Los seis asesinatos de Daphne St. Clair 10
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Una noche vino Ted. Estaba borracho como una cuba, jamás lo había visto tan mal. Sus ojos giraban como si estuviera montado en una atracción de feria. Sin embargo, estaba contento porque había ganado mucho dinero jugando, más de lo que había ganado nunca en un juego de azar.

—Quizá, si me lo pides bien, mañana te llevaré a cenar fuera —me dijo Ted mientras intentaba encenderse un cigarrillo. Necesitó cuatro intentos para atinar con la boca.

—Estaría bien —dije, inexpresiva; me traía sin cuidado si íbamos a cenar o no. Mis auténticos placeres eran las noches en que no venía. Cuando estaba allí, anulaba toda mi existencia, como una sombra que tapa el sol.

—Bah, vete a la mierda —me espetó arrastrando las palabras, y me tiró el cigarrillo—. ¿Por qué debería sacar a cenar a una zorra tan desagradecida?

—No soy desagradecida —murmuré, deteniéndome a recoger del suelo, mi suelo, el cigarrillo encendido.

—¡Sí lo eres! ¡Nada de lo que hago por ti es suficiente! —Me escupió, estampando la palma de la mano en la mesa.

Me quedé inmóvil. Me di cuenta de que su actitud era peligrosa, de que todo pendía de un hilo. Si yo hacía algo incorrecto, todo se iría al traste. Así que no hice nada. A veces deseaba tener esa clase de poder, el poder de un hombre, para cambiar el ambiente la casa solo con mi estado de ánimo.

—¿Eh? ¿Resulta que eres demasiado buena como para responderme siquiera? —Antes de que me diera cuenta, ya se había puesto de pie. Me agarró por el pelo y tiró fuerte—. No olvides que te salvé el culo. Si no hubiera sido por mí, ¡ahora estarías muerta en una cloaca!

—Lo sé, muchas gracias, Ted —dije con voz suave, aunque tenía la sensación de que me iba a arrancar el cuero cabelludo—. Escucha, hoy ha sido un gran día para ti. ¿Por qué no te vas a casa, echas una buena dormida y mañana lo celebramos como es debido?

Abrí la puerta con delicadeza, confiando en que se marcharía a su casa, y en que yo habría logrado superar otra noche.

Sin embargo, Ted emitió un ruido de pura rabia y se abalanzó sobre mí, rodeándome el cuello con las manos.

Me estrangulaba con todas sus fuerzas, cerrándome la garganta con la misma facilidad que si arrugara un trozo de papel.

Se me nubló la vista. Iba a morir en ese piso, había echado a perder esa vida tan corta de mierda que había tenido.

Era solo otra chica más que un hombre había decidido matar.

En un último acto de desesperación, levanté una pierna y le di con la rodilla en los huevos. En ese momento ya veía unas manchas blancas, como si la nieve sepultara la ventana de una cabina. Pero el rodillazo surtió efecto, emitió un gemido y noté que sus manos se soltaban de mi cuello.

Hice unas inspiraciones rápidas, tratando de enfocar la vista.

Ted se tambaleaba en el rellano, justo delante de mi puerta, abierta.

Estaba encorvado hacia delante, abrazado a sí mismo.

Durante un segundo, pensé que todo había pasado, que ya habíamos terminado por esa noche, horrorizados por lo lejos que habíamos llegado.

—¡Tú, hija de la gran puta! —Gruñó Ted, poniéndose de pie.

Ya había levantado las manos, dispuestas a estrangularme, cuando le propiné una patada en el abdomen. Se inclinó hacia atrás, balanceando los brazos como un bailarín en un musichall , y luego se precipitó de espaldas escaleras abajo, hasta que no lo vi más.

Me quedé arriba, tratando de oír algo más allá de mi propia respiración sibilante. Silencio. Esperé un poco más, con la mano encima del pomo por si subía corriendo las escaleras y yo debía atrincherarme en el piso. Sin embargo, al final, reuní el valor para descender a la oscuridad.

Estaba tumbado en el suelo, con el cuello torcido en un ángulo forzado. Costaba reconocerlo. Tenía el rostro completamente desfigurado por la caída y un tajo enorme en un lado de la cabeza.

Supe que estaba muerto en el momento en que lo vi.

Me quedé de pie allí, asombrada de que toda una vida pudiera esfumarse en un instante.

Sentía un hormigueo en el cuerpo y también una excitación extraña, como si estuviera sentada en la primera fila de un espectáculo de magia y hubiera quedado deslumbrada por un truco.

Me incliné y le cogí la cartera; con cuidado, saqué el dinero que había ganado en el juego, pero no me lo llevé todo para que no pareciera que le habían robado.

Los lugares donde Ted jugaba eran unos antros de mala muerte, la clase de sitios que no existen durante el día.

Nadie sabría jamás que había amasado una fortuna.

Subí las escaleras a toda prisa y cogí las pocas pertenencias que tenía, escondiéndome la maleta bajo el abrigo.

Debía largarme de allí lo antes posible, porque no sabía si los vecinos nos habían oído discutir.

La gente prefería mantenerse al margen en ese barrio, y dudaba de que alguien avisara a la policía, pero si la poli venía de improviso, alguien les podría hablar de la chica que Ted tenía arriba.

Me detuve para echar una última mirada tierna al cuerpo de Ted.

Verlo tumbado allí me envalentonó. Y luego pasé por encima de su cuerpo y me escabullí en la noche.

Tenía que llegar a la estación y comprar un billete para el siguiente tren con rumbo a algún lugar importante.

En realidad, no importaba mucho dónde empezara, ya sabía a dónde me dirigía.

El robo me había conducido hasta Winnipeg.

El asesinato me llevaría a la ciudad de Nueva York.

—Y ese fue mi primer asesinato —declaró Daphne—. Fue entonces cuando aprendí que era capaz de matar a alguien.

—Pero fue en defensa propia. Por tanto, ¿cómo puedes decir con tanta convicción que fue un asesinato?

—preguntó Ruth, tratando de que su irritación no se le notara en la voz.

Esa muerte no le decía nada sobre Daphne, sobre lo que era capaz de hacer.

Ese no era el tipo de asesinato que esperaba encontrar.

Daphne se quedó callada por un instante. Escudriñaba el rostro de Ruth con su mirada fría e indolente. «Trata de decidir qué porcentaje de verdad me dice», pensó Ruth.

—Fue un asesinato por cómo me sentí después.

No me arrepentí. Sentí… calma. Como si por fin tuviera el control.

—Se hizo un silencio muy largo, que finalmente rompió Daphne al reír; fue un pequeño ronquido de enfado—.

Estos primeros sucesos son deprimentes cuando los escuchas.

Me gustaría no tener que repasar toda la lista de desgraciados que me trataron como un trapo sucio.

Si pudiera, olvidaría los primeros veinte años de mi vida.

—Suspiró—. Es que casi me avergüenzo de toda la mierda que llegué a tragar.

—No deberías —dijo Ruth—. No tenías elección. —Se preguntó si eso era lo que el asesinato representaba para Daphne: una única opción.

—Bueno, ya lo ves. Ahora ya sabes cómo pasé de ser una niña de un granja rural a una asesina cosmopolita —señaló Daphne, golpeándose las rodillas con las manos huesudas para dar más énfasis a la frase.

Ruth asintió. Era consciente de que Daphne utilizaba una extraña mezcla de coloquialismos, improperios y otras palabras pretenciosas (estas últimas a veces las pronunciaba mal, como si solo las hubiera visto escritas), propia de una persona muy instruida, pero con escasa educación formal.

—Casi la historia de un pobre que hace fortuna —dijo Ruth sonriendo de modo que Daphne supiera que era un chiste. ¿Debería bromear con Daphne? Podría serle útil para que Daphne confiara en ella, para que creyera que estaba de su lado.

Daphne resopló.

—Más bien de una paleta que se convierte en una homicida.

SustoOMuerte:

Esto no es un asesinato. ¡Él la habría matado si ella no lo hubiera matado a él!

PresaTodoElDía:

¿Cuándo van a empezar los asesinatos de verdad? ¡¡¡No soporto esos pódcast que necesitan doce episodios para hablar de un solo asesinato, joder!!! ¡Puedes ventilarte un asesinato en treinta minutos!

SustoOMuerte:

¿Un día duro?

AlSueloYTrolea:

¡Eso solo en caso de que la CREAS ! Es ELLA la que dice que era un abusador. ¡Es ELLA la que dice que esa noche discutieron! ¡¡¡Tal vez solo lo empujó escaleras abajo para robarle el dinero!!!

PresaTodoElDía:

Pero si crees que está mintiendo en todo, ¿¿¿por qué te molestas en escucharla???

AlSueloYTroleo:

Porque quiero que pague por lo que ha hecho.

IncendiariaDeLibros:

Puto incel .

PresaTodoElDía:

¿Creéis que Daphne ha confesado solo para hacerse famosa?

SustoOMuerte:

Bueno, si esa era su intención… ¡funciona!

AlSueloYTrolea:

Solo los idiotas quieren ser famosos.

IncendiariaDeLibros:

La verdad, este no es el tipo de fama que yo querría. Aunque, vale, yo no he estado toda mi vida matando gente, o sea que no tengo ni idea de lo que le pasa por la cabeza. Estoy seguro de que Ruth, al final, lo averiguará.

Al anochecer, Ruth tomaba en casa su cena improvisada a base de galletas saladas y uvas mientras miraba el Instagram de Jenn; se le hacía la boca agua al ver su guiso de granada y arroz con almendras.

Eran de la misma edad, pero Jenn había sido una adulta de verdad, una persona que «había congelado sus óvulos para tener bebés en el futuro, había ido al mercado de agricultores, se había hecho un horario»; en cambio, lo único que había congelado Ruth eran burritos.

Después de cenar, Ruth bajó un momento a los buzones del bloque. Una parte de ella esperaba encontrar una carta para Jenn que le diera una excusa para ponerse en contacto con ella, aunque sabía que eso era patético.

Sin embargo, lo que halló fue un sobre de papel manila con su nombre escrito. Ruth frunció el ceño y empezó a abrirlo mientras subía la escalera. La carta decía lo siguiente:

Estimada Ruth Robinson:

He tenido conocimiento de un nuevo proyecto que ha emprendido, un pódcast sobre una historia de crímenes reales de la zona, y he compartido esta información con el resto de la familia y nuestros abogados.

Le insto a reflexionar detenidamente acerca de si es conveniente que siga grabando este pódcast tan dañino que ofrece una imagen negativa de nuestra comunidad.

Palm Haven es un lugar agradable y acogedor, y queremos que los inversores y turistas se fijen en sus aspectos positivos.

Asimismo, le advierto que este pódcast no debería contener ninguna referencia a la familia Montgomery, al grupo Sunshine Development ni a ninguno de sus fideicomisarios.

Cualquier comentario que pudiera desacreditarnos será tipificado como calumnia y será perseguido con los mecanismos judiciales de más alto nivel.

Por favor, recuerde que, en calidad de inquilina de una propiedad del grupo Sunshine Development, también debe evitar la realización de cualquier actividad que pueda perjudicar los intereses de nuestro negocio.

Atentamente,

Lucy Montgomery

Ruth arrugó la carta y la tiró en la papelera en un arrebato de ira.

Lucy Montgomery era la directora inmobiliaria de los edificios Sunshine y gestionaba personalmente las ventas de lujo para la compañía.

Ruth siempre había tenido la percepción de que ejercía una gran influencia en la familia, así como en la empresa (aunque, a sus cuarenta y siete años, Lucy no era propiamente una jefa empoderada).

Cuando Ruth había estado con los Montgomery, había notado que todo el mundo se doblegaba ante Lucy, incluso sus tías y tíos.

Tan solo su padre parecía capaz de mantener a Lucy a raya, como si hubiera desarrollado una inmunidad a sus juegos de poder.

Y ahora Lucy había puesto en su punto de mira a Ruth y a su nuevo y apasionante pódcast.

Lucy lo había tenido todo en la vida. Era el momento de que Ruth reclamara su parte.