CAPÍTULO 8º - EL CONTRAATAQUE
—Comandante, lo primero será encontrar el lugar donde se refugian o salen del inframundo los luciferinos. Entonces evaluaremos el peligro y actuaremos según veamos. Tenemos un guía.
—Bien, les seguimos.
Amin entra en uno de los vehículos y sale vestido de auténtico indigente, como un habitante del cementerio.
—Esperadme aquí, hablamos por el pinganillo. Voy a preguntar por ahí.
El guía se adentra por una de las polvorientas callejuelas, va andando hasta cruzarse con otro indigente, al que le pregunta si tiene noticias de seres que deambulan de noche, asegura estar preocupado y tener miedo, pero su interlocutor no le hace caso, le empuja para que se aleje, él sigue adentrándose andando entre tumbas, al rato se encuentra con un operario del complejo, al que pregunta si sabe o ha oído rumores de la presencia de almas perdidas, el trabajador le mira con cara de sorpresa.
—¿Cómo sabes esto? Desde hace un tiempo he notado algunas presencias, cosa que antes no sucedía.
He investigado, pero he llegado a sentir miedo.
No obstante, hace unos días, limpiando uno de los mausoleos de una familia rica de El Cairo, vi que junto a una casucha estaba la entrada a una tumba tradicional egipcia.
Noté escalofríos, me asusté y me escondí.
De la tumba salieron varios seres, auténticos zombis.
Iban acompañados de gente del hampa y todos llevaban armas: pistolas, cuchillos, machetes, hachas egipcias…
Todo era muy raro y terrorífico. Cuando pude, me marché de allí y no he vuelto.
—Necesito que me lleves hasta el sitio.
—No puedo, es muy peligroso.
—Te daré cien dólares.
—Te diré dónde es, pero yo me iré enseguida.
Amin sigue al cuidador de tumbas, que se adentra aún más en el recinto funerario, avanzan por callejas estrechas, con suciedad, algunos mausoleos tienen claros signos de estar habitados, en un rincón, algo más amplio un rebaño de cabras descansa a la sombra, por fin llegan a una casucha abierta sin puerta, el guía se asoma, en el suelo hay el agujero típico de un pozo que conduce a una tumba egipcia tradicional.
—¿Es aquí?
Nadie contesta, se gira, su acompañante ya se ha ido. ” que raro no a cogido los dólares”
El guía marca en un dispositivo las coordenadas del lugar y regresa buscando la salida de aquel auténtico laberinto de miseria, muerte y pobreza.
Cuando llega a la salida se reencuentra con James y Zaid.
—Creo que he encontrado el lugar. Un cuidador asustado me ha dicho que en aquel lugar pasan cosas terribles. Tengo las coordenadas.
—Pues en marcha.
Carol está sentada en uno de los coches, esperando y evitando el sol abrasador.
De pronto, oye en su mente: «Os están engañando.
El supuesto operario es un luciferino disfrazado; la tumba a la que os conduce es una trampa mortal.
Solo tú me verás, pero sígueme. Apareceré a tramos y llevaré a tu gente al lugar verdadero».
—Espera, James, seguidme a mí. No lo veis, pero el mendigo me guía. Me ha dicho que es una trampa.
—De acuerdo, te seguimos.
Carol se coloca al frente, a cierta distancia ve con claridad a Imhotep, se adentran por una calle de tierra ancha, varios metros más adelante la imagen gira a la derecha y sigue por una callejuela estrecha que serpentea por varios caminos, la visión se va desplazando por el cementerio, tres kilómetros, hasta llegar cerca de antiguos restos de la antigua muralla de El Cairo, destacan los restos de lo que podría haber sido una torre, en el suelo de su interior hay un agujero amplio, es el inicio de una escalera ancha de piedra, sentado en una losa al lado está el mendigo.
La arqueóloga recibe el mensaje: «Esta es la verdadera entrada al lugar de reunión de la secta y donde está el portal al inframundo». Carol toma la iniciativa y comenta a James y a Zaid:
—Éste es el lugar tened cuidado.
—¿Estás segura?
—Del todo, el mendigo me ha traído hasta aquí, sospecho que también hay Seres de Luz con nosotros.
—Carol, tú quédate aquí con el guía. ¿Quieres un arma?
—No, estaré bien.
—Entremos, encended la linterna del arma, tened a mano el Taser modificado, atentos.
James y Zaid se sitúan al frente de los hombres, van descendiendo por la escalera hasta llegar a un rellano.
Allí observan que hay iluminación, encienden las luces, es un espacio diáfano con un altar de piedra en el extremo más alejado de la entrada, detrás a unos diez metros, hay una gran apertura tapiada por una nebulosa negra y espesa.
—Aquí no hay nadie.
—Fijaros, en el altar y en las paredes hay inscripciones. Debería bajar la arqueóloga para interpretar los signos.
—La llamo por el intercomunicador.
Carol acude a la llamada de James, dejando solo a Amin en la superficie. Cuando llega al rellano, observa con atención los jeroglíficos.
—¿Puedes descifrar lo que dicen?
—Describen la historia de los dioses y gobernantes del inframundo egipcio, básicamente dominado por Osiris, Anubis y Horus.
Explican cómo Seth mató a su hermano Osiris, desmembrando su cuerpo y repartiendo sus pedazos por todo el desierto; cómo su mujer, Isis, con ayuda de Neftis, lo reconstruyó y se convirtió en dios de las almas.
También hablan de Lucifer, el rey de las tinieblas y cabecilla de los luciferinos.
Hay oraciones y conjuros para activar la puerta del inframundo, resucitar a los muertos para que se opongan a Thoth y a sus Hijos de la luz, robarles la sabiduría y la energía y hacer que el mal domine el Universo.
—En el altar también hay jeroglíficos.
—Estos son como una chuleta para que el sumo sacerdote recite los conjuros con exactitud.
Hay una oración para abrir la puerta del inframundo; hace que la nebulosa negra y espesa desaparezca y salgan los luciferinos del infierno.
Se necesita un sacrificio humano: cualquier indigente del cementerio puede servir.
—¿Dice quién es el sumo sacerdote?
—No. Supongo que va cambiando con los años.
—Tendremos que montar una vigilancia hasta que aparezca alguien.
—Voy arriba.
Carol regresa a la superficie. Pero, cuando llega, no ve a Amín. Rodea los autos y allí, en el suelo, encuentra el cuerpo sin vida del guía. Avisa a James, que sube inmediatamente.
—¿Qué ha pasado?
—Alguien le ha matado. En su frente está la señal del Ojo de Horus. Solo poseen este amuleto los sumos sacerdotes. Aún está caliente; el asesino no puede estar lejos.
—Espera, tenemos un dron en el coche. Voy a ponerlo a volar. Quizás, con una toma cenital, veamos a alguien abandonar la Ciudad de los Muertos.
El aparato volador recorre el cielo del recinto.
—Mira, hay un tipo que va corriendo. Parece que va hacia la salida. A ver si consigo una toma de su cara.
James sitúa el dron delante del personaje que huye, le fotografía el rostro e inmediatamente vuelve a elevarlo.
El fugitivo, al darse cuenta, saca un revólver y dispara repetidamente al dron para derribarlo, pero ya está lejos.
Cuando regresa a manos de James, este comprueba que ha hecho la instantánea.
—Tenemos la foto, haremos un reconocimiento facial, lo mando a Eric. Dejaré un retén de la policía aquí, por si regresa, aviso a Zaid y le cuento lo sucedido, nos vamos. El equipo de seguridad regresa a casa.
Lo primero que hace James es reunirse con Eric.
—¿Habéis recibido la foto?
—Sí, la hemos pasado por el programa; no la ha reconocido, es como si no existiera.
Al día siguiente, en el desayuno, la reunión de todos los días pone de manifiesto la poca información de que disponen para hacer frente al peligro de los luciferinos.
—Carol, ¿el mendigo se ha puesto en contacto contigo esta noche?
—No.
—La verdad es que estamos muy perdidos, tendremos que vigilar con discreción hasta que aparezca alguien.
—Volvamos al cementerio, a ver cómo han pasado la noche el retén que dejamos.
Cuando llegan a la entrada del cementerio recorren los casi tres kilómetros hasta la entrada en el suelo de la torre, allí están aparcados los vehículos de los policías, James y sus hombres llaman al retén y bajan las escaleras, al llegar al rellano el espectáculo es dantesco, están todos muertos.
—¿Qué ha pasado?
Antes de que nadie conteste, se dan cuenta de que por las escaleras desciende un numeroso grupo de luciferinos. Al mismo tiempo, se percatan de que la apertura que antes estaba cerrada por la nebulosa ahora está abierta y empiezan a salir más integrantes de la secta. Los rodean.
—Formad un círculo, Carol sitúate en el centro, disparad los Taser a discreción.
La tensión es máxima. Las descargas eléctricas funcionan y volatilizan a varios atacantes, pero el número es tan elevado que, a pesar de la intensidad del fuego, los discípulos de Lucifer, el rey del inframundo, siguen avanzando. El final parece inminente.
De repente, la estancia se llena de una neblina blanca. Una luz cegadora, como un fogonazo, se esparce por el lugar. Momentos después, la niebla desaparece y con ella todos los atacantes. La sala está vacía, sin rastro de los agresores.
Carol, James y los miembros de la seguridad se miran unos a otros un tanto perplejos.
El carraspeo de una garganta, hace que todos se giren en dirección al altar, allí de pie encima de la piedra está Imhotep. Es la primera vez que todos lo ven ya no está vestido de mendigo ahora luce sus mejores galas como dios.
—Habéis ganado esta batalla, pero debemos seguir. Vamos a entrar y a cerrar el inframundo para siempre. Regresad y descansad.
La imagen de Imhotep desaparece.
El equipo regresa a los apartamentos, explican lo sucedido a sus compañeros.
Carol duerme plácidamente, pero Thoth ocupa su mente.
«Cerrar el túnel de salida del inframundo no acaba definitivamente con el peligro.
Debéis abrir el portal cósmico y conseguir que absorba al demonio para siempre; solo así venceréis al mal.
Imhotep ya ha cumplido su misión. Los Seres de Luz os seguirán protegiendo, pero tú y solo tú debes acabar con Lucifer.
Encontrarás la solución buscando en el pasado».
De madrugada, la arqueóloga se despierta, se levanta, se prepara un té frío y se sienta en la azotea, desde donde contempla la salida del sol en el horizonte desértico.
La luz rojiza del amanecer la sumerge en una meditación profunda.
Recuerda lo que le ha transmitido el inmortal; mentalmente repasa sus conocimientos.
Cuando ya todos los integrantes del equipo van apareciendo para desayunar, la arqueóloga baja de la azotea y les comenta el sueño que ha tenido y las palabras de Thoth.
—Al parecer, con la ayuda de los hijos de la luz, hemos frenado la entrada de luciferinos, pero podrían volver. Debemos sellar el túnel con explosivos. Con respecto a su jefe, Lucifer, hay que abrir un portal cósmico y devolverlo al inframundo. —Sofía comenta—
—¿Cómo haremos todo esto?
—Tengo que estudiar cómo hacerlo. La única pista que tengo es que me dijo «mira al pasado». Lo del túnel de la Ciudad de los Muertos, seguro que James tiene la solución.
—Sí, tengo que ir de compras, pero eso es fácil.
—Los demás, seguid preparando la presentación. Yo voy al Museo de El Cairo. He llamado al profesor Rastra; tengo que hablar con él. Quizás pueda decirme qué puedo usar del pasado para vencer al demonio.
—Te acompañarán tres de mis hombres.
Un todo terreno abandona el edificio y se dirige al Oeste de la llanura de Guiza, cerca de las pirámides donde está el nuevo Museo de El Cairo, cuando llegan uno de guardas permanece en el coche los otros dos acompañan a Carol al interior. En la recepción.
—Buenos días, soy la doctora Wells. El doctor Rastra me está esperando.
—Doctora, bienvenida. La acompaño.
La arqueóloga es recibida por el profesor. Los guardas permanecen fuera del despacho, en la puerta.
—Mohamed he venido porque necesito tu ayuda, con mi equipo hemos estado estudiando las posibles estructuras que hay debajo de las pirámides de Guiza, tema con mucha controversia desde el trabajo publicado por el ingeniero Bondia, me gustaría que vinieras a la presentación que haremos, pero el problema es que hemos sido atacados por los luciferinos, necesito devolver a su jefe al inframundo, una fuente me ha dicho que mire al pasado.
—Es un honor tenerte aquí. Sé lo de tu expedición, vendré a tu conferencia.
No sabía lo del ataque, aunque sí conozco la existencia de la secta de Lucifer.
Son gente muy peligrosa mezclada con zombis.
Te pondré en contacto con las personas que dominan estos temas.
Ven mañana a las 10:00 horas aquí, en mi despacho.
—Gracias, aquí estaré.
Cuando regresa a la residencia habla con Eric y con James.
—¿Ya has comprado lo que necesitas?
—Sí, un C4 de buena calidad. Esta tarde volveremos a la Ciudad de los Muertos. ¿Y tú qué?
—Rastra me pondrá en contacto con eruditos esotéricos que nos podrán dar las pautas para vencer al demonio. ¿Mañana vendréis conmigo?
—Por supuesto.