Los seis asesinatos de Daphne St. Clair 22 #3
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—¿Sí? —preguntó Ruth. Fijó la vista en el indicador de combustible, apagó el motor y bajó la ventanilla. Aunque ya anochecía, entró de fuera una bocanada de aire caliente, como si acabara de abrir un horno.

—¿Ruth? Soy Lucy.

—Ah… vale. Hola —farfulló Ruth estupefacta, tirándose bruscamente hacia delante en el asiento.

Joder. Siempre se había sentido como una niña al lado de Lucy.

No era solo porque Lucy tenía quince años más que ella y pertenecía a otra generación, sino porque le daba la sensación de que Lucy encarnaba la elegancia suprema e iba vestida con un gusto exquisito; era la mismísima Ivanka Trump de Palm Haven.

Era solo cuestión de tiempo que acabara saliendo en un programa de telerrealidad sobre los mejores agentes inmobiliarios de lujo, y Ruth no tendría más remedio que escribir artículos en busca de clics sobre ella.

—Supongo que habrás recibido mi carta, ¿no? —preguntó Lucy.

—La he recibido, sí —respondió Ruth con cautela, frotándose los ojos cansados—. Me alegré mucho de saber de ti. Aunque el tono de la carta dejaba un poco que desear…

—Y, aun así, todavía sigues con ese pódcast —repuso Lucy cortante—. Estoy confundida. ¿No te das cuenta del riesgo que corres?

Ruth no podía pensar con claridad, y se preguntó si esta conversación era tan amenazadora como pintaba o si el agotamiento la estaba volviendo paranoica. Ambas posibilidades parecían viables.

—No tengo nada que perder. Me habéis cortado las alas como profesional todos estos años. Pero finalmente he encontrado a alguien a quien no podéis presionar para que se ponga en mi contra. Supongo que los asesinos en serie no se asustan tan fácilmente —replicó Ruth.

—Si lo has pasado tan mal, ¿por qué no te largas? Ni siquiera vas a adquirir una vivienda a corto plazo; podríamos desahuciarte en cualquier momento. Vete a la costa oeste y escribe tus penosos artículos allí. Sería lo mejor para todos, te dejaríamos tranquila —le espetó Lucy.

Ruth tragó saliva, consciente de que esa era la primera vez que se confirmaban sus sospechas. Los Montgomery eran la verdadera la razón por la que muchos de sus trabajos habían quedado en nada y por la que era invisible para muchos contactos prometedores.

—Estoy bien. Todavía tengo que aclarar muchas cosas. Además, ahora tengo este pódcast, o sea que estoy muy contenta de haberme quedado —respondió Ruth.

—Ruth, esta no es tu historia. Es mi historia. Mi familia. Mi dinero —dictaminó Lucy con voz temblorosa—. Déjanos en paz. Estás deshonrando su memoria.

Ruth tragó saliva, tratando de decidir si Lucy se emocionaba de verdad o si eso era una artimaña para manipularla.

—Es mi familia también —susurró Ruth—. Y mi intención no es perjudicaros; solo trato de buscar la verdad. Este pódcast… será beneficioso, lo prometo.

—Ruth, ¿de verdad piensas que perder un par de trabajos es lo peor que te puede ocurrir si sigues adelante con este pódcast?

En este estado no hay ninguna persona influyente con quien no tengamos amistad.

Ni te imaginas de lo que somos capaces… Además, este pódcast es repugnante.

Nadie quiere escuchar a una asesina —dijo Lucy, y colgó.

Ruth suspiró y apoyó la frente en el volante, con miles de réplicas dando vueltas en su cabeza y un nudo en el estómago por la ansiedad.

Lucy era rica, tenía muchos contactos y, lo más importante, estaba enfadada con ella. Ruth se había ganado una enemiga muy poderosa. Sin embargo, Lucy también estaba equivocada.

Todo el mundo deseaba escuchar a una asesina.

PresaTodoElDía:

Escuchad, chicos, sé que es extraño, pero ¡ ACABO DE VER A RUTH !

¡Seguro que hace poco que ha regresado de su escapada!

Vivo en Palm Haven (nada de doxing , porfa), en el barrio que hay junto a la playa.

Algunos medios dijeron que Daphne había vivido aquí en un bloque de una propiedad de lujo (el Blue Diamond) antes de que se trasladara a una residencia para la tercera edad, pero no sé si esto se llegó a confirmar.

Pero el caso es que hoy, al volver a casa, Ruth estaba dentro de un cochecillo bastante hecho polvo que había aparcado, mirando por la ventanilla.

Busqué rápidamente en las imágenes de Google y, sin ninguna duda, era ella.

¡En la parte de atrás de su coche había incluso una pegatina de la universidad donde Ruth se había graduado!

SustoOMuerte:

¡Oooh, ualaaa! ¿Y si también vive en el barrio?

PresaTodoElDía:

No, por la forma en que se queja del dinero, seguro que no vive por aquí cerca. Creo que lo más probable es que esté haciendo algo para el pódcast.

IncendiariaDeLibros:

¿Qué es lo que hacía?

PresaTodoElDía:

Estar sentada y mirar, solo. ¡La podría haber saludado, pero parecía muy concentrada en lo suyo!

IncendiariaDeLibros:

O sea, ¿que estaba mirando el Blue Diamond?

PresaTodoElDía:

No, no miraba otro edificio, el Seacrest. Es el más bonito de por aquí, superrexclusivo. Aunque me parece recordar una historia sobre él. Ocurrió mucho antes de que me mudara. Una muerte sospechosa. Tendré que investigar un poco.

IncendiariaDeLibros:

Así que tienes pasta, ¿eh? Cuadra todo.

PresaTodoElDía:

Que te den.