Los seis finalistas 1 #4
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Agradecido, le pasé algunos de mis documentos.

Al final, Shima acabó cogiéndonos papeles a todos, lo que redujo la hora prevista a cuarenta minutos.

También reorganizó el revoltijo caótico de información de la pizarra y clasificó los proyectos de Spiralinx en cuatro categorías: promoción del producto, eventos a gran escala, recopilación de información y anuncios sencillos a través de banners .

Su mano se deslizaba por la pizarra con elegancia impecable cuando...

—¿Quizá podríamos dividir un poco más la categoría de eventos a gran escala? —fue la única sugerencia que me vino a la cabeza.

—Buena idea —convino Kuga—. Quizá también podríamos minimizar la categoría de anuncios sencillos a través de banners , puesto que en realidad no se presta mucho a discusión, y concentrarnos más en otros aspectos.

—Correcto —metió baza Morikubo—. Volveré atrás y conseguiré más información sobre el área de promoción del producto, esa está claro que hay que mejorarla.

—Yo quizá pueda ayudar con los eventos a gran escala —dijo Yashiro, abriendo un poco más los ojos al sonreír—. Tengo algunos contactos que trabajan en gestión de eventos. Intentaré hablar con ellos y averiguar si tienen alguna experiencia en colaboraciones con redes sociales.

Todos asintieron, los bolígrafos entretenidos en una danza que recorría las libretas.

Palabras y frases nuevas comenzaron a llenar la pizarra a medida que la sugerencia de uno desataba una idea en otro.

El tiempo transcurrió a una velocidad absurda.

Nuevas vías de exploración fueron cobrando forma una tras otra y, cuando quisimos darnos cuenta, el tiempo de alquiler de la sala de conferencias estaba a punto de llegar a su fin.

—Eh, eh, esto no va bien.

Levanté la vista de mi pila de documentos y me encontré a Hakamada allí de pie, con los brazos cruzados sobre el ancho pecho, mirando el reloj. Como es natural supuse que se refería a la hora. Pero entonces, esbozando una mueca cómica de amargura, añadió:

—Hoy no he aportado nada útil.

Fue evidente que intentaba hacernos reír más que buscar nuestra conmiseración, así que el resto estallamos en carcajadas.

Era verdad que el desempeño de Hakamada ese primer día había sido tirando a modesto en comparación con el del resto de los miembros. Al llegar al tercer encuentro, no obstante, iba a demostrar su valía.

No fue con exactitud un problema importante, tampoco una discusión acalorada, pero hubo un breve momento de tensión entre Morikubo, quien había sugerido que nos centráramos en dos áreas específicas para nuestra discusión —la promoción del producto y los eventos a gran escala—, y Yashiro, quien sostenía que debíamos tratar también las otras categorías.

No llegó a haber insultos, desde luego, pero sí un intercambio de palabras afiladas, y ninguno de los dos se mostró dispuesto a bajarse del burro.

Con esa carga de tensión en el aire, alguien tenía que dar un paso al frente y pisar el freno.

Pero, cuando Kuga les invitó con calma a que se tranquilizaran, el debate solo ganó intensidad.

Yo me sequé el sudor frío de la frente... y entonces fue cuando pasó.

—Si no podemos resolver este tema, tendremos que solucionarlo con una exhibición de fuerza.

En una muestra de impaciencia, Hakamada se hizo crujir el cuello y se puso en pie.

Era intimidante ver a un hombre de espaldas tan anchas levantarse de un salto.

Morikubo y Yashiro, que hasta ese momento habían permanecido absortos en su feroz toma y daca, se callaron de golpe.

No creo que yo fuera el único en pensar que la cosa iba a acabar de forma violenta.

Un instante después, en un extremo de la sala de conferencias, Hakamada hurgaba en su bolsa. Pero, en vez de sacar un puño americano con púas, cogió unos objetos tubulares envueltos en un bonito papel de regalo; eran cinco, de hecho.

—Vale, sé que esto es inesperado, pero ha llegado la hora de anunciar los Premios Hakamada.

—¿Los Premios Hakamada? —repetí.

Él asintió con la cabeza y comenzó a repartir los tubos sin dar más explicaciones.

—Tú primero, Kuga. Felicidades por haber ganado el Premio Hakamada en la categoría de liderazgo. Este galardón se concede a una persona que haya demostrado un liderazgo excepcional y que haya cohesionado al grupo de manera efectiva. ¡Enhorabuena!

Kuga, que seguía sin comprender la situación, se inclinó con incredulidad y aceptó el premio.

—A continuación tenemos a Hatano. Felicidades por obtener el Premio Hakamada en la categoría de estrategia. Este se concede al miembro del equipo que de manera consistente es capaz de tener una perspectiva global y de guiar al grupo en un rumbo concreto.

El premio era mucho más ligero de lo que yo esperaba. Acto seguido, Hakamada entregó el premio al miembro más valioso a Shima, el de la categoría de recopilación de datos a Morikubo, y a Yashiro el de relaciones internacionales.

—En realidad quería anunciar los ganadores al final del día, pero he pensado que por qué no adelantarlo un poco. Os tuve a todos presentes cuando los compré en los grandes almacenes Takashimaya que hay en Nihombashi. No es que sean superelaborados ni nada, pero, por favor, abridlos.

Los Premios Hakamada nos habían pillado a todos por sorpresa, pero, al abrirlos, nos encontramos con que consistían en un palo de maíz inflado Umaibo.

Para colmo, había escogido un sabor diferente para cada uno de nosotros.

Nos echamos a reír y el humor de la sala de conferencias no tardó en relajarse.

Antes de poder darnos cuenta, el ambiente pesado se había desvanecido por completo.

—¿Qué demonios es esto? —pregunté, con una carcajada.

—Sinceramente, los compré como picoteo. Pero no sé, quizá me dejé llevar.

—¿Y por qué los has envuelto?

—Porque quería reírme un poco de vosotros.

Volví a carcajearme, y el mismo Hakamada me imitó antes de adoptar un tono más grave.

—Ahora en serio, coincido con Morikubo en que deberíamos reducir las categorías en las que concentrarnos.

Pero, como ha dicho Yashiro, tampoco creo que debamos descuidar las otras.

Así que ¿por qué no intentamos crear una estrategia de propósitos generales que se pueda adaptar a cualquier tipo de situación que nos echen? Al menos, eso es lo que sugiero yo.

Se había quebrado la tensión en el momento perfecto, y los demás asentimos con la cabeza mostrándonos de acuerdo.

—Creo que es un compromiso justo —dijo Kuga, otorgándole su sello de aprobación.

Se me ocurrió, mientras me comía el palo Umaibo, uno de los sabores favoritos de mi infancia, que, entre todos, quizá Hakamada fuera el más capacitado para interpretar el humor general del grupo.

Durante la pausa fui al servicio y Morikubo se plantó en el urinario de al lado.

—Hakamada nos ha salvado ahí dentro —le murmuró a la pared.

Antes de poder detenerme, le dirigí una mirada. Morikubo era en general una persona tranquila, de pocas expresiones faciales que aparecían muy de vez en cuando. En todo momento había pensado que era más serio que arisco, pero no esperaba que se mostrase elogioso.

No pude evitar esbozar una pequeña sonrisa.

—Es cuestión de hacer concesiones, ¿eh?

—¿Las discusiones grupales, dices? Sí. —Morikubo miró la pared con expresión distante—. Ya he participado en algunas. Pero siempre hay aguafiestas, ¿sabes?

—¿Aguafiestas?

—Gente sin capacidades reales, o de esos que se leen un manual e intentan hacerse con el mando sin razón —prosiguió en voz baja—.

Malgastan el tiempo de todos diciendo cosas como «Vamos a resumir lo que hemos hecho hasta ahora» y repiten lo que ya habían dicho los otros.

No aportan nada útil. Lo único que logran es que la sala entera se venga abajo, arrastrándolos a todos consigo. Así que son eso, aguafiestas.

—Hum..., nunca me lo había planteado así, pero supongo que tienes razón.

—No había estado nunca en un grupo como este. Es como si, por una vez, todo el mundo tuviera la cabeza sobre los hombros.

Era, probablemente, el cumplido más elevado que podía ofrecer. No fue necesario que usara un lenguaje más sencillo. Después de subirse la bragueta, añadió:

—No me gustan los numeritos, así que es posible que antes transmitiera la sensación de ser inaccesible. Lo lamento. Pero te prometo que haré lo que sea necesario para entrar en Spiralinx. Todos vamos a obtener esos puestos de trabajo... juntos.

Me quedé mirando la espalda de Morikubo mientras salía del servicio. Estaba tan seguro de sí mismo que casi sentí deseos de echarme a reír. Mis sentimientos eran un reflejo de los suyos: deseaba que entráramos todos en Spiralinx.

En ese momento casi tenía la certeza de que tanto daban los desafíos a los que debiéramos enfrentarnos o el número de situaciones inesperadas que pudieran surgir, que no supondrían ningún problema.

Estábamos formando el mejor equipo posible y no tenía la menor duda de que todos recibiríamos lo que nos merecíamos.

El cuarto encuentro tuvo lugar el 12 de abril, un martes.

Yashiro se lo perdió porque fue a entrevistar a uno de esos conocidos de los que nos había hablado, que trabajaba para una empresa de gestión de eventos, y Morikubo no pudo asistir por culpa de un cambio de última hora en su trabajo de media jornada, así que acabamos siendo cuatro.

Hakamada y Kuga se fueron después de solucionar los asuntos más urgentes, y nos quedamos a solas Shima y yo.

Puesto que aún disponíamos del espacio un rato más, pensé que podía rematar las solicitudes que iba a presentar en los procesos de selección de otras empresas.

Mientras rellenaba los formularios, me sentí menos como si me hubiera quedado a estudiar hasta tarde y más como si estuviese haciendo horas extras.