16 #2
Se hizo un silencio cuando mi engaño se quedó suspendido en el aire.
Geoffrey frunció el ceño. Ambos sabíamos que mentía: en esa época, todas las jóvenes aspirantes a estrella solteras de Hollywood recurrían al mismo truco, «adoptar» a un bebé que se les parecía.
Cualquier otro día me habría dejado sin más, pero Geoffrey estaba desesperado, al día siguiente puede que se sintiera más fuerte, pero hoy era mío.
—Qué acto tan noble —declaró al final, cogiéndome la mano—. Qué te parece esto: tú me das un hijo y yo adopto al niño. Me aseguraré de su bienestar.
—Qué amable de tu parte —le dije con voz suave, como si cerráramos un trato de negocios. Que era lo que hacíamos, supongo—. Creo que seremos felices juntos, Geoffrey. ¿Y quién dice que no saldrás de esta? —Añadí, casi esperando a que no se recuperara.
—Ojalá —dijo Geoffrey, y apuró el vaso.
Fue el mejor día de mi vida. Un hombre rico que estaba enfermo terminal quería casarse conmigo y adoptar a mi hijo. Lo único que debía hacer era darle varios recuerdos felices y un bebé.
QUINTO EPISODIO: 1960-1963
RUTH : No lo entiendo. Antes de que conocieras a Geoffrey, daba la impresión de que eras casi feliz, cuando hablabas de tu trabajo en los almacenes, de tus citas y de pasar tiempo con James.
DAPHNE : «Feliz» tal vez sea exagerado. Me pegaba un hartón de currar y, como trabajo extra, me tiraba a un montón de tipos mediocres. Pero me gustaba la independencia. Era la primera vez en mi vida que me valía por mí misma, sin que nadie me controlara.
RUTH : Te habrías podido quedar con eso. Puede que incluso al final hubieras encontrado a una pareja de verdad. Pero no, lo tiraste todo por la borda para casarte con un borracho que ni siquiera amabas.
[ EDICIÓN: NO INCLUIR EN EL PÓDCAST ]
DAPHNE : ¿Crees que debería haber hecho lo que hizo tu madre, que también era madre soltera? ¿Seguir trabajando como una condenada?
RUTH : ¿Tan malo es eso?
DAPHNE : ¿No habrías preferido crecer en un entorno rico, con una madre que jamás se preocupara por el dinero? ¿Una madre que te podría dar un futuro?
RUTH : Quizá. Pero no me habría gustado que se casara con un borracho imbécil para lograrlo. Y me habría gustado que ella también fuese feliz.
DAPHNE : ¿Qué puedo decir? Creo que nunca he sabido cómo ser feliz. ¿Tú eres feliz?
RUTH : Oh, no, no del todo… Las cosas han sido bastante duras para mí últimamente.
DAPHNE : ¿Y me dices que un poco de dinero no te alegraría?
RUTH : Sí, vale, es probable…
DAPHNE : ¿Por qué no pides ayuda a tu padre? ¿A qué se dedica?
RUTH : Bueno, era cirujano plástico antes de jubilarse, y tenía un negocio familiar. Pero no es una opción. Él… él no está en condiciones de ayudar.
DAPHNE : Los cirujanos ganan mucha pasta, sobre todo aquí. ¿Estás por lo menos en el testamento?
RUTH : Eh, es, la verdad, muy complicado… No puedo hablar de eso por razones legales. Pero en resumen…, no.
DAPHNE : Por Dios, te has llevado la peor parte, ¿no? Tal vez tú deberías casarte con un tipo rico que está a las últimas. Y bien, ¿te cuento cómo fue mi boda con Geoffrey?
RUTH : Sí.
[ FIN DEL CAPÍTULO ELIMINADO ]
DAPHNE : Actuamos rápido, antes de que él tuviera tiempo de pensar con claridad.
Era fácil casarse entonces, antes de que nadie tuviera ordenadores para comprobar nuestra identidad.
Yo llevaba un minivestido de encaje con mangas acampanadas.
De todos los vestidos de boda que había llevado, ese era mi favorito.
Era un auténtico bellezón de joven. Creo que no habría hecho ni la mitad de las cosas que conseguí si no hubiera sido atractiva.
Ruth, la gente se lo perdonará casi todo a una mujer guapa.
Ojalá pudieras experimentar esto solo una vez. Te embriaga.
RUTH (molesta): Gracias. Bueno, ¿y qué ocurrió después de la boda?
DAPHNE : Me quedé embarazada enseguida. Por lo visto, ¡Geoffrey era extremadamente fértil, a pesar de ser un alcohólico con una enfermedad terminal!
Pero supongo que Dios da con una mano y quita con la otra.
Geoffrey estaba entusiasmado con el bebé y decía que le quería poner Geoffrey Jr. y lo mandaría al colegio privado donde estudió él.
RUTH : ¿Estaba seguro de que era un niño?
DAPHNE : Quería un niño. Básicamente, porque su hijo podía tener exactamente la misma vida que Geoffrey, como si tratara de copiarse a sí mismo. Lo encontré raro. Los ricos no quieren cambiar nada para sus hijos, mientras que los pobres quieren que todo sea distinto.
RUTH : ¿Dónde vivíais?
DAPHNE : En el piso del Upper East Side donde se había criado Geoffrey.
Era enorme y estaba lleno de antigüedades.
Jamás había visto un piso como ese en Nueva York; había habitaciones enteras que nunca había utilizado, repletas de cosas que nunca tocamos, desde el papeleo de su padre hasta viejos medicamentos de su madre.
James tenía la habitación llena de juguetes, pero echaba de menos dormir con él.
Me pasaba los días comprando, llevando a James al zoo y tomando martinis con las otras esposas ricas.
RUTH : Pero estabas embarazada.
DAPHNE : El embarazo en los sesenta era más divertido. Podías fumar y beber.
RUTH : ¿Eras feliz, entonces?
DAPHNE : Debería haberlo sido, porque por fin era rica y tenía una vida glamurosa.
Ahora bien, no soportaba volver a estar embarazada.
En esta ocasión, me sentía muy pesada, totalmente atada al mundo, como una cerda destinada a procrear.
No ayudó que, cuanto más gorda estaba, más me la pegaba Geoffrey con otras.
Desde el diagnóstico de cáncer era aún más fiestero, como si bebiendo y follando pudiera ahuyentar sus miedos.
A lo largo de mi vida, he aprendido una y otra vez a no esperar fidelidad por parte de ningún hombre.
Si quieres fidelidad, cómprate un perro.
Si quieres algo que no monte todas las piernas de la ciudad, cómprate una planta.
RUTH : Es una cerdada esto de ponerle los cuernos a tu mujer embarazada. ¿Estabas furiosa porque te engañaba?
DAPHNE : Has metido el dedo en la llaga, ¿eh?
De hecho, lo que me ponía furiosa era que me hubiera dejado tirada.
Y también que no soportara a mi hijo. Parecía que solo le caía bien cuando James estaba calladito en otra habitación.
¡Pero así son los que vienen de familias con pasta!
¡Aman a sus perros y odian a sus hijos! Me habría dado igual si no fuera porque aún no había adoptado a mi hijo.
No paraba de decir que ya lo haría, pero no movía ni un dedo.
Eso era un problema. Me había casado con Geoffrey y me había quedado embarazada de él para que mi hijo pudiera tener una vida mejor, y empezaba a preocuparme por si el precio que había pagado era demasiado alto…