Capítulo 5 #2
Las pantallas brillan y no muestran ninguna imagen; luego, el blanco se oscurece para revelar a dos mujeres, desnudas e inmóviles en el desierto, con las manos cruzadas sobre el pecho y mirando hacia la pista de baile.
Tienen los ojos cerrados. Lo único que se mueve es su cabello al viento.
La luz se va apagando poco a poco hasta que las mujeres no son más que siluetas.
Una luz roja empieza a parpadear justo en medio, entre sus sombras.
Alguien grita. La gente aplaude al ritmo de la luz.
Más rápido. Mirar la luz es como asomarse a un pozo profundo y espeluznante.
Estoy mareada. Veo algo que se agita entre la oscuridad.
Alguien gime. Sería gracioso, pero a mí también me ha atrapado.
Me inclino, deseando que sea lo que sea traiga de vuelta el ritmo.
Y lo hace. La pared de plasma estalla en un arcoíris. El sonido retumba a través de nuestros cuerpos. Todo fluye al unísono, me envuelve. Me sienta tan bien. Mejor que eso, es perfecto.
Me inunda. Todo está bien, todo el mundo es mi amigo.
Es simplemente perfecto .
Entonces Fay aparece en pantalla. Hay una cámara en una esquina de la habitación. No se acerca en picado como en el club, pero hace un zoom sobre ella. Está bailando, y lo hace bien, borracha o no. Cuando se da cuenta, se ríe y le sigue el juego, pavoneándose y acariciándose.
El chico del sombrero Stetson está bailando con ella. Él también lo hace bien, siguiendo su ritmo. Sigue sin camiseta, y de repente, Fay tampoco la lleva. Se la quita y lanza el sujetador tras ella.
Incluso por encima de la música, oigo gritos de aprobación y ánimo.
No sé qué pensar. Es su cuerpo. Ella ha elegido hacerlo. Eso significa que se siente empoderada, ¿no? Suena bien y me parece mal. ¿O soy sólo yo?
Ella es preciosa. Y el chico del sombrero Stetson es guapo. Menudos abdominales tiene.
Se lanzan el uno al otro.
¿La he visto echar un vistazo a su alrededor? ¿Está montando un espectáculo para alguien en particular?
¿Tanner?
El chico de la furgoneta también está con ellos. El que tiene un trabajo. El chico que trabaja. Da igual. La rodea con los brazos y le acaricia los pechos con las manos.
Se están riendo, así que supongo que no pasa nada.
Todo va bien.
Entonces ella los besa.
Me tambaleo. Supongo que me he despistado. Me lo tengo merecido.
Tanner me sujeta. Me siento bien con sus brazos alrededor de mí. Me siento muy bien.
Seguimos moviéndonos al ritmo de la música, pero estamos apartados en el borde de la pista de baile.
No hay sillas, sólo un banco donde estaban apiladas las bebidas. Ahora está vacío.
¿Nos hemos bebido todo eso?
Qué tontería pensar en eso justo cuando Tanner me besa.
Tampoco sé qué pensar de eso. Es el rompecorazones de todas las chicas, claro, pero si esto es una cita, es nuestra primera cita.
¿Y qué?
Es bueno. No es que haya tenido otros novios con los que compararlo.
Tiene la mano en mi pecho.
—Estamos bien, ¿verdad?
No sé qué decir.
Sí. Todo está bien. Todo es cálido y brillante: el tacto de su mano, sus dientes en mi oreja.
Él gime algo y su mano se desliza de mi pecho a mi vientre.
No puedo apartarlo; si no me estuviera abrazando, creo que me derretiría sobre la mesa.
Alguien más está gritando algo.
— Quédate aquí sentada. Ahora mismo vuelvo — dice.
Hay movimiento al otro lado de la sala, pero mis ojos no pueden enfocar.
Unos chicos suben las escaleras. Vítores. Chocan las manos al pasar.
¿Se van?
No tiene más sentido que lo que se ve en las pantallas de plasma y ahora no me encuentro muy bien.
Algo va mal, pero no consigo procesarlo.
No veo con claridad.
Me froto los ojos y miro hacia abajo. Joder. Tengo la camisa abierta.
Algo sobre la gente que baila. Todos mis nuevos amigos del baile. Hay algo que ha cambiado.
No queda ninguna chica en el sótano.
Mierda. Sé que esto es malo, pero no sé por qué. Son todos mis nuevos amigos, ¿no?
Necesito ir al baño.
Hay uno a un lado. Llego al retrete y vomito todo lo que he comido esta noche.
Bebo agua del grifo hasta que vuelvo a vomitar. Otra vez. Y otra vez.
Se oyen ruidos. La música sigue sonando fuera. Golpes en la puerta.
Meto toda la cabeza bajo el grifo.
Sé que tengo que irme a casa. Esto no es una borrachera. Esto es otra cosa. A casa. ¿Cómo?
Abro la puerta y salgo tambaleándome del baño, sabiendo que tenía que ir a algún sitio, pero las luces son demasiado brillantes y todo suena muy fuerte.
— ¡Vaya! — dice Tanner. Estoy sentada en el suelo por alguna razón, y él me levanta.
Me llevará a casa.
Tengo que pedírselo. No puedo decirlo.
— Por favor — intento decir, pero lo único que sale es una especie de graznido.
— Lo entiendo. No pasa nada — dice. Su voz es tranquilizadora — . ¡Oh, tío, esto va a ser tan bueno! Esto es fantástico.
Me está tumbando boca arriba. Así está mejor. Es suave y cómodo, pero no es su coche. Sigo en el sótano. ¿Por qué sigo en el sótano?
Hay tanta luz.
¿Por qué las luces son tan brillantes?
Y tengo frío.
¿Dónde está mi ropa?
Hay hombres aquí. Todos pueden verme. Intento taparme, pero no puedo mover ni los brazos ni las piernas. Algo me sujeta.
— ¡Oh, sí! — dice alguien — . Mira eso.
Tanner. Su cara sonriente está justo delante de la mía. Tiene sudor en la cara. Los ojos brillantes y frenéticos.
Se oyen muchos gritos. ¡Primer plano! ¡Primer plano!
Hay un ojo enorme y brillante, como el de un insecto, cerca de mi cara. Una cámara. Una cara en la pared que parpadea detrás de ella: enorme, confundida, conmocionada.
—¡Joder, sí! —grita Tanner, y el rostro enorme hace una mueca de dolor.
Me lame la mejilla.
Luego siento un dolor en la entrepierna e intento gritar, y el gran rostro de las pantallas se retuerce y se retuerce, y no puedo ser yo.
No para. Me desmayo. Sigo recuperando el conocimiento y sigue pasando.
Dolor.
Y no va a parar. Va a durar para siempre.
Nunca me libraré de esto.
∞ ∞ ∞ ∞ ∞
— Es tu miedo el que habla. — Habla-con-Lobos con el rostro de Martha se sienta de nuevo frente a mí, con el humo enroscándose a su alrededor — . Te liberas de lo que te pasó cuando decides liberarte de ello.
Cuando yo lo elija.
— No es fácil, niña, pero es tu elección. — Su voz es firme.
Me he liberado de ello.
— Lo has escondido dentro de ti. Eso no es liberarse. Es tan erróneo como la primera vez que lo intentaste.
La forma en que lo intenté al principio. Puedo recordarlo. Sí, sabía que estaba mal. Muy mal. No sólo para mí.
— Bien — dice ella — . Ahora, ve y vívelo de nuevo. Desgástalo, como el agua que gotea sobre la piedra. Y luego debes encontrar la manera de convertirlo todo en poder. Debes encontrar el camino a seguir. Tú sola.
El camino a seguir.
Hay una palabra que vive en el latido de mi corazón, que late en mis venas, pero no tiene sentido.
Redención.
¿Por qué necesitaría redención? Esto no fue culpa mía. Me niego a aceptarlo.
Redención. Redención. Redención.
∞ ∞ ∞ ∞ ∞
El sótano está vacío y en silencio. El equipo de sonido está apagado. Las pantallas de plasma muestran sucesivamente los salvapantallas.
Hago rodar mi cuerpo dolorido fuera del colchón y tengo arcadas en el suelo.
Hay sangre encima de mí. Saliva seca. Cerveza. Arañazos.
El suelo está lleno de condones usados.
Vuelvo a tener arcadas.
Sé lo que ha pasado, pero todo es borroso y fragmentario. Como la imagen que formaría un rompecabezas si encajaras las piezas a la fuerza de forma incorrecta.
Mi ropa está tirada a un lado. Me arrastro hasta allí e intento ponérmela, tambaleándome y cayéndome varias veces.
Tengo que salir. Huir.
No deben verme. No debo verlos. El conocimiento permanecerá en sus ojos para siempre. No soporto la idea de que me miren así. Puta , dirán. Puta . Nunca imaginé que sonara tan mal.
Me tiemblan demasiado las manos. Vergüenza. Miedo. Asco. No puedo ponerme la ropa.
Sé que no debo sentir vergüenza. Ni miedo. Ni asco. Como si nunca hubiera pasado.
Pensar en eso me ayuda. Me pongo los vaqueros, me enredo con los cordones.
Tengo que atármelos. Necesito correr.
Sin emociones. Nada. Nada de nada.
Mejor. Ahora mis dedos consiguen apretar los cordones.
Respiro hondo. Sin titubeos.
Me pongo la camisa y la chaqueta.
Ya vestida, subo sigilosamente las escaleras del sótano.
El pasillo está vacío.
Puedo oírlos arriba, en una de las habitaciones del segundo piso.
Sin emociones. Sal. Huye. No pienses. No sientas. Sobrevive. Nada más importa.
Abro la puerta principal y salgo corriendo.
Anestesiada. Pero incluso después de colarme en mi casa y frotarme hasta dejarme la piel en carne viva, no puedo borrar la imagen de ellos rodeándome, mirándome, señalándome, burlándose y gritando. Puta. Puta. Puta . Es como un látigo. Es como ser golpeada.