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DAPHNE : Y luego se mudaron las gemelas.
Estudiaron un año de merchandising de moda en la universidad, lo dejaron, abrieron una tienda de ropa exclusiva que fundé yo y luego la llevaron a pique.
Después se buscaron unos maridos ricos de Florida y empezaron a tener bebés.
Y, de pronto, me encontré sola, justo en el momento en que me hacía vieja de verdad.
Claro que era atractiva, pero no tan guapa como antes.
Aunque a ti esto te trae sin cuidado, ¿verdad?
Nadie quiere oír lo traumático que puede ser envejecer para una mujer.
O lo duro que es cuando pasas de ser lo más importante en la vida de tus hijos a una actriz secundaria.
No. Tú lo único que quieres saber es si hubo más asesinatos.
RUTH : Y bien, ¿los hubo?
DAPHNE : Sí. A decir verdad, soy como un borracho que vuelve a beber. Tenía dinero, tenía libertad, pero lo seguí haciendo.
RUTH : Vale. ¿Pero quién fue? Continúa.
DAPHNE : ¡Qué impaciente! ¿Cuántos asesinatos necesitáis?
Supongo que tú y tus oyentes morbosos diréis que cuantos más mejor.
Hubo un asesinato, un asesinato más, y luego lo dejé hasta que murió Warren Ackerman.
Se llamaba Donald St. Clair. Yo era una cincuentona, y él tenía diez años más que yo.
Debes saber un poco sobre quién era Donald, Ruth.
Lo único que le importaba era su carrera profesional y, cuando lo conocí, ya se había divorciado tres veces, había sufrido un infarto que le obligó a jubilarse y tenía unos hijos que jamás le telefoneaban porque él no había estado nunca pendiente de ellos.
La profesión está muy bien y todo lo que quieras, pero si eso es lo único que te importa, acabarás solo y con miedo de pringarte de mierda.
RUTH : De acuerdo, intentaré llevar una vida feliz y plena con montones de deudas estudiantiles, con un alquiler que apenas puedo pagar y una madre que necesitará asistencia a domicilio dentro de poco. Gracias por este consejo para la vida.
DAPHNE : No seas insolente, solo digo que en la vida no todo es el dinero.
¡Aunque es una distracción muy buena! La pena es que Donald St. Clair se encontraba en un punto en el que lo único que realmente deseaba era una esposa.
Nos conocimos en Hawái en 1990, que es un magnífico lugar para encontrar a viejos desgraciados podridos de dinero.
Enseguida me instalé en su mansión de Colorado, que parecía ese hotel de El resplandor .
[ EDICIÓN: NO INCLUIR EN EL PÓDCAST ]
RUTH : ¿Dónde vivías en Colorado exactamente?
DAPHNE : Cerca de Aspen.
RUTH : Oh, tengo familia en Colorado. Mi madre se crio allí. Se trasladaron a Florida cuando mi abuelo abandonó la familia por otra mujer.
DAPHNE : Santo cielo, las mujeres de tu familia son incapaces de retener a un hombre.
RUTH : Da igual hombres que mujeres, al parecer no sabemos retener a nadie… Y bien, ¿cuánto duró el matrimonio?
[ FIN DE LA PARTE ELIMINADA ]
DAPHNE : El matrimonio duró dos años. Tal vez menos.
Al principio, creí que habría bastante lujo como para mantenerme ocupada.
Había visto Dinastía —, sabía que en Colorado había mucha gente rica, pero al final aborrecí esas calles que siempre estaban nevadas y esa cháchara sobre el pez gordo que había sido Donald.
Así que tuve que matarlo para no pasar otro invierno en las montañas.
¡Regresé a Nueva York ilusionada al máximo antes de las navidades del año 91!
Y esto es todo lo que puedo decir sobre Donald.
Nuestro matrimonio fue corto, pero algo perduró: su apellido.
Me gustaba tanto Daphne St. Clair que decidí conservarlo.
RUTH : ¿Y ya está? No has escatimado detalles en relatar los otros asesinatos y, en cambio, ¿a este pobre hombre no le dedicas ni un párrafo? ¿Sabes lo ofensivo que resulta esto para su familia?
DAPHNE : Bueno, ¿cuánto más se pueden ofender? ¡Si ya lo maté!
RUTH : Al principio, daba la impresión de que asesinabas a tipos que te maltrataban, pero ahora es como si nadie fuera lo bastante bueno para ti. Que estos hombres no te importaran lo más mínimo.
DAPHNE : Ooh, una visión fascinante sobre la psique criminal. No sé por qué estás tan exaltada, ese tipo no tenía nada de especial.
[Ruth respira hondo y no dice nada durante un minuto].
RUTH : ¿Y sus hijos? ¿Sabes cómo se llaman? Me gustaría entrevistar a uno. Su padre se merecía algo mejor.
DAPHNE : Por Dios, ¿por qué pierdes el tiempo?
RUTH : Esto ya lo hemos hablado antes. Sería mejor que me contaras lo que recuerdas. Tanto si me ayudas como si no, lo averiguaré.
DAPHNE : ¿Es una amenaza?
RUTH : Más bien una promesa. Claro, solo si me estás tomando el pelo.
DAPHNE : Jesús, ¡estás paranoica! ¡No te he dicho nada más que la verdad!
RUTH : ¿Toda la verdad?
DAPHNE : Lo juro ante Dios.
RUTH : Es que no sé si sabes que muchas personas hablan de este caso en internet, e intentan relacionarte con asesinatos famosos no resueltos.
He leído estos hilos: los asesinatos del Tylenol, la Dalia Negra, varios crímenes en pequeñas localidades del estado de Nueva York, incluso los envenenamientos ese fin de año en Miami…
Solo quiero confirmar que no has matado a nadie más.
DAPHNE : Ruth, ¿qué tratas de decirme?
RUTH : Me pregunto si has confesado todos los asesinatos que has cometido.
DAPHNE : Eso es ridículo. ¿Por qué debería mentir? ¡La única razón por la que la gente sabe que soy una asesina, de que cada uno de esos hombres fue asesinado, es gracias a mí!
RUTH : Bueno…, muchos asesinos mienten, incluso una vez que han sido detenidos.
A veces es por un tema de control, como cuando mucha gente creía que Charles Manson ordenó más asesinatos, pero prefería mantenerlo en secreto.
Y otra veces es una moneda de cambio para negociar.
Ted Bundy solía decir que había cometido más asesinatos de los que sabía la gente, y que colaboraría con la policía si retrasaban su ejecución.
DAPHNE : Sí, pero todos esos asesinos no querían que los pillaran. Yo he confesado. Así que vuelvo a lo mismo: ¿por qué tendría que mentir?
RUTH : Esta es una muy buena pregunta… Tal vez hayas matado a muchas más personas de las que pretendes hacer creer…
O quizá hayas hecho cosas que induzcan a la gente a pensar lo peor de ti.
O puede que hagas esto para burlarte de mí.
El caso es que nadie acaba de entender por qué has confesado.
La gente me lo pregunta todo el tiempo. Desconozco cuáles son tus motivos, de modo que, por lo que sé, podrías estar mintiendo sobre un montón de cosas.
DAPHNE : Francamente, ¡ya te estás poniendo pesada! No sé si necesitas un trago de algo fuerte o un buen revolcón, ¡pero algo hay que hacer! ¡Vete!
SustoOMuerte:
Guau. O sea que a Donald le dieron el pasaporte con malos modos, ¿no?
PresaTodoElDía:
Supongo que, cuando has matado tantas veces, ya los empiezas a confundir todos.
SustoOMuerte:
Pero funciona como apellido. Daphne St. Clair es muy Sasha Fierce.
AlSueloYTrolea:
Manda huevos. Es un nombre de puta.
SustoOMuerte:
¡Guau! ¡¡O sea que Ruth está leyendo nuestros comentarios!! ¿Qué cree Ruth que oculta Daphne?
PresaTodoElDía:
¿Puede que nada? Pero sí que parece que la esté desafiando, como si supiera algo concreto.
AlSueloYTrolea:
Esta es una forma extraña de decir gracias por darle alas y pasta. ¡Con Daphne tiene el futuro asegurado, leches!
SustoOMuerte:
No sé, tal vez es personal…
FiestaCapote:
¿Pero no tenéis la sensación de que nos hemos saltado algunos años? Estábamos en 1970 y de pronto nos metemos en 1991, ¿no? ¿Qué ha pasado entremedias? Quizá es eso a lo que se refiere Ruth.
SustoOMuerte:
Probablemente nada. Igual se lo contó a Ruth, y no funcionaría en formato pódcast.
PresaTodoElDía:
¡Sí, queremos chicha, nada de paja!
ENTREVISTA CON LEAH SIMMONDS,
HIJA DE DONALD ST. CLAIR
RUTH : Pues bien, ahora ya lo sabe. ¿Llegó a conocer a Daphne?
LEAH : No… En ese momento hacía más de diez años que no veía a mi padre. Aun así, no puedo creer que lo asesinaran. Me quedé estupefacta cuando la policía se puso en contacto conmigo.
RUTH : ¿Cómo se siente?
LEAH : Mi padre se merecía algo mejor. Como todo el mundo.
Yo soy el fruto de su segundo matrimonio, que duró tan solo cuatro años.
Pero, en cualquier caso, era mi padre. Una parte de mí siempre confiaba en que más adelante, cuando se jubilara, tendríamos más relación, que tal vez se interesaría por mí, pero Daphne acabó con esa oportunidad.
RUTH : Lo lamento mucho. Sé que su madre ha fallecido, pero supongo que no me podría facilitar ningún dato sobre la tercera esposa de Donald. ¿Entiendo que tuvo una hija con ella?
LEAH : La verdad es que no se lo podría decir. Es que mi padre no pintaba nada en mi vida. Trabajaba todo el tiempo y al parecer iba de flor en flor, de un matrimonio a otro. Los hijos eran solo una consecuencia secundaria para él.
RUTH : Siento que haya tenido que crecer en semejantes circunstancias. Las relaciones padre-hija pueden ser muy complicadas.
LEAH : Sí. Por cierto, ahora que sabemos que fue asesinado, ¿hay alguna forma de recuperar la herencia? ¿Debería hablar con un abogado tal vez?
RUTH : Puede hacerlo, por supuesto, pero tengo la sensación de que se lo gastó todo. No era ahorradora, que digamos.
LEAH : Menudo monstruo.