CAPÍTULO 12 Nunca es tarde para vivir hoy
Nunca es tarde para vivir hoy
Los miembros del SWAT derribaron la puerta principal de la lujosa mansión ubicada en Alpine, Nueva Jersey. El estruendo hizo temblar los ventanales mientras los agentes irrumpían con rapidez, asegurando cada estancia.
—¡SWAT! ¡Nadie se mueva!
Michael y Ethan entraron inmediatamente detrás del equipo táctico. Recorrieron la planta baja comprobando que no hubiera más ocupantes mientras el resto de los agentes ascendía hacia la segunda planta.
—Planta baja despejada —informó Ethan.
Frente a la puerta del dormitorio principal, el jefe del equipo levantó el puño.
—Preparados... Tres... dos... uno.
La puerta se abrió de un golpe.
—¡Policía! ¡Manos donde podamos verlas!
Sobre la cama se encontraba Jason Smith, el ejecutivo más importante de Wall Street, conocido por todos como "el Tiburón". Había sido sorprendido junto a una joven, ambos completamente desconcertados por la irrupción.
—¿Qué demonios está pasando? —exclamó Jason mientras dos agentes lo obligaban a levantarse.
Michael se acercó despacio.
—Jason Smith.
El empresario lo miró con rabia.
—¿Tiene una orden de arresto? ¿Quién demonios ha autorizado esto?
Michael negó con la cabeza.
—No.
Jason frunció el ceño.
—Entonces, ¿qué significa todo esto?
Michael sacó una carpeta negra y la dejó sobre la cómoda.
—No está detenido por fraude, evasión fiscal ni por ninguno de los rumores que circulan sobre usted.
El silencio inundó la habitación.
—Está bajo custodia federal por su propia seguridad.
Jason soltó una carcajada incrédula.
—¿Protegerme? ¿De quién?
Michael intercambió una mirada con Ethan antes de responder.
—Hace cuarenta y ocho horas interceptamos un archivo conocido como el "Paquete Misterioso". Contiene una lista de personas marcadas para morir.
La expresión de Jason cambió por completo.
—¿Qué...?
—Su nombre aparece en esa lista.
El color desapareció del rostro del empresario.
—Eso es imposible...
—Ojalá lo fuera.
Michael dio un paso más hacia él.
—Desde este momento será trasladado a una ubicación segura. Nadie, absolutamente nadie, sabrá dónde se encuentra. No es un arresto.
Hizo una breve pausa.
—Es la única forma de mantenerlo con vida.
Jason permaneció inmóvil durante unos segundos, todavía intentando asimilar lo que acababa de escuchar.
—Tiene tres minutos para vestirse —ordenó Michael con serenidad—. No desperdicie el tiempo. Si esa lista es real, cada segundo cuenta.
El empresario miró a la joven que lo acompañaba y después a los agentes.
—¿Ella...?
—También será interrogada para descartar cualquier implicación. Ahora preocúpese de salir de aquí con vida.
Jason asintió en silencio y desapareció en el vestidor.
Mientras tanto, Michael y Ethan abandonaron la habitación. Permanecieron en el pasillo mientras varios agentes aseguraban la segunda planta.
Ethan pulsó el comunicador de su chaleco.
—Atención a todas las unidades. Refuercen el perímetro inmediatamente.
Las respuestas comenzaron a llegar una tras otra.
—Unidad Alfa, recibido.
—Unidad Bravo, recibido.
—Unidad Charlie, en posición.
Ethan continuó dando instrucciones con tono firme.
—Quiero vigilancia en los trescientos sesenta grados. Revisen las azoteas, las viviendas colindantes y cualquier punto elevado con visibilidad sobre la mansión. Si detectan el más mínimo movimiento, lo comunican antes de actuar.
Hizo una breve pausa.
—Y desplieguen a los tiradores de cobertura. Si hay francotiradores observándonos, quiero saber dónde están antes de que ellos sepan dónde estamos.
—Entendido.
En cuestión de segundos, los agentes comenzaron a ocupar posiciones alrededor de la propiedad.
Algunos se ocultaron tras los vehículos blindados, mientras otros cubrían los jardines y las entradas laterales.
Los tiradores de cobertura buscaron los mejores puntos de observación, escudriñando con sus visores cada ventana, tejado y línea de árboles que rodeaba la mansión.
El ambiente se volvió opresivo.
Michael observó el exterior a través de uno de los ventanales.
—Tengo un mal presentimiento.
Ethan siguió la dirección de su mirada.
—Yo también. Si alguien sabe que Jason está en esa lista, no tardará en aparecer.
Michael fue el primero en salir, seguido de Ethan y varios agentes del SWAT. Jason avanzaba protegido en el centro del dispositivo, mientras la joven caminaba unos pasos detrás.
En el instante en que Michael puso un pie sobre la calzada, un disparo quebró el silencio.
¡Bang!
La bala impactó en la cabeza de Jason.
Su cuerpo se desplomó sobre el asfalto sin emitir un solo sonido.
—¡Francotirador! —gritó Ethan.
Dos agentes del SWAT sujetaron a la joven y la cubrieron de inmediato, arrastrándola hasta el vehículo blindado mientras el resto del equipo protegía a Michael y buscaba el origen del disparo.
Pero el asesino ya había desaparecido.
Aquella noche parecía cada vez más absurda. Cuanto más avanzaba la investigación, más incomprensible se volvía aquella lista. En el papel no aparecían nombres de criminales, sino de víctimas. La mayoría eran hombres respetados, admirados y queridos por la sociedad.
Esta vez no eran villanos. No eran asesinos, pedófilos ni pederastas.
Eran personas inocentes, marcadas para morir por un motivo que nadie lograba comprender.
La vida es tan efímera que ni siquiera el dinero puede comprar un minuto más de existencia. Al contrario, en ocasiones la riqueza solo convierte a quien la posee en un objetivo más visible. El poder no garantiza la supervivencia; a veces, únicamente adelanta la fecha de la muerte.
◆