CAPÍTULO 5º - LA EXPEDICIÓN #2
Pasa un tiempo, de repente Carol abre los ojos, observa a su alrededor, allí están sus compañeros de equipo durmiendo, al principio no se percata, pero más tarde se da cuenta que no hay ninguna luz abierta, sin embargo ve perfectamente todo lo que tiene en su entorno.
—Eric, despierta, hay luz.
Al mismo tiempo, el resto del equipo abre los ojos. Todos se sorprenden; una claridad suave de tono azulado invade todo el espacio.
—¿Alguien puede explicar por qué hay luz?
Alberto expone su teoría:
—Einstein dijo que la oscuridad es la ausencia de luz, pero aquí tenemos un material que no sabemos cuál es, que envuelve las paredes del pozo y las columnas de piedra del interior de los mismos. Creo que es luminiscente; es lo que produce esa tenue pero suficiente luminosidad.
—Pues vayamos bajando por la escalera que circunda la pared. Teniendo en cuenta que todos deben ser iguales, descenderemos por este.
—¿Tú dirías qué metal es el de los helicoides?
—Probablemente bronce. Los humanos lo conocen desde 3.
000 años aC, pero no sabemos quién construyó esto; a lo mejor es un metal que no es ni terrestre.
También puede ser que por estas helicoides circule algún tipo de energía desconocida para nosotros y que sea la causante de esta gran luminiscencia.
La expedición sigue descendiendo por los peldaños, el silencio es absoluto, la sensación que perciben los exploradores es de paz, pero también un cierto desasosiego invade sus espíritus debido a un temor normal a lo desconocido.
A medida que se acercan al final del pozo los escalones se vuelven más suaves, la luz azulada aumenta de intensidad, lo que les permite ver y llegar a un amplio rellano de paredes de piedra pulida, con inscripciones que cubren toda su superficie, recorren el espacio y se dan cuenta que éste rodea los ocho pozos y en él desembocan las ocho salidas de los mismos, después de recorrer la estancia se percatan que no hay salida.
—Carol, ¿puedes leer las paredes?
—Diría que es escritura cuneiforme, parecida a la que encontramos en las puertas de la Sala de los Registros, bajo la Esfinge. Son grafismos atlantes; no tengo soltura para descifrarlos, pero lo intentaré.
—De acuerdo, mientras tú intentas comprender el texto, Alberto intentará conectar con el exterior, yo seguiré grabando con el escáner Laser 3D, Sofía y Elisabeth ayudarán al que lo necesite.
Pasadas unas horas, Carol comenta:
—Creo que he encontrado la forma de salir de este espacio y seguir avanzando.
El texto relata la esencia de estas construcciones, que fueron hechas por los atlantes bajo la dirección de Thoth.
Aquí se almacena la energía que nos cedió el Universo para crearnos, usando dos razas extraterrestres, los Abgal de Sirio y los Ushungal de Orión, que formaron el Huevo de la Vida, que contiene ocho células madre con todos los atributos del Universo.
En realidad, estaríamos entrando en un espacio interdimensional o Registro Akáshico que guarda toda la sabiduría del Universo; sus guardianes son los Hijos de la luz.
Hay un párrafo que explica cómo abrirse paso a través de la pared para seguir avanzando.
Tenemos que situarnos en la pared de enfrente a la salida de un pozo y recitar «Sartu eta bizitzaren sekretua jakingo duzu» (Entrad y conoceréis el secreto de la vida).
—Alberto, ¿has logrado conectar por radio con Marcos?
—No, creo que alguna energía que desconocemos interfiere en nuestras comunicaciones, tampoco sé si el radar nos capta.
—Pongámonos frente a la pared, Carol recita la frase, a ver que pasa.
Todos los miembros de la expedición se agrupan y se sitúan frente a la pared, la arqueóloga recita la frase, nada sucede, unos a otros se miran como intentado averiguar que pasa, de pronto una parte de la pared pierde su rigidez, se convierte en un gel gris translúcido en el que aún pueden verse los grafismos.
Carol extiende su mano, que al llegar a la sustancia gelatinosa la atraviesa sin ninguna dificultad, ella avanza y todo su cuerpo cruza al otro lado, los demás la siguen.
Una vez han cruzado todos, el gel recupera su estado pétreo original.
Los exploradores se encuentran con un gran recinto, iluminado por grandes piedras luminiscentes, varias hileras de columnas dividen el espacio, hay una parte central que tiene una tarima de piedra con tres peldaños y con siete sillas en semicírculo, frente a ellas un bloque de piedra, con forma de atril, donde puede situarse el orador, al fondo del lugar una gran estatua de algún personaje y por encima de su cabeza una circunferencia de cristal que recuerda un rosetón, extendiéndose hacia los lados de esta gran estancia, más hileras de columnas que delimitan espacios con estanterías repletas de conocimientos escritos en libros holográficos.
El grupo queda estupefacto frente a la grandiosidad de lo que sus ojos contemplan.
—Eric comenta.–
—Creo que hemos llegado a los salones Amenti.
—Curioso, la comunidad científica ha negado repetidamente la existencia de estas construcciones.
Los geólogos alegan que la roca sobre la que están construidas las pirámides no permitía edificaciones subterráneas; los arqueólogos, sin evidencias sobre el terreno, no consideran su existencia. Pero aquí estamos.
—Tendríamos que activar nuestros escudos eléctricos; en un instante podemos tener encuentros imprevistos.
El grupo así lo hace y avanza, rodea la tarima y recorre los espacios entre columnas observando lo que hay en las estanterías.
Cuando llegan debajo del rosetón se dan cuenta que hay un pasillo ancho y alto que permite seguir avanzando hasta una nueva estancia totalmente diáfana.
De pronto siete puntos luminosos aparecen en el centro del nuevo espacio, frente a ellos, que se desarrollan y toman forma humana, son seres vaporosos que irradian una luz blanquecina, cuando terminan de formarse se separan desde el centro y aparece un ser con total aspecto humano, no es vaporoso ni emite ningún destello luminoso.
—Soy Thoth, el inmortal, regente del Universo.
Bienvenidos. Sé quiénes sois. Mientras viajabais hasta aquí, he revisado en los libros holográficos vuestra existencia.
Los seres que tengo a mi derecha y a mi izquierda son los componentes del Consejo de Azurita, que yo presido, Seres de Luz de alto rango que dirigen el Orbe.
Aquí regeneramos las almas y les asignamos nuevos cuerpos.
No lo hemos revelado nunca; solo los antiguos egipcios tenían conciencia de ello, lo llamaban Duat.
Encontrarse frente a frente con Thoth, es para Carol una experiencia emocional que nunca hubiera imaginado, su corazón se acelera, sus ojos se humedecen y unas lágrimas se deslizan por sus mejillas, Eric también experimenta una fuerte sensación, se miran y sin decirse palabra entienden que quizás están viviendo el momento más importante de sus vidas.
—Ella toma la palabra –
—Thoth, sabemos de tu existencia por los escritos que has dejado como legado en Egipto. Es un gran honor conocerte. Sabes que nosotros no suponemos ningún peligro; solo somos curiosos de la historia.
—Lo sé, por esto hemos dejado que llegarais hasta aquí.
De pronto, un nuevo ser de luz irrumpe en la sala, se acerca a Thoth y le susurra algo al oído.
—Me comenta mi súbdito que un numeroso grupo de hombres armados ha entrado en la pirámide y empieza a descender por el pasillo que conduce a los pozos. Siguen vuestros pasos. Carol, un hombre te siguió en El Cairo; han estado vigilando lo que hacíais. No son gente de fiar.
—¿Cómo sabes todo esto?
—Los Seres de Luz habitan entre los humanos, no os percatáis de su existencia solo en determinados momentos, pero ellos conocen todas vuestras acciones, en raras ocasiones intervienen o se ponen en contacto, pero pueden hacerlo, siempre para protegeros de otros seres malignos que también conviven con vosotros.
—Thoth, ¿sabes quiénes son y cuáles son las intenciones de esos hombres?
—Por supuesto, cuando empezó la creación se formaron doce tribus, pero hubo una rebelión luciferina pensada para dividir y destruir a las tribus, los responsables fueron alienígenas negativos, contrarios a la creación, con el tiempo se establecieron en el planeta tierra, los conocemos como la Secta de los Luciferinos, durante miles de años se han dedicado a robar conocimientos ancestrales y secretos del Universo para beneficiarse de ellos, pero esto no se lo podemos permitir.
—¿Podemos ayudar en algo?
—No, los hijos de la luz se enfrentarán a ellos, tanto aquí abajo como en la superficie de la tierra.
Vosotros esperaréis aquí conmigo. No es la primera vez que los Luciferinos intentan arrebatarnos el protagonismo del Cosmos.
La guerra que acabó con la Atlántida ya tenía esta finalidad; civilizaciones posteriores, manipuladas por la secta, lo intentaron en diversas ocasiones.
Nunca podrán con nosotros, pues somos los guardianes de la existencia del Mundo.