Los Salones Amenti: El secreto bajo la pirámide de Kefrén CAPÍTULO 5º - LA EXPEDICIÓN
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CAPÍTULO 5º - LA EXPEDICIÓN

Aún no ha salido el sol cuando un minibús con remolque estaciona frente a la mansión de los Williams. El equipo sale de la casa y va cargando en el remolque las cajas con todo lo necesario para llevar a cabo la misión; después se acomodan en sus asientos del vehículo y se dirigen al aeropuerto de Farnborough, a las afueras de Londres, donde les espera el jet de los Williams.

Cuando llegan al hangar, Júlia, la piloto, les está esperando junto con un par de funcionarios de aduanas que les sellan el papeleo. Después de cargar todo el material, la aeronave despega rumbo a El Cairo.

—Elisabeth, ¿sabemos algo de James y de la mansión?

—Pues vamos a descansar; hoy nos hemos levantado muy temprano.

Cinco horas más tarde, Júlia toma tierra en El Cairo. Un señalero con el coche guía conduce el avión hasta un hangar; allí ya está esperando James. Eric le comenta a la piloto que no abandone Egipto hasta que no sepan seguro que pueden usar los drones con el radar.

—Hola, Carol, Eric. El primero y el último vehículo son para mis hombres; los dos del medio son para vosotros y la furgoneta es para el material.

—¿Has avisado a las autoridades de tu presencia como seguridad personal?

—Sí, tenemos todo, autorización de la policía, registro de personal con permisos de armas y comunicaciones.

La caravana de vehículos abandona el aeropuerto y se dirige a Nazlet al Batran, donde la empresa de James ha alquilado un edificio de apartamentos de lujo. Allí se hospedarán todos, cerca de las pirámides.

Al día siguiente, Carol, acompañada por un miembro de seguridad, se desplaza hasta el Ministerio de Asuntos Antiguos para recoger los permisos para trabajar en la meseta.

El resto del equipo monta los drones; revisan las cámaras de fotos y vídeos, los intercomunicadores, el escáner, las baterías escudo y demás artilugios.

—Marcos, Alberto, ¿vais a probar los drones? Estamos cerca de Kefrén.

—Sí, mientras yo pirateo el satélite, Marcos sobrevolará las pirámides, el SAR ya está instalado en el dron, si funciona, Júlia puede irse, sino lo montaremos en el Jet.

—Bien, tenéis todo el día.

Al final de la jornada, Carol regresa con los permisos para empezar a trabajar.

—Eric, tengo algo que comentarte. Cuando estaba en las oficinas del ministerio, me ha parecido que había un hombre observándome.

Como tenía que volver por la tarde, he ido a comer a un restaurante y he vuelto a ver al mismo hombre frente al local.

Se lo he comentado al de seguridad que me acompañaba, pero cuando ha ido a indagar, había desaparecido.

—Hay que estar atentos; vamos a ver qué han hecho los chicos.

Marcos y Alberto presentan los resultados de las pruebas con los drones.

—El SAR instalado en el dron ha tomado imágenes para compararlas con otras que ya conocíamos, y tienen buena resolución.

Hemos obtenido imágenes del interior, pero no de la base de la pirámide de Keops; de la de Kefrén, solo del interior.

El dron con cámara también funciona correctamente.

Las imágenes del satélite han sido grabadas para compararlas con las que tomemos mañana.

—Bien, pues empezaremos de madrugada.

El sol asoma por el horizonte de la meseta de Guiza cuando el dron del SAR, manejado por Marcos, se eleva y se dirige a la pirámide de Kefrén.

Primero se sitúa en la vertical y empieza a emitir señales y captar el retorno; después, en círculos concéntricos, graba los alrededores, se aleja y toma planos en ángulo de las paredes laterales, intensificando la profundidad.

Mientras, Alberto contacta con el Sentinel 1 y vuelve a registrar nuevas imágenes.

Al final del día, el equipo se reúne para analizar los resultados. Marcos y Alberto comentan indistintamente:

—En Kefrén, creo que los resultados son buenos, lo primero que observamos es la cámara mortuoria con su sarcófago vacío, los pasadizos que unen varias estancias y la entrada en la cara norte, entre hileras, cuando registramos los alrededores, descubrimos otra entrada a ras de suelo a unos treinta metros de la base, el pozo de acceso y los pasadizos en dos direcciones, cuando inclinamos y profundizamos es cuando vemos los pozos gigantes con las columnas en su interior, a medida que vamos dando la vuelta a la pirámide van apareciendo los ocho pozos.

Tal como está descrito en los apuntes de Bondia.

Conclusión hay construcciones subterráneas sin duda.

Estas imágenes no coinciden exactamente con las emitidas por el Sentinel, porque los ángulos y distancias son diferentes pero no dejan lugar a duda, insisto, hay construcciones.

No hemos localizado las supuestas salas que hay al final de los tubos, tendremos que ajustar algunos parámetros del radar para llegar más profundo o variar el ángulo de las tomas.

—Entonces, ¿podemos entrar por el pozo a ras de suelo?

—Sí, nos llevaremos un escáner laser 3D, nos permitirá cartografiar lo que encontremos y fotografiarlo.

—Nos gustaría hacer más registros para completar con seguridad el posible camino a seguir.

—Una pregunta, Marcos: cuando entremos y empecemos el recorrido, ¿podrás seguirnos con el SAR?

—Seguramente, aunque el rebote de la señal no es igual en estructuras macizas que en cuerpos blandos, pero creo que sí; quizás os perdamos a gran profundidad.

—De acuerdo, cuando consideréis oportuno, entramos. El equipo seremos Carol, Sofía, Elisabeth, Alberto y yo. Tú, Marcos, te quedarás aquí y comprobarás que todo va bien con el radar.

Pasados dos días, con un recorrido establecido teniendo en cuenta las imágenes captadas:

—Mañana entramos, James nos dejas en la entrada y regresas aquí a la casa, estaremos en permanente contacto por radio, el tiempo que llevamos aquí en Egipto no hemos tenido ninguna sensación de peligro, excepto cuando Carol estuvo en el ministerio, pero hay que estar atentos.

Con las primeras luces del alba, los SUV abandonan el edificio. Por un camino asfaltado, la Abou Al Syahi Street, llegan a una rotonda/parking cerca de la base de Kefrén. Una vez allí, mientras Carol y Eric localizan el pozo de entrada, el resto traslada el material.

Unos vigilantes, al verlos se acercan y les piden los permisos de excavación, una vez comprobado que todo está en orden, ponen a su disposición un grupo de trabajadores que montan una polea para que el equipo pueda descender por el pozo.

Cada uno de los miembros que van a descender se equipa: mono de espeleología, casco con luz, batería pectoral que proporcionará el escudo eléctrico, Taser, linterna, pinganillo, piolet, cuerdas y mosquetones. Además, Eric lleva el escáner láser 3D.

Una vez montada la garrucha por los trabajadores del complejo, van descendiendo uno a uno los miembros de la expedición. El primero es Eric, que pone en marcha el escáner mientras van descendiendo los demás.

Cuando los cinco están en el pasillo subterráneo, se ponen uno detrás de otro, pues su anchura no permite avanzar de otro modo.

Eric encabeza la hilera y la altura les permite ir de pie.

Tras recorrer aproximadamente ciento cincuenta metros hasta el centro de la base de la pirámide, encuentran otro pasillo que asciende hasta una cámara cuadrada con paneles de piedra cubiertos de inscripciones.

Carol las interpreta, pues se trata de jeroglíficos.

Relatan que la tumba pertenece a Kefrén, cuarto faraón de la cuarta dinastía de Egipto e hijo de Keops; narran, además, partes de la vida del monarca.

Superada esta estancia, la galería continúa hasta llegar a una gran habitación que identifican como la antecámara real.

Allí encuentran dos pasillos: uno entra en la cámara real por la parte superior y otro, el que toman, desciende para entrar por una de las paredes laterales.

Pero antes hay una pequeña estancia que comunica con un espacio con seis nichos para parientes reales.

En el suelo se aprecia una gran baldosa de piedra; por las imágenes obtenidas, saben que la losa es en realidad la tapadera de un pasadizo que inicia el camino hacia algo más profundo. Carol observa y comenta:

—Creo que esta piedra cubre la entrada a lo que buscamos; vamos a levantarla.

Con los piolets remueven la arena y la tierra que cubre los bordes, cuando estos quedan al descubierto, introducen la punta del pico y consiguen levantar la piedra.

Entonces observan un nuevo pasillo con un peldaño de piedra que es el principio de una escalera, el pasadizo es más ancho que los anteriores y de altura semejante, los peldaños son altos, incómodos de bajar o de subir.

Eric vuelve a encabezar la marcha pues de está manera el laser cartografía paredes y suelo sin la interferencia de personas, el descenso es lento y cansino, la oscuridad es total solo las luces de los cascos iluminan discretamente el camino.

Debido a la situación de la expedición, dentro del monumento, los miembros han perdido la noción del tiempo.

Llegan a un espacio rectangular cuyos lados medirán unos setenta metros de largo, treinta de ancho y, de alto, como cinco metros.

En cada lado largo presenta cuatro grandes agujeros, en total ocho, de unos doce metros de diámetro, que presentan en el centro una columna de piedra revestida de un metal en forma helicoidal.

Las paredes del pozo sostienen una escalera de caracol que permite descender hasta el final del mismo.

—Fijaros estos son los pozos, no vemos donde ni como terminan, pero el principio es como salen en las imágenes que obtuvimos. Al parecer todos son iguales.

—Antes de empezar el descenso descansaremos, Alberto intenta hablar con Marcos, comprobemos que la radio funciona y si nos tiene localizados con el radar.

Después de varios intentos de establecer contacto con la superficie no hay respuesta.

—Eric, estoy intentando hablar con Marcos. No he podido; estamos solos.

—Bueno, durmamos un poco y lo volveremos a probar más adelante.