de manera directa el resultado de la discusión.
Así que, después de vacilar un instante, las palabras que escogí fueron sencillas y me salieron del alma:
—No pienso perder... Pero, gane quien gane al final, estoy seguro de que esa persona será la elección adecuada.
Entrevista n.º 1 : Kogami Tatsuaki, exjefe de Recursos Humanos de Spiralinx, Inc.
12 de mayo de 2019 (domingo), 14.06
Escenario : Una cafetería cerca de la estación de Nakano
Aún recuerdo lo primero que dijo usted cuando llegó a la última etapa del examen de contratación.
¿Por qué? No estoy del todo seguro. Quizá porque me tocó una fibra sensible, o porque me dio un mal presagio sobre lo que iba a pasar...
, aunque es posible que esté imaginando cosas a posteriori .
No hubiera esperado nunca, ni por un instante, que un universitario pudiera hacer algo así. Me dejó sin palabras.
¿Cuántos años han pasado? ¿Ocho? ¿En serio fue hace tanto tiempo? Dejé Spiralinx para fundar mi propia empresa en 2015, así que habrán sido ocho. Sí, fue el año del terremoto. Es verdad que el tiempo pasa volando, ¿eh?
Por fortuna, las cosas me van bien. Es una consultoría centrada en la contratación y, con tantas empresas que sufren por la escasez de talento, tenemos un montón de demanda.
Al principio comenzamos a trabajar sobre todo con compañías pequeñas y medianas, pero estamos generando interés también en sociedades de capital abierto.
Sí, es casi demasiado bonito para ser verdad.
La experiencia de Spiralinx sentó las bases del lugar que ocupo en este momento.