CAPÍTULO 4 Traicion en las agua oscuras
Traicion en las agua oscuras
En una camioneta, Michael conducía mientras Nathaniel iba de copiloto. Ambos permanecieron en silencio. El ambiente era tenso, como si nadie se atreviera a romperlo.
Les habían llamado para acudir a la escena del crimen, pero finalmente cambiaron de plan; escoltarían la furgoneta del forense.
Detrás de ellos. Matt y Ethan se encontraban en East Harlem investigando la zona. Era un lugar marcado por la violencia, donde los delitos graves no eran una excepción sino parte del entorno. Según varios análisis recientes, seguía siendo uno de los puntos más conflictivos de la ciudad.
Pero aquello no era un caso más. Se trataba de la muerte de uno de Red Shadow, la banda criminal más sudadera y peligrosa desde los años 90. Ni siquiera las organizaciones más grandes del mundo habían logrado detenerlos.
Decían que habían acabado con el "Rey" y ahora con el capo. Su cuerpo, frío e inmóvil, era el trofeo de todas las sombras criminales.
—¿Tú crees que el rey de estos esté muerto? —Preguntó Nathaniel, rompiendo el silencio—. Desde el atentado desapareció y ese día ocurrieron cosas demasiado misteriosas.
—El rey está muerto… pero su imperio sigue respirando entre cadáveres. Ahora sus súbditos se despedazan entre ellos por subir en la escala. Nuestro querido muerto era el segundo de la lista..hasta que hundió al anterior para quedarse con su puesto
Nathaniel apartó la mirada hacia la ventana mientras East Harlem se reflejaba sobre el cristal de la camioneta.
—Ahora alguien ha hecho lo mismo con él.
Michael no respondió. Mantuvo las manos firmes sobre el volante, observando la avenida llena de coches frente a ellos. Conductores apresurados, semáforos cambiando de color y personas cruzando las calles con curiosidad mirando la furgoneta del forense como cualquier día normal de la ciudad
Para ellos no era normal; siempre la muerta la tenía en el hombro.
Durante el trayecto no hubo ningún incidente. Ni llamadas. Ni persecuciones. Ni noticias nuevas por la radio policial. Solo el ruido constante del motor y aquella sensación incómoda de que algo se estaba moviendo bajo la ciudad mientras ellos llegaban demasiado tarde.
La luz gris del día atravesaba el parabrisas, bañando las calles de East Harlem con una calma engañosa.
Los comercios continuaban con su horario; algunos cerraban o otros comenzaban abriendo sus puertas.
Algunos vendedores no tenían un puesto fijo y vendían en la calle dando una caminata superlarga y la ciudad seguía respirando con absoluta normalidad, aunque con sangre sabiendo que en algunas calles más allá no acabaran de recoger otro cadáver.
Un par de horas más tarde, en el forense.
En aquella sala fría, frente a la mesa de autopsias, se encontraban los inspectores observando el cadáver desnudo bajo la luz blanca del forense.
La descomposición había comenzado allí,lenta y silenciosa, apoderándose poco a poco de la piel muerta.
Cada nueva marca parecía contar algo distinto.
Toda una vida de violencia, excesos y pecados hubiese quedado atrapada en el cuerpo.
La forense acomodó los guantes antes de dirigir la mirada hacia los inspectores.
— He estado examinando el cuerpo. A simple vista, la causa de la muerte es evidente —dijo— mientras señalaba el cráneo. Pero internamente encontré algo más.
El ambiente de la sala pareció tensarse todavía más.
—Antes de morir, el sujeto eyaculó. De hecho, en la zonaíntimama hemos encontrado restos de fluidos vaginales.
Nathaniel frunció el ceño.
— ¿Sexo antes del asesinato? —preguntó. —Posiblemente testigo o asesina.
El sonido de un teléfono desvió la mirada al cadáver. Nathaniel sacó el móvil del bolsillo de la chaqueta y observó la pantalla iluminada.
Videollamada entrante: Ethan. El inspector intercambió una mirada rápida con Michael antes de aceptar la llamada.
El rostro de Ethan apareció temblando en la pantalla del teléfono detrás de él, las luces policiales parpadeaban sobre los edificios y varias voces se mezclaban en el caos de la escena
—Chicos… tenemos una testigo—dijo agitado.
Michael se llenó de curiosidad
—¿Quién?
Ethan esbozó una sonrisa tensa, incrédula incluso para él mismo
—Acabamos de encontrar a Cenicienta.
Apareció por la pantalla Matt con un tacón rojo en la mano, tenía puesto un guante
La imagen se movió bruscamente hasta que Matt apareció frente a la cámara con un guante azul de látex puesto y sostenía un tacón rojo entre los dedos, levantándolo despacio para que pudiera verlo.
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