17 #3
DAPHNE : Y me has dicho que no constas en su testamento, que no te pasa dinero. ¿Eso no te pone furiosa? ¿No te gustaría que apechugara con algunas consecuencias de sus acciones?
RUTH :… No… Realmente, no he pensado en ello…
DAPHNE : Anda ya. Estás mintiendo.
RUTH : Déjalo.
DAPHNE : ¿Sería tan malo que alguien se lo cargara? ¿De verdad?
RUTH : ¿Me tomas el pelo? ¡Joder, sería un auténtico drama si se muriera algún miembro de mi familia! Estás hablando de seres humanos. Y vale, mi padre no estaba cuando yo era pequeña, pero hemos recuperado la relación como adultos. ¡Yo no soy como tú, Daphne! ¡Yo sí sé perdonar!
[Se oye el ruido de una butaca. Ruth se ha puesto de pie y se ha ido al lavabo. Al final regresa].
DAPHNE: OK , mensaje recibido. Y no te preocupes, nadie va a matar a tu familia.
RUTH : Ya está. Soy periodista, solo trato de hacer mi trabajo. Mantén a mi familia al margen de esto. Sigamos, por favor.
DAPHNE : Ni siquiera recuerdo de qué estábamos hablando antes de este berrinche que has pillado.
[ FIN DEL CAPÍTULO ELIMINADO ]
RUTH : ¿Ese fue tu primer envenenamiento? La policía ha dicho que es tu modus operandi favorito. ¿Estás de acuerdo?
DAPHNE : Sí. El veneno es el mejor amigo de una chica.
Los hombres son violentos; les gustan los cuchillos porque los pueden manejar igual que su polla, y luego metérselos a alguien.
Pero las mujeres solo quieren hacer su trabajo con la máxima tranquilidad y sigilo.
La gente dice que es de cobardes, pero no tiene nada de cobarde si naces mujer y sabes que todo el mundo (¡qué leches, incluso en tu propia casa!) está hasta arriba de hombres que quizá algún día decidan violarte y matarte.
Para vivir siendo consciente de esto sin volverte loca hay que ser valiente.
Los hombres con quien estuve casada pesaban unos cuarenta y cinco kilos más que yo.
No hicieron nada para ser así, sencillamente la naturaleza les dio esta ventaja.
O sea que tuve que valerme de las otras ventajas que puedes encontraren la naturaleza.
RUTH : Por tanto, según tú, ¿el veneno es una herramienta de la que dispone el feminismo? ¿Un gran emancipador de las mujeres?
DAPHNE : Bueno, iguala las condiciones en el campo de juego.
Pero hay que echarle narices para sonreírle a alguien a la cara mientras le sirves una taza de mortalidad bien caliente, para aguantarlo por las noches mientras sufre y, luego, despertarlo cada mañana y matarlo un poco más. ¿Tú podrías hacer eso?
RUTH : No, jamás.
DAPHNE : La verdad es que fue fácil con Geoffrey.
Cada mañana se tomaba un puñado de pastillas para aliviar los síntomas que le provocaba el cáncer.
No era una persona que se fijara mucho en los detalles; era la clase de hombre que era capaz de beber perfume si lo dejabas demasiado cerca del mueble bar y ni se le ocurriría preguntarse por qué el aliento le olía a rosas.
Fue facilísimo hacerse con un frasco del medicamento que le recetaban a su padre para el corazón y con varios sedantes que tomaba su madre antes de que la metieran en el manicomio.
Y después, simplemente, cambié sus pastillas por esas.
Sabía que nadie desconfiaría porque todos estaban esperando que Geoffrey muriera.
Supuse que o acabaría envenenado por las pastillas o que moriría porque no tomaba la medicación adecuada. Nadie perdía.
RUTH : Bueno, tú ganaste. Geoffrey no.
DAPHNE : Es lo mismo, de hecho.
Me llevó un mes y medio. Supongo que lo podría haber acelerado, pero quería ir con cuidado, hacer que pareciera natural.
Geoffrey empezó a quejarse de dolor de barriga, y los médicos le recetaron más pastillas, que él trataba por todos los medios de no vomitar.
Cada vez estaba más débil, aunque se negó a dejar de beber, un acto heroico por su parte.
Una noche se acostó después de tomarse un whisky doble y ya no se despertó.
Fue la primera vez que me despertaba junto a un cadáver, pero sin duda no sería la última. Digamos que son gajes del oficio.
En el día de su funeral, les puse a las gemelas (que tenían diez meses) unos vestiditos negros y a James, su primer traje.
Yo lucía un traje Chanel negro y un gran sombrero con un velo negro.
No quería que nadie viera mi expresión de triunfo en el rostro cuando bajaron el ataúd al foso.
No me iban a enterrar con él, ese hombre débil y decepcionante.
Se lo dieron todo en la vida, y la jodió. Yo lo haría mejor.
HAUTEHISTOIRE : «No me he podido resistir a presentaros otra estética para Daphne, chicos, ¡porque este episodio es aún mejor!
Pues bien, este mi look funerario chic. Negro de arriba abajo, claro, pero es importante jugar con las texturas, así que he optado por una falda de tubo de látex Saint Laurent, una blusa con un cuello de encaje, un blazer muy ancho y unos impresionantes zapatos de tacón de aguja Christian Louboutin, solo para que cualquier candidato de los que nos están escuchando sepa que, ¡aunque hoy pronunciéis un panegírico, mañana tenéis total libertad para beber!
Y no nos olvidemos del velo de luto, que lo ideal sería que estuviera sujeto a un sombrero fabuloso.
Tenemos a Jackie Kennedy de nuevo, esta vez en el funeral de JFK , pero es también una forma excelente para ocultar el hecho de que puede que no estés tan triste como la gente espera de una viuda.
¡Así que este es el look ! Mi tía murió hace poco en un accidente de carrito de golf, ¡y me muero de ganas lucir este modelazo! ».
PresaTodoElDía:
¡Vale, tenemos otro envenenamiento! Por lo que ha contado en el pódcast, ya ha envenenado a Geoffrey y ha matado a Ted y Frankie de un empujón. Pero sabemos que también envenenó a Warren Ackerman, aunque aún no hemos llegado a esta parte de la historia.
AlSueloYTrolea:
Pero es de psicópatas compartir cama con alguien mientras lo estás envenenando poco a poco.
SustoOMuerte:
OOOOH qué MIEEEDO .
FiestaCapote:
Ey, ¿alguien sabe si se puede llamar a Daphne? Dicen que está en una residencia de mayores y que la puedes llamar por teléfono.
PresaTodoElDía:
Qué va. Si eso fuera cierto, la peña andaría loca por llamarla. ¡Orgásmico!
IncendiariaDeLibros:
Interesante dónde tienes el foco puesto. Dice mucho de ti…
AlSueloYTrolea:
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